Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

International Journal of Eating Disorders · Terapia familiar

Terapia multifamiliar para los trastornos de la conducta alimentaria: revisión sistemática exploratoria de los hallazgos cuantitativos y cualitativos

Reunir a varias familias en torno a un mismo trastorno de la conducta alimentaria: ¿qué sabemos realmente de los efectos de la terapia multifamiliar? El equipo del Maudsley, en Londres, examinó 27 estudios que abarcan a 714 personas, desde la infancia hasta la edad adulta. El peso y los síntomas mejoran claramente y el grupo rompe el aislamiento de las familias, pero esta terapia, que casi siempre se añade a otro tratamiento, aún debe demostrar su aporte propio y específico.

Autoría Julian Baudinet e Ivan Eisler (Institute of Psychiatry, Psychology and Neuroscience, King’s College London; Maudsley Centre for Child and Adolescent Eating Disorders, South London and Maudsley NHS Foundation Trust, Londres); Mima Simic (King’s College London); Lisa Dawson (Eating Disorder Service, Westmead Children’s Hospital, Sídney, Australia); Ulrike Schmidt (King’s College London; Adult Eating Disorders Service, South London and Maudsley NHS Foundation Trust, Londres)Primera publicación International Journal of Eating Disorders, 20 de octubre de 2021Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Multi‐family therapy for eating disorders: A systematic scoping review of the quantitative and qualitative findings, de Julian Baudinet, Ivan Eisler, Lisa Dawson, Mima Simic y Ulrike Schmidt, publicado en International Journal of Eating Disorders (Wiley) (2021), doi: 10.1002/eat.23616, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las cinco tablas se presentan como listas; la información complementaria en línea (apéndice S1) no se reproduce. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Esta disparidad subraya también el importante papel que desempeñan los familiares en el proceso de recuperación y la capacidad de la TMF para apoyar a todo el sistema, no solo a la persona paciente.

Julian Baudinet, Ivan Eisler, Lisa Dawson, Mima Simic y Ulrike Schmidt

Resumen

Objetivo. Este estudio revisó la base de evidencia cuantitativa y cualitativa sobre la terapia multifamiliar (TMF) para los trastornos de la conducta alimentaria en lo que respecta al cambio en los síntomas físicos y psicológicos, a factores individuales y familiares más amplios y a la experiencia del tratamiento.

Método. Se llevó a cabo una revisión sistemática exploratoria. El 24 de junio de 2021 se consultaron cuatro bases de datos (PsycInfo, Medline, Embase, CENTRAL) y cinco bases de literatura gris en busca de artículos de revistas con revisión por pares, capítulos de libros y tesis pertinentes. No se fijó una fecha de inicio. Solo se incluyeron trabajos que presentaban datos cuantitativos o cualitativos. No se impuso ninguna restricción de edad ni de diagnóstico. Los estudios se cartografiaron primero según el diseño, la edad de las personas participantes y el contexto de tratamiento, y después se sintetizaron de forma narrativa.

Resultados. Se sintetizaron los resultados de 714 personas que recibieron TMF en 27 estudios (uno de métodos mixtos, 17 cuantitativos y nueve cualitativos). La TMF se asocia a mejoras en la sintomatología del trastorno de la conducta alimentaria y a un aumento de peso en quienes presentan bajo peso. También se asocia a mejoras en otros factores individuales y familiares, como las comorbilidades, la autoestima, la calidad de vida y algunos aspectos de la experiencia de cuidado, aunque estos hallazgos son más heterogéneos. La TMF se vive en general como útil y a la vez exigente, debido a los contenidos que aborda y a la intensidad del proceso grupal.

Discusión. La TMF se asocia a mejoras significativas de los síntomas del trastorno de la conducta alimentaria a lo largo de todo el ciclo vital y a una mejora de factores individuales y familiares más amplios. La base de evidencia es reducida y los estudios suelen carecer de potencia estadística. Se necesitan estudios más amplios y de mayor calidad, así como investigaciones que examinen la contribución propia de la TMF a los resultados, dado que suele ser un tratamiento complementario.

Palabras clave: adolescente, adulto, anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, persona cuidadora, niño, trastornos de la conducta alimentaria, tratamiento basado en la familia (FBT), terapia familiar Maudsley, terapia multifamiliar (TMF), adulto joven

1 INTRODUCCIÓN

Reunir a varias familias para formar grupos multifamiliares forma parte del tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria desde hace décadas (Gelin, Cook‐Darzens, & Hendrick, 2018). Esta práctica surgió en el contexto de una tradición más larga de grupos multifamiliares para personas con esquizofrenia (Laqueur, Laburt, & Morong, 1964; McFarlane, 2002), y de modelos más recientes para la depresión (Anderson et al., 1986; Lemmens, Eisler, Buysse, Heene, & Demyttenaere, 2009) y el consumo problemático de sustancias (Kaufman & Kaufmann, 1977).

El trabajo inicial con grupos multifamiliares en trastornos de la conducta alimentaria, en la década de 1980, se centró en personas adultas jóvenes con anorexia nerviosa (Slagerman & Yager, 1989) y bulimia nerviosa (Wooley & Lewis, 1987). Estos primeros grupos multifamiliares centrados en los trastornos de la conducta alimentaria se dirigían principalmente a las relaciones familiares y a mejorar el apoyo a la persona paciente. En la década de 1990 empezaron a surgir modelos de terapia grupal multifamiliar (TMF) para niñas, niños y adolescentes con trastornos de la conducta alimentaria (Dare & Eisler, 2000; Scholz & Asen, 2001), teóricamente arraigados en los principios de la terapia familiar centrada en los trastornos de la conducta alimentaria (Eisler, Simic, Blessitt, Dodge, & MCCAED Team, 2016).

Este término genérico, terapia familiar centrada en los trastornos de la conducta alimentaria, engloba varias formas similares de terapia familiar basada en la evidencia para estos trastornos, entre ellas la terapia familiar Maudsley (Eisler et al., 2016) y el tratamiento basado en la familia (Lock & Le Grange, 2012). Aunque existen algunas diferencias, todas las terapias familiares centradas en los trastornos de la conducta alimentaria se organizan en fases, hacen hincapié en trabajar con la familia en lugar de tratar a la familia, se centran inicialmente en el manejo de los síntomas, con las madres y los padres desempeñando un papel central en el apoyo a la alimentación de su hija o hijo, y se amplían al funcionamiento adolescente y familiar una vez que se han instaurado prácticas alimentarias más saludables y ha mejorado la salud física.

Distintas versiones de la TMF para la anorexia nerviosa y la anorexia nerviosa atípica (TMF‐AN) se han manualizado ya para la infancia y la adolescencia (Simic, Baudinet, Blessitt, Wallis, & Eisler, 2021), así como para la edad adulta (Tantillo, McGraw, & Le Grange, 2020). Por lo general, la TMF‐AN implica un grupo de hasta ocho familias que trabajan juntas con al menos dos profesionales de la salud. El grupo suele combinar distintos tipos de actividades, como debates en grupos pequeños y grandes, actividades no verbales y juegos terapéuticos. Todo ello tiene lugar en configuraciones diversas, como grupos separados de jóvenes, de hermanas y hermanos y de madres y padres, grupos mixtos o parejas, etc. El grupo suele además compartir hasta tres comidas durante cada jornada de TMF. Varias guías de práctica clínica recomiendan ya la TMF‐AN para adolescentes (Couturier et al., 2020; Heruc et al., 2020; NICE, 2017), y recientemente se ha desarrollado una versión específica para adolescentes con bulimia nerviosa (TMF‐BN; Stewart et al., 2019).

Existen diferencias individuales entre los modelos de TMF (Gelin et al., 2018; Gelin, Cook‐Darzens, Simon, & Hendrick, 2016). Algunos ofrecen tres (Whitney et al., 2012) o cinco días (Knatz et al., 2015; Marzola et al., 2015; Wierenga et al., 2018) de grupos de TMF como intervención independiente. Otros son mucho más largos y ofrecen 10 (Simic et al., 2021) o incluso 20 días o más (Gelin et al., 2016; Scholz, Rix, Scholz, Gantchev, & Thömke, 2005) de grupos de TMF repartidos a lo largo de 12 meses con una frecuencia decreciente. El número de familias por grupo también varía, de dos (Whitney, Murphy, et al., 2012) a ocho o nueve (Simic et al., 2021). Del mismo modo, la intensidad de la TMF es variable: algunos grupos se reúnen semanal o quincenalmente durante 1–2 horas (Gelin et al., 2016; Stewart et al., 2019) y otros durante varios días completos consecutivos (Scholz et al., 2005).

Todos los modelos de TMF están concebidos para mejorar los resultados del tratamiento reduciendo el aislamiento y el estigma percibidos, mejorando las relaciones familiares y favoreciendo el desarrollo de habilidades familiares (Asen & Scholz, 2010; Dawson, Baudinet, Tay, & Wallis, 2018; Simic & Eisler, 2015). Algunos modelos buscan además intensificar específicamente el tratamiento, sobre todo en las fases iniciales (Simic & Eisler, 2015; Wierenga et al., 2018), que han demostrado ser un momento crítico del tratamiento. Se ha demostrado que el cambio temprano en los síntomas del trastorno de la conducta alimentaria es un predictor sólido de los resultados al final del tratamiento, con independencia del diagnóstico, la franja de edad, el tipo de tratamiento y el contexto (Nazar et al., 2017; Vall & Wade, 2015); de ahí la importancia de una intervención más intensiva, como la TMF, en esta fase del tratamiento.

Dado que la TMF puede ofrecer un apoyo temprano e intensivo, centrado tanto en factores de la persona paciente como en factores familiares, tiene un gran potencial para mejorar los resultados actuales del tratamiento, ya sea como intervención independiente o complementaria. Su uso concuerda además con las guías de práctica clínica, que recomiendan cada vez más implicar a los familiares en los tratamientos de la infancia, la adolescencia y la edad adulta (Fleming, Le Brocque, & Healy, 2020; Hilbert, Hoek, & Schmidt, 2017; National Institute for Health and Care Excellence (NICE), 2017; Treasure, Parker, Oyeleye, & Harrison, 2021).

La evidencia emergente indica que la TMF se asocia a una mejor salud física, a una reducción de los síntomas del trastorno de la conducta alimentaria y a mejoras en otros factores de la persona paciente y de la familia, como la autoestima, la calidad de vida y la carga de las personas cuidadoras (Gelin et al., 2016). Los resultados del único ensayo controlado aleatorizado (ECA) ambulatorio publicado indican que, en adolescentes con anorexia nerviosa, los resultados globales al alta de la terapia familiar con TMF complementaria son mejores que con la terapia familiar sola (Eisler, Simic, Hodsoll, et al., 2016).

Sin embargo, pese a lo prometedora que resulta, la TMF sigue estando relativamente poco estudiada. La heterogeneidad de los modelos de TMF descritos y evaluados, así como el coste en recursos relativamente elevado y la intensidad que exigen algunos modelos, dificultan su implantación y su evaluación. Además, la TMF rara vez es un tratamiento independiente y existe una gran variabilidad entre estudios en la forma de aplicarla, incluidos el contexto (hospitalización, hospital de día, atención ambulatoria), la duración y la intensidad del tratamiento (Gelin et al., 2018), lo que dificulta generalizar los hallazgos específicos de la TMF.

Dado que la TMF se utiliza ahora ampliamente en los servicios clínicos a escala internacional, es necesario un análisis exploratorio sistemático y una síntesis de los datos disponibles para determinar la base de evidencia e identificar lagunas para la investigación futura. Para comprender mejor el impacto de la TMF en los resultados del tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria, este estudio se propuso revisar y sintetizar sistemáticamente los hallazgos cuantitativos y cualitativos disponibles. Aunque ya se había realizado una revisión de la TMF para diversos trastornos psiquiátricos (Gelin et al., 2018), incluidos los de la conducta alimentaria, esta no era exhaustiva, omitía algunos trabajos importantes (Jewell & Lemmens, 2018) y no incluía datos cualitativos. En concreto, esta revisión tiene tres objetivos:

  1. Revisar el impacto de la TMF en los síntomas físicos y psicológicos de los trastornos de la conducta alimentaria.
  2. Revisar el impacto de la TMF en las familias y las personas cuidadoras.
  3. Revisar la experiencia individual y familiar de recibir TMF.

2 MÉTODO

Se utilizó una metodología de revisión sistemática exploratoria (Peters et al., 2015) para examinar la investigación existente sobre la TMF para los trastornos de la conducta alimentaria en todas las franjas de edad. Se consideró la metodología más adecuada, dada la heterogeneidad de la investigación existente y los amplios objetivos de esta revisión. Ello permitió incluir estudios más descriptivos que aportaban algunos datos de resultados. Para llevar a cabo esta revisión se siguieron las directrices actuales para revisiones exploratorias (Peters et al., 2020) y la extensión para revisiones exploratorias de los Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta‐Analyses (PRISMA) (Tricco et al., 2018). La investigación fue examinada y aprobada por un comité de ética institucional.

La metodología fue elaborada inicialmente por una persona del equipo de autoría (JB) a partir del marco PICOS (población, intervención, comparación, resultado, diseño del estudio) (Methley, Campbell, Chew‐Graham, McNally, & Cheraghi‐Sohi, 2014). Después, dos personas del equipo (JB, LD) ejecutaron de forma independiente la estrategia de búsqueda, la selección de estudios y la extracción de datos. Los desacuerdos se resolvieron mediante discusiones de consenso. Los datos se examinaron con un diseño de síntesis convergente de resultados paralelos (Noyes et al., 2019), en el que los datos cuantitativos y cualitativos se analizaron y presentaron inicialmente por separado y luego se sintetizaron para interpretar los hallazgos. Se consideró el método más adecuado para explorar inicialmente los datos cuantitativos y cualitativos y para sintetizar todos los datos disponibles.

2.1 Criterios de elegibilidad

Los criterios de elegibilidad de esta revisión se presentan en la tabla 1.

