Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Family Therapy · Terapia familiar
¿Por qué las familias racialmente marginadas completan con menos frecuencia la terapia multisistémica? El equipo de Nadia Khan, en Royal Holloway, University of London, realizó siete grupos focales con 22 terapeutas y responsables de supervisión de la MST en Inglaterra. El resultado es un modelo de diez códigos en el que la desconfianza hacia las instituciones, las brechas de aculturación, las experiencias de racismo y el idioma pesan tanto como la técnica, y en el que quien ejerce la terapia se convierte en puente cultural.
Traducción no oficial al español de Practitioner Experiences of Working With Racially Marginalised Families in England Using Multisystemic Therapy, de Nadia Khan, Simone Fox y Emily Glorney, publicado en Journal of Family Therapy (Wiley) (2025), doi: 10.1111/1467-6427.70000, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Documentar las consideraciones culturales representa un término medio adecuado entre el relativismo cultural y el absolutismo cultural.
Nadia Khan, Simone Fox y Emily Glorney
Resumen
Las personas jóvenes racialmente marginadas están sobrerrepresentadas en el sistema de justicia penal, pero tienen menos probabilidades de ser derivadas a los servicios de apoyo, de acceder a ellos y de implicarse en ellos. Las familias que experimentan mayor desconfianza cultural y mayor desventaja son probablemente las que no completan la terapia multisistémica (MST). Este estudio exploró las experiencias de profesionales de la MST en Inglaterra para comprender mejor la implicación y el cambio de las familias racialmente marginadas en la MST. Siete grupos focales (n = 22) sirvieron de base a una teoría fundamentada constructivista. Se utilizaron diez códigos teóricos para construir un modelo de implicación y cambio en la MST para las familias racialmente marginadas: el acceso a la MST; la relación de la familia con la ayuda; la construcción de una alianza terapéutica; la estructura y el funcionamiento familiares; la aculturación y la identidad; el contexto familiar desempoderado; el trabajo como puente cultural; el empoderamiento de las familias; el poder y el idioma dentro de la familia; y el trabajo con intérpretes. Los resultados amplían investigaciones previas con jóvenes y personas cuidadoras racialmente marginadas, y ponen de relieve barreras sistémicas asociadas al poder, la cultura y el idioma.
Síntesis
Las personas jóvenes racialmente marginadas están sobrerrepresentadas en el sistema de justicia penal (SJP) de Inglaterra y Gales (Ministry of Justice; MoJ 2021): en 2019 representaban el 51% de las personas recluidas en instituciones penales para jóvenes (MoJ 2021), pese a constituir el 14% de la población general de 15 a 21 años. Es más probable que hayan sufrido desventajas socioeconómicas y experiencias adversas en la infancia, asociadas a una escasa implicación en la educación o la formación y a una posterior participación en conductas delictivas (Junger-Tas 2001). Pese a presentar mayores niveles de necesidad que la juventud blanca, las personas jóvenes racialmente marginadas tienen menos probabilidades de buscar apoyo terapéutico, de acceder a él y de implicarse en él (O'Brien et al. 2009), lo que perpetúa la escasa implicación con los servicios de salud mental en las comunidades racialmente marginadas (Delphin-Rittmon et al. 2015; Maura and Weisman de Mamani 2017). Existe la obligación de documentar mejor la capacidad de las intervenciones psicosociales para responder a las necesidades culturales de estas familias y de estas personas jóvenes, para quienes la intervención terapéutica podría modificar sus oportunidades y trayectorias vitales.
Una de estas intervenciones es la terapia multisistémica (MST), un tratamiento basado en la familia y la comunidad diseñado para reducir las colocaciones fuera del hogar de jóvenes de 11 a 17 años a quienes se considera «en riesgo» de tutela o de privación de libertad a causa de conductas antisociales o agresivas (Henggeler et al. 2009). Las y los terapeutas de MST trabajan en equipos pequeños, con una persona supervisora y una persona consultora, e intervienen de forma intensiva durante 3 a 5 meses con los sistemas que rodean a la persona joven, principalmente las personas cuidadoras. El objetivo es empoderarlas para que apoyen a la persona joven y reduzcan las conductas antisociales o agresivas —y los factores que las mantienen— en los distintos entornos. Se afirma que la MST responde a las necesidades de grupos culturalmente diversos, sobre la base de investigaciones que demuestran su eficacia en ensayos con proporciones relativamente altas de personas participantes racialmente marginadas (Butler et al. 2011; Painter and Scannapieco 2009), y de la ausencia de efectos moderadores de la etnicidad en la MST (Johnides et al. 2017). Sin embargo, un metaanálisis (van der Stouwe et al. 2014) indicó que la MST era más eficaz con la juventud blanca que con la juventud racialmente marginada, un resultado que quizá quedaba enmascarado por el menor tamaño muestral de cada estudio individual.
