Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Children · Familia
Incluso antes del nacimiento, madres y padres imaginan a su bebé y se piensan a sí mismos como figuras parentales. Un equipo de la Universidad Sapienza de Roma ha revisado 28 estudios sobre estas representaciones, desde el embarazo hasta el final del primer año: las representaciones equilibradas van de la mano de la función reflexiva y del apego seguro; las distorsionadas o desvinculadas, de la depresión, las dificultades y el aislamiento. Los padres, las parejas y la diversidad familiar siguen, sin embargo, poco estudiados.
Traducción no oficial al español de Understanding Parental Representations Across the Perinatal Period: A Systematic Review of Empirical Findings and Clinical Implications, de Renata Tambelli, Ludovica Del Proposto y Francesca Favieri, publicado en Children (MDPI) (2025), doi: 10.3390/children12081051, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas (las celdas combinadas de la tabla 3 se reproducen como pares encabezado–valor); las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Las representaciones mentales parentales no son estáticas, sino dinámicas y susceptibles de cambiar con el tiempo, sobre todo a medida que madres y padres se implican en experiencias directas de cuidado.
Renata Tambelli, Ludovica Del Proposto y Francesca Favieri
Resumen
Contexto/Objetivos: Las representaciones mentales parentales desempeñan un papel crucial en la configuración de las primeras relaciones parentofiliales, en particular durante el período perinatal. Estos modelos internos influyen en las conductas de cuidado, en la sintonía emocional y en la transmisión intergeneracional del apego. La presente revisión sistemática pretende colmar esta laguna examinando la naturaleza de las representaciones mentales tanto maternas como paternas en el período perinatal (que abarca el embarazo y el primer tiempo posnatal), con especial atención a la función reflexiva, y describiendo las variables en las que influyen estas representaciones. Métodos: Siguiendo las directrices PRISMA, se identificaron los estudios revisados por pares que cumplían los criterios mediante una búsqueda bibliográfica exhaustiva en las principales bases de datos científicas (Scopus, Web of Science, PsychArticle/PsycInfo). Se llevó a cabo una evaluación cualitativa y una descripción detallada. Resultados: En total, se seleccionaron y analizaron 28 estudios. Los hallazgos muestran que, si bien las representaciones tienden a organizarse en torno a dominios psicológicos compartidos —como las expectativas respecto al bebé, la identidad parental y la relación anticipada—, existe una heterogeneidad considerable en la manera en que se conceptualizan y se miden de un estudio a otro. Factores de riesgo como la depresión materna, el escaso apoyo social y las experiencias vitales adversas se asociaron de forma sistemática con representaciones desvinculadas o distorsionadas, mientras que las representaciones equilibradas se asociaron con una mayor FR, con la disponibilidad emocional y con contextos relacionales protectores. Conclusiones: En conjunto, la revisión pone de relieve la pertinencia clínica de evaluar las representaciones mentales parentales y la FR durante el período perinatal, y sugiere que unas intervenciones tempranas y específicas pueden aumentar la sensibilidad parental y favorecer vínculos seguros entre las figuras parentales y el bebé. La investigación futura debería adoptar modelos teóricos integrados, incluir configuraciones familiares diversas y evaluar la eficacia de programas preventivos que apoyen representaciones reflexivas y adaptativas.
Aspectos destacados
¿Cuáles son los principales hallazgos?
¿Cuál es la implicación del hallazgo principal?
Palabras clave: representación mental parental, función reflexiva, relación diádica, interacción entre figura parental y bebé
Las representaciones mentales parentales desempeñan un papel fundamental en la configuración de la naturaleza y la calidad de la relación parentofilial [1]. Desde que Bowlby introdujo el concepto de modelos operativos internos [2], se ha prestado una atención creciente a la manera en que madres y padres representan mentalmente a sus hijos e hijas [3]. El embarazo y, en general, el período perinatal son momentos significativos durante los cuales las figuras parentales empiezan a formar y luego a desarrollar estas representaciones del bebé, iniciando un proceso psicológico que facilita su individuación y su paso de una presencia interna e imaginada a una presencia real y externa [4]. El período perinatal designa una ventana de desarrollo crítica, que abarca desde el embarazo hasta el primer año posparto y se caracteriza por un profundo cambio biopsicosocial tanto para las figuras parentales como para el bebé: en él emergen la identidad parental, se establecen los primeros patrones de cuidado y se forman los vínculos parentofiliales fundacionales [3,4,5].
Este proceso concuerda con la distinción de Stern [5] entre dos mundos paralelos: la realidad objetiva del bebé y el ámbito subjetivo de las representaciones mentales parentales. Este último abarca no solo las interacciones reales, sino también —y quizá de forma más significativa— las fantasías, esperanzas, miedos, recuerdos y proyecciones de madres y padres acerca del futuro de su bebé. La investigación ha examinado el contenido y la estructura de estas representaciones, subrayando su importancia para comprender cómo las primeras experiencias de cuidado y las percepciones prenatales moldean las dinámicas relacionales futuras [1]. Los datos respaldan la idea de que tales representaciones influyen tanto en la calidad de la relación entre las figuras parentales y el bebé como en los resultados del desarrollo infantil [6].
Un componente central en el desarrollo de estas representaciones es la función reflexiva, definida como la capacidad de comprender las conductas y los estados mentales propios y ajenos [7]. La función reflexiva permite acceder a los recuerdos emocionales ligados a la propia historia de apego y afectiva y a las propias experiencias relacionales, y apoyarse en ellas para ofrecer al bebé una base relacional segura. Dado que las experiencias de apego están estrechamente vinculadas a la regulación del afecto, todo marco que pretenda comprender la seguridad del apego y su transmisión intergeneracional debe incorporar la mentalización afectiva como capacidad de reflexionar sobre las emociones y sobre su relación con las conductas [8].