Tabla 1 — Criterios de elegibilidad de la revisión sistemática exploratoria

  • Tipo de publicación. Incluidos: artículos con revisión por pares; capítulos de libros; tesis. Excluidos: resúmenes de congresos; artículos sin revisión por pares.
  • Idioma. Incluidos: inglés. Excluidos: idiomas distintos del inglés.
  • Objetivos del estudio. Incluidos: enfoque explícito en los resultados de la TMF; enfoque explícito en la experiencia de la TMF. Excluidos: programas de tratamiento integrados en los que el componente de TMF no se describe explícitamente o no es el foco principal.
  • Metodología/diseño. Incluidos: cuantitativos; cualitativos; métodos mixtos. Excluidos: artículos de revisión; metaanálisis; datos únicamente de satisfacción, valoración o aceptabilidad (sin descripción de una metodología de análisis de datos cualitativos); diseño de estudio de caso; datos cuantitativos únicamente descriptivos (sin análisis estadísticos); metodología de recogida de datos no descrita.
  • Muestra. Incluidos: cualquier edad; personas con trastornos de la conducta alimentaria; personas cuidadoras de personas con trastornos de la conducta alimentaria. Excluidos: datos procedentes únicamente del personal clínico.

2.2 Estrategia de búsqueda

El 24 de junio de 2021 se consultaron cuatro bases de datos principales (PsycInfo, Medline, Embase, CENTRAL) y cinco bases de literatura gris (Scopus, Web of Science, OpenGrey, ProQuest Dissertations and Theses Global, EThOS UK Theses) utilizando variantes de los términos «eating disorder» y «multi‐family therapy» (véanse los términos de búsqueda exactos en el apéndice S1). Como paso final, se revisaron las listas de referencias de los artículos identificados en busca de trabajos adicionales pertinentes que cumplieran los criterios de inclusión.

2.3 Proceso de selección

Tras completar la búsqueda inicial, se eliminaron los duplicados y se revisaron los títulos y resúmenes restantes. Se examinaron los textos completos y las listas de referencias de los artículos pertinentes para valorar su elegibilidad antes de alcanzar un consenso sobre los trabajos incluidos en esta síntesis (véase el diagrama de flujo PRISMA en la figura 1). En este proceso se utilizó el programa Zotero.

Diagrama de flujo PRISMA. † Tesis de máster identificada por un miembro de la autoría (IE) que la había dirigido. Fuente: Page MJ, McKenzie JE, Bossuyt PM, Boutron I, Hoffmann TC, Mulrow CD, et al. The PR
FIGURA 1. Diagrama de flujo PRISMA.†Tesis de máster identificada por una persona coautora (IE) que había dirigido el trabajo. Fuente: Page MJ, McKenzie JE, Bossuyt PM, Boutron I, Hoffmann TC, Mulrow CD, et al. The PRISMA 2020 statement: an updated guideline for reporting systematic reviews. BMJ 2021;372:n71. doi: 10.1136/bmj.n71. Para más información, visite: http://www.prisma‐statement.org/

2.4 Extracción, registro y categorización de los datos

Todos los artículos incluidos se agruparon según tres categorías principales: tipo de datos generados (cuantitativos o cualitativos), edad de las personas participantes (jóvenes [≤25 años] o adultas [≥17 años]) y contexto de tratamiento (hospitalización/hospital de día/residencial o atención ambulatoria). En cuanto al solapamiento en la categorización de las personas adultas jóvenes, de 17 a 25 años: si un programa se centraba principalmente en la infancia y la adolescencia pero incluía a personas adultas jóvenes, se categorizaba como «jóvenes». Cuando el rango de edad de las personas participantes empezaba a los 17 años y se extendía más allá de los 25, el programa se categorizaba como programa para adultos. Ningún programa estaba dirigido exclusivamente a personas adultas jóvenes. Los estudios cuantitativos se registraron además según su diseño (ECA, estudio comparativo no aleatorizado, serie de casos).

Los formularios de registro de datos fueron elaborados por JB en consulta con LD para determinar qué variables extraer. En los estudios cuantitativos se extrajeron los datos sobre el cambio en los síntomas del trastorno de la conducta alimentaria, los resultados de salud física, los factores individuales y familiares comórbidos y los datos de funcionamiento general desde el inicio hasta el alta (y el seguimiento, si lo había), así como los tamaños del efecto. También se extrajeron las características de los programas de TMF (intensidad y duración). En el caso de los datos cualitativos, se extrajeron los temas y subtemas. Esta tarea la realizaron las dos personas del equipo (JB y LD) mediante un proceso iterativo de consultas repetidas. Los datos ausentes se indicaron explícitamente cuando procedía. Esta información sirvió de base para la síntesis narrativa de los estudios elegibles. De acuerdo con las directrices actuales para revisiones exploratorias, no se realizó una evaluación del riesgo de sesgo (Munn et al., 2018; Peters et al., 2020).

3 RESULTADOS

3.1 Selección y características de los estudios

La búsqueda bibliográfica sistemática identificó inicialmente novecientos setenta y dos trabajos. Tras eliminar los duplicados y realizar el cribado según los criterios de elegibilidad (tabla 1), un total de 27 artículos se consideraron elegibles para esta revisión (véase el diagrama de flujo PRISMA en la figura 1). La muestra total de personas que recibieron TMF es de 714 (edad media = 18.7 años, rango = 11–62, 97% mujeres).

A continuación se sintetizan los resultados de los 27 estudios, que comprenden datos procedentes de un estudio de métodos mixtos, 17 cuantitativos y nueve cualitativos. Tres de los estudios cuantitativos incluían también algunos datos cualitativos de valoración; sin embargo, la metodología de análisis de datos no se describía de forma suficiente para cumplir los criterios de inclusión de la revisión. Por ello, solo se incluyen en esta revisión los datos cuantitativos de estos estudios (Dimitropoulos, Farquhar, Freeman, Colton, & Olmsted, 2015; Mehl, Tomanová, Kuběna, & Papežová, 2013; Wierenga et al., 2018). El único estudio de métodos mixtos incluido era una tesis doctoral (Salaminiou, 2005), cuyos datos de resultados se publicaron en su mayor parte (aunque no en su totalidad) en una revista con revisión por pares (Salaminiou, Campbell, Simic, Kuipers, & Eisler, 2017). Tanto la tesis como el artículo fueron identificados por la estrategia de búsqueda e incluidos en esta revisión. Los datos publicados en Salaminiou et al. (2017) se citan como tales. Todos los demás datos cuantitativos y cualitativos se citan en adelante como Salaminiou (2005).

La mayoría de los estudios procedían de Europa (n = 18, 67%) y tenían muestras relativamente pequeñas. Casi una cuarta parte de los estudios cuantitativos contaba con 30 participantes o menos (n = 6, 22%) y solo dos (7%) tenían una muestra superior a 100. Veintitrés estudios trataban la TMF en un contexto ambulatorio (17 con jóvenes, seis con personas adultas) y cuatro en hospital de día u hospitalización (dos con jóvenes, dos con personas adultas). Siete estudios comparaban los resultados de la TMF con otro tratamiento (cinco con jóvenes, dos con personas adultas). Véase en la tabla 2 un resumen de las características de los estudios incluidos. Véanse en las tablas 3, 4 y 5, respectivamente, un resumen de los resultados cuantitativos sobre el trastorno de la conducta alimentaria, de los resultados cuantitativos comórbidos y familiares, y de los resultados cualitativos.

Tabla 2 — Metodologías de los estudios incluidos

Para cada tipo de estudio: jóvenes OP; jóvenes I/DP; personas adultas OP; personas adultas I/DP; total.

  • ECA. 1; 1; 0; 1; total 3.
  • Estudios comparativos no aleatorizados. 2; 1; 1; 0; total 4.
  • Series de casos. 7; 0; 3; 0; total 10.
  • Cualitativos. 6; 0; 2; 1; total 9.
  • Métodos mixtos. 1; 0; 0; 0; total 1.
  • Total. 17; 2; 6; 2; total 27.

Abreviaturas: I/DP, hospitalización u hospital de día; OP, atención ambulatoria; ECA, ensayo controlado aleatorizado.

Tabla 3 — Resumen de los hallazgos sobre los cambios en los síntomas del trastorno de la conducta alimentaria y en el peso durante la TMF (n = 17)

Para cada estudio: diseño; edad media (SD, rango); muestra N (% mujeres, raza/etnia, SES); diagnóstico; contexto; modelo de TMF; n.º de sesiones de TMF; duración del Tx; datos iniciales (media, SD); datos de ED al final del tratamiento (media, SD); ES; abandonos (n, %) y datos de seguimiento (plazo hasta el FU, n, % de la muestra iniciala).

Jóvenes—TMF ambulatoria — ECA

  • Eisler, Simic, Hodsoll, et al. (2016) [Reino Unido]. ECA multicéntrico: FT‐AN (n = 82) frente a TMF + FT‐AN (n = 85). Edad: 15.7 (1.7, 12–20). Muestra: 167 (mujeres: 91%) (R/E: blanca 90%, otra 4%, sin datos 6%) (SES: nr). Diagnóstico: AN (76%), EDNOS‐R (24%). Ambulatorio. Modelo Maudsley (Simic et al., 2021); 10 sesiones; 12 meses. Inicio: %mBMI 77.6 (6.3) [TMF], 78.4 (5.8) [FT]; EDE‐R 2.7 (1.8) [TMF], 2.9 (1.7) [FT]; resultado Morgan Russel (bueno e intermedio) 8% [TMF], 10% [FT]. Fin del tratamiento: %mBMI 90.0 (9.1) [TMF], 87.8 (10.1) [FT], efecto del tiempo ***, efecto del tratamiento ns; EDE‐R 1.8 (1.7) [TMF], 1.4 (1.5) [FT], efecto del tiempo ***, efecto del tratamiento ns; resultado Morgan Russel (bueno e intermedio) 76% [TMF], 58% [FT], efecto del tratamiento*. ES: %mBMI, tiempo: nr, Tx: z = .37; EDE‐R, tiempo: nr, Tx: z = .26. Abandonos: 18 (11%), 9 (11%) [TMF], 9 (11%) [FT‐AN]. FU: 6 meses [18 meses tras la aleatorización] (n = 38–60, 22–34%): %mBMI 90.6 (8.2) [TMF], 85.2 (10.2) [FT], efecto del tiempo ***a (ES nr), efecto del tratamiento **a (z = .68); EDE‐R 1.4 (1.7) [TMF], 1.8 (1.4) [FT], efecto del tiempo ***a (ES nr), efecto del tratamiento nsa (z = .26); resultado Morgan Russel (bueno e intermedio) 78% [TMF], 57% [FT], efecto del tratamiento ns.

Jóvenes—TMF ambulatoria — Estudios comparativos no aleatorizados

  • Gabel et al. (2014) [Canadá]. Comparación retrospectiva de historias clínicas: TAU (n = 25) frente a TAU + TMF (n = 25). Edad: 14.1 (2.0, 11–18). Muestra: 50 (mujeres: 100%) (R/E: nr) (SES: nr). Diagnóstico: AN (100%). Servicio especializado en ED (ambulatorio, hospital de día y hospitalización). Modelo Maudsley; sesiones nr; 12 meses. Inicio: %IBW 77.7 (nr) [TMF], 79.1 (nr) [TAU]; EDE‐Q 3.1 (1.8) [TMF], nr [TAU]. Fin del tratamiento: %IBW 99.6 (7.3) [TMF], 95.4 (6.8) [TAU], efecto del tiempo sig nr, efecto del tratamiento*; EDE‐Q 2.1 (1.4) [TMF]*, nr [TAU], efecto del tiempo nr, efecto del tratamiento nr. ES: nr. Abandonos: nr. Sin FU.
  • Marzola et al. (2015) [EE. UU.]. Seguimiento a 30 meses: FT intensiva (n = 20) frente a TMF (n = 54). Edad: 14.7 (2.8, nr). Muestra: 74 (mujeres: 92%) (R/E: cauc. 92%, otra nr) (SES: nr). Diagnóstico: AN (60%), EDNOS (40%). Ambulatorio. «FT‐AN intensificada»; 5 días [40 h]; 1 semana. Inicio: %EBW 86.4 (8.7) [muestra total]; medida de ED: nr. Fin del tratamiento: nr [solo datos de seguimiento]. ES: nr. Abandonos del Tx nr [pérdidas en el FU: 18 (20%) de las personas participantes elegibles]. FU: 30.9 (20.2, 4–83) meses (n = 55–74, 60–80%): %EBW 97.8 (10.1) [TMF], 102.2 (17.5) [I‐FT], efecto del tiempo***a (d = 1.18), efecto del tratamiento ns; medida de ED: nr [60,8 % remisión completab, 27% remisión parcialb].