Dos estudios cualitativos (Bunting et al. 2021; Fox et al. 2017) sugirieron que se necesitan consideraciones culturales para aplicar con éxito la MST, en concreto en relación con las conductas que motivan la derivación, con que las familias se sientan comprendidas culturalmente por una persona terapeuta respetuosa y con contar con terapeutas que actúen como «puente cultural» para contextualizar la conducta de la persona joven dentro de la cultura dominante. También es importante apoyar a la persona joven para que desarrolle su propia identidad cultural singular (Bunting et al. 2021). Sin embargo, ambos estudios incluyeron a jóvenes y personas cuidadoras que habían nacido en el Reino Unido o residían en él desde hacía al menos 10 años, y excluyeron a las familias que no hablaban inglés, a quienes no completaron el tratamiento (Fox et al. 2017) y a jóvenes en colocación fuera del hogar o en situación de riesgo para sí o para otras personas (Bunting et al. 2021). Por tanto, las experiencias de aculturación de esas muestras podrían no reflejar las de las familias racialmente marginadas que encuentran dificultades en la MST.
Las personas racialmente marginadas tienen dificultades para acceder a los servicios generales de salud mental, o no son derivadas a ellos (Cooper et al. 2013), por un escaso conocimiento de la ayuda disponible (Messent and Murrell 2003) o por sesgos relacionados con el dominio percibido del idioma o con el grado de cooperación (Betancourt et al. 2005). Los datos sobre la implicación de las personas racialmente marginadas en la MST son escasos, salvo que en Estados Unidos las familias negras e hispanas tenían una probabilidad significativamente mayor de un cierre negativo del caso (por ejemplo, falta de implicación o reincidencia) que los grupos blancos/no hispanos y multirraciales (Boxer 2011). Sin embargo, ese estudio incluyó a familias que habían sido derivadas a la MST y la habían iniciado, por lo que posiblemente no refleje la situación de quienes no se implicaron en ella.
El idioma y la aculturación también influyen en la implicación y el cambio en la MST. Un estudio no halló diferencias en los resultados de la MST en materia de empleo y reincidencia entre familias neerlandesas (Países Bajos) de lengua materna neerlandesa y familias de otra lengua materna cuando se recurría a intérpretes (van der Rijken et al. 2016), a diferencia de las conocidas dificultades de trabajar con intérpretes en la atención en salud mental (por ejemplo, Bauer and Alegría 2010; Raval and Tribe 2014). Los resultados cuando familiares hacían de intérpretes no eran muy distintos de los obtenidos con intérpretes profesionales, lo que se atribuyó al aprovechamiento de su doble papel en el apoyo a la familia (Ho 2008). Sin embargo, se sabe poco sobre cómo se recurre a intérpretes en la MST (van der Rijken et al. 2016).
El presente estudio pretendía comprender mejor los retos de implicación y de tratamiento a los que se enfrentan las familias racialmente marginadas en la MST en Inglaterra. Ante las dificultades para acceder a las familias que no completaron la MST y las dificultades relacionadas con los intérpretes, se exploraron los relatos de profesionales de la MST. Esto permitió comprender a las familias que tuvieron contacto con la MST pero no llegaron a implicarse plenamente, a las que superaron las dificultades y completaron la MST, así como la perspectiva singular de profesionales para explorar el trabajo con intérpretes (Raval 2003). Se buscó diversidad étnica entre el personal de la MST (terapeutas y responsables de supervisión) para favorecer que estas voces se empoderaran, obtener una comprensión matizada de los retos de implicación y de tratamiento a los que se enfrentan las familias racialmente marginadas y subsanar una limitación de la investigación existente, realizada con personal terapéutico mayoritariamente blanco. La investigación tenía como objetivo explorar los factores relacionados con la implicación y el cambio de las familias racialmente marginadas en la MST, incluidas las denominadas «de difícil acceso» (Begum 2006), es decir, las que no hablan inglés y encuentran dificultades en la implicación y el tratamiento.
Se utilizó una metodología de teoría fundamentada (Charmaz 2006). Se recurrió a grupos focales para propiciar la reflexión sobre cómo el privilegio racial da forma a la realidad (Laszloffy and Hardy 2000) y para que participantes con un conocimiento, una conciencia o una formación limitados pudieran añadir aportaciones y deliberar sobre lo planteado por otras personas (Barbour and Morgan 2017).
El estudio obtuvo la aprobación ética de Royal Holloway, University of London. Se recibió la aprobación del Comité de Ética de la Investigación y la aprobación local de cada uno de los centros de investigación.
Se utilizó una estrategia de muestreo intencional y teórico. Se seleccionaron equipos de MST étnicamente diversos para subsanar las limitaciones existentes en la literatura (es decir, muestras compuestas sobre todo por personal terapéutico blanco), reducir las disparidades de poder basadas en la raza dentro de los grupos focales y respaldar el espíritu de la investigación, orientado a empoderar las voces de las minorías étnicas. La segunda persona firmante es consultora de MST y se puso en contacto con equipos de todo el Reino Unido para identificar centros de investigación pertinentes (es decir, equipos que aplicaban la MST y tenían experiencia de trabajo con familias étnicamente diversas, incluidas familias que no hablaban inglés). Una vez identificados los equipos adecuados, se contactó con las personas responsables de supervisión de la MST en cada centro y se les pidió que informaran a sus terapeutas sobre la investigación y les invitaran a participar.
Dado el debate sobre si la saturación de datos debe considerarse «un objetivo o una realidad» (Willig 2013, 37), en el presente estudio se adoptó la «suficiencia teórica» (Dey 1999). Para alcanzar la suficiencia teórica, las categorías explican suficientemente los datos sin forzarlos a encajar en categorías predeterminadas, lo que la hace más adecuada para la teoría fundamentada (Charmaz 2006; Dey 1999).
