Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Clinical Psychology & Psychotherapy · Terapia familiar
En Kosovo, más de veinte años después de la guerra, madres que sufrieron violencia sexual relacionada con el conflicto y que viven con un TEPT participaron en diez sesiones de terapia familiar junto con su hijo o hija. Este primer ensayo realizado en albanés, en el centro de rehabilitación para víctimas de tortura de Prishtina, muestra una mejora del funcionamiento familiar según las madres, pero no según la población adolescente, así como un inesperado efecto de la lista de espera.
Traducción no oficial al español de Family Therapy for Kosovar Mothers Who Experienced Conflict-Related Sexual Violence and Their Children in Postwar Times: A Pilot Randomised Waitlist-Controlled Trial, de Christina Seery, Feride Rushiti, Sebahate Pacolli Krasniqi, Selvi Izeti Çarkaxhiu, Vjosa Devaja Xhemaili, Dafina Arifaj Limani, Qëndresa Prapashtica, Vesa Turjaka, Nebahate Zekaj, Mimoza Salihu, Line Hjort, Joanne Ryan, Sara Helene Kaas-Petersen y Shr-Jie Sharlenna Wang, publicado en Clinical Psychology & Psychotherapy (Wiley) (2024), doi: 10.1002/cpp.3039, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla 1 se presenta en forma de lista; las declaraciones del final del artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Fortalecer las relaciones dentro de las familias mediante la terapia familiar podría ayudar a proteger frente a los efectos del trauma intergeneracional relacionado con la guerra.
Christina Seery, Feride Rushiti, Sebahate Pacolli Krasniqi, Selvi Izeti Çarkaxhiu, Vjosa Devaja Xhemaili, Dafina Arifaj Limani, Qëndresa Prapashtica, Vesa Turjaka, Nebahate Zekaj, Mimoza Salihu, Line Hjort, Joanne Ryan, Sara Helene Kaas-Petersen y Shr-Jie Sharlenna Wang
Resumen
Las mujeres que han sufrido violencia sexual relacionada con el conflicto refieren importantes efectos a largo plazo, entre ellos el trastorno de estrés postraumático (TEPT), la depresión y dificultades en las relaciones. La investigación ha demostrado que el trauma materno se asocia con dificultades conductuales en la infancia y con problemas en el funcionamiento familiar, como una comunicación deteriorada y una crianza severa. Este estudio piloto tiene como objetivo evaluar la eficacia preliminar de la terapia familiar para madres kosovares que sufrieron violencia sexual relacionada con el conflicto en 1998–1999 y que desarrollaron posteriormente un TEPT, y para sus hijos e hijas, a la hora de mejorar el funcionamiento familiar y reducir las dificultades conductuales en la posguerra. Sesenta y cuatro madres fueron asignadas aleatoriamente a un grupo de intervención o a un grupo control en lista de espera. Los datos se recogieron durante una fase de cribado, en la línea de base antes del inicio de la intervención, después de que el grupo de intervención completara la terapia familiar y una vez que el grupo control en lista de espera recibió la intervención. Se utilizaron modelos lineales mixtos generalizados para analizar las diferencias entre grupos en el funcionamiento familiar y en las conductas infantiles a lo largo del tiempo. En el seguimiento, las madres del grupo de intervención refirieron una mejora del funcionamiento familiar. Sin embargo, las madres del grupo control en lista de espera refirieron significativamente menos dificultades conductuales que las madres del grupo de intervención antes de que el grupo control comenzara la terapia familiar. No hubo una interacción significativa entre la condición de grupo y el tiempo en el funcionamiento familiar valorado por la población infantil. En conjunto, este estudio piloto sugiere que la terapia familiar podría ser eficaz para reducir los efectos del trauma intergeneracional relacionado con el TEPT y con la violencia sexual relacionada con el conflicto. La investigación futura debería evaluar los efectos a largo plazo de la terapia familiar para determinar si los efectos inmediatos se mantuvieron.
Síntesis
La violencia sexual en tiempos de guerra, también llamada violencia sexual relacionada con el conflicto, tiene importantes consecuencias para la salud física y mental de las supervivientes, así como repercusiones intergeneracionales en su descendencia (Stark et al. 2022). Existe una necesidad grande y no satisfecha de garantizar que las supervivientes reciban intervenciones adecuadas: un estudio con mujeres de Bosnia que habían sufrido violencia sexual relacionada con el conflicto constató que, de las 104 participantes, solo una mujer había recibido atención especializada para su trauma (Anderson et al. 2019). Investigaciones anteriores han demostrado que, entre las personas supervivientes de la guerra en el norte de Kosovo, el grado de exposición a la violencia masiva a lo largo de la vida, la carga económica familiar y la proporción de miembros de la familia que referían dolor y lesiones relacionados con la violencia sufrida a lo largo de la vida estaban intercorrelacionados (Wang et al. 2010). Un ECA de TCC individual para supervivientes de la guerra de Kosovo tuvo efectos limitados (Wang et al. 2017). Estos resultados podrían indicar la importancia de nuevos enfoques de rehabilitación en un contexto de posguerra, incluidas formas de abordar el dolor emocional colectivo y el trauma en la familia, como el recurso a intervenciones basadas en la familia o a la terapia familiar para reducir los efectos intergeneracionales del TEPT. Además, ya se ha demostrado que las intervenciones basadas en la familia reducen el TEPT materno y mejoran las habilidades de crianza, el estrés y las conductas infantiles (Rosenblum et al. 2017; Sullivan et al. 2023).
Los síntomas de TEPT de las madres pueden tener importantes repercusiones físicas en sus hijos e hijas, como una desregulación del sistema de respuesta al estrés (Fransquet et al. 2022; Hjort et al. 2021), y efectos psicológicos, como dificultades conductuales. Un estudio con familias solicitantes de asilo en Finlandia constató que los síntomas emocionales, los problemas de conducta y los problemas con los pares en la infancia estaban asociados con el trauma parental (Parviainen et al. 2023). Datos longitudinales han demostrado que el trauma materno afecta indirectamente a las conductas internalizantes infantiles a través de una calidad relacional negativa (Fitzgerald, London-Johnson, and Gallus 2020). Además, se ha demostrado que una crianza materna sensible modera la relación entre los síntomas de TEPT de las madres y el estrés y las conductas disruptivas de la infancia (Greene et al. 2020). Del mismo modo, el funcionamiento familiar y una crianza severa parecen afectar indirectamente a las dificultades internalizantes y externalizantes de adolescentes cuyas madres sufrieron maltrato (Bravo et al. 2023). Un enfoque sistémico o la terapia familiar podrían atenuar estos efectos intergeneracionales del trauma materno.
Para las personas que han vivido un conflicto armado, la familia puede ser una fuente importante de resiliencia, y sus miembros pueden ayudarse mutuamente a afrontar el trauma (de Jong 2020). Las intervenciones de terapia familiar son más eficaces que las condiciones de control activo, o igual de eficaces, para promover diversos resultados positivos en la infancia y la juventud, aunque los ensayos suelen plantear dudas metodológicas (Littell et al. 2023; Sheidow, McCart, and Drazdowski 2022). Fortalecer las relaciones dentro de las familias mediante la terapia familiar podría ayudar a proteger frente a los efectos del trauma intergeneracional relacionado con la guerra, y algunos datos limitados sugieren que las intervenciones basadas en la familia son potencialmente eficaces para mejorar la salud mental de la infancia y de las personas cuidadoras, así como los resultados familiares, en familias refugiadas (Bunn et al. 2022). Sin embargo, la investigación sobre la eficacia de la terapia familiar en contextos de posconflicto es escasa (de Jong 2020). Un estudio cualitativo con personal sanitario de Bosnia que exploraba su trabajo terapéutico con mujeres que habían sufrido violencia sexual relacionada con el conflicto subrayó la importancia de incorporar la terapia familiar a su práctica (Skjelsbaek 2006), aunque la eficacia de la terapia familiar para madres que han sufrido violencia sexual relacionada con el conflicto aún no se ha evaluado empíricamente.