Jóvenes—TMF ambulatoria — Series de casos

  • Dennhag, Henje, & Nilsson, 2019 [Suecia]. Serie de casos. Edad: 13.9 (1.1, 13–16). Muestra: 24 (mujeres: 100%) (R/E: cauc. 100%) (SES: 78,5 % de madres y padres con título universitario/100% de los padres y 60% de las madres con empleo a tiempo completo). Diagnóstico: AN (37,5 %), EDNOS (62,5 %). Ambulatorio (n = 7 iniciaron la TMF durante la hospitalización). Según el manual de Wallin (2007); 10.5 días; 1 año. Inicio: BMI 17.9 (2.0); %EBW 93.0 (3.7); EDE‐Q (G) 2.9 (1.6). Fin del tratamiento: BMI 20.1 (2.2)***; %EBW 101.3 (10.0)**; EDE‐Q (G) 2.0 (1.9)* [Remisión completa: 10 (42%)c, sin dx de ED: 13 (54%)]. ES: d = 1.16; d = .72; d = .56. Abandonos: nr. Sin FU.
  • Gelin, Fuso, Hendrick, Cook‐Darzens, and Simon (2015) [Bélgica]. Serie de casos. Edad: 16.0 (1.5, 11–19). Muestra: 82 (mujeres: 98%) (R/E: nr) (SES: nr). Diagnóstico: AN‐R (84%), AN‐BP (11%), BN (5%). Ambulatorio. Inspirado en los modelos Maudsley y de Dresde; 21 días; 11 meses. Inicio: %EBW 77.0 (9.8); EDI‐DT 12.5d (IQR: 5–18). Fin del tratamiento: %EBW 86.8 (11.2)**; EDI‐DT 4.0d (IQR: 1–11)**. ES: d = .93; r = .60. Abandonos: 7 (9%). FU: 1 año (n = 42, 51%): %EBW «sigue aumentando significativamente»; EDI «se estabiliza tras el tratamiento» [datos no publicados].
  • Hollesen, Clausen, and Rokkedal (2013) [Dinamarca]. Serie de casos. Edad: 14.9 (1.1, 12–17). Muestra: 20 (mujeres: 100%) (R/E: nr) (SES: nr). Diagnóstico: AN (40%), EDNOS‐R (60%). Ambulatorio. Inspirado en los modelos Maudsley y de Dresde; 12 días; 1 año (rango = 8.4–11.8 meses). Inicio: BMI 16.2 (1.4); EDE‐R 3.2 (1.2); EDI‐DT 12.5 (5.7). Fin del tratamiento: BMI 18.4 (1.4)**; EDE‐R 1.8 (1.6)**; EDI‐DT 6.1 (5.7)** [sin dx de ED: 13 (65%)]. ES: d = .63; d = 1.0; d = 1.13. Abandonos: 1 (3%). Sin FU.
  • Knatz et al. (2015) [EE. UU.]. Serie de casos. Edad: 14.6 (2.9, nr). Muestra: 40 (mujeres: nr) (R/E: cauc. 90%, otra nr) (SES: nr). Diagnóstico: nr. Ambulatorio. Inspirado en los modelos Maudsley y de Dresde; 5 días [40 h]; 1 semana. Inicio: BMI 17.6 (2.1); medida de ED nr. Fin del tratamiento: BMI 20.7 (2.1)**; medida de ED nr. ES: nr. Abandonos: nr. Sin FU.
  • Mehl et al. (2013) [República Checa]. Serie de casos. Edad: 17.7 (2.5, 14–23). Muestra: 15 (mujeres: nr) (R/E: nr) (SES: nr). Diagnóstico: nr. Ambulatorio. Modelo Maudsley; 8; 12 meses. Inicio: BMI 16.9 (1.5); medida de ED nr. Fin del tratamiento: BMI* (media y SD nr); medida de ED nr. ES: nr. Abandonos: 2 (13%). Sin FU.
  • Salaminiou et al. (2017) [Reino Unido]. Serie de casos. Edad: 15.4 (1.8, 11–18). Muestra: 30 (mujeres: 90%) (R/E: nr) (SES: 50% clase británica I/II, 50% clase III/IV)e. Diagnóstico: AN (90%), EDNOS‐R (10%). Ambulatorio. Modelo Maudsley; 9–11 días; 9 meses. Inicio: %mBMI 75.8 (6.5); EDI‐2‐DT 14.1 (7.1). Fin del tratamiento: %mBMI 86.1 (8.7)***; EDI‐2‐DT 9.6 (7.9)**. ES: d = 1.4; d = .6. Abandonos: 2 (7%). Sin FU.
  • Stewart et al., 2019 [Reino Unido] (se presentan los datos del estudio 1). Serie de casos. Edad: 15.6 (1.4, nr). Muestra: 50 (mujeres: 98%) (R/E: nr) (SES: nr). Diagnóstico: BN (100%). Ambulatorio. Modelo Maudsley; 14 sesiones × 2 h; 4 meses. Inicio: EDE‐Q (SC) 5.3 (1.0); atracones/sem. 7b (rango = 0–195); purgas/sem. 10b (rango = 0–195); peso nr. Fin del tratamiento: EDE‐Q (SC) 4.81***; atracones/sem. 5d (rango = 0–100)**; purgas/sem. 3d (rango = 0–120)*; peso nr. ES: r = −.47; r = −.35; r = −.29. Abandonos estudio 1: nr; abandonos estudio 2: 2 (4%) [TMF], 18 (21%) [TAU sin TMF]. Sin FU.

Jóvenes—TMF en hospitalización — ECA

  • Geist, Heinmaa, Stephens, Davis, and Katzman (2000) [Canadá]. ECA unicéntrico: FT (n = 12) frente a psicoeducación en grupo familiar (TMF, n = 13). Edad: 14.3 (1.5, 12–17.3). Muestra: 25 (mujeres: 100%) (R/E: nr) (SES: nr). Diagnóstico: AN‐R (76%), EDNOS‐R (24%). Hospitalización [N. B.: todas las personas pasaron a atención ambulatoria durante la TMF]. Grupos de psicoeducación; 8 sesiones quincenales de 90 min; 4 meses. Inicio: %IBW 77.2 (11.1) [TMF], 74.9 (9.2) [FT]; EDI‐2‐DT 13.7 (6.2), 11.1 (5.8) [FT]. Fin del tratamiento: %IBW 96.3 (8.2) [TMF], 91.3 (7.3) [FT], efecto del tiempo ***, efecto del tratamiento ns; EDI‐2‐DT 13.3 (7.6) [TMF], 12.3 (7.5) [FT], efecto del tiempo ns, efecto del tratamiento ns. ES: «de pequeño a mediano». Abandonos: nr. Sin FU [el 59% manifestó inquietud ante la posibilidad de ser asignado aleatoriamente a un tratamiento nuevo].

Jóvenes—TMF en hospitalización — Estudios comparativos no aleatorizados

  • Depestele et al. (2017) [Bélgica]. Comparación no controlada: TMF (n = 62) frente a grupo de madres y padres (n = 50). Edad: 17.1 (2.2, 14–21). Muestra: 112 (mujeres: 100%) (R/E: nr) (SES: nr). Diagnóstico: AN‐R (41%), AN‐BP (23%), BN (21%), EDNOS (14%); NSSI (62%); BP (53%), no BP (46%). Hospitalización. Modelo Maudsley (Eisler, 2005), N. B.: sin hermanas ni hermanos; 7 (sesiones de 2–3 h); 10 semanas + 1 sesión de seguimiento a los 6 meses. Inicio: peso nr; EDI‐DT 35.4 (nr) [TMF], 34.0 (nr) [PG]. Fin del tratamiento: peso nr; EDI‐DT 29.7 (nr) [TMF], 28.1 (nr) [PG], efecto del tiempo***, efecto del tratamiento ns. ES: nr. Abandonos: 13 (12%), 7 (11%) familias [TMF], 6 (12%) familias [PG]. FU: se describe 1 sesión de TMF a los 6 meses (sin datos publicados).

Personas adultas—TMF ambulatoria — Series de casos

  • Skarbø and Balmbra (2020) [Noruega]. Serie de casos. Edad: 21.3 (3.5, 17–30). Muestra: 68 (mujeres: 100%) (R/E: nr) (SES: nr). Diagnóstico: AN (76,5 %), BN (23,5 %). Ambulatorio. Adaptado de los modelos Maudsley y de Toronto; 13 días; 12 meses. Inicio: BMI 17.8 (2.1) [muestra total], 16.6 (1.5) [solo grupo con bajo peso]. Fin del tratamiento: BMI 18.0 (2.0) [muestra total] ns; 17.4 (1.9)** [solo grupo con bajo peso]. ES: d = .1; d = .48. Abandonos: 5 (7,4 %). Sin FU.
  • Tantillo, McGraw, Lavigne, Brasch, and Le Grange (2019) [EE. UU.]. Serie de casos. Edad: 23 (3.6, 20–31). Muestra: 10 (mujeres: 100%) (R/E: cauc. 100%) (SES: nr). Diagnóstico: AN (40%), OSFED‐R (60%). Ambulatorio. Grupo de TMF R4R manualizado (Tantillo et al., 2020); 16 sesiones; 26 semanas. Inicio: BMI 20.7 (3.3); EDE (global) 2.8 (1.2). Fin del tratamiento: BMI 21.2 (3.3) ns; EDE (global) 1.8 (0.7)**. ES: d = .16; d = .75. Abandonos: 0 (0%). FU: 6 meses (n, % nr): BMI 21.5 (3.90) ns (d = .22)a; EDE (global) 1.3 (0.6)** (d = 1.41)a.
  • Wierenga et al. (2018) [EE. UU.]. Serie de casos. Edad: 24.5 (8.8, nr). Muestra: 54 (mujeres: 100%) (R/E: cauc. 85%, otra nr) (SES: nr). Diagnóstico: AN‐R (52%), AN‐BP (24%), EDNOS‐R (24%). Ambulatorio. FT‐AN intensiva fundamentada en la neurobiología; 5 días [40 h]; 5 días. Inicio: BMI 18.1 (2.1); EDE‐Q (global) 3.5 (1.3). Fin del tratamiento: BMI 18.3 (2.0)*; EDE‐Q (global) 3.1 (1.5)*. ES: d = .10; d = .27. Abandonos: 1 (2%). FU: >3 meses [datos EDE: media = 142.2 (81.5) días / datos BMI: media = 228.0 (177.7) días] (n = 28–39, 52–72%): BMI 19.6 (2.0)*** (ƞ2 = .41)a; EDE‐Q (global) 3.0 (1.5)** (ƞ2 = .24)a.

Personas adultas—TMF en hospitalización — ECA

  • Whitney, Murphy, et al. (2012) [Reino Unido]. ECA unicéntrico: FT (n = 25) frente a TMF de 3 días (n = 23). Edad: 43.5 [TMF] (14.8, nr), 47.9 [FT] (14.1, nr). Muestra: 48 (mujeres: 98%) (R/E: nr) (SES: 2% con título de posgrado / 11% con empleo a tiempo completo o parcial). Diagnóstico: AN (100%). Hospitalización. Talleres familiares de un día (Treasure, Whitaker, Todd, & Whitney, 2011); 3 días [FT: 18 h (1–2 h por sesión)]; 3 días [FT: semanal‐quincenal]. Inicio: BMI 13.2 (1.5) [TMF], 13.3 (1.6) [FT]; SEED‐AN 2.6 (0.4) [TMF], 2.5 (0.5) [FT]. Fin del tratamiento: BMI 18.4 (1.8) [TMF], 17.6 (1.9) [FT], efecto del tiempo ns, efecto del tratamiento ns, efecto de interacción*; SEED‐AN 1.8 (0.9) [TMF], 2.0 (1.1) [FT], efecto del tiempo ns, efecto del tratamiento ns. ES: BMI, tiempo: nr, Tx: z = .5; SEED‐AN, tiempo: nr, Tx: z = .4. Abandonos: 6 (12,5 %), 3 (13%) [TMF], 3 (12%) [FT], N. B.: un abandono de la TMF pasó al grupo de FT. FU: 3 años (n = 29–44, 60–92%): BMI 15.8 (2.6) [TMF], 16.8 (2.2) [FT], efecto del tiempo ns, efecto del tratamiento ns; SEED‐AN 1.9 (0.9) [TMF], 1.7 (0.7) [FT], efecto del tiempo sig nr, efecto del tratamiento sig nr.

Personas adultas—TMF en hospitalización — Estudios comparativos no aleatorizados

  • Dimitropoulos et al. (2015) [Canadá]. Comparación no controlada: FT (n = 17) frente a TMF (n = 28). Edad: 26.2 (7.4, 18–57). Muestra: 45 (mujeres: 100%) (R/E: nr) (SES: nr). Diagnóstico: AN‐R (44%), AN‐BP (56%). Hospitalización (73%) y hospital de día (27%). Basado en el Cognitive‐Interpersonal Maintenance Model of AN (Schmidt and Treasure, 2006)c; 8 sesiones de 90 min; 8 semanas. Inicio: BMI 15.7 (1.6) [muestra total]; EDE‐Q (global) 4.1 (1.4) [muestra total]. Fin del tratamiento: BMI 20.3 (1.4) [muestra total], efecto del tiempo**, efecto del tratamiento ns; EDE‐Q (global) 2.5 (1.2) [muestra total], efecto del tiempo**, efecto del tratamiento ns. ES: BMI, tiempo: ƞ2 = .88, Tx: nr; EDE‐Q, tiempo: ƞ2 = .74, Tx: nr. Abandonos: 8 (18%), 5 (17%) [TMF], 3 (18%) [FT]. FU: 3 meses (datos de peso y de ED nr, solo datos de seguimiento familiar).

Abreviaturas: ACT, terapia de aceptación y compromiso; AN, anorexia nerviosa; AN‐rd, anorexia nerviosa y trastornos relacionados; ARFID, trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos; Ax, evaluación; BED, trastorno por atracón; BMI, índice de masa corporal; BN, bulimia nerviosa; BN‐rd, bulimia nerviosa y trastornos relacionados; CBT, terapia cognitivo-conductual; CRT, terapia de remediación cognitiva; DBT, terapia dialéctica conductual; DP, hospital de día; ED, trastorno de la conducta alimentaria; ED‐Rs, trastornos restrictivos de la conducta alimentaria; EDNOS, trastorno de la conducta alimentaria no especificado; EDNOS‐R, trastorno de la conducta alimentaria no especificado de tipo restrictivo; EOT, fin del tratamiento; FBT, tratamiento basado en la familia; FT‐AN, terapia familiar para la anorexia nerviosa; FU, seguimiento; IBW, peso corporal ideal; IOP, programa ambulatorio intensivo; IP, hospitalización; MDT, equipo multidisciplinar; MI, entrevista motivacional; OSFED, otro trastorno de la conducta alimentaria o de la ingesta de alimentos especificado; OSFED‐R, otro trastorno de la conducta alimentaria o de la ingesta especificado de tipo restrictivo; PG, grupo de madres y padres; PHP, programa de hospitalización parcial; PMM, predictores, moderadores o mediadores; RO DBT, terapia dialéctica conductual radicalmente abierta; SES, nivel socioeconómico; UFED, trastorno de la conducta alimentaria o de la ingesta de alimentos no especificado. a Las pruebas de significación comparan el inicio con el periodo de seguimiento. b Se indica la mediana en lugar de la media. La remisión completa se definió como peso normal (≥95% del esperado según sexo, edad y talla), puntuación global del Eating Disorder Examination Questionnaire (EDE‐Q) dentro de 1 SD de las normas y ausencia de conductas de atracón‐purga. La remisión parcial se definió como un peso ≥85% del esperado, o ≥95% pero con una puntuación global del EDE‐Q elevada y presencia de síntomas de atracón‐purga (<1/semana). c Definición de remisión completa: al menos 95%EBW y puntuación global del EDE dentro de 1 SD de las normas comunitarias (Lock, 2018). d Se indica la mediana en lugar de la media. e Según la Classifications of Occupations 1980, Office of Population Censuses and Surveys, Her Majesty's Stationary Office, London. *p < .05; **p < .01; ***p < .001.