Se reclutó a un total de 22 terapeutas y responsables de supervisión de la MST en centros de tres regiones geográficas de Inglaterra (las Midlands, el Gran Londres y el Noroeste). La información demográfica figura en la tabla 1. Londres es la región más diversa de Inglaterra desde el punto de vista étnico y religioso, seguida de las Midlands como la región con mayor proporción de personas que se identificaron como de etnia asiática, negra o mixta; las Midlands tienen la mayor proporción de personas que declaran ser de religión sij, y muchas personas que se identifican como cristianas (Office for National Statistics 2022). El Noroeste tiene una alta proporción de personas que se identifican como pertenecientes al grupo étnico pakistaní y como musulmanas (Office for National Statistics 2022). Las personas participantes reflejaban la diversidad de las regiones geográficas incluidas en la muestra, con representación de la etnia británica/surasiática.
Tabla 1 — Características demográficas de la muestra
Número de participantes (N = 22).
La guía de los grupos focales se elaboró a partir de la literatura. Las preguntas eran abiertas y no enjuiciadoras, para favorecer relatos auténticos de las personas participantes (Charmaz 2006). Como control de credibilidad (Elliott et al. 1999), la guía se revisó con una persona cuidadora racialmente marginada, con un dominio limitado del inglés, que había completado la MST. Se utilizó un nivel parcial de moderación para orientar la discusión.
Antes de los grupos focales, se comunicó el tema general a las y los profesionales que habían dado su consentimiento, para aprovechar al máximo el tiempo compartido (McLeod 2011). Se celebraron siete grupos focales en las sedes de los equipos, cada uno con entre dos y cinco participantes y una duración aproximada de 75 min; se grabaron en audio y se transcribieron literalmente.
Se eligió la versión socioconstruccionista de la teoría fundamentada de Charmaz (2006) por ser la más adecuada para mostrar una separación respecto de los relatos y las ideas existentes. Una comprensión de los procesos terapéuticos inscrita en un marco cultural occidental puede pasar por alto o representar de forma errónea las experiencias de las familias racialmente marginadas. Esto es aún más cierto en el caso de quienes no hablan inglés o encuentran dificultades en la implicación y el tratamiento. La teoría fundamentada de Charmaz (2006) facilita la reflexión sobre la huella de quien investiga, así como la consideración de las realidades superpuestas de cada parte implicada: supervisión, terapeuta, intérprete, persona cuidadora y persona joven. En relación con ello, la terapia sistémica, alineada con los principios socioconstruccionistas, pone de relieve el papel del poder a través de los sistemas.
La codificación inicial se utilizó para dividir los datos en segmentos línea por línea mediante gerundios, a fin de garantizar que el análisis siguiera guiado por los datos (Charmaz 2006). Los códigos iniciales más frecuentes o significativos se utilizaron para sintetizar y explicar segmentos de datos más amplios (códigos focalizados), antes de que emergieran los conceptos. Solo se conservaron los datos relacionados con la cultura, la etnicidad o la raza. Las comparaciones entre códigos, conceptos y casos llevaron a revisar los datos anteriores y las ideas emergentes.
Todas las transcripciones fueron codificadas por la primera persona firmante. La transcripción de un grupo focal fue codificada de forma independiente por toda la autoría, con un acuerdo sustancial. La segunda y la tercera personas firmantes aportaron un control de credibilidad revisando los códigos teóricos y el modelo, y comentando su coherencia, su claridad y su formulación.
Se consultó a una persona participante y a una persona usuaria de la MST sobre los códigos teóricos, y ambas coincidieron en que los temas reflejaban a grandes rasgos su experiencia. Strauss y Corbin (1998) señalan que el modelo final puede no ajustarse perfectamente a la experiencia de cada participante, pero debe resultar reconocible y aplicable.
La primera persona firmante es británica de origen surasiático, inmigrante de segunda generación del norte de Inglaterra. El desarrollo del proyecto se nutrió en gran medida de sus experiencias de crecimiento. Comprender los efectos en la salud mental y en las relaciones de vivir en tensión entre dos culturas, a menudo profundamente opuestas, tenía una resonancia personal para quien firma en primer lugar. Del mismo modo, ver a muchos hombres jóvenes pakistaníes y bangladesíes de la comunidad local emprender un camino hacia la delincuencia y la mala salud mental suscitó un fuerte vínculo emocional con el trabajo. Sus experiencias en relación con la justicia social, la cultura y la identidad orientaron la investigación. Esta posición se examinó periódicamente, y la mirada crítica adoptada por la segunda y la tercera personas firmantes fue especialmente útil para gestionar el proceso de investigación. La segunda y la tercera personas firmantes son blancas británicas, viven en regiones de Inglaterra con poblaciones diversas y conocen la sobrerrepresentación de las minorías étnicas en el sistema de justicia penal y algunas de las dificultades para acceder a intervenciones basadas en la psicología. La autoría no pretendía emprender un proceso hermenéutico de dar sentido a las experiencias de las personas participantes en su trabajo con familias racialmente marginadas, pero estaba abierta a las discusiones sobre cultura e identidad, participaba en ellas y era consciente de los problemas que plantea la aplicación intercultural de modalidades terapéuticas occidentales. A lo largo de todo el proceso de investigación, la autoría procuró ser consciente de su propia posición y de cómo esta podía influir en el análisis y la interpretación de los datos.