El presente estudio tiene como objetivo llevar a cabo un ensayo piloto que evalúe la eficacia preliminar de la terapia familiar para madres kosovares que sufrieron violencia sexual relacionada con el conflicto y desarrollaron posteriormente un TEPT, y para sus hijos e hijas. La violencia sexual fue un rasgo destacado del conflicto en la guerra de Kosovo, que tuvo lugar de 1998 a 1999 (Zeidler 2022). Si bien la TCC individualizada ya se había empleado para apoyar la rehabilitación de víctimas kosovares de la tortura y de la guerra (Wang et al. 2017), es la primera vez que se utilizan la terapia familiar y la práctica sistémica en lengua albanesa y en Kosovo con víctimas de la guerra. Las madres fueron asignadas aleatoriamente a un grupo de intervención, para recibir 10 sesiones de terapia familiar con su hijo o hija, o a un grupo control en lista de espera. El presente estudio expone los efectos de la terapia familiar sobre resultados psicológicos de funcionamiento familiar y de dificultades conductuales infantiles, en el marco de un programa de investigación más amplio que explora si la terapia familiar puede revertir los cambios epigenéticos de la infancia asociados al trauma de las madres. Planteamos la hipótesis de que las madres y la descendencia del grupo de intervención mejorarían significativamente sus puntuaciones en dificultades infantiles y en funcionamiento familiar una vez completada la terapia familiar, en comparación con el grupo control en lista de espera.
Este estudio utilizó un diseño de ensayo aleatorizado controlado con lista de espera para comparar los efectos de la terapia familiar para madres que presentan todas un TEPT a lo largo de la vida debido a la violencia sexual relacionada con el conflicto sufrida en 1998–1999, y para sus hijos e hijas (Hjort et al. 2021), sobre el nivel de funcionamiento familiar y las conductas difíciles manifestadas por el niño o la niña. La aprobación ética fue concedida por la comisión de cuestiones éticas del Colegio de Médicos de Kosovo (Kosovo Doctors Chamber), y el estudio se realizó conforme a la Declaración de Helsinki. Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado antes de participar. La figura 1 presenta un diagrama CONSORT del flujo de participantes a lo largo de las etapas de reclutamiento, seguimiento y análisis.

Tres parejas de terapeutas (en las que una de las dos personas impartía la terapia familiar mientras la otra observaba las reacciones de la niña o el niño o tomaba notas) del Kosovo Rehabilitation Center for Torture Victims (KRCT) recibieron formación en terapia familiar por parte de una persona formadora acreditada por la UK Association of Family Therapy and Systemic Practice. La formación incluía módulos sobre las tres principales escuelas de la teoría y la práctica sistémicas; la aplicación de la teoría de sistemas a la observación y a la terapia familiar; la teoría del apego, el impacto del trauma y la violencia doméstica; la teoría narrativa, la comunicación, el cambio y el proceso de la terapia familiar; el enfoque centrado en soluciones, la ética, el rol profesional y la cultura, la reflexión y la adaptación, y la supervisión. Las terapeutas eran todas mujeres, de entre 35 y 60 años (M = 42), con formación profesional en psicología, medicina y psicoterapia. Las terapeutas recibían supervisión semanal de la persona formadora acreditada.
La fidelidad al tratamiento se garantizó mediante la presentación de descripciones detalladas de los casos durante la supervisión semanal, en la que la persona supervisora ofrecía retroalimentación sobre los puntos fuertes y los aspectos que mejorar. Cuando la persona supervisora se encontraba en Kosovo para impartir formación, la supervisión se realizaba de forma presencial e incluía juegos de rol para practicar técnicas y situaciones concretas, lo que reforzaba la correcta aplicación de las estrategias de intervención. Se animó a las terapeutas a practicar la autorreflexión durante la supervisión para identificar y abordar cualquier sesgo personal o desviación respecto del protocolo de terapia familiar. Además, dos profesionales de un centro de trauma externo del norte de Europa, del ámbito de la psicología y de la psicoterapia, revisaron las grabaciones en vídeo de siete sesiones de terapia familiar e informaron de que las terapeutas familiares se relacionaban con las familias con sensibilidad, creaban un espacio seguro para abordar cuestiones difíciles y utilizaban las técnicas de terapia familiar según lo previsto, por ejemplo, cartografiando sistemáticamente la dinámica familiar y generando hipótesis sistémicas para guiar la intervención. En total se grabaron 23 sesiones para revisarlas y garantizar la fidelidad al tratamiento.
Los objetivos habituales de la terapia familiar son abordar los problemas de comunicación y los problemas familiares, mejorar el funcionamiento del entorno doméstico mediante la exploración de las dinámicas familiares, poner de relieve los puntos fuertes y los recursos de la familia y cultivar conductas de resolución de problemas (Varghese, Kirpekar, and Loganathan 2020). Las terapeutas se propusieron crear con sensibilidad un espacio seguro para que la familia abordara cuestiones difíciles. Se utilizaron técnicas de terapia familiar, como la cartografía sistemática de la dinámica familiar y la elaboración de hipótesis sistémicas para guiar la intervención. Los temas clave de la terapia familiar incluyeron la estructura y los roles familiares, los patrones de comunicación, las normas y los límites, la historia y el contexto familiares, las creencias y los valores, los estilos de apego, los roles y las responsabilidades, la expresión y la regulación emocionales, las dinámicas de poder, los rituales familiares, los patrones intergeneracionales, el fortalecimiento del vínculo entre madre o padre e hijo o hija, las técnicas de externalización y la separación entre los problemas y la persona. Los temas tratados durante la intervención se eligieron cuidadosamente para que resonaran con las necesidades y preocupaciones específicas de la madre y de su hijo o hija. También se recurrió a la externalización y a la técnica de la silla vacía para los miembros de la familia que no estaban presentes. La intervención pretendía centrarse en temas que importaran a la madre y al niño o la niña y, de este modo, asegurar que sintieran que se les escuchaba y se les valoraba, para reforzar su implicación.
La mayoría de las familias (94%) recibió 10 sesiones de terapia familiar, mientras que tres familias recibieron nueve sesiones y una familia participó en tres sesiones antes de abandonar el estudio. Cada sesión duraba 60 min y se realizaba semanalmente o, muy ocasionalmente, cada dos semanas.
Las 66 personas menores, entre ellas dos parejas gemelares, fueron asignadas aleatoriamente al grupo de intervención o al grupo control en lista de espera mediante un procedimiento de aleatorización por bloques, con un generador informático de números aleatorios de dos bloques de tamaño 33, creado por una persona investigadora ajena al ensayo. A cada menor se le asignó un número único, mientras que cada pareja gemelar compartía el mismo número. La infancia de cada grupo se asignó aleatoriamente a tres parejas de terapeutas familiares mediante una técnica de aleatorización por bloques realizada por otra persona investigadora ajena al ensayo.
Se invitó a participar a madres supervivientes de violencia sexual relacionada con el conflicto atendidas en el KRCT. Los criterios de inclusión eran: ser mujer albanesa nacida en Kosovo y haber vivido en Kosovo durante la guerra de 1998–1999; ser madre de al menos un hijo o hija nacido después de la guerra, sin relación con una agresión sexual; referir al menos una experiencia de violencia sexual y cumplir los criterios del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) para el TEPT. Se excluyó a las participantes que no eran albanesas, presentaban deterioro cognitivo, padecían esquizofrenia o un consumo grave de alcohol o de sustancias, tenían fobia a la sangre o a las inyecciones, se habían sometido recientemente a quimioterapia o quimiorradioterapia por un cáncer o iban a recibir dicho tratamiento en los 6 meses siguientes al inicio del estudio. No se realizó un análisis de potencia a priori para determinar el tamaño de la muestra. Se invitó a participar a todas las mujeres que habían participado en el estudio epigenético original (véanse Hjort et al. 2021 y Fransquet et al. 2022 para más detalles sobre la estrategia de reclutamiento), con el objetivo de reclutar al mayor número posible de participantes.
De las 117 mujeres que participaban en el estudio epigenético intergeneracional original, 64 madres y sus hijos e hijas, incluidas dos parejas gemelares, dieron su consentimiento para participar. Todas las madres fueron evaluadas por profesionales clínicos del KRCT y diagnosticadas de TEPT según el DSM-IV, con una versión albanesa de la Clinician-Administered PTSD Scale (Turner et al. 2003; Weathers, Keane, and Davidson 2001). Las participantes fueron asignadas aleatoriamente a un grupo de intervención (n = 30 madres) o a un grupo control en lista de espera (n = 32 madres). La tabla 1 ofrece una visión general de los datos demográficos y las características de las participantes en las evaluaciones de línea de base.