Tabla 4 — Resumen de los factores de funcionamiento psicosocial de la persona paciente, de las personas cuidadoras y de la familia evaluados en los estudios cuantitativos

Para cada estudio y dominio (factores de la persona paciente; factores de las personas cuidadoras; factores familiares): medida: media inicial (SD) → media al final del tratamiento (SD); tamaño del efecto.

Jóvenes—TMF ambulatoria — ECA

  • Eisler, Simic, Hodsoll, et al. (2016) [Reino Unido]. Factores de la persona paciente: BDI 23.9 (14.3) [TMF] → −5.9a (nr) [TMF‐AN]***, z = .41; 25.2 (14.4) [FT‐AN] → −8.8a (nr) [FT‐AN]***, z = −.62. RSES 25.1 (6.6) [TMF] → −1.6a (nr) [TMF‐AN] ns, z = −.24; 26.3 (6.9) [FT‐AN] → −.5a (nr) [FT‐AN] ns, z = −.08. Factores de las personas cuidadoras: ECI (negativo) 85.6 (nr) → −15.81a [TMF‐AN]**, z = −.52; −13.59a [FT‐AN]**, z = −.45. ECI (positivo) 28.3 (nr) → 1.13a [TMF‐AN] ns, z = .13; .42a [FT‐AN] ns, z = .05. Factores familiares: ninguno.

Jóvenes—TMF ambulatoria — Estudios comparativos no aleatorizados

  • Gabel et al. (2014) [Canadá]. Factores de la persona paciente: CDI total 64.8 (15.2) [TMF] → 52.9 (18.2) [TMF]*; nr. Factores de las personas cuidadoras: ninguno. Factores familiares: ninguno.
  • Marzola et al. (2015) [EE. UU.]. Ninguno en los tres dominios.

Jóvenes—TMF ambulatoria — Series de casos

  • Dennhag et al., 2019 [Suecia]. Factores de la persona paciente: CGAS 48.1 (7.3) → 61.7 (11.5)***; d = .96. Factores de las personas cuidadoras: EDSIS total (m) 39.9 (12.0) → 26.9 (15.9)***, d = .92; EDSIS total (f) 34.1 (11.9) → 23.9 (11.2)***, d = .63. Factores familiares: ninguno.
  • Gelin et al. (2015) [Bélgica]. Factores de la persona paciente: OQ‐45 total 77.8 (27.3) → 46.4 (32.6)***; r = .47. Factores de las personas cuidadoras: ninguno. Factores familiares: ninguno.
  • Hollesen et al. (2013) [Dinamarca]. Factores de la persona paciente: IIP: medias, SD nr; SASB‐Intrex: medias, SD nr → «Menos dominante» ns, d = .41; «Menos vengativa»*, d = .52; «Menos autoinculpación» ns, d = .52; «Más control hacia la madre» ns, d = .42; «Más sumisión hacia la madre» ns, d = .51; «Más emancipación respecto al padre» ns, d = .35; «Padre más ignorante y distante» ns, d = .27. Factores de las personas cuidadoras: ninguno. Factores familiares: ninguno.
  • Knatz et al. (2015) [EE. UU.]. Ninguno en los tres dominios.
  • Mehl et al. (2013) [República Checa]. Factores de la persona paciente: RSESb 25.73 (4.20) → 23.07 (3.75)**, nr; SOS‐10b 25.73 (9.05) → 35.13 (9.57)**, η2 = .48. Factores de las personas cuidadoras: ninguno. Factores familiares: ninguno.
  • Salaminiou et al. (2017) [Reino Unido]. Factores de la persona paciente: BDI‐II 27.8 (12.1) → 17.2 (14.6)**, d = .8; RSES 18.4 (6.9) → 24.5 (8.3)**, d = .8. Factores de las personas cuidadoras: BDI‐II (m) 13.9 (6.1) → 9.7 (7.8)*, d = .7; BDI‐II (f) 8.0 (5.6) → 5.8 (5.6) ns, d = .4. Factores familiares: ninguno.
  • Salaminiou (2005) [Reino Unido]. Factores de la persona paciente: véase arriba. Factores de las personas cuidadoras (tamaño del efecto nr): SCFI (de la madre hacia el hijo o la hija)c: coment. crít. (m) 1.5 (1.9) → .8 (1.4) ns; observ. pos. (m) .9 (1.1) → 1.4 (1.5) ns; EOI (m) 1.9 (1.3) → 1.6 (1.2) ns; calidez (m) 2.0 (1.1) → 2.4 (1.2) ns; hostilidad (m) .6 (1.1) → .2 (.8) ns. SCFI (del padre hacia el hijo o la hija)c: coment. crít. (f) 1.1 (1.5) → .6 (1.1)*; observ. pos. (f) .64 (.9) → 1.1 (1.1) ns; EOI (f) 1.2 (1.0) → 1.1 (1.1) ns; calidez (f) 2.0 (1.1) → 2.3 (1.3) ns; hostilidad (f) .4 (.9) → .2 (.7) ns. Factores familiares (tamaño del efecto nr): SFI (px) 46.0 (12.9) → 47.6 (11.1) ns; SFI (m) 41.6 (9.9) → 43.6 (9.3) ns; SFI (f) 39.8 (10.1) → 40.4 (10.6) ns.
  • Stewart et al., 2019 [Reino Unido] (se presentan los datos del estudio 1). Factores de la persona paciente: RCADS (dep.) 73.5 (9.7) → 64.58 (13.23)*, d = −.78; RCADS (ans.) 67.3 (11.0) → 60.26 (13.64)*, d = −.64; DERS total 139.5 (13.0) → 110.12 (29.51)**, d = −.64. Factores de las personas cuidadoras: HADS (dep.) 6.2 (4.0) → 4.68 (3.4)*, d = −.33; HADS (ans.) 9.4 (3.5) → 7.94 (4.4) ns, d = −.31; ECI‐neg. 84.8 (25.1) → 74.00 (30.9)*, d = −.46. Factores familiares: ninguno.

Jóvenes—TMF en hospitalización — ECA

  • Geist et al. (2000) [Canadá]. Factores de la persona paciente (tamaño del efecto «pequeño a medio»): CDI 14.0 (4.7) [TMF], 11.8 (6.6) [FT] → ns 15.4 (4.9) [TMF], 12.2 (7.4) [FT]; BSI (px) 1.4 (.9) [TMF], 1.3 (.6) [FT] → ns 1.2 (.6) [TMF], 1.2 (.7) [FT]; BSI (m) .6 (.5) [TMF], .7 (.8) [FT] → ns .6 (.5) [TMF], .6 (.5) [FT]; BSI (f) .4 (.3) [TMF], .7 (.7) [FT] → ns .3 (.2) [TMF], .4 (.4) [FT]. Factores de las personas cuidadoras: ninguno. Factores familiares (tamaño del efecto «pequeño a medio»): FAM‐III (px) 50.9 (10.8) [TMF], 48.3 (7.3) [FT] → * 55.8 (7.7) [TMF], 52.2 (8.5) [FT] (N. B.: el funcionamiento familiar percibido empeoró).

Jóvenes—TMF en hospitalización — Estudios comparativos no aleatorizados

  • Depestele et al. (2017) [Bélgica]. Factores de la persona paciente: SIQ‐TR nr; EDES nr; NSSI: prevalencia a lo largo de la vida del 62%; fin del tratamiento y tamaño del efecto n/a. Factores de las personas cuidadoras (tamaño del efecto nr): ECI‐neg. (m) 93.9 (3.7) [TMF], 90.6 (4.2) [PG] → *** 79.1 (4.0) [TMF], 72.5 (4.7) [PG]; ECI‐neg. (f) 72.7 (3.7) [TMF], 76.3 (4.6) [PG] → *** 60.6 (4.5) [TMF], 63.0 (5.3) [PG]; ECI‐pos. (m) 29.7 (1.1) [TMF], 29.3 (1.2) [PG] → ns 28.7 (1.1) [TMF], 28.4 (1.3) [PG]; ECI‐neg. (f) 24.2 (1.2) [TMF], 25.4 (1.5) [PG] → ns 22.0 (1.3) [TMF], 26.9 (1.5) [PG]. Factores familiares (tamaño del efecto nr): FAD‐GF (px) 2.1 (.1) [TMF], 2.1 (.1) [PG] → ns 2.1 (.1) [TMF], 2.0 (.1) [PG]; FAD‐GF (m) 2.0 (.1) [TMF], 1.9 (.1) [PG] → ns 1.9 (.1) [TMF], 2.1 (.1) [PG]; FAD‐GF (f) 2.0 (.1) [TMF], 2.0 (.1) [PG] → * 1.9 (.1) [TMF], 1.8 (.1) [PG].

Personas adultas—TMF ambulatoria — Series de casos

  • Skarbø and Balmbra (2020) [Noruega]. Ninguno en los tres dominios.
  • Tantillo et al. (2019) [EE. UU.]. Factores de la persona paciente: DERS‐LEA 15.3 (5.2) → 12.9 (3.7)*, d = .49; DERS‐LAERS 18.8 (6.9) → 16.8 (2.3) ns, d = .32. Factores de las personas cuidadoras: ninguno. Factores familiares: ninguno.
  • Wierenga et al. (2018) [EE. UU.]. Factores de la persona paciente: STAI‐estado 56.2 (12.8) → 47.8 (12.3)***, d = .68; STAI‐rasgo 55.3 (10.3) → 53.4 (10.0) ns, d = .19. Factores de las personas cuidadoras: ninguno. Factores familiares: FAD‐GF 2.2 (.59) → 2.0 (.53)**, d = .36.

Personas adultas—TMF en hospitalización — ECA

  • Whitney, Murphy, et al. (2012) [Reino Unido]d. Factores de la persona paciente (tamaño del efecto nr): IIP 122.5 (39.5) [TMF], 109.8 (30.9) [FT] → ns 117.3 (47.8) [TMF], 110.9 (36.5) [FT]. Factores de las personas cuidadoras (tamaño del efecto nr): GHQ 15.4 (5.9) [TMF], 16.6 (6.1) [FT] → * 14.7 (7.4) [TMF], 15.2 (4.2) [FT]; ECI‐neg. 89.6 (30.9) [TMF], 74.7 (32.1) [FT] → ns 79.6 (38.1) [TMF], 65.5 (24.4) [FT]; ECI‐pos. 29.2 (9.6) [TMF], 25.4 (9.2) [FT] → ns 30.1 (8.0) [TMF], 25.4 (9.7) [FT]; LEE 72.2 (7.5) [TMF], 75.6 (9.9) [FT] → ** 71.8 (8.0) [TMF], 72.9 (8.7) [FT]. Factores familiares: ninguno.

Personas adultas—TMF en hospitalización — Estudios comparativos no aleatorizados

  • Dimitropoulos et al. (2015) [Canadá]. Factores de la persona paciente: DCCFS 15.93 (3.14) [TMF], 14.94 (3.30) [FT] → ns 15.64 (3.02) [TMF], 15.46 (2.89) [FT]; η2 = .02. Factores de las personas cuidadoras: EDSIS total 35.1 (15.1) [TMF], 35.1 (11.6) [FT] → ** 22.3 (14.7) [TMF], 18.2 (10.1) [FT], η2 = .52; FQ‐crít. 19.9 (4.7) [TMF], 16.8 (6.2) [FT] → ** 16.5 (4.7) [TMF], 15.1 (4.3) [FT], η2 = .29; FQ‐EOI 26.2 (4.4) [TMF], 27.1 (4.3) [FT] → ** 24.0 (5.2) [TMF], 24.2 (4.4) [FT], η2 = .45; SPS total 76.5 (9.4) [TMF], 78.2 (7.1) [FT] → ns 78.4 (8.8) [TMF], 77.4 (6.3) [FT], η2 = .02; DCCFS 14.3 (3.9) [TMF], 13.4 (2.6) [FT] → ns 14.8 (2.6) [TMF], 13.4 (2.7) [FT], η2 = <.01; BDI 12.6 (9.8) [TMF], 10.5 (7.5) [FT] → ** 8. (9.9) [TMF], 7.5 (7.5) [FT], η2 = .25. Factores familiares: ninguno.