Por lo tanto, la función reflexiva no solo sostiene la regulación afectiva y el apego seguro, sino que contribuye directamente a la formación y a la organización de las representaciones mentales parentales. Gracias a la capacidad de mentalizar, madres y padres pueden interpretar sus propias conductas y las del bebé en términos de pensamientos y sentimientos subyacentes, lo que enriquece y estructura la imagen interna que tienen del bebé. Esta postura reflexiva permite una representación más matizada, flexible y emocionalmente sintonizada, crucial para favorecer un cuidado sensible. En este sentido, la función reflexiva actúa a la vez como fundamento y como regulador dinámico de las representaciones parentales, lo que refuerza su importancia para el desarrollo desde el período prenatal [1,9].
Entre los aspectos de las representaciones parentales que se investigan con más frecuencia figuran las expectativas sobre la nueva identidad como madre o padre, las percepciones del bebé por nacer, los cambios de estilo de vida anticipados y las reacciones emocionales ante la futura relación parentofilial. Estas representaciones incluyen a menudo características parentales imaginadas (propias y de la pareja) y atributos proyectados en el bebé —tanto físicos como psicológicos—, sobre todo después de experiencias prenatales significativas como sentir los movimientos fetales o someterse a ecografías [4].
La mayoría de los estudios sobre representaciones mentales parentales se han centrado principalmente en las madres, y se ha dedicado mucha menos atención a las representaciones paternas. Y ello a pesar de la importancia de identificar las similitudes y diferencias entre las actitudes y conductas maternas y paternas, y sus respectivas influencias en el desarrollo infantil [10]. La investigación sobre la paternidad suele hacer hincapié en el bienestar paterno, el apego y la calidad de las interacciones entre el padre y su bebé [11,12,13,14,15,16,17,18,19,20]. Más recientemente, los estudios también han abordado el vínculo prenatal, la adaptación psicológica durante la transición a la paternidad y las expectativas y representaciones paternas [21,22,23].
Al explorar las relaciones parentales y parentofiliales, es esencial considerar cómo la transición a la parentalidad afecta a la identidad individual y diádica, a los niveles de estrés y a la adaptación psicológica [24]. En el centro de este proceso se encuentran el desarrollo de la identidad parental, la implicación emocional en el embarazo y la relación en evolución con el bebé por nacer. Igualmente importantes son la capacidad de la madre o del padre para imaginar al bebé, la calidad de las dinámicas de pareja y la capacidad de mentalizar los estados internos del bebé, que se expresa a través de la disponibilidad emocional, la sensibilidad y la capacidad de respuesta a necesidades y sentimientos imaginados [25,26].
Con el tiempo, los modelos teóricos de las representaciones parentales han evolucionado a la par que las concepciones de la maternidad y la paternidad. Estos modelos también han proporcionado una posible categorización de las principales representaciones mentales parentales, en función de su coherencia, su tono emocional y su estructura narrativa. Las representaciones equilibradas/integradas se caracterizan por la coherencia, la apertura emocional y una visión del bebé como individuo separado, con fortalezas y vulnerabilidades, con un temperamento y unas conductas propios. Las figuras parentales con una representación integrada expresan empatía y expectativas realistas, y pueden reflexionar tanto sobre los aspectos positivos como sobre los negativos de la relación [1,4,6].
En el polo negativo de la representación parental, que puede describirse como representación no equilibrada [22], encontramos representaciones distorsionadas, caracterizadas por la confusión y la rigidez, o por una idealización excesiva, que pueden incluir afirmaciones contradictorias o expectativas poco realistas. Encontramos también representaciones desvinculadas, expresiva y emocionalmente planas, que ofrecen una descripción superficial y carecen de detalles, a menudo marcadas por el distanciamiento emocional o por la minimización de la importancia del vínculo parentofilial. Como señala la revisión de Vreeswijk [6], estas tipologías son clínicamente pertinentes, ya que se ha demostrado que predicen distintos patrones de conducta de cuidado temprano y de apego infantil.
Sin embargo, pese al creciente volumen de investigación empírica, sigue faltando una síntesis exhaustiva que integre los hallazgos sobre las representaciones tanto maternas como paternas. Comprender las representaciones mentales parentales no solo es esencial para la investigación sobre el desarrollo, sino que también tiene implicaciones prácticas para la identificación temprana de dificultades en la crianza y para el diseño de intervenciones específicas destinadas a aumentar la sensibilidad parental y la mentalización, favoreciendo así el apego seguro y el bienestar emocional en la infancia [27]. La presente revisión sistemática pretende colmar esta laguna examinando la naturaleza de las representaciones mentales tanto maternas como paternas en el período perinatal, incluyendo estudios centrados tanto en la etapa prenatal (de la concepción al parto) como en la etapa posnatal (hasta 12 meses posparto), con especial atención a la función reflexiva, y describiendo las variables en las que influyen estas representaciones. Este enfoque nos permite captar la continuidad y la transformación de las representaciones mentales parentales a lo largo de un continuo del desarrollo que es esencial para comprender la salud relacional temprana.