Se generaron diez códigos teóricos, compuestos por códigos focalizados e iniciales (véase la tabla 2). El modelo de teoría fundamentada de los factores que influyen en la implicación y el cambio de las familias racialmente marginadas, desde la perspectiva de profesionales de la MST, se presenta en la figura 1. Los procesos de implicación y de cambio no eran distintos, ya que los códigos teóricos que emergieron (con la excepción del acceso) eran pertinentes para ambos procesos. La implicación constituía la base sobre la que construir el cambio, pero la relación era interdependiente y bidireccional, de modo que el trabajo realizado en el tratamiento podía reforzar o debilitar la implicación.
Tabla 2 — Factores asociados a la implicación y al cambio al aplicar la MST con familias racialmente marginadas
Para cada código teórico: códigos focalizados, con ejemplos de códigos iniciales entre paréntesis.
Antes de la derivación
Entrada en el servicio
Inicio del tratamiento
Durante el tratamiento

«Acceder a la MST», «la relación de la familia con la ayuda» y «construir una relación terapéutica» parecían determinantes para sentar las bases de la implicación al entrar en el servicio y al iniciar el tratamiento. A partir de esta base y una vez en tratamiento, emergieron como consideraciones importantes la conceptualización de «la estructura y el funcionamiento familiares», de «la identidad y la aculturación» y de «el contexto familiar desempoderado». Estos factores constituían el contenido y las dificultades del trabajo realizado por terapeutas que actuaban como «puente cultural», y el proceso de cambio se iniciaba siempre que hubiera una implicación activa. Los procesos recíprocos situados en el centro incluían la conceptualización del contexto familiar desempoderado, que sustentaba los intentos de «empoderar el sistema familiar». En el caso de las familias que no hablaban inglés, era necesario tener en cuenta el poder y el idioma en «el trabajo con intérpretes» para determinar los avances. Los datos mostraron que la relación de la familia con la ayuda y la relación terapéutica constituían el telón de fondo de una implicación y un cambio eficaces.
Existen similitudes con las teorías fundamentadas que modelizan las perspectivas sobre la MST de jóvenes de segunda generación (Bunting et al. 2021) y de personas cuidadoras racialmente marginadas (Fox et al. 2017). En concreto, que las familias se sientan comprendidas culturalmente por una persona terapeuta respetuosa, contar con terapeutas que actúen como «puente cultural» para contextualizar la conducta de la persona joven dentro de la cultura dominante y apoyar a la persona joven para que desarrolle su propia identidad cultural singular. Aquí solo se presenta en detalle el material que amplía la investigación previa.
Las personas participantes reconocían que las familias racialmente marginadas estaban infrarrepresentadas en los servicios de MST del Reino Unido —«para empezar, no nos llegan las derivaciones» (part. 21, grupo 7)— y que esto podía deberse a «cómo perciben los servicios sociales a las familias… no las ven como adecuadas» (part. 14, grupo 5). Construir relaciones y vínculos con la comunidad local permitió superar un problema de escasa accesibilidad y condujo a un aumento de las derivaciones.
El racismo sistémico parecía afectar a las familias racialmente marginadas a lo largo de toda su experiencia de la MST, hasta el punto de que se decía de algunas familias que eran «antiprofesionales» (part. 17, grupo 6). Las y los profesionales describían familias que se sentían «defraudadas por el sistema» (part. 11, grupo 4) y una hostilidad prolongada con la policía y los servicios sociales. Esta falta de confianza se consideraba determinante en la reticencia de las familias racialmente marginadas a compartir información y a implicarse plenamente en el proceso:
Recuerdo que cuando estábamos haciendo un genograma y explorando a los miembros de la familia, era como «bueno, ¿y por qué necesitas saber de ese familiar?, ¿por qué necesitas saber de la tía y el tío… y dónde viven y ese tipo de cosas?», lo ven como algo bastante intrusivo […] ¿por qué necesitas saber de x, y y z?» (part. 2, grupo 1)
La etnicidad de quien ejerce la terapia también se analizó en relación con la implicación: «Está bastante enfadada con su madre por trabajar con gente blanca… ve a la gente blanca como parte del sistema… son sus profesores… son sus trabajadores sociales, y son la policía […] “o sea, ¿por qué traes a esta gente blanca a nuestra casa?”» (part. 16, grupo 6).
Se percibía que las actitudes hacia la búsqueda de ayuda dentro de las comunidades estaban moldeadas por valores culturales de privacidad que chocaban con el enfoque de la MST; para algunas personas profesionales, las visitas a domicilio eran estigmatizantes y la MST resultaba intrusiva.
El énfasis de la MST en la implicación —«hacer lo que haga falta»— llevaba con facilidad a tener en cuenta la cultura y la importancia de estar en sintonía con la falta de confianza en el sistema y de responder a ella: «… nos llevó unas buenas 12 semanas cruzar la puerta… y creo que fue por la determinación del terapeuta y por cómo tuvo realmente en cuenta los orígenes de la familia […] otros servicios habrían tirado la toalla» (part. 22, grupo 7).