Nota: cuando se presentan datos de dos grupos de tratamiento (p. ej., TMF y FT), los valores de significación indicados corresponden al efecto del tiempo, no al efecto del tratamiento ni al de la interacción. Lista de las medidas y de los dominios evaluados en los estudios: BDI: Beck Depression Inventory (síntomas depresivos) (Beck, Steer, & Brown, 1996); BSI: Brief Symptom Inventory (síntomas psicológicos de pacientes psiquiátricos y médicos) (Derogatis, 1992); CDI: Children's Depression Inventory (síntomas depresivos) (Kovacs, 1992); DCCFS: Devaluation of consumers and consumer families scales (discriminación y estigma percibidos) (Struening et al., 2001); DERS: Difficulties in Emotion Regulation Scale (regulación emocional) (Gratz & Roemer, 2004); DERS‐LEA: subescala Lack of Emotional Awareness (capacidad de atender a las emociones y reconocerlas) (Gratz & Roemer, 2004); DERS‐LAERS: subescala Limited Access to Emotion Regulation Strategies (convicción de poder acceder a estrategias eficaces de regulación emocional) (Gratz & Roemer, 2004); EDSIS: The Eating Disorders Symptom Impact Scale (impacto de cuidar a una persona con un trastorno de la conducta alimentaria) (Sepulveda, Whitney, Hankins, & Treasure, 2008); ECI: Experience of Caregiving Inventory (aspectos negativos y positivos del cuidado) (Szmukler et al., 1996); FAD: subescala de funcionamiento familiar general del Family Assessment Device (funcionamiento familiar general) (Epstein et al., 1983); FQ: Family Questionnaire (emoción expresada: crítica y sobreimplicación emocional) (Wiedemann, Rayki, Feinstein, & Hahlweg, 2002); GHQ: General health Questionnaire (morbilidad psicológica y malestar) (Goldberg & Williams, 1998); IIP: Inventory of Interpersonal Problems (imagen de sí y percepción de las relaciones interpersonales) (Horowitz, Rosenberg, Baer, Ureño, & Villaseñor, 1988); LEE: Level of Expressed Emotion (emoción expresada percibida de la persona cuidadora hacia la persona con un trastorno de la conducta alimentaria) (Kazarian, Malla, Baker, & Cole, 1990); OQ‐45: Outcome questionnaire (calidad de vida) (Lambert et al., 1996); RCADS: Revised Child Anxiety and Depression Scale (síntomas depresivos y ansiosos) (Chorpita, Yim, Moffitt, Umemoto, & Francis, 2000); RSES: Rosenberg self‐esteem scale (autoestima) (Rosenberg, 1965); SASB‐Intrex: Structural analysis of social behavior‐intrex (dificultades interpersonales percibidas, incl. con madres y padres) (Benjamin, 1974:197); SCFI: Standardised Clinical Family Interview (emoción expresada) (Kinston & Loader, 1984, 1986); SFI: self‐report family inventory, escala de salud y competencia (funcionamiento familiar) (Beavers, Hampson, & Hulgus, 1985); SIQ‐TR: Self‐Injury Questionnaire‐Treatment Related (autolesiones) (Claes & Vandereycken, 2007); SOS‐10: Schwartz Outcome Scale, versión checa (calidad de vida) (Dragomirecka, Lenderking, Motlova, Goppoldova, & Šelepova, 2006); SPS: Social Provisions Scale (apoyo social) (Cutrona & Russell, 1987); STAI: Spielberger State–Trait Anxiety Inventory (síntomas de ansiedad) (Spielberger, Gorsuch, & Lushene, 1970). Abreviaturas: EOT, fin del tratamiento; f, padre; FT, terapia familiar; m, madre; TMF, terapia multifamiliar; nr, no informado; NSSI, autolesiones no suicidas; PG, grupo de madres y padres; px, paciente. a Se presenta la diferencia de medias entre el inicio y el fin del tratamiento (12 meses), al no disponerse de las medias. b Medida traducida al checo. c Las puntuaciones de emoción expresada corresponden a la de la madre o el padre hacia el hijo o la hija. d Resultados a corto plazo (3 meses). *p < .05; **p < .01; ***p < .001.

Tabla 5 — Resumen de los hallazgos cualitativos (n = 10)

Para cada estudio: diseño; edad media; muestra N (% mujeresa, raza/etniaa, SES); diagnóstico; contexto; modelo de TMF; n.º de días de TMF; duración media (meses); metodología de análisis/notas; temas y hallazgos.

TMF con jóvenes

  • Baumas et al. (2021) [Francia]. Grupos focales de jóvenes y de madres y padres sobre la experiencia de la TMF y los mecanismos de cambio. Px: 16.3 (2.5, 14–19). 9 [de 4 familias]: 3 Px, 4 madres, 2 padres (M: 67%) (R/E: nr) (SES: nr). AN (100%). Hospitalización y atención ambulatoria. Combinación de Cook‐Darzens (2007) y del «modelo Maudsley»; 10 sesiones de 3 h; 1 año. Análisis temático. Temas principales (ambos grupos): dificultad para relacionar la evolución de las y los pacientes con la TMF; estar en un grupo tiene varios efectos positivos; la TMF mejoró la dinámica familiar; críticas a la disparidad en las etapas de la enfermedad entre pacientes; frustración por no poder abordar en el grupo las cuestiones propias de cada familia. Temas específicos del grupo de adolescentes y del grupo de madres y padres: mejoras durante el último año; cambios en el tono emocional de la familia. Temas específicos solo del grupo de madres y padres: preocupación de madres y padres por los efectos perjudiciales a corto plazo de la TMF en sus hijos e hijas; dificultades para afrontar los temas tratados en terapia; comparación entre terapia multifamiliar y unifamiliar.
  • Duarte (2012) [Reino Unido]. Entrevistas individuales y grupos focales sobre la experiencia de la TMF para la BN de jóvenes y de sus madres y padres. Px: 15.8 (nr, 14–17). 15 [de 9 familias]: 6 Px, 8 progenitores, 1 hermana o hermano (M: 100%) (R/E: blanca británica 33%, mestiza 11%, sin datos 56%) (SES: nr). BN (% nr), EDNOS‐BP (% nr). Ambulatorio. Modelo Maudsley (Stewart et al. 2015); 12; 20 semanas. Análisis temático de los grupos y de las entrevistas individuales de jóvenes y de madres y padres. Temas: el grupo como fuente de apoyo, «aprender de los demás y con los demás» (tema de jóvenes y progenitores): desaparición del sentimiento de aislamiento; aprender de los demás y con los demás. Toma de conciencia de madres, padres y personas cuidadoras (tema de jóvenes y progenitores): de su propio comportamiento; de la experiencia de la persona adolescente. Relaciones familiares (tema de jóvenes y progenitores). Mecanismos de afrontamiento/manejo de la BN (tema de jóvenes y progenitores). Mejoras en las y los adolescentes (tema de progenitores): estados de ánimo y sentimientos; síntomas de BN. Un trastorno secreto: la BN como tabú (tema de progenitores). Comunicación dentro del grupo (tema de jóvenes): límites en lo que se podía decir; espacio para responder a las necesidades de las y los adolescentes; desafío dentro del grupo.
  • Engman‐Bredvik, Carballeira Suarez, Levi, and Nilsson (2016) [Suecia]. Entrevistas estructuradas a madres y padres sobre su experiencia de la TMF. [Px: 14.9 (nr, 12–17)]. 12 [de 6 familias]: 0 Px, 6 madres, 6 padres (M: 100%) (R/E: nr) (SES: nr). [Jóvenes: AN (100%)]. Hospitalización y atención ambulatoria. Modelo de Wallin (2011); 10 días; 1 año. Método empírico, psicológico y fenomenológico (EPP) (Lundberg, et al., 2007), 1–2 meses después del fin del tratamiento. Temas: experiencias positivas; nuevas perspectivas; mejora de la dinámica familiar.
  • Salaminiou (2005) [Reino Unido]. Entrevistas a jóvenes y a madres y padres sobre la experiencia de la TMF. nr (<18). 34 [de 18 familias]: 16 Px, 18 madres, 10 padres (M: 94%) (R/E: nr) (SES: 50% clase social británica I o II / 50% clase social III o IV). AN (% nr), EDNOS‐R (% nr). Ambulatorio. Modelo Maudsley; 9–11 días; 9 meses. Análisis de contenido de las entrevistas de fin de tratamiento con la investigadora o el investigador. Temas: 1. Expectativas respecto al tratamiento: sentimientos al incorporarse a la TMF. 2. Proceso de la TMF: una red de apoyo para madres y padres; una red de apoyo para pacientes; intervenciones específicas; entorno de la TMF (práctico y relacional). 3. Cambios percibidos durante la TMF o gracias a ella: cambios percibidos en la persona paciente; cambios percibidos en la madre y/o el padre. 4. Orientaciones futuras: algunas sugerencias.
  • Voriadaki et al. (2015) [Reino Unido]. Experiencia de jóvenes y de madres y padres sobre el proceso de la TMF durante los 4 primeros días (grupos focales, diario escrito, escalas de valoración). nr (nr, 15–16). 15 [de 6 familias]: 5 Px, 6 madres, 4 padres (M: 100%) (R/E: blanca británica 80%, asiática británica 20%) (SES: 100% «clase social II o III»). AN (100%). Ambulatorio. Modelo Maudsley; 10 (solo se analizó la experiencia de los 4 primeros días); 9 meses. Análisis fenomenológico interpretativo a partir de múltiples fuentes de datos (grupos focales, diario escrito, escalas de valoración). Temas principales de los 4 primeros días de TMF: día 1: la similitud de las experiencias relacionadas con la comida favoreció la toma de conciencia de la enfermedad; día 2: tomar conciencia de la posición y del papel de las y los adolescentes y de madres y padres en relación con la enfermedad; día 3: una jornada intensa que puso de manifiesto los malestares actuales y las posibilidades futuras; día 4: reflexionar sobre los progresos logrados y el desafío de la recuperación.
  • Wiseman, Ensoll, Russouw, and Butler (2019a) [Reino Unido]. Grupo focal y entrevistas: experiencia de la TMF de las personas cuidadoras y del personal clínico. [Px: 14.6 (nr, 14–16)]. 4 [de 3 familias] [papel en la familia nr] (M: 100%) (R/E: blanca británica 100%) (SES: «diverso») [Todas las personas jóvenes (n = 5) declinaron participar]. [Jóvenes: AN (100%)]. Ambulatorio. Modelo Maudsley; 9 días; 7 meses. Análisis temático (Braun & Clarke, 2006). Temas principales identificados: el valor de ofrecer TMF en un servicio comunitario especializado en trastornos de la conducta alimentaria; la organización y la estructura de la TMF en un servicio comunitario especializado en trastornos de la conducta alimentaria; los desafíos de la implantación de la TMF.
  • Wiseman, Ensoll, Russouw, and Butler (2019b) [Reino Unido]. Grupos focales y entrevistas: perspectiva de las personas cuidadoras y del personal clínico sobre cómo se produce el cambio y qué aporta la TMF a los itinerarios de tratamiento existentes. [Px: 14.6 (nr, 14–16)]. 4 [de 5 familias]: 0 Px, 2 padres, 1 madre, 1 abuela (M: 100%) (R/E: blanca británica 100%) (SES: «diverso») [Todas las personas jóvenes (n = 5) declinaron participar]. [Jóvenes: AN (100%]. Ambulatorio. Modelo Maudsley; 10 días; nr. Análisis temático (Braun & Clarke, 2006). Subtemas del tema principal «Mecanismos de la TMF que generan un cambio orientado a la recuperación»: la experiencia de estar con otras familias; el vínculo familiar; desplazar la culpa y la vergüenza; la intensidad de la TMF; pensar la AN de otra manera; la confianza parental.

TMF con personas adultas

  • Brinchmann and Krvavac (2021) [Noruega]. Experiencia de la TMF de pacientes y familias. Datos recogidos mediante observaciones de campo en 2 grupos de TMF y entrevistas cualitativas grupales e individuales. Px: media nr (nr, 18–22). 48b [de 12 familias]: 12 Px, 12 «parejas parentales»c, 9 hermanas o hermanos, 1 abuela, 2 parejas (M: 100%) (R/E: nr) (SES: nr). AN (67%), BN (33%). Hospitalización y (sobre todo) atención ambulatoria. Según Skarbø and Balmbra (2020); 6 encuentros de 2–3 días; 1 año. Teoría fundamentada. Categorías principales: conexión y reconocimiento; abrirse y compartir.
  • Tantillo, McGraw, Hauenstein, and Groth (2015) [EE. UU.]. Grupos focales sobre la experiencia de pacientes y personas cuidadoras del proceso de recuperación y de la mejora emocional/conductual en la TMF. Px: 23.4 (6.0, 20–34). 17 [de 10 familias]: 5 Px, 9 madres, 3 padres (M: 80%) (R/E: cauc. 82%, asiática estadounidense 12%, latina 6%)d (SES: 80% estudios universitarios a tiempo completo, 20% empleo a tiempo completo)d. AN (% nr), EDNOS (% nr). Ambulatorio. Grupo de TMF relacional/motivacional; 8 sesiones; 8 semanas. Análisis de contenido. Temas identificados: la recuperación se vive como un proceso largo y arduo, marcado por muchas desconexiones y emociones intensas; el MFTG‐RM ayudó a identificar las desconexiones y a renovar la comunicación y los vínculos; el MFTG‐RM ayudó a identificar y expresar las emociones; el MFTG‐RM ayudó indirectamente con los síntomas de AN.
  • Whitney, Currin, Murray, and Treasure (2012) [Reino Unido]. Entrevistas individuales de 60–90 min sobre la experiencia de las personas cuidadoras en FT (n = 10) o TMF (n = 11). [Px: 25 (9, 18–53)]; personas cuidadoras: 47 (13, 21–62). 23 [de 15 familias]: 0 Px, 17 progenitores, 4 hermanas o hermanos, 1 marido, 1 hija (M: nr) (R/E: nr) (SES: nr). [Px: AN (100%)]. Hospitalización. Talleres familiares de un día (Treasure et al., 2011); 3 días; 3 días. Análisis fenomenológico interpretativo (IPA). Temas principales: 1. ¿Quién participó y cómo fue la experiencia de trabajar juntos? 2. ¿Qué implicaba la intervención y cómo se percibió? 3. ¿Cuándo se presenta la intervención? 4. ¿Dónde se realizó la intervención? 5. ¿Cómo funcionó la intervención? Mejorar la comunicación; dar sentido a la enfermedad; comprensión de uno mismo, de los demás y de la familia; sentirse con más poder de acción.