Esta revisión sistemática se llevó a cabo de acuerdo con las directrices Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses (PRISMA) para el metaanálisis [28]. La búsqueda se realizó en las bases de datos Scopus, PsycArticles y PsycInfo con palabras clave relacionadas con la crianza y con las representaciones mentales maternas y paternas. Las cadenas de búsqueda y las bases de datos concretas se recogen en la tabla 1. Se buscaron todos los artículos originales publicados en revistas revisadas por pares hasta el 15 de mayo de 2025, sin ningún filtro de fecha. La búsqueda en las bases de datos y el registro de las referencias para la revisión sistemática se llevaron a cabo entre el 14 y el 15 de mayo de 2025.
Tabla 1 — Cadena y bases de datos de la búsqueda sistemática.
Los estudios incluidos en esta revisión sistemática examinaban las representaciones mentales de madres y padres. Los criterios de inclusión específicos fueron: (a) estudios con figuras parentales biológicas; (b) estudios en los que las entrevistas se administraron durante el embarazo y/o (c) en el período posnatal; y (d) estudios que emplearan instrumentos desarrollados y/o validados específicamente para evaluar las representaciones mentales parentales, tanto en su expresión equilibrada e integrada como en su expresión no equilibrada (es decir, pobre, distorsionada y desvinculada). Para garantizar un nivel de control adecuado y reducir la heterogeneidad, se excluyeron los estudios que (a) incluían a figuras parentales no biológicas (por ejemplo, familias adoptivas) o a madres y padres que habían recurrido a (b) la reproducción médicamente asistida o a la fecundación in vitro; (c) se centraban en familias de alto riesgo (es decir, en casos de adicción o de diagnóstico de salud física o mental que afectara a la figura parental o al bebé); o (d) incluían a madres y padres adolescentes. Por último, se excluyeron (e) las revisiones, los artículos teóricos y los resúmenes de congresos, así como (f) los estudios publicados en idiomas distintos del inglés o del italiano.
La selección de los datos y su posterior extracción se realizaron identificando los estudios mediante el cribado de títulos y resúmenes. De los artículos seleccionados se extrajo información sobre las personas participantes (género, edad, tamaño de la muestra), el período de evaluación (mes de gestación, período posparto), los instrumentos utilizados para evaluar las representaciones mentales parentales, las dimensiones investigadas, las variables psicológicas consideradas y, por último, los principales hallazgos.
Se examinó la calidad de cada artículo incluido en la fase final de la revisión sistemática. Esta evaluación se llevó a cabo mediante una adaptación de la herramienta de Higgins para el riesgo de sesgo [29,30], estructurada para evaluar el sesgo en los siguientes dominios: (I) sesgo de muestreo: la inclusión de conjuntos de datos pequeños, desequilibrados o incompletos, a menudo procedentes de poblaciones no representativas (por ejemplo, grupos culturales, étnicos o clínicos específicos), lo que limita la aplicabilidad de los hallazgos a la población general; (II) sesgo de método: el uso frecuente de instrumentos no estandarizados, no validados o ad hoc —como cuestionarios de elaboración propia o entrevistas sin una descripción suficiente— plantea dudas sobre la fiabilidad y la replicabilidad de los hallazgos; (III) sesgo de resultados: resultados poco claros o datos no explicados con claridad en la sección de resultados, análisis cualitativos o falta de información sobre el tamaño del efecto; (IV) sesgo de discusión: una elaboración mínima del foco principal del estudio, que debilita su valor interpretativo global.
Cada dominio se evaluó según el siguiente código: riesgo nulo o bajo = 0; riesgo medio = 1; riesgo alto = 2. Dos revisoras independientes (F.F., L.D.P.) evaluaron cada texto completo según las indicaciones recogidas en la tabla 2. Las discrepancias se resolvieron con la mediación de una tercera supervisora (R.T.). La calidad global de la revisión, teniendo en cuenta el porcentaje de estudios con riesgo de sesgo bajo, medio o alto, se presentó en un resumen gráfico (figura 1).
![Diagrama de flujo PRISMA [28].](/media/cms/dc/a1/433a16d2301a52d824cc2a9a0230.jpg)
Los diagramas de flujo recogen el proceso de búsqueda y de inclusión de las referencias. Tras la primera fase de cribado, 86 artículos fueron elegibles para la revisión del texto completo. Al final del proceso se excluyeron 58 artículos (véase la figura 1 para más detalles); la muestra final de este trabajo sistemático incluyó 28 estudios.
El análisis cualitativo empleado para identificar el riesgo de sesgo de cada estudio en los siguientes dominios —(i) muestreo, (ii) metodología, (iii) resultados y (iv) discusión— puso de manifiesto que el 96% de los estudios presentaba un riesgo de error bajo, mientras que el 3% (1/28) presentaba un riesgo de error moderado, lo que indica una buena calidad global de los estudios incluidos, sin ningún estudio con un riesgo de error alto. El análisis de los dominios reveló que el riesgo de sesgo moderado se debía principalmente a problemas en los dominios de muestreo y de metodología. Muchos equipos de investigación no aclararon suficientemente los criterios de inclusión de las personas participantes (por ejemplo, [31]), otros incluyeron muestras pequeñas o heterogéneas (por ejemplo, [4]) o no describieron explícitamente las características de las personas participantes (por ejemplo, [32]).
La muestra total de la revisión incluyó aproximadamente 8848 madres y padres, con tamaños muestrales que iban de 23 [4] a 1646 [31]. La gran mayoría de los estudios se centraron en las madres (66.54%), mientras que los estudios que incluían exclusivamente a padres representaron el 17.38%, y las parejas parentales se incluyeron en el 16.07% de los estudios. La edad de las figuras parentales oscilaba entre los 16 [33] y los 50 años [34], aunque no todos los estudios informaban claramente de este dato (véanse la tabla 2 y la tabla 3 para más detalles).