Tabla 1 — Visión general de las características demográficas en la línea de base, en conjunto, y de las posibles diferencias entre el grupo de intervención y el grupo en lista de espera
Para cada variable: total; grupo de intervención; grupo en lista de espera; pa. M (SD) o n.
a Las diferencias entre grupos en las variables continuas se calcularon con pruebas t para muestras independientes, y se utilizó la prueba de independencia de chi cuadrado para las variables continuas. b Diferencia significativa incorporada como covariable en el análisis.
Los datos se recogieron mediante la lectura en voz alta de los cuestionarios por parte de profesionales clínicos del KRCT, mientras las participantes anotaban sus respuestas. Se recogieron datos de las madres y del hijo o la hija menor de la familia. Una evaluación de cribado realizada en febrero de 2021 sirvió para obtener información sobre el nivel de funcionamiento familiar y las dificultades conductuales. A continuación, las participantes fueron asignadas aleatoriamente a un grupo de intervención o a un grupo en lista de espera. Las participantes sabían a qué grupo habían sido asignadas. Una madre pidió que su familia pasara a la condición de intervención, y se atendió su petición.
Antes de que comenzara la terapia familiar del grupo de intervención, todas las participantes cumplimentaron los cuestionarios de línea de base durante febrero y agosto–octubre de 2021. Los datos demográficos se recogieron en la evaluación de cribado, y se formularon preguntas adicionales durante la evaluación de línea de base. El grupo de intervención asistió a terapia familiar de septiembre de 2021 a enero de 2022, y los datos posintervención se recogieron en febrero de 2022. El grupo en lista de espera asistió a terapia familiar de marzo a junio de 2022. El seguimiento se realizó en agosto de 2022, 7 meses después del momento posintervención.
Durante el ensayo no se ofrecieron sesiones regulares de terapia individual a las participantes, salvo que una madre las solicitara. A algunas madres se les ofreció terapia de grupo una vez al mes durante el periodo de espera o además de la terapia familiar. Las participantes podían optar a un máximo de 2–3 sesiones de terapia individual o de grupo durante el ensayo.
El SCORE-15 se utilizó como medida del funcionamiento familiar. Consta de 15 ítems que evalúan la adaptación familiar percibida por las personas participantes en cuanto a la comunicación, los puntos fuertes y las dificultades de la familia. Se pide a los miembros de la familia de 12 años o más que indiquen en qué medida el ítem refleja a su familia en una escala Likert de 5 puntos, que va de describe a mi familia—muy bien a describe a mi familia—en absoluto. Las puntuaciones bajas indican menos dificultades percibidas dentro de la familia, mientras que las puntuaciones más altas sugieren un funcionamiento familiar más pobre, como una mayor sensación de que a la familia le cuesta confiar en sus miembros o apoyarse mutuamente. El SCORE-15 fue traducido al albanés para el presente estudio por una persona clínica acreditada en terapia familiar y práctica sistémica. El alfa de Cronbach de los datos SCORE-15 de las madres fue de 0.87, 0.85, 0.89 y 0.83 en las evaluaciones de cribado, línea de base, posintervención y seguimiento. La estimación del coeficiente de correlación intraclase (ICC) para las respuestas SCORE-15 de las madres, a partir de los datos de las evaluaciones de cribado y de línea de base, fue de 0.85 (CI 95% = 0.79, 0.89), según un modelo de efectos mixtos bidireccional de acuerdo absoluto. Los datos de la población infantil mostraron puntuaciones alfa de Cronbach similares, de 0.79, 0.73, 0.81 y 0.83 en las evaluaciones de cribado, línea de base, posintervención y seguimiento. La estimación del ICC para las respuestas SCORE-15 de la población infantil, a partir de los datos de las evaluaciones de cribado y de línea de base, fue de 0.62 (CI 95% = 0.21, 0.82), según un modelo de efectos mixtos bidireccional de acuerdo absoluto.
El SDQ es una medida de la adaptación psicológica en la infancia que abarca las dificultades internalizantes y externalizantes. El SDQ utiliza 25 ítems para medir los síntomas emocionales, los problemas de conducta, la hiperactividad/falta de atención, los problemas de relación con los pares y la conducta prosocial. Madres y padres valoran en qué grado cada ítem es cierto respecto de su hijo o hija mediante una escala Likert de 3 puntos: no es cierto, algo cierto y absolutamente cierto. Se calcula una puntuación total de dificultades a partir de todos los ítems salvo los relativos a la conducta prosocial. Las puntuaciones más altas indicaban más dificultades. Las madres respondieron en función de las conductas del hijo o la hija menor de la familia. El SDQ ya había sido traducido al albanés (Smajlaj et al. 2020). El alfa de Cronbach de las puntuaciones totales de dificultades del SDQ en las evaluaciones de cribado, línea de base, posintervención y seguimiento fue de 0.80, 0.76, 0.78 y 0.83. La estimación del ICC para la puntuación total de dificultades de las madres, a partir de las respuestas de cribado y de línea de base, fue de 0.72 (CI = 0.54, 0.83), según un modelo de efectos mixtos bidireccional de acuerdo absoluto.
Las versiones albanesas del SCORE-15 y del SDQ mostraron una consistencia interna aceptable en el presente estudio (Taber 2018) y una buena fiabilidad test–retest (Koo and Li 2016).
Se utilizó SPSS versión 29 (IBM Corp 2021) para depurar y analizar los datos. Los análisis preliminares consistieron en comprobar la normalidad de la distribución de las puntuaciones, indicada por la asimetría y la curtosis, que se encontraban dentro de los rangos aceptables (Mishra et al. 2019).
Dado que se recomienda el SCORE-15 a partir de los 12 años (y el SCORE-15 infantil entre los 8 y los 12 años; Jewell et al. 2013), utilizamos una prueba t para muestras independientes para evaluar si las personas participantes menores de 12 años que cumplimentaron el SCORE-15 obtenían puntuaciones significativamente diferentes de las de quienes tenían más de 12 años. Al existir una diferencia significativa (t(50) = −2.67, p = 0.010), se excluyó a la población infantil menor de 12 años del análisis de los datos SCORE-15 valorados por la infancia. Esta diferencia significativa puede deberse a que quienes tenían menos de 12 años refirieron que algunas palabras del SCORE-15 tradicional les resultaban desconocidas (Jewell et al. 2013). Se incluyeron en el análisis final veintinueve menores (rango de edad = 12–15, M = 13.55, SD = 1.30), 13 de ellos asignados aleatoriamente al grupo de intervención.
En cuanto a los datos perdidos, faltaban datos SCORE-15 de una sola madre (1,6 %) en el momento de recogida de línea de base, y no faltaban datos en ningún otro momento ni en los datos del SDQ. Faltaban datos SCORE-15 de tres menores (10,3 %) en el momento posintervención, y no faltaban datos en la línea de base ni en el seguimiento. La prueba MCAR (‘missing completely at random’) de Little indicó que los datos perdidos de la población infantil eran MCAR (χ2(3) = 0.09, p = 0.957).
Para examinar si la terapia familiar era eficaz para mejorar el funcionamiento familiar y las dificultades conductuales, se utilizaron modelos lineales mixtos generalizados (GLMM), ya que permitían tener en cuenta los efectos aleatorios individuales en las medidas repetidas (Bono, Alarcón, and Blanca 2021). Se construyeron tres modelos distintos (uno para el funcionamiento familiar valorado por las madres, otro para las dificultades conductuales valoradas por las madres y otro para el funcionamiento familiar valorado por la población infantil). Cada modelo incluía los efectos fijos del tiempo y de la condición (intervención o lista de espera) y la covariable de la participación de la madre en terapia de grupo e individual durante el ensayo. Los sujetos y los interceptos aleatorios se incluyeron como efectos aleatorios. La condición de grupo se codificó de modo que «0» representaba el grupo en lista de espera y «1» el grupo de intervención.