Abreviaturas: AN, anorexia nerviosa; BN, bulimia nerviosa; EDNOS, trastorno de la conducta alimentaria no especificado; EOT, fin del tratamiento; FT, terapia familiar; TMF, terapia multifamiliar; MFTG‐RM, grupo de terapia multifamiliar relacional/motivacional; nr, no informado; px, paciente; SES, nivel socioeconómico; YP, joven. a Solo datos de pacientes. b El tamaño de la muestra indicado corresponde a todas las personas participantes incluidas en el trabajo de campo y en las entrevistas cualitativas. c Contabilizadas como n = 24 personas en la muestra total del estudio indicada arriba (N = 48). d Los datos corresponden a todas las personas participantes del estudio (N = 17), ya que no se informan datos solo de pacientes.

3.2 Síntesis narrativa

3.2.1 Modelos de TMF: población, contexto, intensidad y duración

Los tipos de modelos de TMF descritos presentaban una variabilidad considerable (véanse las tablas 2 y 4). Sin embargo, cuando los estudios se agruparon según la edad, el diagnóstico y el contexto, apareció una mayor homogeneidad. Un rasgo común a la mayoría de los estudios es que la TMF era un tratamiento complementario. Salvo un programa autónomo de TMF de 5 días descrito en tres estudios, todos del mismo centro, la TMF se ofrecía siempre en combinación con otra forma de tratamiento ambulatorio (p. ej., terapia unifamiliar) o como parte de una hospitalización.

La TMF‐AN ambulatoria duraba habitualmente entre 9 y 12 meses e incluía entre 8 y 21 días de tratamiento de TMF. Las únicas excepciones eran los tres estudios del mismo centro que ofrecían el modelo autónomo de TMF‐AN de 5 días (Knatz et al., 2015; Marzola et al., 2015; Wierenga et al., 2018). Casi todos se inspiraban en los modelos del Maudsley Hospital (Simic & Eisler, 2015) y/o de Dresde (Scholz & Asen, 2001). Los resultados de la TMF‐BN solo se describían en dos estudios procedentes del mismo servicio de infancia y adolescencia, con una duración de cuatro meses (Duarte, 2012; Stewart et al., 2019). Los modelos de TMF en hospitalización para jóvenes eran más breves, de 2 (Depestele et al., 2017) a 4 meses (Geist et al., 2000). En este último programa, todas las personas participantes recibieron el alta hacia un tratamiento ambulatorio en el transcurso de la TMF (Geist et al., 2000).

Los modelos de TMF para personas adultas eran en general mucho más variados que los descritos para jóvenes. La TMF ambulatoria para personas adultas incluía un modelo autónomo de 5 días (Wierenga et al., 2018), un modelo de 26 semanas (Tantillo et al., 2019) y un modelo de 12 meses (Skarbø & Balmbra, 2020), este último dirigido específicamente a un grupo de personas adultas con diagnósticos mixtos y «trastornos graves de la conducta alimentaria». Dos estudios describían la TMF como parte de un tratamiento en hospitalización o en hospital de día. Uno de los programas descritos era un taller de TMF muy breve (3 días) (Whitney, Currin, et al., 2012; Whitney, Murphy, et al., 2012). El otro utilizaba un programa de 8 semanas ofrecido a las personas atendidas en las unidades de hospitalización y de hospital de día (Dimitropoulos et al., 2015). En un estudio, la TMF breve se consideró más coste‐efectiva que la terapia familiar en una unidad de hospitalización de personas adultas (Whitney, Murphy, et al., 2012). La estrategia de búsqueda no identificó ningún programa específico de TMF‐BN para personas adultas.

3.2.2 Resultados: hallazgos cuantitativos

Ensayos controlados aleatorizados

Tres estudios utilizaron un diseño de ECA, y todos compararon la TMF con una versión de terapia unifamiliar (véase la tabla 2). Uno estudiaba la TMF‐AN para jóvenes en un contexto ambulatorio (Eisler, Simic, Hodsoll, et al., 2016), otro la TMF para jóvenes en una unidad de hospitalización (Geist et al., 2000) y otro la TMF en hospitalización para personas adultas (Whitney, Murphy, et al., 2012). Véanse los detalles en la tabla 2.

El estudio más amplio (N = 167), y el único ensayo multicéntrico identificado por la estrategia de búsqueda, asignó aleatoriamente a jóvenes (rango de edad = 12–20) a 12 meses de FT‐AN ambulatoria sola o de FT‐AN más 10 días de TMF‐AN (Eisler, Simic, Hodsoll, et al., 2016). No se observaron diferencias significativas entre los grupos al inicio. Con independencia del brazo de tratamiento, se informaron mejoras significativas en los resultados globales, el peso, la psicopatología alimentaria y el estado de ánimo, así como en los aspectos negativos del cuidado. Las personas participantes asignadas a la TMF‐AN obtuvieron además mejores resultados globales al final del tratamiento, según los criterios de resultado de Morgan Russel (Russell, Szmukler, Dare, & Eisler, 1987), que quienes recibieron únicamente FT‐AN. El setenta y seis por ciento tuvo un resultado bueno o intermedio en el grupo de TMF, frente al 58% en el grupo de FT‐AN (Eisler, Simic, Hodsoll, et al., 2016). Esta diferencia dejó de ser estadísticamente significativa en el seguimiento a 6 meses (18 meses después de la aleatorización); no obstante, el grupo de TMF seguía teniendo un %mBMI significativamente más alto (grupo TMF‐AN = 91% frente a grupo FT‐AN = 85%, respectivamente). La autoestima autoinformada no varió entre el inicio y el final del tratamiento en ninguno de los dos brazos del estudio, aunque la autoría señala que las puntuaciones iniciales se situaban en el rango normal, lo que sugiere un efecto techo (Eisler, Simic, Hodsoll, et al., 2016).

Los otros dos ECA identificados eran mucho más pequeños y se realizaron en unidades de hospitalización. Geist et al. (2000) asignaron aleatoriamente a adolescentes (N = 25) a terapia unifamiliar o a TMF como parte de su programa de tratamiento en hospitalización. No se informaron diferencias iniciales entre los grupos. El tratamiento en ambos brazos se asoció a una mejora de la salud física y de los síntomas alimentarios; sin embargo, no se informaron diferencias entre los dos tratamientos en el peso, los síntomas alimentarios ni el funcionamiento familiar (Geist et al., 2000). Contrariamente a los hallazgos del ECA de Eisler, Simic, Hodsoll, et al. (2016), no se informaron cambios en los síntomas depresivos ni en la gravedad de la psicopatología general (Geist et al., 2000). Cabe destacar que el funcionamiento familiar autoinformado empeoró significativamente con ambos tratamientos, lo que indica un reconocimiento de una mayor psicopatología familiar al final del tratamiento.

En una unidad de hospitalización de personas adultas, Whitney, Murphy, et al. (2012) asignaron aleatoriamente a las personas participantes (N = 48) a 18 horas de terapia unifamiliar semanal o quincenal o a una intervención de TMF de 3 días durante su ingreso. Informaron un efecto de interacción tratamiento por tiempo significativo. Las comparaciones post hoc mostraron que quienes recibieron TMF tenían un BMI más alto en el seguimiento a 6 meses, pero más bajo en el seguimiento a 36 meses. Sin embargo, estas diferencias no alcanzaron la significación estadística. Con ambos tratamientos se observó también una reducción significativa de la emoción expresada y una mejora del bienestar general de las personas cuidadoras; en cambio, ni los aspectos negativos ni los positivos del cuidado variaron significativamente. Además, no se informaron diferencias entre los tratamientos en ninguna otra medida de resultado individual o familiar en el seguimiento a corto (3 meses) y a largo plazo (3 años), lo que podría subrayar los beneficios generales de la implicación de la familia más que beneficios específicos de la TMF.

Estudios comparativos no aleatorizados

Dos estudios ambulatorios (ambos con jóvenes) y dos en hospitalización (uno con jóvenes y otro con personas adultas) compararon los resultados tras la TMF con otro tipo de tratamiento mediante un diseño no aleatorizado (véanse los detalles en la tabla 2).

En una revisión retrospectiva de historias clínicas sobre la respuesta al tratamiento en un servicio especializado de infancia y adolescencia (N = 50), Gabel et al. (2014) compararon a quienes habían recibido TMF como parte de su programa de tratamiento con controles emparejados por edad que habían recibido el tratamiento habitual, definido como seguimiento médico, terapia nutricional con planes de comidas, tratamiento farmacológico según necesidad, psicoeducación y terapia individual y/o de salud mental. Quienes recibieron TMF además del tratamiento habitual tenían un peso medio significativamente más alto a los 12 meses que quienes solo recibieron el tratamiento habitual (99,6 %IBW frente a 95,4 %IBW, respectivamente). Los resultados del subgrupo que recibió TMF mostraron mejoras significativas de los síntomas alimentarios y depresivos, aunque estos cambios no se compararon con los resultados del grupo control. No había diferencias entre los dos grupos al inicio.

Marzola et al. (2015) también realizaron una revisión retrospectiva de historias clínicas. Compararon los resultados en el seguimiento de dos versiones diferentes de 5 días de terapia familiar ambulatoria intensiva para jóvenes: unifamiliar intensiva y TMF. No se compararon los resultados al final del tratamiento (5 días); sin embargo, cada una se asocia a mejoras de los síntomas alimentarios, informadas por separado en otras publicaciones (Knatz et al., 2015; Rockwell, Boutelle, Trunko, Jacobs, & Kaye, 2011). En el seguimiento (media = 30.9 meses, SD = 20.2), ambos tratamientos siguen asociándose a mejoras, aunque no se informan diferencias entre los grupos en cuanto al %mBMI, los resultados globales y la necesidad de niveles de atención más intensivos (hospitalización o tratamiento residencial) (Marzola et al., 2015). Cabe señalar que el grupo de TMF era significativamente más joven (16,4 frente a 19,2 años), tenía un plazo de seguimiento más corto (22,5 frente a 53,4 meses) y una mayor proporción seguía en tratamiento en el seguimiento (58% frente a 32%), lo que vuelve provisionales las comparaciones.

En el contexto de la hospitalización, los beneficios de la TMF frente a otros tipos de intervención son menos claros. Depestele et al. (2017) compararon una TMF complementaria con o sin participación de la persona joven (es decir, TMF frente a grupos de madres y padres). La asignación al tratamiento no era aleatoria y dependía del momento del ingreso en la unidad, ya que el tipo de intervención ofrecida cambiaba cada 6 meses. Al final del tratamiento, ambos grupos informaron una mejora significativa de los síntomas alimentarios y de algunos aspectos del funcionamiento familiar, aunque no se informaron diferencias según el tipo de tratamiento. En concreto, los padres informaron una mejora del funcionamiento general y las personas jóvenes una mejora de la resolución de problemas, mientras que las madres informaron un descenso de la resolución de problemas en la versión neerlandesa del Family Assessment Device (FAD) (Epstein, Baldwin, & Bishop, 1983; Wenniger, Hageman, & Arrindell, 1993). No se informaron diferencias en el control conductual, la implicación afectiva ni la capacidad de respuesta afectiva tras la TMF (Depestele et al., 2017). Al inicio, los grupos no diferían en cuanto a los síntomas alimentarios ni a otros factores familiares, aunque el grupo de TMF tenía una edad significativamente mayor (17,4 frente a 16,6 años) y menos personas declaraban autolesiones no suicidas (51.6 frente a 74,0 %). Estas diferencias se controlaron en los análisis.

Mediante un diseño de estudio piloto no controlado (N = 45), Dimitropoulos et al. (2015) compararon 8 semanas de terapia unifamiliar o de TMF para personas adultas en tratamiento de hospital de día o de hospitalización. El tratamiento se asignó de forma no aleatoria según la disponibilidad de la TMF, que se ofrecía cuatro veces al año, y no se observaron diferencias iniciales en las características de las y los pacientes ni de las familias entre los dos grupos de tratamiento. Al final del tratamiento, Dimitropoulos et al. (2015) informaron que diversos factores individuales (BMI, síntomas alimentarios, estigma percibido) y de las personas cuidadoras (carga percibida, emoción expresada y síntomas depresivos de las personas cuidadoras) habían mejorado significativamente. Estos cambios se mantuvieron (carga de las personas cuidadoras) o siguieron mejorando (emoción expresada y síntomas depresivos de las personas cuidadoras) en el seguimiento a 3 meses. No obstante, el nivel de apoyo social percibido y el impacto del estigma en las personas cuidadoras no variaron a lo largo del tratamiento ni del periodo de seguimiento (Dimitropoulos et al., 2015). Además, no se informaron diferencias entre las intervenciones en ningún factor individual (BMI y psicopatología alimentaria) ni de las personas cuidadoras (carga percibida, emoción expresada, apoyo social percibido y estigma) (Dimitropoulos et al., 2015).

Series de casos

Salud física y sintomatología alimentaria

La TMF‐AN se asoció a mejoras significativas del peso, con independencia de la edad o del contexto de tratamiento (véase la tabla 2). Solo un estudio no informó una mejora significativa del peso durante la TMF; sin embargo, las personas participantes de este estudio iniciaron el tratamiento dentro del rango saludable (BMI medio = 20.7, SD = 3.3), que se mantuvo durante el tratamiento (Tantillo et al., 2019). Todos los estudios que midieron la psicopatología alimentaria, incluidos los síntomas de atracón‐purga, informaron también mejoras significativas, con independencia de la edad, el contexto o el instrumento utilizado (véase la tabla 2).

Sintomatología comórbida

La TMF‐AN ambulatoria para jóvenes se asoció a una reducción significativa de los síntomas depresivos entre el inicio y el alta (Salaminiou et al., 2017). Salaminiou et al. (2017) informaron que los síntomas depresivos pasaron de situarse justo por debajo del rango de «depresión grave» a situarse dentro del rango «leve» tras 6 meses de TMF‐AN. Del mismo modo, los síntomas autoinformados de depresión y de ansiedad se redujeron significativamente durante la TMF‐BN ambulatoria, aunque los informes de madres y padres sobre los síntomas de sus hijos e hijas no mostraron cambios significativos (Stewart et al., 2019).