En conjunto, 19 de los 28 estudios emplearon entrevistas estructuradas y semiestructuradas [4,22,23,32,34,35,36,37,38,39,40,41,42,43,44,45]. En particular, 16 estudios [4,22,23,32,34,35,36,37,38,39,41,43,44,45,46,47] utilizaron herramientas validadas, como la Working Model of the Child Interview (WMCI) [48], la Interview of Maternal Representations during Pregnancy [Intervista sulle rappresentazioni materne in gravidanza (IRMAG)] [4], la Clinical Interview for Parents During Pregnancy [Colloquio per Genitori in Gravidanza (CGG)] [49,50], la Interview on Maternal Representations [51] y la Interview of Paternal Representations during Pregnancy [Intervista sulle rappresentazioni paterne in gravidanza] [36]. Por su parte, Delmore-Ko y su equipo [40], Ilicali & Fisek [42] y Madsen y su equipo [52] adoptaron herramientas ad hoc (es decir, The Prenatal Interview, Maternal Representations Interview y Father Attachment Interview).
Nueve estudios [31,33,53,54,55,56,57,58,59] utilizaron exclusivamente instrumentos de autoinforme. En concreto, emplearon el What Being a Parent of a New Baby is Like-Revised (WPL-R) [60], el Subjective Family Picture Test, The Pie [61], el Infant Characteristics Questionnaire (ICQ) [62], el Childbearing Attitudes Questionnaire [63], el Maternal Self-Definition Questionnaire (MSDQ) [64], el Representations of Unborn Baby (RUB-M) y el Child Concept Questionnaire [65]. Coleman y su equipo [33] (1999) también utilizaron una herramienta ad hoc, la Prenatal Maternal Expectations Scale (PMES), mientras que Gress-Smith et al. [54] y Pajulo et al. [56] utilizaron exclusivamente herramientas de autoinforme creadas ad hoc, en concreto la Prenatal Experiences Scale for Mexican Americans (PESMA), una versión adaptada de la PMES, y el Prenatal Parental Reflective Functioning Questionnaire (PRF-Q).
En general, todos los estudios incluidos en la revisión sistemática investigaron las representaciones mentales maternas y paternas antes del nacimiento, ya sea de forma longitudinal [23,31,33,34,35,39,40,41,45,46,47,52,53,57,58,59], para evaluar los cambios a lo largo del tiempo (por ejemplo, antes y después del parto), ya sea centrándose exclusivamente en las representaciones durante la fase prenatal [4,22,32,36,37,42,43,44,54,55,56].
Varios estudios exploraron las características de las representaciones mentales tanto maternas como paternas, mientras que otros consideraron su relación con otros constructos. Los apartados siguientes ofrecen una visión más profunda de los principales resultados de los estudios.
Durante el embarazo, madres y padres desarrollan representaciones mentales de sí mismos y de su bebé por nacer, esenciales para el vínculo y el cuidado [4]. Estas representaciones evolucionan a lo largo del embarazo y alcanzan su máxima complejidad hacia el séptimo mes [43]. En esta etapa, la mayoría de las madres tienen una identidad materna diferenciada, aunque la integración entre el yo como mujer y el yo como madre sigue en curso. Los padres también desarrollan modelos representacionales, moldeados en parte por la referencia social, es decir, el grado en que su identidad parental está influida por las expectativas de los demás [36].
La referencia social se correlaciona negativamente con la flexibilidad y la implicación emocional tanto en las madres como en los padres [4,36]. En concreto, en las madres, la referencia social se correlaciona negativamente con la apertura al cambio, lo que sugiere que las representaciones ancladas socialmente tienden a ser menos flexibles y adaptativas [4]. Del mismo modo, en los padres, la referencia social se asocia inversamente con la riqueza de la percepción, la implicación emocional, la apertura al cambio y la aparición de fantasías [36].
En las madres, las representaciones del bebé por nacer reflejan a menudo los rasgos de la pareja, mientras que, tras el nacimiento, las representaciones del bebé tienden a alinearse con la imagen que la madre tiene de sí misma [4,42]. Con el tiempo, las representaciones de sí, del bebé y de la pareja se diferencian, reflejando los procesos de formación de la identidad y de individuación [45]. En el período posnatal temprano, los estudios señalan aumentos graduales de la confianza materna en sí misma, de la búsqueda de información relacionada con el bebé y de la identificación con el embarazo. Estas tendencias sugieren que el embarazo sostiene un sentimiento creciente de independencia, de corporeidad y de anticipación de la realización en la maternidad [58]. Al mismo tiempo, se observaron disminuciones de las preocupaciones maternas, del interés sexual y de los sentimientos negativos relacionados con el cuidado del bebé, como la incomodidad ante la lactancia en público o la irritación por el desorden asociado a la crianza [58].
En los padres, las representaciones de sí mismos se correlacionan fuertemente con las representaciones del bebé en múltiples dimensiones [36]. Los padres con representaciones integradas tienen así una imagen mental del bebé más rica, más implicada emocionalmente, flexible, coherente e impregnada de fantasía. Al igual que en las tendencias maternas, las representaciones integradas/equilibradas fueron las más frecuentes, mientras que los tipos restringidos/desinvestidos y no integrados/ambivalentes fueron menos frecuentes [36,37].