Siguiendo la recomendación de Bono, Alarcón, and Blanca (2021), se utilizó el criterio de información de Akaike corregido (ACC) para determinar la bondad de ajuste de los modelos, dado que el tamaño muestral de cada modelo era inferior a 100 personas. Se generó un modelo nulo que solo incluía los efectos del tiempo sobre la variable dependiente, y luego se comparó con el modelo ajustado que incluía la condición de grupo (Monsalves et al. 2020). Se consideraba que había bondad de ajuste si el ACC del modelo ajustado era inferior al del modelo nulo. Empleamos una matriz de covarianza autorregresiva en todos los modelos. Las interacciones entre tiempo y condición sirvieron para contrastar nuestras hipótesis, y nos interesaba específicamente si el grupo de intervención había mejorado su funcionamiento familiar y sus dificultades conductuales en el momento posintervención. Los tamaños del efecto se calcularon según las recomendaciones de Feingold (Feingold 2009). Para crear las visualizaciones de datos se utilizó el paquete ggplot2 de RStudio versión 2023.12.0+369 (RStudio Team 2023; Wickham 2016).
La participación de las madres en terapia de grupo o individual durante el ensayo se incluyó como covariable en todos los modelos, sin que se observaran efectos significativos. Para el funcionamiento familiar valorado por las madres, el modelo ajustado presentó una mejor bondad de ajuste que el modelo nulo (AIC = 344.76). Se observó una interacción significativa entre el tiempo y la condición de grupo (F(2, 1) = 3.13, p = 0.046, d = 0.51). La figura 2 muestra que el grupo de intervención mejoró en el funcionamiento familiar valorado por las madres, con puntuaciones globales más bajas tras la terapia familiar, lo que indica una menor disfunción familiar.

Para las dificultades conductuales valoradas por las madres, el modelo ajustado presentó una mejor bondad de ajuste que el modelo nulo (AIC = 123.01). Se observó una interacción significativa entre el tiempo y la condición de grupo (F(2, 179) = 3.62, p = 0.029, d = 1.05). Como muestra la figura 2, el grupo control en lista de espera presentaba significativamente menos dificultades conductuales que el grupo de intervención una vez que este había completado la intervención, aunque la diferencia desapareció cuando el grupo control en lista de espera completó a su vez la terapia familiar.
Para el funcionamiento familiar valorado por la población infantil, el modelo ajustado también presentó una mejor bondad de ajuste que el modelo nulo (AIC = 106.90). No se observó una interacción significativa entre el tiempo y la condición de grupo (F(2, 76) = 2.28, p = 0.109). No hubo efectos principales significativos del tiempo (F(2, 76) = 2.35, p = 0.102) ni de la condición de grupo (F(1, 76) = 1.51, p = 0.102).
La figura 2 ofrece una visualización de las variables dependientes a lo largo del tiempo y entre condiciones.
Este estudio piloto tiene como objetivo explorar la eficacia de la terapia familiar para madres que habían sufrido violencia sexual relacionada con el conflicto y desarrollado un TEPT a lo largo de la vida, y para sus hijos e hijas. Se observaron interacciones significativas tanto en el funcionamiento familiar como en las dificultades conductuales valorados por las madres. En consonancia con nuestra hipótesis, las madres del grupo de intervención refirieron una mejora moderada del funcionamiento familiar, como sugiere la interacción significativa posintervención. Las madres del grupo control en lista de espera refirieron menos dificultades conductuales que las madres del grupo de intervención antes de iniciar la terapia familiar, lo que contradecía nuestra hipótesis. La diferencia entre grupos dejó de ser significativa una vez que las madres en lista de espera completaron la terapia familiar. Por último, no hubo diferencias entre momentos ni entre grupos en las valoraciones del funcionamiento familiar realizadas por la población infantil.
El presente estudio halló una interacción significativa entre la condición de intervención y el tiempo en el funcionamiento familiar valorado por las madres, con un tamaño del efecto moderado. Estos resultados coinciden con el ensayo controlado con lista de espera de terapia familiar funcional de Hartnett, Carr, and Sexton (2016), que halló una mejora moderada similar del funcionamiento familiar. Del mismo modo, Godart et al. (2022) realizaron un ensayo controlado aleatorizado de terapia familiar a largo plazo para adolescentes con anorexia nerviosa y hallaron efectos moderados sobre la cohesión y la adaptabilidad familiares. En cambio, no se observó un efecto significativo de la terapia familiar sobre el funcionamiento familiar valorado por la población infantil. Esta ausencia de efectos puede reflejar el reducido número de jóvenes mayores de 12 años que pudieron incluirse en el análisis, probablemente con una potencia estadística insuficiente. También podría reflejar una diferencia entre la percepción del funcionamiento familiar de las madres y la de sus hijos e hijas, ya que la población infantil valoraba el funcionamiento familiar algo mejor en la línea de base. Ya se han observado en otras muestras discrepancias entre madres e hijos o hijas en la percepción del funcionamiento familiar (Hou, Kim, and Benner 2018; Leung, Shek, and Li 2016; Wen et al. 2023). Dado que las madres que han sufrido violencia sexual relacionada con el conflicto pueden temer que su trauma tenga consecuencias negativas para su descendencia (Rubini et al. 2023), es posible que las madres del presente estudio fueran más sensibles y percibieran un funcionamiento familiar más deteriorado que el que percibían sus hijos e hijas.
Las madres del grupo control en lista de espera refirieron menos dificultades conductuales que las madres del grupo de intervención en el momento posintervención, pese a no haber completado aún la terapia familiar. Esto puede reflejar el diseño controlado con lista de espera del estudio, ya que algunos metaanálisis de ECA han mostrado mejoras significativas pero pequeñas en los grupos control en lista de espera durante su tiempo de espera, por ejemplo en ensayos de intervenciones para el trastorno de ansiedad social (Steinert et al. 2017) y el trastorno de pánico (Penkova et al. 2018). Høstmælingen et al. (2023) observaron que las personas con depresión crónica pueden experimentar una reducción de los síntomas durante el periodo de espera previo al inicio de una psicoterapia, lo que, según proponen, podría estar relacionado con las expectativas respecto del tratamiento. Además, una evaluación cualitativa de las experiencias de personas participantes asignadas a una condición de lista de espera en una intervención para reducir el consumo de alcohol constató que algunas personas se sentían motivadas para buscar apoyo durante el periodo de espera. Otras personas participantes en la condición de lista de espera describieron cambios en sus conductas, incluso sin intervención externa (Gunnarsson, McCambridge, and Bendtsen 2023). Es posible que, mientras esperaban la terapia familiar, las madres pusieran en práctica estrategias provisionales para apoyar a su hijo o hija ante sus dificultades conductuales. Esto podría explicar la interacción entre grupos hallada en el presente estudio.
Al igual que en el estudio de Vardanian et al. (2020), que constató que la terapia familiar funcional se asociaba con una reducción de las dificultades conductuales, las madres del grupo de intervención refirieron mejoras en la conducta de su hijo o hija a lo largo del tiempo. Las intervenciones basadas en la familia para niñas y niños expuestos a conflictos han mostrado asimismo mejoras en las dificultades conductuales valoradas por madres y padres (Haar et al. 2020; O'Callaghan et al. 2014). Investigaciones anteriores también han demostrado que el crecimiento postraumático en mujeres bosnias que sufrieron violencia sexual relacionada con el conflicto se asociaba con un mayor uso de estrategias de afrontamiento de reinterpretación positiva y de planificación (Anderson et al. 2019). Dado que el sistema familiar puede ser un recurso valioso para facilitar el crecimiento postraumático (Berger and Weiss 2009), la terapia familiar podría contribuir a aumentar las estrategias de afrontamiento adaptativas de las madres. Por ello, podría ser una vía útil para reducir los efectos intergeneracionales negativos de las experiencias maternas de violencia sexual relacionada con el conflicto sobre las dificultades conductuales infantiles. Algunas personas participantes, sobre todo adolescentes, refirieron un sentimiento de vergüenza derivado de su participación en la intervención, que se exploró y se redujo dentro de la propia intervención. La vergüenza de las madres también se puso de manifiesto en su reticencia a invitar a sus cónyuges a participar, ya que ello habría exigido revelar su historia de agresión. Es comprensible, dados los importantes efectos a largo plazo de la violencia sexual relacionada con el conflicto en las supervivientes (Stark et al. 2022). Puesto que los resultados de este estudio piloto sugieren los posibles beneficios de la terapia familiar para mejorar el funcionamiento familiar y las dificultades conductuales en madres que sufrieron violencia sexual relacionada con el conflicto y en sus hijos e hijas, la investigación futura podría examinar los mecanismos terapéuticos específicos asociados a las mejoras, como la reducción de la vergüenza que experimentan tanto las madres como su descendencia.