La única serie de casos de TMF con personas adultas que estudió los síntomas comórbidos observó que la ansiedad estado, pero no la ansiedad rasgo, disminuía durante una semana de TMF de 5 días (Wierenga et al., 2018). Ningún estudio de TMF con personas adultas incluido en esta revisión examinó el cambio en los síntomas depresivos.

Funcionamiento individual y bienestar en sentido amplio

Varios estudios evaluaron síntomas más amplios de bienestar general además del cambio en los síntomas alimentarios (véase la tabla 3). La TMF‐AN ambulatoria para jóvenes se asoció a mejoras significativas de la calidad de vida (Gelin et al., 2015; Mehl et al., 2013), de la percepción y la imagen de sí (Hollesen et al., 2013) y de la autoestima (Mehl et al., 2013; Salaminiou et al., 2017). La TMF‐BN para adolescentes se asoció a mejoras significativas de la capacidad de regulación emocional (Stewart et al., 2019).

En cuanto a la TMF para personas adultas, al final del tratamiento las y los pacientes informaron mejoras significativas de la conciencia emocional, pero ningún cambio en las estrategias de regulación emocional (Tantillo et al., 2019). En el contexto de la hospitalización, las dificultades de funcionamiento interpersonal no variaron entre el inicio y el seguimiento a corto y a largo plazo (Whitney, Murphy, et al., 2012).

Funcionamiento familiar

En la TMF‐AN ambulatoria para jóvenes, Salaminiou (2005) observó que el funcionamiento familiar no varió durante 6 meses de TMF, aunque señaló que las puntuaciones medias iniciales se situaban en el rango intermedio, lo que indica un funcionamiento familiar adecuado. En las personas adultas que participan en una TMF de 5 días se informó una mejora significativa del funcionamiento familiar general (Wierenga et al., 2018). Véanse más detalles en la tabla 3.

Factores relativos a madres, padres y personas cuidadoras

La TMF‐AN ambulatoria para jóvenes se asoció a diversas mejoras en las personas cuidadoras y en madres y padres. Al final del tratamiento, la carga de las personas cuidadoras y la mayoría de los efectos negativos de la enfermedad se habían reducido significativamente en un estudio (Dennhag et al., 2019). El aislamiento percibido por las personas cuidadoras fue el único aspecto que no varió durante la TMF (Dennhag et al., 2019). En otro estudio mejoró el estado de ánimo de madres y padres (Salaminiou et al., 2017). Esta mejora fue significativa en las madres pero no en los padres; sin embargo, las puntuaciones iniciales maternas y paternas se situaban en el rango normal, lo que sugiere un efecto suelo (Salaminiou et al., 2017). En ese mismo estudio, un análisis de regresión ajustado mostró que el cambio en los síntomas depresivos de madres y padres a lo largo del tratamiento no se asociaba al resultado de la persona joven en porcentaje del índice de masa corporal mediano (%mBMI) al final del tratamiento (Salaminiou, 2005). Tras la TMF‐BN ambulatoria, la carga de las personas cuidadoras y el estado de ánimo de madres y padres también mejoraron significativamente en un estudio, aunque no así el nivel de ansiedad (Stewart et al., 2019).

El impacto de la TMF en la emoción expresada (comentarios críticos, observaciones positivas, sobreimplicación emocional, calidez y hostilidad) es dispar. En un estudio, los comentarios críticos paternos se redujeron significativamente entre el inicio y los 6 meses (Salaminiou, 2005); sin embargo, ninguno de los demás aspectos de la emoción expresada materna y paterna hacia el hijo o la hija varió durante los 6 meses de tratamiento. Salaminiou (2005) midió también el nivel de emoción expresada entre los progenitores, como un indicador del buen funcionamiento de la díada parental. Tampoco se observó ningún cambio, salvo en la calidez de las madres hacia los padres, que aumentó significativamente (Salaminiou, 2005). Además, en el mismo estudio, un análisis de regresión ajustado mostró que una reducción de la crítica paterna y un aumento de la sobreimplicación emocional durante la TMF‐AN se asociaban a una mejora del %mBMI de la persona joven al final del tratamiento (Salaminiou, 2005).

Dennhag et al. (2019) examinaron también si los factores de las personas cuidadoras al inicio y su cambio durante la TMF se asociaban a los resultados de la persona joven. Al inicio, el nivel de culpa materna se asociaba a peores resultados en los síntomas alimentarios al final del tratamiento. Además, un mayor aislamiento social paterno y una mayor carga percibida de las conductas desreguladas se asociaban igualmente a peores resultados de salud física de la persona joven al final del tratamiento (Dennhag et al., 2019). En cuanto al cambio parental a lo largo del tratamiento y su asociación con el resultado, con independencia del papel en la familia, la disminución del aislamiento percibido por madres y padres se asociaba a una mejora de la salud física y del funcionamiento general de la persona joven al final del tratamiento (Dennhag et al., 2019).

Resultados en el seguimiento

Tres series de casos de TMF con personas adultas informan datos de seguimiento. Indican que las mejoras obtenidas al final del tratamiento se mantienen o aumentan en general durante el seguimiento. Wierenga et al. (2018) informaron que el peso siguió aumentando significativamente, con un BMI medio dentro del rango saludable (media = 19.6, SD = 2.0), y que la mejora de los síntomas alimentarios se mantuvo en el seguimiento de su programa autónomo de TMF de 5 días (plazo medio hasta el seguimiento = 4,7–7,6 meses [varía según la medida]). Del mismo modo, Tantillo et al. (2019) observaron que las personas participantes mantenían su peso y que los síntomas alimentarios seguían mejorando en el seguimiento a 6 meses de su programa de 26 semanas (véanse más detalles en la tabla 2). Además, la capacidad de regulación emocional se mantuvo o siguió mejorando durante el periodo de seguimiento (Tantillo et al., 2019). Una serie de casos con jóvenes informó que el peso siguió mejorando significativamente, mientras que la calidad de vida y los síntomas alimentarios se estabilizaron en el seguimiento a 1 año; sin embargo, no se presentaron datos (Gelin et al., 2015).

Tasas de no finalización (todos los diseños de estudio)

La no finalización de la TMF, también llamada abandono, suele describirse como baja y se menciona a menudo como una de las ventajas del tratamiento (Gelin et al., 2018). Doce de los 17 estudios cuantitativos informaron tasas de abandono, que oscilaban entre el 0% y el 17%. Seis de estos estudios informaron tasas de abandono inferiores al 10% (véanse los detalles en la tabla 3). Los datos se presentan aquí de forma sintetizada, y no por diseño de estudio, para ofrecer una mejor visión de conjunto de todos los datos disponibles.

3.2.3 La experiencia de la TMF: datos cualitativos

Diez estudios presentan datos cualitativos: siete sobre la experiencia de la TMF de jóvenes y de sus familiares, y tres sobre la TMF para personas adultas y sus familiares. Lo más habitual es que los datos procedieran de entrevistas individuales o de grupos focales, y que las respuestas se analizaran mediante análisis temático o de contenido. Véanse más detalles en la tabla 3. La muestra total descrita estaba formada por 47 personas con trastornos de la conducta alimentaria (30 jóvenes y 17 personas adultas) y 140 personas cuidadoras (120 progenitores, 14 hermanas o hermanos, tres parejas, dos abuelas o abuelos y un hijo o hija de una persona paciente adulta). Varios artículos describían también la experiencia de la TMF del personal clínico (Brinchmann et al., 2019; Wierenga et al., 2018; Wiseman et al., 2019a, 2019b), que no se presenta aquí por quedar fuera del alcance de esta revisión. Cabe señalar que la mayoría de los datos cualitativos proceden de la perspectiva de las familias y de las personas cuidadoras. Solo seis estudios (cuatro con jóvenes, dos con personas adultas) incluían pacientes en su muestra, y dos estudios, que parecen utilizar la misma muestra, señalaban que habían intentado reclutar a jóvenes pero que todas y todos lo habían rechazado (Wiseman et al., 2019a, 2019b).

Los estudios cualitativos se examinaron primero por separado según la población destinataria de la TMF (jóvenes o personas adultas) y el contexto (ambulatorio u hospital de día/hospitalización), y estaba previsto presentarlos por separado. Sin embargo, dado el amplio solapamiento de las experiencias de las personas participantes, los datos se sintetizan y se presentan conjuntamente.

En todos los estudios se encontró de forma común que la TMF se vive como útil y a la vez exigente, con experiencias similares en personas adultas y en jóvenes, tanto en la TMF‐AN como en la TMF‐BN. A partir de los datos obtenidos mediante observación, entrevistas y grupos focales durante y después del tratamiento, la mayoría de las personas participantes tenían la sensación de que la TMF había ayudado a la familia a ver los síntomas del trastorno de la conducta alimentaria de otra manera (Baumas et al., 2021; Duarte, 2012; Salaminiou, 2005; Voriadaki, Simic, Espie, & Eisler, 2015), a adoptar nuevas perspectivas (Duarte, 2012; Engman‐Bredvik et al., 2016; Tantillo et al., 2015;Whitney, Currin, et al., 2012; Wiseman et al., 2019b), a adquirir nuevas habilidades (Duarte, 2012; Tantillo et al., 2015) y a sentir un mayor poder de acción (Engman‐Bredvik et al., 2016; Salaminiou, 2005). En conjunto, esto ayudó a las personas, en particular a madres, padres y personas cuidadoras, a sentir menos culpa, miedo y ansiedad (Whitney, Currin, et al., 2012) y a ganar confianza (Whitney, Currin, et al., 2012; Wiseman et al., 2019b). En dos estudios, pacientes en edad adulta y personas cuidadoras señalaron que la TMF les había ayudado a abrirse y a compartir sus experiencias (Berit Støre Brinchmann & Krvavac, 2021; Tantillo et al., 2019).

Un tema común a varios estudios era que la TMF producía un cambio en la calidad del vínculo y de la dinámica familiares (Baumas et al., 2021; Berit Støre Brinchmann & Krvavac, 2021; Duarte, 2012; Tantillo et al., 2015; Wiseman et al., 2019b). Con frecuencia, madres, padres y personas cuidadoras consideraban que la TMF les ofrecía una nueva red de apoyo que ayudaba a todas las personas, cualquiera que fuera su papel en la familia, a sentirse menos solas y aisladas (Duarte, 2012; Engman‐Bredvik et al., 2016; Salaminiou, 2005; Tantillo et al., 2015; Wiseman et al., 2019b), lo que también expresaban algunas y algunos pacientes, aunque en menor número (Duarte, 2012; Salaminiou, 2005). Se valoraba poder observar a otras familias con experiencias similares y aprender de ellas (Duarte, 2012; Whitney, Currin, et al., 2012; Wiseman et al., 2019b). En un estudio, las personas participantes tenían dificultades para distinguir la contribución de la TMF a su tratamiento global de la de los demás elementos de su programa de tratamiento (Baumas et al., 2021).

Los aspectos exigentes de la TMF eran múltiples. A algunas personas les preocupaba la posibilidad de que se hicieran comparaciones poco útiles, el hecho de que no siempre se pudieran atender las necesidades de cada familia y la dificultad, en ocasiones, de gestionar las diferencias en el ritmo de recuperación de cada persona del grupo (Baumas et al., 2021). Cabe señalar que las comparaciones también se consideraban a veces útiles, ya que ayudaban a las personas a sentirse validadas y menos aisladas (Voriadaki et al., 2015).

Una minoría de madres, padres y personas cuidadoras manifestó su preocupación por que el grupo pudiera hacer retroceder la recuperación o por que las y los pacientes compartieran «trucos» perjudiciales propios del trastorno de la conducta alimentaria (Baumas et al., 2021; Salaminiou, 2005). Algunas personas participantes mencionaron también la intensidad del grupo, a la vez útil y agotadora (Voriadaki et al., 2015; Whitney, Currin, et al., 2012; Wiseman et al., 2019b).

Para comprender la evolución de la experiencia de las y los pacientes durante la TMF, Voriadaki et al. (2015) recogieron datos en distintos momentos a lo largo de cuatro días consecutivos de TMF. Observaron que las personas participantes tendían a pasar de la ansiedad y la aprensión ante la idea de asistir a percibir similitudes y, después, a sentirse más tranquilas. Esto ayudó a las personas a tomar mayor conciencia de la enfermedad y del papel que esta desempeñaba en sus relaciones. Al final de los 4 días, la atención se había desplazado hacia el afrontamiento futuro y la reflexión sobre los progresos. Esto coincide con los datos de Wiseman et al. (2019a), que estudiaron específicamente cómo percibían los familiares que se producía el cambio en la TMF. Ninguna persona joven aceptó participar en este estudio; sin embargo, madres y padres consideraban que los mecanismos del tratamiento incluían la mayor intensidad, la experiencia de estar con otras familias, el vínculo familiar, el desplazamiento de la culpa y de la culpabilización, la mayor confianza parental y una comprensión diferente de la enfermedad (Wiseman et al., 2019a).

3.2.4 Metasíntesis

En conjunto, la TMF se percibe como útil y conlleva una amplia gama de mejoras. También se asocia a varias dificultades para distintas personas participantes en distintos momentos. La mayoría informa de beneficios en cuanto a los síntomas alimentarios y a otros factores individuales y familiares, más los familiares que las y los pacientes, y estos beneficios se reflejan en hallazgos cuantitativos y cualitativos sólidos de mejora de los síntomas alimentarios y de la salud física al final del tratamiento y, a menudo, en el seguimiento.

Como cabría esperar de cualquier tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria, la TMF es también exigente, lo que se refleja en los datos cuantitativos y cualitativos más dispares relativos a las familias y a las personas cuidadoras. Hay dificultades ligadas al proceso grupal, como la preocupación por la comparación que conlleva estar en un grupo, la intensidad de la TMF y la toma de conciencia de la necesidad de probar cosas nuevas. Sin embargo, estas dificultades se veían compensadas por una reducción del aislamiento percibido y por el apoyo del grupo. La baja tasa de abandono confirma además que el proceso grupal es motivador y aceptable.