Las representaciones maternas parecen mantenerse en gran medida estables a lo largo del tiempo, sobre todo en las madres con representaciones equilibradas [47]. En los padres se observa un patrón similar: quienes tienen representaciones no equilibradas tienden a mostrar mayores cambios después del nacimiento, mientras que las representaciones equilibradas se mantienen más estables [22].
La función reflexiva parental (FRP) está estrechamente relacionada con la calidad representacional. Una FRP prenatal baja se asocia con representaciones desvinculadas, mientras que una FRP posnatal alta predice representaciones equilibradas [32,35,44,56]. Sin embargo, aparecen incoherencias entre los estudios: algunas personas muestran una FRP alta junto con representaciones distorsionadas [35].
Las madres muestran de forma sistemática una función reflexiva más alta que los padres en los dominios relativos al bebé, a la relación de pareja y a sus propios padres y madres [44]. Los padres tienden a reflexionar menos sobre los estados mentales y sus implicaciones en la conducta. Tanto madres como padres muestran una mayor capacidad reflexiva cuando hablan del bebé que cuando hablan de su pasado o de su pareja.
Las madres primerizas superan a las madres con experiencia previa y a los padres a la hora de tener en cuenta los estados mentales y reconocer su variabilidad, aunque no aparece ninguna diferencia de género en el reconocimiento de la opacidad de los estados mentales [56]. Por último, la función reflexiva paterna está ligada al estilo de cuidado: una FRP baja se asocia con una implicación instrumental o distante, mientras que una FRP moderada o alta predice una parentalidad expresiva y emocionalmente comprometida [32].
Cuatro estudios han investigado las representaciones mentales parentales en muestras con y sin riesgo [31,34,37,55]. Ammaniti y su equipo [37] observaron que las madres en situación de riesgo —expuestas a la depresión, a un nivel socioeconómico bajo, a malos tratos y a un apoyo escaso— tenían menos probabilidades de desarrollar representaciones integradas/equilibradas y obtenían puntuaciones más bajas en dimensiones como la coherencia y la apertura al cambio. Pajulo et al. [55] señalaron igualmente que las madres en situación de riesgo tenían representaciones menos funcionales en varios dominios, sobre todo en lo relativo a su pareja, lo que refleja dificultades relacionales. Rusanen et al. [31] destacaron que las relaciones de apoyo favorecían expectativas prenatales más positivas, mientras que los síntomas depresivos —identificados como el factor de riesgo más fuerte— se asociaban con representaciones del cuidado más negativas. Curiosamente, un mayor nivel educativo materno y una menor edad también se asociaban con expectativas más negativas o incoherentes. Vreeswijk y su equipo [34] observaron que las representaciones equilibradas eran más frecuentes en las madres tras el nacimiento, mientras que los padres mostraban un aumento de las representaciones distorsionadas después del parto. Las representaciones maternas eran más sensibles al riesgo prenatal, y las familias en las que ambos miembros de la pareja tenían representaciones equilibradas presentaban, en conjunto, menos factores de riesgo [22,23,34].
Tres estudios examinaron la asociación entre las representaciones parentales y el apego infantil posterior, utilizando el procedimiento de la Situación Extraña (Strange Situation Procedure, SSP; [66]) [39,41,46]. Benoit et al. [39], con la Working Model of the Child Interview (WMCI; [48]), observaron que las representaciones equilibradas durante el embarazo se asociaban fuertemente con un apego seguro a los 11 meses. Esta continuidad predictiva se observó en las categorías equilibrada y distorsionada, pero no en la desvinculada. Huth-Bocks et al. [41] confirmaron esta asociación y mostraron que las representaciones maternas estaban más influidas por los factores de riesgo prenatales —como los riesgos demográficos y la violencia doméstica— que por el propio resultado en términos de apego. Las representaciones maternas de sí mismas estaban estrechamente ligadas a las representaciones del bebé, y unos niveles más bajos de apoyo social prenatal se asociaban con representaciones maternas menos equilibradas. En cambio, un mayor apoyo prenatal predecía el apoyo posnatal, que se asociaba con un apego más seguro. Del mismo modo, las representaciones equilibradas se asociaban sistemáticamente con un apego seguro al año de edad. Tambelli et al. [46], mediante las entrevistas IRMAG e IRPAG [4,36], exploraron cómo las representaciones prenatales maternas y paternas influyen en la disponibilidad emocional y en el apego. En las madres, las representaciones prenatales tenían un efecto predictivo directo tanto en el apego como en la disponibilidad emocional, mientras que la disponibilidad emocional por sí sola no influía directamente en el estilo de apego. En cambio, en los padres, las representaciones prenatales predecían la disponibilidad emocional, que a su vez influía en el apego del bebé. Sin embargo, ni las representaciones paternas ni la disponibilidad emocional predecían directamente la clasificación del apego, lo que pone de relieve vías distintas en las contribuciones maternas y paternas a la formación del apego temprano.
Cinco estudios examinaron cómo las representaciones mentales prenatales de madres y padres se relacionan con su adaptación psicológica posnatal y con su experiencia de la crianza [40,53,54,57,59].