Quienes ejercían la terapia pensaban que la similitud étnica con las familias favorecía una mejor sintonía gracias a la comprensión y el respeto mutuos. Muchas personas reconocían que las familias pensaban que terapeutas de otro origen no podían comprender su experiencia. A la inversa, se reconocía que la diferencia podía favorecer una actitud de curiosidad «sin conocimiento presupuesto» (part. 16, grupo 6), atenuar los juicios según criterios culturales y evitar alinearse con la persona joven o con madres y padres. En las familias mixtas, una terapeuta perteneciente a una minoría étnica reflexionaba: «Sentí de verdad que la dinámica de la relación cambiaba cuando la madre [blanca] estaba presente. No sé si pensaba… que era una amenaza o se sentía juzgada por sentirse de algún modo excluida de ese aspecto de su familia, sobre todo cuando hablas de cuestiones relacionadas con la cultura» (part. 7, grupo 3).
Las estructuras familiares tradicionales —padres responsables de la toma de decisiones y madres de la crianza, autoritarias, con expectativas estrictas respecto de sus hijas e hijos— dificultaban la alineación de las figuras parentales en el modelo de la MST: «La madre dijo claramente “no soy británica… y quería dejar claro que ‘no soy británica y tú intentas que lo mime, por así decirlo’”, así que había un choque evidente…» (part. 4, grupo 2).
Las y los profesionales observaban que madres y padres se remitían a su propia educación, lo que creaba una brecha generacional y cultural descrita como «en cierto modo un espejo [de] lo que la persona joven está viviendo» (part. 13, grupo 4). Madres y padres parecían vivir una amenaza para su identidad cultural:
La madre estaba muy enfadada con el sistema en el Reino Unido […] y dijo: «mi madre podía…», refiriéndose básicamente al castigo físico… «pero yo aquí no puedo hacer nada, no tengo ningún poder, no puedo hacer nada, no puedo hacer nada… el sistema se pondrá del lado del niño y la que se meterá en problemas seré yo»… (part. 4, grupo 2)
Las personas participantes describían lo difícil que les resultaba mantener el equilibrio entre respetar la cultura y poner en marcha el cambio: «Acabamos enfrentados… es como si te quedaras bloqueado y te dijeran “no, en nuestra familia las cosas no funcionan así, eso no lo vamos a hacer”…» (part. 8, grupo 3). Quienes ejercían la terapia también tenían presentes la privacidad, la vergüenza y el secreto como obstáculos a la implicación, vinculados al estigma de trabajar con profesionales.
Las y los profesionales constataban que las diferencias de aculturación entre madres y padres y jóvenes, a menudo relacionadas con las conductas que motivaban la derivación, generaban conflictos familiares. Las conductas consideradas culturalmente inaceptables, como el consumo de alcohol y drogas, dejaban a madres y padres con sentimientos de vergüenza y resentimiento. A la inversa, las personas jóvenes parecían enfadadas con sus madres y padres y avergonzadas de ellos: «… si la madre o el padre no habla inglés… en las reuniones… las y los jóvenes se quedan ahí sentados mirando furiosos a sus padres, o… puede que les haga gracia que sus padres no parezcan entender las cosas o no puedan comunicarse con trabajadores sociales o con el profesorado» (part. 1, grupo 1).
Las personas participantes también hablaban de jóvenes «desgarrados» (part. 17, grupo 6), que tenían que «negociar» (part. 3, grupo 2), algo con lo que muchas personas terapeutas negras y asiáticas podían identificarse. Algunas se preguntaban si las dificultades identitarias llevaban a jóvenes a integrarse en bandas.
En algunas familias mixtas, la identidad de la persona joven estaba intrínsecamente ligada al contexto familiar, y la etnicidad de quien ejercía la terapia se entrecruzaba con esa dinámica:
[La] chica era mestiza, pero vivía en una familia totalmente blanca, y surgió este tema del pelo y de los productos para el pelo, porque los niños tenían pelo afrocaribeño… y era curiosa la dinámica que tenían conmigo la madre y los abuelos, que pensaban que yo de algún modo… sabía más que ellos, pero en el mal sentido. Decían «el tipo de pelo no debería importar… eso a nosotros no nos importa, no lo vemos como un problema»» (part. 7, grupo 3)
Además de moldear la relación de la familia con la ayuda, el racismo sistémico afectaba a la persona joven y generaba una sensación de desencanto, en la que el cambio parecía inútil, «hagan lo que hagan, salen perdiendo» (part. 15, grupo 5): «La policía se cebó con ese chaval más que con cualquier otro con el que haya trabajado… No sabemos cómo le ha afectado eso» (part. 3, grupo 2).
Era importante facilitar conversaciones sobre las cuestiones de aculturación que generaban tensión en la familia, incluyendo a la persona joven en las sesiones y promoviendo la comprensión entre figuras parentales de etnicidades diferentes:
[El padre] se consideraba kurdo, y se había enfrentado a bastante racismo en su vida… y creo que lo mejor que sacó de la MST… fue poder hablar mejor con su mujer, que era blanca británica, sobre esas cuestiones… y sobre cómo le afectaban en su forma de ejercer la paternidad. (part. 20, grupo 7)
Adoptar una posición neutral junto a la familia ayudaba a veces a superar las diferencias de valores. Las y los terapeutas utilizaban la investigación y las medidas de resultado para mostrar los progresos a madres y padres, y decían trabajar dentro del marco de la cultura de la familia:
Se trataba de no desestimar su estilo de crianza ni esas tradiciones, sino de intentar adaptarlas […] ella decía… «no me respeta, ningún respeto»… él no hacía enseguida lo que la madre le pedía. Había una pequeña discusión… chocaban… y luego, un par de minutos después, lo hacía, y yo lo llamé «respeto diferido», «mira, fíjate, te está mostrando.
respeto diferido», y ella y él se aferraron de verdad a esa expresión»» (part. 10, grupo 4).