Los resultados del estudio deben considerarse a la luz de sus limitaciones. No registramos cuántos miembros de la familia participaron en la terapia familiar, por ejemplo cuántos hermanos o hermanas acudieron con la madre y el niño o la niña. Del mismo modo, no se invitó explícitamente a los padres a participar en la terapia familiar, salvo que la madre los invitara, ya que algunas de las mujeres no querían revelar a sus parejas su experiencia de violencia sexual relacionada con el conflicto. Se esperaba un posible efecto dominó, en el que las influencias positivas de la terapia familiar sobre la díada madre–hijo o hija pudieran extenderse a toda la unidad familiar. Por ejemplo, los resultados de Peltz et al. (2015) sugerían que, además de reducir los síntomas depresivos, la psicoterapia ofrecida a madres con depresión y a sus hijos e hijas se asociaba con una mayor satisfacción conyugal tanto de las madres como de los padres, lo que sugiere que los efectos de la psicoterapia benefician a otras relaciones de la familia. Como el equipo de investigación sabía que no todos los miembros de la familia participarían en la intervención, un objetivo central de la intervención fue promover en las madres y en la descendencia participantes habilidades y cambios positivos que pudieran influir en la conducta y el bienestar de los demás miembros de la familia. Por ejemplo, las terapeutas se centraron en mejorar las habilidades de comunicación y la regulación emocional de la madre para crear en el hogar un entorno de apoyo y comprensión. Las terapeutas recibían con regularidad comentarios de las madres según los cuales los padres y los hijos o hijas que no participaban sentían curiosidad por el trabajo terapéutico. La investigación futura debería tratar de medir los resultados de la terapia familiar en los hermanos y hermanas o en los progenitores que no participaron directamente, para evaluar el alcance de posibles repercusiones o efectos dominó, como cambios en la cohesión familiar, la comunicación y el bienestar psicológico. La investigación cualitativa con miembros de la familia que no participaron también podría aportar más información sobre cómo perciben o viven los efectos de la terapia familiar.
Además, una madre asignada aleatoriamente al grupo control en lista de espera pidió pasar al grupo experimental. Dada la vulnerabilidad de las mujeres que participaron en la investigación, y con el fin de generar confianza en la investigación y mantener la alianza terapéutica, se atendió esta petición. Sin embargo, ello alteró el proceso de aleatorización (Vorland et al. 2021). Por tanto, los resultados deben interpretarse con cautela, y se necesitan nuevos ECA para comprender la eficacia de la terapia familiar en esta cohorte.
Otras medidas, en particular sobre el estado de ánimo, el bienestar psicológico y los mecanismos terapéuticos, junto con el SCORE-15 y el SDQ, podrían haber aportado más información sobre la eficacia de la terapia familiar en esta cohorte. Por ejemplo, se ha demostrado que la terapia familiar reduce la ideación suicida y los síntomas depresivos (Waraan et al. 2023), y la inclusión de medidas del estado de ánimo podría haber permitido generalizar los resultados. Del mismo modo, la investigación futura podría explorar la eficacia de la terapia familiar para reducir los síntomas de TEPT en madres que sufrieron violencia sexual relacionada con el conflicto, ya que el presente estudio no realizó una entrevista clínica de seguimiento para evaluar el TEPT de las madres tras completar la terapia familiar. Además, otras variables relacionadas con el bienestar familiar, junto con el funcionamiento familiar, aportarían información valiosa sobre la eficacia de la terapia familiar en esta cohorte. Por ejemplo, la relación entre la cohesión familiar y los problemas internalizantes en la adolescencia se asocia con la propensión a la vergüenza (van Eickels, Tsarpalis-Fragkoulidis, and Zemp 2022), lo que resulta especialmente pertinente dada la vergüenza experimentada por algunas de las personas adolescentes que participaron en el presente estudio. No se realizó un análisis de potencia a priori para determinar el número de participantes necesario para alcanzar la potencia estadística, ya que el objetivo principal era reclutar al mayor número posible de mujeres del estudio original. Por ello, existía el riesgo de que no hubiera suficientes participantes para detectar diferencias entre grupos y a lo largo del tiempo, como muestra la reducida muestra de menores que cumplimentaron el SCORE-15. El tamaño de la muestra de madres participantes es comparable al de otros ensayos controlados aleatorizados que evalúan la terapia familiar (Godart et al. 2022; Waraan et al. 2023).
Además, el SCORE-15 está diseñado para ser cumplimentado por personas de 12 años o más, mientras que el SDQ empleado en el estudio debe cumplimentarlo una madre, un padre o una persona docente. Una prueba t mostró diferencias significativas en las puntuaciones del SCORE-15 entre menores de 11 años o menos y de 12 años o más, por lo que se excluyó del análisis a quienes tenían menos de 12 años. Sin embargo, la inclusión del SDQ autoinformado para 11–16 años (Goodman, Meltzer, and Bailey 1998) o del SCORE infantil para 8–11 años (Jewell et al. 2013) habría aumentado la potencia de los datos de la población infantil, ya que se habrían incluido más menores en el análisis final, y habría permitido comprender mejor sus experiencias de la terapia familiar. Esto es especialmente importante, dado que el grado de concordancia entre las valoraciones parentales e infantiles de las puntuaciones de dificultades conductuales del SDQ parece estar influido por la naturaleza de las dificultades conductuales, el apego entre la persona menor y su madre o padre y la ira parental (Hen et al. 2024). Así, las dificultades conductuales y las reacciones socioemocionales autoinformadas por la población infantil habrían aportado una valiosa información sobre la eficacia de la terapia familiar en esta cohorte, en particular en el contexto del posible efecto de lista de espera observado en las madres asignadas aleatoriamente al grupo control en lista de espera. Además, el SCORE-15 aún no ha sido validado en lengua albanesa, por lo que los resultados deben interpretarse con cautela. La traducción albanesa del SCORE-15 utilizada en este estudio mostró una sólida fiabilidad interna y una buena fiabilidad test–retest. No obstante, la investigación futura debería tratar de validar esta traducción.
Se adoptó un diseño controlado con lista de espera porque se consideró poco ético privar a las madres de la opción de intervención empleando un brazo de control sin intervención. Esto es especialmente importante en el caso de participantes con riesgo de malestar psicológico, ya que la asignación a un brazo de control puede vivirse con decepción, desesperanza, ira y depresión (Naidoo et al. 2020). Sin embargo, los diseños controlados con lista de espera han recibido críticas porque se asocian con tamaños del efecto inflados (Cunningham, Kypri, and McCambridge 2013; Laws et al. 2022). Dado que la lista de espera pareció tener cierto efecto sobre las dificultades conductuales valoradas por las madres, un grupo control activo podría ser una comparación adecuada en investigaciones futuras. Además, observamos un efecto inicial de la terapia familiar sobre el funcionamiento familiar valorado por las madres y posibles mejoras en las dificultades conductuales infantiles. Sin embargo, se necesita más investigación para evaluar los efectos duraderos de la terapia familiar. Un estudio mostró un aumento significativo de los síntomas de TEPT entre el momento posintervención y el seguimiento a 6 meses (van Toorenburg et al. 2020), mientras que otro demostró reducciones duraderas de la gravedad del TEPT 2 años después de completar una TCC centrada en el trauma (Bryant et al. 2021). Comprender si los efectos terapéuticos se mantienen en el tiempo ayudará a conocer mejor la eficacia de la terapia familiar para reducir el trauma intergeneracional.
La investigación futura también podría explorar las experiencias cualitativas de la terapia familiar de las madres y de sus hijos e hijas, como se ha hecho con la terapia multifamiliar para la anorexia nerviosa (Baudinet et al. 2023) y con el yoga informado por el trauma para mujeres que sufrieron una agresión sexual (Nicotera et al. 2022). La investigación cualitativa podría aportar información sobre la aceptabilidad y la viabilidad de la terapia familiar para mujeres que sufrieron violencia sexual relacionada con el conflicto. La terapia multifamiliar también podría ayudar a contrarrestar los efectos intergeneracionales del trauma (Mooren et al. 2023). Dado que la terapia de grupo ha mostrado resultados positivos en supervivientes de violaciones genocidas (Varshney et al. 2023), la terapia multifamiliar podría tener el potencial de apoyar a las madres que han sufrido violencia sexual relacionada con el conflicto.