Delmore-Ko et al. [40], en su exploración longitudinal, identificaron distintas actitudes parentales —entusiasmo, ansiedad, afrontamiento, incertidumbre y socialización—: las madres referían en general más estrés y depresión, y los padres experimentaban una mayor disminución de la satisfacción conyugal en los meses posteriores al nacimiento, en lo referente a la calidad de la relación con la pareja, aunque las madres también expresaban esta insatisfacción. Ambos miembros de la pareja anticipaban dificultades pese a algunas expectativas positivas. Flykt et al. [53] observaron que unas expectativas prenatales altas de cercanía emocional y de autonomía predecían un menor estrés parental tras el nacimiento, aunque algunas expectativas moderadas también influían en los niveles de estrés de forma distinta en madres y padres. Las expectativas de las madres sobre su propia relación con el bebé mejoraban después del parto, mientras que su visión de la implicación de la pareja empeoraba. Gress-Smith et al. [54] mostraron que el apoyo familiar y paterno, junto con la realización en el rol materno, se asociaban con menos síntomas depresivos, sobre todo en las madres más jóvenes, casadas y con mayor nivel educativo. El bienestar paterno no se asociaba claramente con las representaciones prenatales del bebé. Pearce y Ayers [57], entre otros, confirmaron que tanto las expectativas prenatales como las evaluaciones posnatales influyen en el vínculo entre la madre y el bebé, y que las percepciones posnatales tienen una influencia mayor. Las expectativas prenatales negativas aumentaban el riesgo de un vínculo más débil. Thun-Hohenstein y su equipo [59] no encontraron predictores prenatales directos de la competencia materna, aunque el deseo del bebé se relacionaba con una mejor interacción entre la madre y el bebé. La competencia materna era mayor en las madres más jóvenes, con mayor nivel educativo y con bebés varones.
Tabla 2 — Tabla PICOS de los estudios incluidos en la revisión sistemática.
WMCI = Working Model of the Child Interview; PDI = Parent Development Interview; IRMAG = Interview on Maternal Representations in Pregnancy (Intervista sulle Rappresentazioni Materne in Gravidanza); IRPAG = Interview on Paternal Representations in Pregnancy (Intervista sulle Rappresentazioni Paterne in Gravidanza); PMES = Prenatal Maternal Expectations; WPL-R = What Being the Parent of a New Baby is Like- Revised; CGG = Consultation for Expectant Parents (Colloquio per Genitori in Gravidanza); P-PRFQ = Prenatal Parental Reflective Functioning Questionnaire; PI = Pregnancy Interview; ICQ = Infant Characteristics Questionnaires; CAQ = Childbearing Attitudes Questionnaire; MSDQ = Maternal Self-Definition Questionnaire; RUB-M = Representations of Unborn Baby; EAS = Emotional Availability Scales; PAAS = Paternal Antenatal Attachment Scale.
Tabla 3 — Detalle de las variables demográficas y de los factores de riesgo recogidos en los estudios.
CES-D = Center for Epidemiological Studies-Depression Scale.
Esta revisión sistemática ha sintetizado el estado actual de los conocimientos sobre las representaciones mentales parentales en el período perinatal y su papel en la interacción entre las figuras parentales y el bebé y en un desarrollo infantil positivo. La síntesis cualitativa ha aportado aclaraciones decisivas sobre su estructura, sus determinantes y sus implicaciones para el desarrollo relacional temprano. En conjunto, la representación mental parental parece configurarse mediante una compleja interacción de factores individuales, relacionales y contextuales, con implicaciones importantes para el desarrollo infantil y la práctica clínica. Asimismo, emergen temas significativos para la investigación futura y los programas de intervención.
Un primer resultado que emergió con claridad es la heterogeneidad de los métodos de exploración de las representaciones, que puede influir en los resultados y da lugar a hallazgos incoherentes. Esta falta de coherencia va desde constructos divergentes (por ejemplo, equilibrio representacional, coherencia, tono emocional) hasta el uso de herramientas diferentes (por ejemplo, IRMAG/IRPAG, WMCI, PAI, PDI-R2), lo que reduce la comparabilidad de los estudios. Mientras que algunos estudios pusieron de relieve el predominio de representaciones paternas integradas o equilibradas [36,37], otros encontraron una mayor prevalencia de representaciones desvinculadas [22,23]. No obstante, estas discrepancias podrían reflejar diferencias culturales y subrayan la necesidad de tener en cuenta las normas y los valores de crianza propios de cada país, así como de explorar en mayor profundidad cómo la función reflexiva parental de madres y padres puede influir en la representación del bebé y en las futuras relaciones entre las figuras parentales y el bebé. A lo largo de este trabajo, aunque las representaciones mentales parentales convergían hacia dimensiones comunes y generales —relacionadas con la manera de pensar la experiencia de las figuras parentales (futura o actual) y las características físicas, mentales y de estilo de vida de su bebé (o futuro bebé)—, emergió un enfoque no unívoco. Como han sugerido algunos autores y autoras, la gama de cualidades representacionales puede diferir en profundidad, coherencia y tono afectivo de un sistema de codificación a otro. En esta revisión sistemática se hace patente la necesidad de un marco teórico unificado, sobre todo para aportar pruebas sólidas de su aplicabilidad clínica [67,68].
Curiosamente, los estudios hicieron emerger múltiples factores de riesgo y de protección que influyen en el desarrollo de las representaciones mentales prenatales, en la futura relación parentofilial y en el bienestar infantil en términos de desarrollo saludable. Entre los factores de riesgo figuran los síntomas depresivos, el bajo nivel educativo y socioeconómico, los antecedentes psiquiátricos familiares, los acontecimientos vitales estresantes significativos (por ejemplo, pérdidas y separaciones) y la falta de apoyo social. Las personas con estos factores de riesgo en su historia médica o psicosocial suelen encontrar dificultades para desarrollar representaciones prenatales del bebé, con repercusiones en la calidad de la futura relación diádica [31,34,37,41,55]. Por ejemplo, en el estudio de Rusanen et al. [31], las madres con riesgos psicosociales significativos tenían más probabilidades de expresar representaciones prenatales distorsionadas, caracterizadas por el miedo, la desconexión emocional y la idealización. Del mismo modo, Ammaniti et al. [37] observaron que la falta de apoyo emocional y los duelos no resueltos en la historia familiar se asociaban con relatos parentales desvinculados, sobre todo en los padres. Los datos longitudinales sugieren que, en este marco de riesgo, se registran más dificultades para establecer un vínculo seguro entre las figuras parentales y el bebé [26,69].