Las personas participantes empoderaban a las familias ayudándolas a hacerse oír y a comunicarse con eficacia, y poniéndolas en contacto con otras personas profesionales cuando era necesario: «cómo funciona el sistema de servicios sociales, cómo funcionan los servicios en el Reino Unido y qué servicios había disponibles… ayudarles a entender a qué reunión se esperaba que asistieran… qué debían hacer para prepararse» (part. 2, grupo 1). Sin embargo, la falta de confianza y el miedo minaban la disposición de las familias a recurrir al sistema policial: «La madre no llamaba a la policía cuando el chico desaparecía… Me contaba todas estas experiencias, diciendo algo como “no somos ingleses, no harán nada por nosotros”» (part. 19, grupo 6). Cuestionar las prácticas opresivas también tenía efectos efímeros: «era increíble cómo el director cambiaba de perspectiva cuando yo estaba allí… pero en cuanto yo no estaba, volvía a lo de antes, así que, ya sabes, ¿qué poder tienes en esa situación?» (part. 5).
Algunas personas participantes reflexionaban sobre el desequilibrio de poder: los padres hablaban inglés, traducían y tenían el poder, mientras que las madres, que se ocupaban activamente de la crianza, no lo hablaban. Quienes ejercían la terapia se encontraban, sin quererlo, alineándose con la figura parental que hablaba inglés y apoyándose en ella, con lo que excluían a la que no lo hablaba. Era difícil implicar a figuras parentales comprometidas con la crianza cuando existía una barrera lingüística:
Conseguir un traductor durante el día para trabajar con la madre, y luego esperar que la madre transmitiera ese mensaje [al padre], no funcionó realmente… porque además había un gran desequilibrio de poder […] así que, aunque trabajábamos con la madre e intentábamos llegar a ella, en cierto modo no conseguíamos llegar. (part. 8, grupo 3)
Las sesiones en el domicilio familiar con intérprete generaban dinámicas poco útiles, en las que las familias se sentían juzgadas. Por ejemplo, «era un intérprete… hombre, y la madre y la hermana mayor sintieron que les hablaba con condescendencia» (part. 5, grupo 2) y «las familias pueden estar bastante nerviosas porque puede que les conozcan de su comunidad» (part. 9, grupo 4) ponen de relieve las consideraciones de género y de comunidad cercana en la gestión de la vergüenza. Sin embargo, la capacidad de respuesta de la MST (gestión de situaciones de crisis, sesiones con poca antelación) hacía que a menudo no hubiera intérpretes disponibles. Familiares hacían de traductores, pero las personas participantes eran conscientes de los conflictos de intereses, y las cuestiones de protección resultaban difíciles de abordar en ese contexto. Aun así, quienes ejercían la terapia consideraban que recurrir a un familiar como intérprete, en las circunstancias adecuadas, resultaba útil:
la hija traducía […] Se había criado como británica, así que entendía culturalmente desde dónde hablábamos, pero también sabe lo que dice su cultura y puede verlo también desde ese punto de vista… entendía desde dónde hablaban sus padres (part. 7, grupo 3)
Esta investigación tenía como objetivo explorar las perspectivas de profesionales (terapeutas y responsables de supervisión) sobre los factores relacionados con la implicación y el cambio en la MST de las familias racialmente marginadas en Inglaterra. En los 10 códigos teóricos se observaron similitudes con las teorías fundamentadas que modelizan las perspectivas sobre la MST de jóvenes de segunda generación (Bunting et al. 2021) y de personas cuidadoras racialmente marginadas (Fox et al. 2017), pero las perspectivas de profesionales ampliaron esa comprensión.
Los sesgos de profesionales que pueden derivar familias a la MST se identificaron como una posible barrera de acceso. Esto concuerda con las disparidades raciales en la detección y la oferta de apoyo en salud mental a jóvenes en conflicto con la ley (Spinney et al. 2016): los problemas de salud mental tienen menos probabilidades de reconocerse en la juventud negra (Dalton 2009), y la conducta delictiva y criminal de la juventud racialmente marginada se considera poco susceptible de intervención (Mansion and Chassin 2016). La falta de acceso se suma a la desventaja que ya sufren las personas jóvenes racialmente marginadas (y las personas cuidadoras) y aumenta el riesgo para su desarrollo (Baglivio and Epps 2016), lo que perpetúa un ciclo de desigualdad en salud.