Este estudio piloto empleó un diseño aleatorizado controlado con lista de espera y tuvo como objetivo explorar la eficacia preliminar de la terapia familiar para madres que sufrieron violencia sexual relacionada con el conflicto y para sus hijos e hijas. Las madres del grupo de intervención mejoraron significativamente su funcionamiento familiar una vez completada la terapia familiar, aunque no hubo diferencias significativas en el funcionamiento familiar referido por la población infantil. Aunque pudo haber un efecto del diseño con lista de espera, pareció existir una influencia global del tiempo, lo que sugiere que la terapia familiar también podría favorecer una reducción de las dificultades conductuales infantiles. En conjunto, la terapia familiar podría ser una vía prometedora para reducir los efectos del trauma intergeneracional en madres que sufrieron violencia sexual relacionada con el conflicto. La investigación futura debería evaluar los efectos a largo plazo de la terapia familiar para madres que sufrieron violencia sexual relacionada con el conflicto y podría estudiar los efectos de la terapia familiar sobre otros resultados psicológicos, incluir un grupo control activo como comparación y explorar las experiencias cualitativas de la terapia familiar.
Complexe Systémique: puntos clave
Este ensayo piloto tiene el mérito de llevar la terapia familiar adonde rara vez se la espera: a madres kosovares que viven con las secuelas de la violencia sexual de la guerra, en albanés, en un centro para supervivientes de la tortura. La lectura sistémica es explícita: el trauma no se queda en una sola persona; pasa a la comunicación, a la crianza y a la conducta de hijos e hijas. Sin embargo, los resultados invitan a la cautela. Solo las madres perciben una mejora del funcionamiento familiar; la población adolescente, poco numerosa en el análisis, no. El grupo en lista de espera también mejora, la aleatorización se rompió por humanidad y el TEPT no se midió después de la terapia. El aspecto más útil para la clínica se refiere al secreto: muchas mujeres no quisieron invitar a sus parejas para no tener que revelar lo que habían sufrido, y la vergüenza atravesaba también a adolescentes. El sistema que entra en la consulta está, pues, moldeado por lo que no puede decirse. Trabajar con ese secreto sin forzar la revelación, proteger la díada madre–hijo o hija y contar con efectos dominó hacia quienes se quedan fuera: quizá sea ahí donde la terapia familiar encuentra su lugar después de la guerra. Para leer junto con la revisión exploratoria sobre el trauma intergeneracional en familias refugiadas y el estudio sobre la infancia nacida de la violencia sexual en la Alemania de posguerra.
Notas del original
Agradecimientos. Este manuscrito está dedicado a las víctimas de violencia sexual relacionada con el conflicto y a sus familias, que participaron en el estudio. Queremos agradecer a Rainela Xhemollari, Ferdinand Garoff, Petteri Mankila, Ditte Krogh Shapiro y Dr. Mouna Ghanem sus contribuciones a la elaboración del programa de formación, a la impartición de la formación y la supervisión y a la aplicación de la intervención de terapia familiar, así como a la evaluación del cumplimiento y la integridad del tratamiento. Agradecemos también a Prof. Robert N. Goodman, Prof. Peter Stratton, Prof. Carsten Lyng Obel, Prof. Gordan Harold, Prof. Jens Modvig y Marie Høgh Thøgersen sus comentarios constructivos y su apoyo a este proyecto. Esta investigación fue financiada por la Embajada británica en Prishtina, Kosovo.
Declaración. La entidad patrocinadora no intervino en el diseño del estudio, la recogida y el análisis de los datos, la interpretación de los datos ni la redacción del informe.
Declaración ética. La aprobación ética fue concedida por la comisión de cuestiones éticas del Colegio de Médicos de Kosovo (Kosovo Doctors Chamber), y el estudio se realizó conforme a la Declaración de Helsinki. Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado antes de participar.
Conflictos de intereses. La autoría declara no tener conflictos de intereses.
Referencias
Anderson, K., A. Delić, I. Komproe, E. Avdibegović, E. van Ee, and H. Glaesmer. 2019. “Predictors of Posttraumatic Growth Among Conflict-Related Sexual Violence Survivors From Bosnia and Herzegovina.” Conflict and Health 13, no. 1: 23. https://doi.org/10.1186/s13031-019-0201-5.
Baudinet, J., I. Eisler, A. Konstantellou, et al. 2023. “Perceived Change Mechanisms in Multi-Family Therapy for Anorexia Nervosa: A Qualitative Follow-Up Study of Adolescent and Parent Experiences.” European Eating Disorders Review 31, no. 6: 822–836. https://doi.org/10.1002/erv.3006.
Berger, R., and T. Weiss. 2009. “The Posttraumatic Growth Model: An Expansion to the Family System.” Traumatology 15, no. 1: 63–74. https://doi.org/10.1177/1534765608323499.
Bono, R., R. Alarcón, and M. J. Blanca. 2021. “Report Quality of Generalized Linear Mixed Models in Psychology: A Systematic Review.” Frontiers in Psychology 12. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.666182.
Bravo, P., Y. Kim, Y. Xerxa, et al. 2023. “Maternal History of Maltreatment and Offspring's Emotional and Behavioral Problems in Adolescence: Do Family Factors Contribute to the Intergenerational Risk Transmission?” Child Abuse & Neglect 141: 106228. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2023.106228.
Bryant, R. A., L. Kenny, N. Rawson, et al. 2021. “Two-Year Follow-Up of Trauma-Focused Cognitive Behavior Therapy for Posttraumatic Stress Disorder in Emergency Service Personnel: A Randomized Clinical Trial.” Depression and Anxiety 38, no. 11: 1131–1137. https://doi.org/10.1002/da.23214.
Bunn, M., N. Zolman, C. P. Smith, et al. 2022. “Family-Based Mental Health Interventions for Refugees Across the Migration Continuum: A Systematic Review.” SSM - Mental Health 2: 100153. https://doi.org/10.1016/j.ssmmh.2022.100153.
Cunningham, J. A., K. Kypri, and J. McCambridge. 2013. “Exploratory Randomized Controlled Trial Evaluating the Impact of a Waiting List Control Design.” BMC Medical Research Methodology 13, no. 1: 150. https://doi.org/10.1186/1471-2288-13-150.
de Jong, J. T. V. M. 2020. “ Chapter 15—Family Interventions and Armed Conflict.” In Cross-Cultural Family Research and Practice, edited by W. K. Halford and F. Vijver, 437–475. Academic Press. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-815493-9.00015-6.
Feingold, A. 2009. “Effect Sizes for Growth-Modeling Analysis for Controlled Clinical Trials in the Same Metric as for Classical Analysis.” Psychological Methods 14, no. 1: 43–53. https://doi.org/10.1037/a0014699.
Fitzgerald, M., A. London-Johnson, and K. L. Gallus. 2020. “Intergenerational Transmission of Trauma and Family Systems Theory: An Empirical Investigation.” Journal of Family Therapy 42, no. 3: 406–424. https://doi.org/10.1111/1467-6427.12303.
Fransquet, P. D., L. Hjort, F. Rushiti, et al. 2022. “DNA Methylation in Blood Cells Is Associated With Cortisol Levels in Offspring of Mothers Who Had Prenatal Post-Traumatic Stress Disorder.” Stress and Health 38, no. 4: 755–766. https://doi.org/10.1002/smi.3131.
Godart, N., G. Dorard, J. Duclos, et al. 2022. “Long-Term Follow-Up of a Randomized Controlled Trial Comparing Systemic Family Therapy (FT-S) Added to Treatment as Usual (TAU) With TAU Alone in Adolescents With Anorexia Nervosa.” Journal of Child Psychology and Psychiatry 63, no. 11: 1368–1380. https://doi.org/10.1111/jcpp.13583.
Goodman, R. 1997. “The Strengths and Difficulties Questionnaire: A Research Note.” Journal of Child Psychology and Psychiatry, and Allied Disciplines 38, no. 5: 581–586. https://doi.org/10.1111/j.1469-7610.1997.tb01545.x.