Por otra parte, se señalaron factores de protección que contribuyen a una representación mental más equilibrada y reflexiva, como las relaciones positivas, por ejemplo un entorno familiar positivo, amistades que brindan apoyo y una relación de pareja sólida. Estos datos subrayan la importancia crucial de ofrecer un apoyo integral tanto antes como después del nacimiento, sobre todo teniendo en cuenta el vínculo bien documentado entre las representaciones parentales equilibradas y el apego seguro del bebé [39,41,46]. Es importante considerar que las representaciones mentales parentales no son estáticas, sino dinámicas y susceptibles de cambiar con el tiempo, sobre todo a medida que madres y padres se implican en experiencias directas de cuidado, y este aspecto debería tenerse en cuenta en análisis posteriores de los factores de protección y de riesgo. De hecho, las representaciones pueden evolucionar en respuesta a las experiencias posnatales, como las interacciones cotidianas con el bebé, las dinámicas de coparentalidad y la competencia parental percibida. La atención a los factores tanto de riesgo como de protección —como aspectos que afectan, desde una perspectiva biopsicosocial, a la salud tanto de las figuras parentales como del bebé— se ve respaldada también por los datos sobre los correlatos neurobiológicos y psicofisiológicos de las representaciones parentales, que sugieren que estos modelos internos están vinculados a las capacidades de regulación emocional y a la actividad cerebral relacionada con el cuidado. Las figuras parentales con representaciones más coherentes y emocionalmente ricas pueden mostrar una mayor activación de las regiones cerebrales implicadas en la empatía y la sintonía emocional cuando interactúan con su bebé [70]. Por lo tanto, los bebés protegidos por un entorno rico y estimulante pueden crecer de manera positiva y alcanzar los hitos del desarrollo.
Además, la flexibilidad de las representaciones, generalmente respaldada por los datos empíricos, pone de relieve la importancia de un seguimiento longitudinal y de intervenciones sensibles al contexto, destinadas a favorecer estilos representacionales más adaptativos durante el comienzo del recorrido parental [26]. Dadas las asociaciones establecidas entre las representaciones no equilibradas y diversos factores de riesgo psicosocial, las estrategias de prevención y de intervención temprana deberían priorizarse durante el período prenatal. Los resultados de esta síntesis sistemática sugieren la importancia de explorar la validez y la aplicabilidad de programas (por ejemplo, intervenciones de videofeedback o enfoques basados en la mentalización) destinados a desarrollar representaciones del bebé más reflexivas e integradas. Estas intervenciones podrían ser beneficiosas para poblaciones en situación de riesgo, como las personas con antecedentes de trauma, escaso apoyo social o un malestar psicológico elevado. Desarrollar y validar herramientas capaces de detectar los cambios en las representaciones parentales a lo largo del tiempo es esencial para supervisar la eficacia de las intervenciones y personalizar el apoyo [67].
Otro núcleo interesante de esta revisión sistemática es el papel de la función reflexiva (FR) en la representación mental. Unos niveles más altos de FR se asocian con representaciones mentales más equilibradas. Los estudios, todavía escasos, sobre los padres confirmaron que una FR moderada o alta se correlaciona con una mayor preparación para el parto y la crianza temprana, una mayor implicación emocional y una identificación más fuerte como copartícipes activos de la crianza [32,35]. Las madres muestran en general una FR más alta que los padres [56], aunque las razones de esta diferencia de género siguen sin estar claras debido a la escasez de investigaciones. Si bien los estudios confirman en general la asociación entre la FR y las representaciones parentales [32,35], las razones por las que las madres suelen mostrar una FR más alta que los padres siguen estando poco comprendidas [56]. Una explicación sugerente podría atribuirse al sesgo cultural, todavía muy arraigado, sobre los roles de género en la parentalidad. Los padres pueden encontrar barreras estructurales y emocionales para implicarse plenamente en la coparentalidad, sobre todo en contextos en los que el cuidado materno sigue siendo el ideal normativo, y este aspecto podría afectar a la FR paterna y moldear las representaciones mentales del bebé y de la crianza. En consecuencia, las discrepancias entre las representaciones maternas y paternas pueden repercutir en la calidad de la coparentalidad, influyendo así en el clima emocional del bebé y afectando al sistema familiar de maneras imprevisibles [71]. Se necesitan estudios que exploren si esta brecha de género se debe a factores biológicos, psicológicos o socioculturales, o a diferencias en la experiencia de cuidado y en las expectativas sociales. Además, los estudios longitudinales podrían aclarar cómo evoluciona la FR a lo largo del tiempo y cómo interactúa con factores contextuales como el estrés, el apoyo y la salud mental parental. Comprender estas trayectorias de desarrollo permitiría identificar con mayor precisión a las figuras parentales en situación de riesgo y orientar el diseño de intervenciones adaptadas destinadas a reforzar la FR durante el período perinatal [67]. Ampliar la investigación sobre la FR a poblaciones diversas, incluyendo en particular a ambos miembros de la pareja parental y muestras culturalmente variadas, sería esencial para captar la complejidad de la parentalidad actual y favorecer relaciones tempranas seguras en una diversidad de contextos familiares.