El trabajo exigido a las personas participantes durante la TMF, unido al mayor apoyo que proporciona el hecho de reunirse, da sus frutos. Los síntomas alimentarios y la salud física mejoran de forma constante, pero la dificultad y la ansiedad asociadas a la consecución de estos cambios se reflejan claramente en las experiencias y en hallazgos cuantitativos más dispares, sobre todo en lo relativo a los factores familiares. No obstante, aunque los datos cualitativos sugieren que un beneficio clave de la TMF es la reducción del aislamiento y el aumento de la solidaridad, esto podría no generalizarse más allá del propio grupo de TMF. Los hallazgos cuantitativos de un estudio indican que el apoyo social percibido autoinformado, el aislamiento y el estigma en sentido más amplio no varían significativamente durante la TMF.

Un hallazgo destacable es que la persona paciente puede describir la TMF como más útil para los demás miembros de la familia, mientras que las mejoras se observan de forma más constante en la propia persona paciente. Esto concuerda con los hallazgos de un estudio en el que la mayoría de madres y padres informaban que los beneficios de la TMF para la persona paciente llegaban indirectamente, a través de ellos mismos como progenitores (Salaminiou, 2005). Esta disparidad percibida en la utilidad podría reflejar también la etapa de recuperación de las personas participantes en el momento de la recogida de datos (por lo general, durante el tratamiento o al final del mismo). Lo que se percibe como inútil o difícil en el momento puede percibirse retrospectivamente como útil y necesario. Salaminiou (2005) observó que las personas participantes vivían algunos ejercicios como difíciles y útiles a la vez, y viceversa, lo que cuestiona la pertinencia de la división dicotómica útil/inútil al hablar de la TMF (y, potencialmente, de otros tratamientos psicológicos). Además, existía un acuerdo relativamente bueno entre las personas participantes sobre qué actividades de la TMF se percibían como útiles, pero poco acuerdo sobre lo que se percibía como inútil. Esto pone de relieve hasta qué punto los aspectos inútiles pueden ser específicos e idiosincrásicos para cada persona.

Esta disparidad subraya también el importante papel que desempeñan los familiares en el proceso de recuperación y la capacidad de la TMF para apoyar a todo el sistema, no solo a la persona paciente. Pone de manifiesto la necesidad de que la TMF (y potencialmente otras intervenciones) siga incluyendo y apoyando a los familiares, dadas sus propias necesidades y los resultados dispares obtenidos específicamente en madres, padres y personas cuidadoras. Cabe señalar que no existen datos que comparen la experiencia de la TMF con la de otros tratamientos, lo que dificulta determinar si estos procesos son propios de la TMF o comunes a todas las intervenciones para los trastornos de la conducta alimentaria que implican a familiares. También se necesitan datos cualitativos recogidos en distintos momentos para comprender si la perspectiva de las y los pacientes cambia en un seguimiento más prolongado.

4 DISCUSIÓN

La TMF se utiliza en la práctica clínica desde hace décadas (Gelin et al., 2018; Gelin et al., 2016), y las guías de práctica clínica suelen recomendar incluir y apoyar a los familiares en los tratamientos de los trastornos de la conducta alimentaria (Hay et al., 2014; Hilbert et al., 2017; NICE, 2017). La presente revisión pone de relieve que la TMF se asocia a mejoras en una serie de factores individuales y familiares. Sin embargo, la base de evidencia es relativamente reducida: la mayoría de los estudios carecen de potencia estadística y los modelos de TMF evaluados son muy heterogéneos.

En cuanto al primer objetivo de este estudio, puede concluirse que la TMF se asocia a una mejora física y psicológica de las personas con trastornos de la conducta alimentaria, sean cuales sean la edad, el contexto de tratamiento y el diagnóstico. Así lo informaron de forma casi unánime todos los estudios, a menudo con tamaños del efecto medios y grandes. Sin embargo, con la excepción de un modelo autónomo de 5 días, todos los demás modelos de TMF eran tratamientos complementarios. Por ello, los datos disponibles no permiten establecer los beneficios propios de la TMF.

Cuando los resultados de la TMF se comparan con otros tipos de tratamiento, los hallazgos son dispares. Dos estudios aportan evidencia de que 12 meses de TMF junto con terapia unifamiliar o tratamiento habitual podrían conducir a mejores resultados globales y a un peso más alto en el seguimiento en jóvenes atendidos en contexto ambulatorio. Este hallazgo procede del estudio más amplio y del único ECA ambulatorio identificado en esta revisión, por lo que cabría concederle más peso. Sin embargo, la mayoría de los demás estudios que incluían un grupo de comparación encontraron que los resultados tras la TMF eran equivalentes a los de otros tratamientos, tanto en contexto ambulatorio como en hospitalización y en todas las franjas de edad. Además, las versiones intensivas de terapia familiar obtienen resultados similares, tanto si se aplican en formato unifamiliar como multifamiliar. Un posible beneficio de la TMF era su coste‐efectividad como tratamiento complementario en hospitalización de personas adultas, aunque se necesitan más datos para extraer conclusiones firmes.

En cuanto al impacto de la TMF en los factores individuales y en los relativos a la familia y a las personas cuidadoras, los datos ponen de relieve una serie de beneficios para todas las personas implicadas. En la persona paciente, se asocia a mejoras de los síntomas depresivos y ansiosos, de la autoestima, de la calidad de vida y de ciertas facetas de la capacidad de regulación emocional. Sin embargo, la TMF no parece asociarse a mejoras en los problemas interpersonales percibidos ni en el estigma.

Los familiares informan también de mejoras en sus propios síntomas depresivos, en los aspectos negativos del cuidado y en el bienestar general, así como de algunos cambios en el nivel de emoción expresada, aunque estos datos son dispares. Esto concuerda con la evidencia de que no todos los aspectos de la emoción expresada son quizá tan pertinentes en la adolescencia como en la edad adulta. Una revisión reciente encontró que la sobreimplicación emocional de madres y padres con adolescentes no se asociaba a síntomas ni conductas problemáticas en una serie de diagnósticos de salud mental, e incluso podía tener algunos beneficios (Rienecke, 2020). No se informaron cambios en las experiencias positivas del cuidado, en el nivel de ansiedad de las personas cuidadoras ni en el estigma y el apoyo social percibidos. Los datos sobre los cambios en el funcionamiento familiar general son más dispares: algunos estudios informan mejoras, otros ningún cambio y uno un deterioro del funcionamiento.

Estos hallazgos concuerdan bien con los datos sobre la experiencia de la TMF. Estos datos muestran que la TMF se valora en general, aunque con una variabilidad considerable. La mayoría informa de beneficios, sobre todo del aumento del apoyo percibido al estar en un grupo con personas que han vivido experiencias similares. El proceso puede ser agotador y generar ansiedad, como cabría esperar de cualquier tratamiento psicológico, y quizá forme parte de lo que hace eficaz el tratamiento. Algunas personas participantes expresaron su preocupación por la comparación inevitable que conlleva estar en un grupo y por la toma de conciencia de la necesidad de probar cosas nuevas. Sin embargo, los datos disponibles sobre el proceso de cambio durante la TMF sugieren que estas inquietudes se alivian rápidamente y que, al tercer día de TMF, las personas participantes están más tranquilas y el apoyo percibido del grupo ha aumentado. Dado que la experiencia de la TMF puede ser intensa y generar ansiedad, no es sorprendente que algunos aspectos del cuidado y del funcionamiento familiar permanezcan sin cambios. Queda por determinar si las experiencias y los aprendizajes de la TMF sientan las bases de beneficios futuros, y no se dispone de datos al respecto.

A pesar de los numerosos beneficios de la TMF, la presente revisión señala algunos ámbitos clave para la investigación futura. En general, los estudios incluidos no eran controlados y tenían muestras pequeñas, por lo que la mayoría probablemente carece de potencia estadística. Incluso los ECA solían ser pequeños: dos de los tres identificados en esta revisión tenían muestras de menos de 50 participantes. Además, dado que la mayoría de los modelos de TMF eran complementarios, la contribución específica y la coste‐efectividad de añadir la TMF a otros tratamientos siguen sin estar claras. Se necesitan estudios futuros que examinen la contribución propia de la TMF, tanto en los resultados como en la experiencia del tratamiento, y si los recursos adicionales que exige a las familias y a los servicios compensan el beneficio obtenido.

4.1 Limitaciones

Esta revisión presenta varias limitaciones importantes. En primer lugar, solo se examinaron estudios en lengua inglesa, y el tipo de publicación se limitó a artículos de revistas con revisión por pares, capítulos de libros y tesis (no resúmenes de congresos). Además, no se trata de una revisión exhaustiva de los modelos de tratamiento de TMF. Existen numerosos trabajos teóricos y descriptivos que exponen modelos de TMF distintos de los aquí descritos, sin presentar datos ni metodología de recogida de datos.

En cuanto a los artículos examinados, las limitaciones más notables son el pequeño tamaño de las muestras y el carácter no controlado de las metodologías. Aunque se identificaron tres ECA, dos tenían muestras inferiores a 50. Del mismo modo, las muestras de los estudios cualitativos también solían ser pequeñas, y la voz de la persona con el trastorno de la conducta alimentaria era escasa o estaba ausente. Además, los estudios carecían de diversidad. La muestra descrita era predominantemente blanca y femenina, y apenas se informaban datos socioeconómicos. Esto hace que la interpretación de los datos y las conclusiones de esta revisión sean muy provisionales.

Por último, es muy difícil determinar la respuesta al tratamiento de las personas con bulimia nerviosa y otras presentaciones de trastornos de la conducta alimentaria. No había datos sobre la TMF‐BN para personas adultas y muy pocos para jóvenes. Los hallazgos sobre la TMF‐BN son muy preliminares.

5 CONCLUSIONES

La presente revisión sugiere que la TMF es un tratamiento eficaz para la anorexia nerviosa y que conduce a mejoras en factores individuales, así como en algunos factores relativos a las personas cuidadoras y a la familia. El hallazgo más sólido corresponde a jóvenes atendidos en contexto ambulatorio. Añadida a la terapia unifamiliar, la TMF podría mejorar los resultados en comparación con la terapia unifamiliar sola, aunque se necesitan estudios de replicación. Varios beneficios que aporta la TMF parecen propios del contexto multifamiliar; sin embargo, el impacto de estos beneficios (p. ej., el aumento del apoyo) no puede determinarse a partir de la presente revisión. En comparación con otros tipos de tratamiento, la TMF no es en general inferior, aunque suele ser un tratamiento complementario, lo que dificulta determinar su valor por sí sola. Se necesitan estudios futuros que examinen específicamente la contribución propia y la coste‐efectividad de la TMF en comparación con otros tratamientos. La base de evidencia debe reforzarse también con estudios de mayor calidad, con muestras más amplias y presentaciones de trastornos de la conducta alimentaria más diversas. Se necesitan asimismo diseños de estudio que tengan en cuenta las preferencias de pacientes y familias y los antecedentes de tratamiento, así como criterios de indicación más claros para la TMF y guías ampliadas sobre su uso en los modelos de atención escalonada.

Complexe Systémique: puntos clave

Para la práctica sistémica, esta revisión confirma una intuición antigua: un trastorno de la conducta alimentaria se trata mejor cuando las familias no se quedan solas frente a él. En 27 estudios, la terapia multifamiliar va acompañada de mejoras del peso y de los síntomas a todas las edades y, sobre todo, de una ruptura del aislamiento: ver a otras familias luchar contra la misma enfermedad cambia las perspectivas, alivia la culpa y devuelve la confianza a madres y padres. El hallazgo que más da que pensar es una paradoja: las y los pacientes suelen decir que el grupo ayudó sobre todo a sus familiares, mientras que es en ellas y ellos donde los progresos se miden con mayor claridad. El cambio circula a través del sistema. Sin embargo, conviene ser prudentes: añadida casi siempre a la terapia familiar, la terapia multifamiliar no ha demostrado su aporte propio y específico, las muestras son pequeñas, mayoritariamente blancas y femeninas, la voz de las y los pacientes es escasa, y el grupo es tan exigente como sostenedor. Para leer junto con el metaanálisis sobre el efecto de la terapia multifamiliar y el artículo sobre la adaptación de la terapia multifamiliar a la anorexia nerviosa en Japón.

Notas del original

Editora de acción: Kelly Klump

Conflicto de intereses. Ulrike Schmidt cuenta con el apoyo de un National Institute of Health Research (NIHR) Senior Investigator Award. Recibe apoyo salarial del NIHR Mental Health Biomedical Research Center (BRC) del South London and Maudsley NHS Foundation Trust y del King's College London (KCL).

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Traducción no oficial al español de Multi‐family therapy for eating disorders: A systematic scoping review of the quantitative and qualitative findings, de Julian Baudinet, Ivan Eisler, Lisa Dawson, Mima Simic y Ulrike Schmidt, International Journal of Eating Disorders, vol. 54, n.º 12 (2021), doi: 10.1002/eat.23616, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia (texto traducido, tablas presentadas como listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

El artículo original, «Multi‐family therapy for eating disorders: A systematic scoping review of the quantitative and qualitative findings», se publicó en International Journal of Eating Disorders (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial de Complexe Systémique, realizada con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto se ha traducido al español y su presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Baudinet, J., Eisler, I., Dawson, L., Simic, M., et Schmidt, U. (2021). Multi‐family therapy for eating disorders: A systematic scoping review of the quantitative and qualitative findings. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/multi-family-therapy-for-eating-disorders-a-systematic-scoping-review-of-the-quantitative (Obra original publicada en 2021 en International Journal of Eating Disorders, 54(12), 2095-2120 (2021); republicada en 2021 por International Journal of Eating Disorders, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/eat.23616)

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