Goodman, R., H. Meltzer, and V. Bailey. 1998. “The Strengths and Difficulties Questionnaire: A Pilot Study on the Validity of the Self-Report Version.” European Child & Adolescent Psychiatry 7, no. 3: 125–130. https://doi.org/10.1007/s007870050057.
Greene, C. A., K. J. McCarthy, R. Estabrook, L. S. Wakschlag, and M. J. Briggs-Gowan. 2020. “Responsive Parenting Buffers the Impact of Maternal PTSD on Young Children.” Parenting 20, no. 2: 141–165. https://doi.org/10.1080/15295192.2019.1707623.
Gunnarsson, K. U., J. McCambridge, and M. Bendtsen. 2023. “Reactions to Being Allocated to a Waiting List Control Group in a Digital Alcohol Intervention Trial.” Patient Education and Counseling 107: 107572. https://doi.org/10.1016/j.pec.2022.11.014.
Haar, K., A. El-Khani, V. Molgaard, et al. 2020. “Strong Families: A New Family Skills Training Programme for Challenged and Humanitarian Settings: A Single-Arm Intervention Tested in Afghanistan.” BMC Public Health 20, no. 1: 634. https://doi.org/10.1186/s12889-020-08701-w.
Hartnett, D., A. Carr, and T. Sexton. 2016. “The Effectiveness of Functional Family Therapy in Reducing Adolescent Mental Health Risk and Family Adjustment Difficulties in an Irish Context.” Family Process 55, no. 2: 287–304. https://doi.org/10.1111/famp.12195.
Hen, M., V. Shenaar-Golan, S. Atia, and U. Yatzkar. 2024. “Child–Parent Agreement on the SDQ: The Role of Child–Parent Attachment and Parental Feelings.” Journal of Clinical Psychology. https://doi.org/10.1002/jclp.23707.
Hjort, L., F. Rushiti, S.-J. Wang, et al. 2021. “Intergenerational Effects of Maternal Post-Traumatic Stress Disorder on Offspring Epigenetic Patterns and Cortisol Levels.” Epigenomics 13, no. 12: 967–980. https://doi.org/10.2217/epi-2021-0015.
Høstmælingen, A., H. A. Nissen-Lie, B. Wampold, and P. G. Ulvenes. 2023. “Symptom Change During Waitlist for Medicated and Nonmedicated Patients With Chronic Depression.” Psychotherapy and Psychosomatics 92, no. 5: 340–345. https://doi.org/10.1159/000533661.
Hou, Y., S. Y. Kim, and A. D. Benner. 2018. “Parent–Adolescent Discrepancies in Reports of Parenting and Adolescent Outcomes in Mexican Immigrant Families.” Journal of Youth and Adolescence 47, no. 2: 430–444. https://doi.org/10.1007/s10964-017-0717-1.
IBM Corp. 2021. “ IBM SPSS Statistics for Macintosh, Version 28.0 [Computer software].”
Jewell, T., A. Carr, P. Stratton, J. Lask, and I. Eisler. 2013. “Development of a children's Version of the SCORE Index of Family Function and Change.” Family Process 52, no. 4: 673–684. https://doi.org/10.1111/famp.12044.
Koo, T. K., and M. Y. Li. 2016. “A Guideline of Selecting and Reporting Intraclass Correlation Coefficients for Reliability Research.” Journal of Chiropractic Medicine 15, no. 2: 155–163. https://doi.org/10.1016/j.jcm.2016.02.012.
Laws, K. R., L. Pellegrini, J. E. Reid, L. M. Drummond, and N. A. Fineberg. 2022. “The Inflating Impact of Waiting-List Controls on Effect Size Estimates.” Frontiers in Psychiatry 13: 877089. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2022.877089.
Leung, J. T. Y., D. T. L. Shek, and L. Li. 2016. “Mother-Child Discrepancy in Perceived Family Functioning and Adolescent Developmental Outcomes in Families Experiencing Economic Disadvantage in Hong Kong.” Journal of Youth and Adolescence 45, no. 10: 2036–2048. https://doi.org/10.1007/s10964-016-0469-3.
Littell, J. H., T. D. Pigott, K. H. Nilsen, J. Roberts, and T. K. Labrum. 2023. “Functional Family Therapy for Families of Youth (Age 11–18) With Behaviour Problems: A Systematic Review and Meta-Analysis.” Campbell Systematic Reviews 19, no. 3: e1324. https://doi.org/10.1002/cl2.1324.
Mishra, P., C. M. Pandey, U. Singh, A. Gupta, C. Sahu, and A. Keshri. 2019. “Descriptive Statistics and Normality Tests for Statistical Data.” Annals of Cardiac Anaesthesia 22, no. 1: 67. https://doi.org/10.4103/aca.ACA_157_18.
Monsalves, M. J., A. S. Bangdiwala, A. Thabane, and S. I. Bangdiwala. 2020. “LEVEL (Logical Explanations & Visualizations of Estimates in Linear Mixed Models): Recommendations for Reporting Multilevel Data and Analyses.” BMC Medical Research Methodology 20, no. 1: 3. https://doi.org/10.1186/s12874-019-0876-8.
Mooren, T., E. van Ee, I. Hein, and J. Bala. 2023. “Combatting Intergenerational Effects of Psychotrauma With Multifamily Therapy.” Frontiers in Psychiatry 13: 867305. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2022.867305.
Naidoo, N., V. T. Nguyen, P. Ravaud, et al. 2020. “The Research Burden of Randomized Controlled Trial Participation: A Systematic Thematic Synthesis of Qualitative Evidence.” BMC Medicine 18, no. 1: 6. https://doi.org/10.1186/s12916-019-1476-5.
Nicotera, N., M. M. Connolly, L. Jawdat, and L. Ostrow. 2022. “A Qualitative Study Examining the Lived Experiences of Stress Among Female Sexual Assault Survivors in an 8-Week Trauma-Sensitive Yoga Intervention.” Traumatology 30: 153–163. https://doi.org/10.1037/trm0000411.
O'Callaghan, P., L. Branham, C. Shannon, T. S. Betancourt, M. Dempster, and J. McMullen. 2014. “A Pilot Study of a Family Focused, Psychosocial Intervention With War-Exposed Youth at Risk of Attack and Abduction in North-Eastern Democratic Republic of Congo.” Child Abuse & Neglect 38, no. 7: 1197–1207. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2014.02.004.
Parviainen, H., O. Kiviruusu, R. Lämsä, N. Skogberg, A. E. Castaneda, and P. Santalahti. 2023. “Psychiatric Symptoms and the Association With Parents' Psychiatric Symptoms Among Recently Arrived Asylum-Seeking Children in Finland.” Child Psychiatry & Human Development 54, no. 6: 1699–1709. https://doi.org/10.1007/s10578-022-01371-2.
Peltz, J. S., F. A. Rogosch, R. D. Rogge, D. Cicchetti, and S. L. Toth. 2015. “The Benefits of Child-Parent Psychotherapy to Marital Satisfaction.” Families, Systems & Health 33, no. 4: 372–382. https://doi.org/10.1037/fsh0000149.
Penkova, Z., R. Stark, F. Leichsenring, and C. Steinert. 2018. “The Effects of Waiting for Treatment: A Meta-Analysis of Wait-List Control Groups in Randomized Controlled Trials for Panic Disorder.” Current Psychiatry Reviews 14, no. 2: 60–70. https://doi.org/10.2174/1573400514666180709144931.
Rosenblum, K. L., M. Muzik, D. M. Morelen, et al. 2017. “A Community-Based Randomized Controlled Trial of Mom Power Parenting Intervention for Mothers With Interpersonal Trauma Histories and Their Young Children.” Archives of Women's Mental Health 20, no. 5: 673–686. https://doi.org/10.1007/s00737-017-0734-9.
RStudio Team. 2023. “ RStudio: Integrated Development for R. RStudio (4.3.0) [Computer software].” PBC. http://www.rstudio.com/.
Rubini, E., M. Valente, M. Trentin, G. Facci, L. Ragazzoni, and S. Gino. 2023. “Negative Consequences of Conflict-Related Sexual Violence on Survivors: A Systematic Review of Qualitative Evidence.” International Journal for Equity in Health 22, no. 1: 227. https://doi.org/10.1186/s12939-023-02038-7.