La desconfianza cultural y el racismo sistémico influían en la implicación de las familias en la MST y acentuaban el miedo en las familias, que no estaban dispuestas a recurrir a la policía ni a compartir información (por ejemplo, da Silva Rebelo et al. 2018). Los resultados concuerdan con Bunting et al. (2021), que identificaron sentimientos de marginación social en la juventud, pero los resultados obtenidos aquí sugieren que los efectos del racismo sistémico pueden ser más inmediatos y profundos como consideraciones para la MST. En línea con Mulvey (2010), las personas participantes señalaron la importancia de estar en sintonía con la falta de confianza en el sistema y procuraban empoderar a las familias para que se desenvolvieran en los sistemas y cuestionaran el racismo, actuando como defensoras cuando era necesario. Sin embargo, los resultados obtenidos aquí ponen de relieve el papel de terapeutas de MST que «hacen lo que haga falta» para comprender a las familias, implicarlas y apoyarlas, y que tienen presente la similitud o la diferencia étnica entre terapeuta y cada familia para favorecer la construcción de la confianza y la implicación en la MST. Recurrir a la educación, la reflexión y la formación para que quienes ejercen la terapia adquieran destreza en facilitar conversaciones que ayuden a las familias a situar sus experiencias en el contexto social e histórico puede representar una oportunidad para desarrollar prácticas antirracistas explícitas en la MST.
Las diferencias de valores culturales emergieron con fuerza en esta investigación, pero menos en Bunting et al. (2021) y Fox et al. (2017), lo que podría deberse a que sus muestras solo incluían a personas nacidas en el Reino Unido o residentes en él desde hacía al menos 10 años, probablemente más habituadas a la cultura individualista británica. Las personas participantes reflexionaron sobre la dificultad de equilibrar el respeto a la cultura familiar y el impulso del cambio. Esto remite a un debate más amplio entre relativismo cultural y absolutismo cultural: el derecho a ser diferente frente al derecho a una protección igual frente al daño. Sawrikar y Katz (2014) sostienen que, para moverse eficazmente entre estos polos, hay que formar al personal sobre los riesgos asociados a cada uno. Inclinarse demasiado hacia el absolutismo cultural es ser «ciego al color» y supone el riesgo de avergonzar a las familias al ver problemas que pueden explicarse por la diferencia cultural (por ejemplo, percibir una disciplina más estricta como maltrato infantil). A la inversa, el relativismo cultural conlleva el riesgo de no intervenir y de perpetuar el daño, al atribuir los problemas a la diferencia cultural. Lo delicado de estos juicios se pone de manifiesto al considerar el contexto existente: muchas familias ya se sienten culpabilizadas a raíz de su contacto con los servicios de protección de la infancia (Cunningham and Henggeler 1999), mientras que otras pueden intentar proteger su herencia y su identidad cultural de los ataques en un país de acogida hostil (McGoldrick and Hardy 2008).
Al igual que en Fox et al. (2017) y Bunting et al. (2021), la figura de terapeuta como «puente cultural» era importante y, en este estudio, se consideraba que atenuaba la experiencia de culpabilización. Sin limitarse al papel de contextualizar la conducta de un niño o una niña dentro de la cultura británica, este estudio subrayó la importancia de trabajar dentro del marco de la cultura de la familia y de ser coherente con las estructuras de autoridad y los roles existentes.
El recurso a intérpretes planteaba dificultades, entre ellas la pérdida de comunicación y las inexactitudes (por ejemplo, Bauer and Alegría 2010), pero también posibles barreras a la implicación cuando las familias percibían un juicio procedente de su propia cultura. Algunas personas terapeutas señalaron que recurrir a familiares (distintos de madres y padres) como intérpretes podía ser beneficioso para mediar entre culturas y generaciones diferentes, en consonancia con investigaciones que no indicaban diferencias en los resultados al recurrir a intérpretes profesionales o familiares en la MST (van der Rijken et al. 2016). No obstante, se plantearon reservas sobre la ética y los riesgos de recurrir a jóvenes como intérpretes, y se sabe que las personas jóvenes que interpretan para sus familias sienten el gran peso de tener que ayudarlas a adaptarse y a desenvolverse en la comunidad de acogida (Morales et al. 2012).
Además, se consideraba que el dominio del inglés dentro de la familia —a menudo con padres que lo hablaban con más fluidez que las madres— acentuaba la discordia sistémica y los aspectos poco útiles de la jerarquía, y afectaba negativamente al estilo de coparentalidad. Preocupa especialmente la influencia de terapeutas monolingües que consolidan diferencias de poder dentro de familias multilingües, lo que dificulta la participación de toda la familia (Ali 2004). Softas-Nall et al. (2015) sugieren que es esencial que terapeutas monolingües recurran a intérpretes de forma sistemática y hablen del papel y la función del idioma y del multilingüismo dentro de la familia, incluidos sus efectos en la terapia. Terapeutas bilingües o biculturales podrían aliviar algunas de estas dificultades, pero es poco probable que esto sea viable en equipos de MST pequeños y en zonas donde viven personas de numerosas etnicidades y culturas (como refleja el muestreo de esta investigación).
Las y los profesionales de la MST participaron de forma voluntaria y pueden haber procurado evitar juicios negativos sobre su trabajo o su competencia. Aunque es importante considerar la influencia de la blanquitud —la ventaja estructural y la interiorización de la cultura blanca como norma— en el silenciamiento de las personas participantes racialmente marginadas, el estudio logró reunir seis grupos focales étnicamente diversos, lo que probablemente redujo las disparidades de poder basadas en la raza.