Sheidow, A. J., M. R. McCart, and T. K. Drazdowski. 2022. “Family-Based Treatments for Disruptive Behavior Problems in Children and Adolescents: An Updated Review of Rigorous Studies (2014–April 2020).” Journal of Marital and Family Therapy 48, no. 1: 56–82. https://doi.org/10.1111/jmft.12567.
Skjelsbaek, I. 2006. “Therapeutic Work With Victims of Sexual Violence in War and Postwar: A Discourse Analysis of Bosnian Experiences.” Peace and Conflict. 12: 93–118. https://doi.org/10.1207/s15327949pac1202_1.
Smajlaj, A., G. Musabelliu, A. Lapaj, A. Orgocka, and L. Musabelliu. 2020. “ Strengths and Difficulties Questionnaire – Albanian Version.” https://www.sdqinfo.org/py/sdqinfo/b3.py?language=Albanian.
Stark, L., K. T. Seelinger, R.-M. Ibala, Y. Tovpeko, and D. Mukwege. 2022. “Prevention of Conflict-Related Sexual Violence in Ukraine and Globally.” Lancet 399, no. 10342: 2173–2175. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(22)00840-6.
Steinert, C., K. Stadter, R. Stark, and F. Leichsenring. 2017. “The Effects of Waiting for Treatment: A Meta-Analysis of Waitlist Control Groups in Randomized Controlled Trials for Social Anxiety Disorder.” Clinical Psychology & Psychotherapy 24, no. 3: 649–660. https://doi.org/10.1002/cpp.2032.
Stratton, P., J. Bland, E. Janes, and J. Lask. 2010. “Developing an Indicator of Family Function and a Practicable Outcome Measure for Systemic Family and Couple Therapy: The SCORE.” Journal of Family Therapy 32, no. 3: 232–258. https://doi.org/10.1111/j.1467-6427.2010.00507.x.
Sullivan, K. S., K. Ancharski, W. Wortham, et al. 2023. “Feasibility and Preliminary Impact of a Community-Based Intervention for Maternal PTSD and Parenting: Parenting-STAIR Pilot.” Journal of Child and Family Studies 32, no. 2: 481–497. https://doi.org/10.1007/s10826-023-02534-y.
Taber, K. S. 2018. “The Use of Cronbach's Alpha When Developing and Reporting Research Instruments in Science Education.” Research in Science Education 48, no. 6: 1273–1296. https://doi.org/10.1007/s11165-016-9602-2.
Turner, S. W., C. Bowie, G. Dunn, L. Shapo, and W. Yule. 2003. “Mental Health of Kosovan Albanian Refugees in the UK.” British Journal of Psychiatry 182, no. 5: 444–448. https://doi.org/10.1192/bjp.182.5.444.
van Eickels, R. L., A. Tsarpalis-Fragkoulidis, and M. Zemp. 2022. “Family Cohesion, Shame-Proneness, Expressive Suppression, and Adolescent Mental Health—A Path Model Approach.” Frontiers in Psychology 13: 921250. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.921250.
van Toorenburg, M. M., S. A. Sanches, B. Linders, et al. 2020. “Do Emotion Regulation Difficulties Affect Outcome of Intensive Trauma-Focused Treatment of Patients With Severe PTSD?” European Journal of Psychotraumatology 11, no. 1: 1724417. https://doi.org/10.1080/20008198.2020.1724417.
Vardanian, M. M., C. Scavenius, M. Granski, and A. Chacko. 2020. “An International Examination of the Effectiveness of Functional Family Therapy (FFT) in a Danish Community Sample.” Journal of Marital and Family Therapy 46, no. 2: 289–303. https://doi.org/10.1111/jmft.12405.
Varghese, M., V. Kirpekar, and S. Loganathan. 2020. “Family Interventions: Basic Principles and Techniques.” Indian Journal of Psychiatry 62, no. 8: 192–S200. https://doi.org/10.4103/psychiatry.IndianJPsychiatry_770_19.
Varshney, K., M. G. Chu, P. Shet, J. Hopkins, F. Braga, and P. Ghosh. 2023. “Health and Social Consequences for Survivors of Genocidal Rape: A Systematic Scoping Review.” Journal of Traumatic Stress 36, no. 4: 691–699. https://doi.org/10.1002/jts.22936.
Vorland, C. J., A. W. Brown, J. A. Dawson, et al. 2021. “Errors in the Implementation, Analysis, and Reporting of Randomization Within Obesity and Nutrition Research: A Guide to Their Avoidance.” International Journal of Obesity 45, no. 11: 2335–2346. https://doi.org/10.1038/s41366-021-00909-z.
Wang, S.-J., A. Bytyçi, S. Izeti, et al. 2017. “A Novel Bio-Psycho-Social Approach for Rehabilitation of Traumatized Victims of Torture and War in the Post-Conflict Context: A Pilot Randomized Controlled Trial in Kosovo.” Conflict and Health 10, no. 1: 34. https://doi.org/10.1186/s13031-016-0100-y.
Wang, S.-J., M. Salihu, F. Rushiti, L. Bala, and J. Modvig. 2010. “Survivors of the War in the Northern Kosovo: Violence Exposure, Risk Factors and Public Health Effects of an Ethnic Conflict.” Conflict and Health 4, no. 1: 11. https://doi.org/10.1186/1752-1505-4-11.
Waraan, L., J. Siqveland, K. Hanssen-Bauer, et al. 2023. “Family Therapy for Adolescents With Depression and Suicidal Ideation: A Systematic Review and Meta–Analysis.” Clinical Child Psychology and Psychiatry 28, no. 2: 831–849. https://doi.org/10.1177/13591045221125005.
Weathers, F. W., T. M. Keane, and J. R. T. Davidson. 2001. “Clinician-Administered PTSD Scale: A Review of the First ten Years of Research.” Depression and Anxiety 13, no. 3: 132–156. https://doi.org/10.1002/da.1029.
Wen, W., L. Sim, Y. Hou, S. Chen, and S. Y. Kim. 2023. “Change Patterns of Mother–Adolescent Perceived Parenting and the Corresponding Trajectories in Their Internalizing Symptoms.” Developmental Psychology 59, no. 10: 1906–1920. https://doi.org/10.1037/dev0001620.
Wickham, H. 2016. Ggplot2: Elegant Graphics for Data Analysis ( 2nd ed) (3.3.3). [Computer software]. Springer International Publishing.
Zeidler, K. 2022. “The End of Silencing? Dealing With Sexualized Violence in the Context of the Kosovo Conflict (1998/99–2019).” Comparative Southeast European Studies 70, no. 2: 310–336. https://doi.org/10.1515/soeu-2022-0015.
Traducción no oficial al español de Family Therapy for Kosovar Mothers Who Experienced Conflict-Related Sexual Violence and Their Children in Postwar Times: A Pilot Randomised Waitlist-Controlled Trial, de Christina Seery, Feride Rushiti, Sebahate Pacolli Krasniqi, Selvi Izeti Çarkaxhiu, Vjosa Devaja Xhemaili, Dafina Arifaj Limani, Qëndresa Prapashtica, Vesa Turjaka, Nebahate Zekaj, Mimoza Salihu, Line Hjort, Joanne Ryan, Sara Helene Kaas-Petersen y Shr-Jie Sharlenna Wang, Clinical Psychology & Psychotherapy, vol. 31, n.º 4, e3039 (2024), doi: 10.1002/cpp.3039, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial del artículo original «Family Therapy for Kosovar Mothers Who Experienced Conflict-Related Sexual Violence and Their Children in Postwar Times: A Pilot Randomised Waitlist-Controlled Trial», publicado en Clinical Psychology & Psychotherapy (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Seery, C., Rushiti, F., Krasniqi, S. P., Çarkaxhiu, S. I., Xhemaili, V. D., Limani, D. A., Prapashtica, Q., Turjaka, V., Zekaj, N., Salihu, M., Hjort, L., Ryan, J., Kaas-Petersen, S. H., et Wang, S.-J. S. (2024). Family Therapy for Kosovar Mothers Who Experienced Conflict-Related Sexual Violence and Their Children in Postwar Times: A Pilot Randomised Waitlist-Controlled Trial. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/family-therapy-for-kosovar-mothers-who-experienced-conflict-related-sexual-violence (Obra original publicada en 2024 en Clinical Psychology & Psychotherapy, 31(4), e3039 (2024); republicada en 2024 por Clinical Psychology & Psychotherapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/cpp.3039)
Para ir más lejos