Otra limitación es el supuesto de que las personas racialmente marginadas constituyen un grupo homogéneo. La variación cultural y étnica en Inglaterra y en las regiones incluidas en esta investigación es enorme; las distintas culturas están sujetas a estructuras de poder social y político diferentes, que probablemente determinan respuestas igualmente variadas a la MST. Sin embargo, este estudio se adhiere a la idea de que las minorías étnicas de las sociedades occidentales comparten una identidad social y política (Bhui et al. 2007) necesaria para trabajar hacia un objetivo común: reducir la desigualdad en la atención en salud mental.
Se necesitan más estudios cuantitativos para documentar las tasas de acceso y de abandono de las familias racialmente marginadas en la MST. Para seguir mejorando la práctica, sería útil una investigación cualitativa que explore cómo se implican en la MST las familias que no hablan inglés y cómo se aborda la competencia cultural en el contexto de la relación entre terapeuta y supervisión.
El modelo resultante de esta investigación debería orientar la implementación y la práctica en las distintas etapas del recorrido de la familia por la MST. En lo que respecta a las dificultades de acceso a la MST y a la relación de la familia con la ayuda, la MST UK&I Network partnership puede trabajar con sus entidades asociadas de prestación de servicios para abordar los obstáculos a la derivación de familias racialmente marginadas. Desde entonces, la red ha desarrollado una formación específica para todos los equipos sobre el trabajo con familias de orígenes culturales diversos. Esta formación tiene en cuenta los temas que se han generado en torno a la implicación y el cambio. Todos los equipos están obligados a completarla. También se ha creado un grupo de trabajo sobre igualdad y diversidad, con representación de la MST Network Partnership y de entidades prestadoras de servicios de orígenes étnicos diversos. Este grupo pretende abordar los temas planteados en esta investigación y responder a ellos con un plan de acción claro.
Al recurrir a un diseño de grupos focales para explorar las experiencias de profesionales de la MST que trabajan con familias racialmente marginadas, este estudio obtuvo resultados que ponen de relieve el papel central del poder, la diferencia cultural y el idioma en la configuración de la implicación y el cambio. Muchos de los resultados se apoyan en intervenciones y prácticas de la MST individualizadas según las necesidades de cada familia, en las que el modelo está en sintonía con la implicación de grupos marginados con necesidades complejas. Este estudio incorpora al modelo de la MST detalles culturales y precisiones sobre cómo trabajar con las minorías étnicas. Documentar las consideraciones culturales representa un término medio adecuado entre el relativismo cultural y el absolutismo cultural: la diversidad social y cultural se valora junto con los beneficios de prácticas universales para proteger el bienestar de la familia.
Complexe Systémique: puntos clave
El mérito del estudio es desplazar la pregunta de la eficacia a la implicación: antes de preguntarse si la MST funciona con las familias racialmente marginadas, hay que preguntarse si entran en ella y en qué condiciones se quedan. Las y los profesionales describen una desconfianza que nada tiene que ver con una resistencia individual: se hereda de encuentros fallidos con la policía, la escuela y los servicios sociales, hasta el punto de que el propio genograma puede vivirse como un interrogatorio. De ahí una lectura decididamente sistémica, que integra el contexto institucional en el problema presentado. Dos puntos atañen directamente a la clínica. El idioma redistribuye el poder dentro de la familia: al apoyarse en la figura parental que habla inglés, a menudo el padre, quien ejerce la terapia puede dejar de lado sin quererlo a la que se ocupa de la crianza cotidiana, a menudo la madre. Y la tensión entre respetar la cultura y proteger al niño o la niña no se resuelve de una vez por todas: hay que trabajarla caso por caso, dentro del marco de la familia. Límites: quienes hablan son profesionales, no las familias, y participaron de forma voluntaria. Para leer junto con el artículo sobre cómo las personas terapeutas racializadas desarrollan sus competencias multiculturales y el artículo sobre la interseccionalidad en terapia familiar.
Notas del original
Agradecimientos. La autoría desea dar las gracias a las personas participantes y a Georgia Merchant por la lectura de los borradores.
Conflicto de intereses. Una de las personas firmantes de este artículo es también consultora de MST y trabaja estrechamente con algunos de los equipos a los que se propuso participar en la investigación. Las entrevistas se anonimizaron antes de que esta persona tuviera acceso a ellas.
Referencias
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Traducción no oficial al español de Practitioner Experiences of Working With Racially Marginalised Families in England Using Multisystemic Therapy, de Nadia Khan, Simone Fox y Emily Glorney, Journal of Family Therapy, vol. 47, n.o 3 (2025), doi: 10.1111/1467-6427.70000, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido; prevalece la versión original.
El original es el artículo «Practitioner Experiences of Working With Racially Marginalised Families in England Using Multisystemic Therapy», publicado en Journal of Family Therapy (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Khan, N., Fox, S., y Glorney, E. (2025). Practitioner Experiences of Working With Racially Marginalised Families in England Using Multisystemic Therapy. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/practitioner-experiences-of-working-with-racially-marginalised-families-in-england-using-multisystemic-therapy (Obra original publicada en 2025 en Journal of Family Therapy, 47(3), e70000 (2025); republicada en 2025 por Journal of Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/1467-6427.70000)
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