Aunque aporta aclaraciones significativas sobre las representaciones mentales parentales, esta revisión presenta varias limitaciones. En primer lugar, la heterogeneidad de los estudios incluidos —en particular en cuanto a herramientas de evaluación y constructos— dificulta la comparación y la síntesis. Los distintos instrumentos (por ejemplo, WMCI, IRMAG/IRPAG, PAI, PDI-R2) difieren en su foco, su estructura y sus fundamentos teóricos, lo que limita la posibilidad de extraer conclusiones unificadas sobre las representaciones parentales. En segundo lugar, la mayoría de los estudios se centran predominantemente en las madres, y las representaciones paternas están poco investigadas o se exploran con herramientas no estandarizadas. Esto genera un sesgo de género que impide comprender de forma integral cómo contribuyen ambos miembros de la pareja parental al desarrollo relacional temprano. En tercer lugar, muchos estudios son transversales y carecen de seguimiento longitudinal, lo que impide evaluar las trayectorias de desarrollo de las representaciones y su impacto cambiante en las interacciones parentofiliales. En cuarto lugar, varios de los estudios incluidos son antiguos y reflejan a menudo contextos socioculturales que pueden diferir sustancialmente de las estructuras familiares y de las normas de crianza actuales. Esta distancia temporal limita la generalización de los hallazgos a los diversos escenarios parentales de hoy. Por último, pocos estudios adoptan una perspectiva diádica o sistémica capaz de captar las interacciones entre los miembros de la pareja y sus representaciones mentales conjuntas, pese a los datos crecientes sobre la importancia de las dinámicas de coparentalidad.
A la luz de los datos revisados, las representaciones mentales parentales, pese a las características específicas y a las diferencias entre madre y padre, emergen como un constructo dinámico y multifacético, configurado por factores individuales, relacionales y contextuales. La constancia de las asociaciones entre las representaciones equilibradas y la sensibilidad parental, la seguridad del apego y el bienestar psicológico pone de relieve su papel central en el desarrollo relacional temprano. Además, se confirma que la parentalidad positiva que aparece relacionada con estas representaciones repercute en la salud general del bebé, desde la física hasta la mental, a lo largo de toda la vida [72]. Sin embargo, el campo se beneficiaría de una conceptualización más clara de lo que constituye las distintas expresiones de las representaciones y de cómo evoluciona este constructo a lo largo del tiempo. Los estudios futuros deberían adoptar enfoques longitudinales, diádicos e interdisciplinarios que integren variables neurobiológicas, cognitivo-afectivas y contextuales. Además, marcos teóricos como la teoría del apego [2], el enfoque basado en la mentalización [1,67] y los modelos de coparentalidad [73] ofrecen lentes valiosas para captar la complejidad de la transición a la parentalidad, y por ello los estudios futuros deben seguir remitiéndose a esos modelos clásicos para desarrollar perspectivas nuevas e innovadoras. Por último, la investigación debería orientar las intervenciones preventivas y reparadoras tempranas —en especial las que refuerzan la función reflexiva y apoyan a las figuras parentales vulnerables—, favoreciendo así no solo el bienestar individual, sino también sistemas familiares más sanos (por ejemplo, [74]). Desde el punto de vista clínico, los resultados de este estudio subrayan la pertinencia de evaluar las representaciones mentales parentales durante el período perinatal para identificar los riesgos relacionales tempranos y orientar intervenciones adaptadas. La asociación entre las representaciones no equilibradas y los factores de riesgo psicosocial pone de relieve la necesidad de programas preventivos —como el entrenamiento de la función reflexiva o las intervenciones de videofeedback—, especialmente en las poblaciones vulnerables.
Complexe Systémique: puntos clave
Esta revisión recuerda que un bebé existe en la mente de su madre y de su padre mucho antes de nacer, y que ese bebé imaginado ya lleva la huella de la propia historia de apego de las figuras parentales, de su pareja y de su entorno. Desde un punto de vista sistémico, destacan dos hallazgos: en las madres, el bebé por nacer se parece primero a la otra figura parental antes de acercarse a ellas mismas, y las representaciones se construyen mediante la diferenciación respecto a la propia madre, lo que hace del embarazo un momento de reorganización intergeneracional. Sin embargo, la revisión queda atrapada en aquello mismo que critica: excluye a las familias adoptivas, los embarazos médicamente asistidos, las familias en situación de riesgo y a madres y padres adolescentes, y la mayoría de los estudios son maternos, diádicos y a veces antiguos. Los datos sobre los padres, la pareja y la coparentalidad son escasos, y tanto la evaluación de la calidad como el recuento de los estudios excluidos contienen incoherencias. Para la práctica perinatal, la idea útil es sencilla: explorar el bebé imaginado, la otra figura parental imaginada y los ecos familiares, tanto en sesiones de pareja como individualmente. Puede leerse junto con la entrevista de apego familiar, que piensa el apego de a tres, y el alegato a favor de una salud mental perinatal informada por la mentalización.
Notas del original
Descargo de responsabilidad/Nota de la editorial: Las afirmaciones, opiniones y datos contenidos en todas las publicaciones son exclusivamente los de la autoría y de las personas colaboradoras, y no los de MDPI ni de su equipo editorial. MDPI y su equipo editorial declinan toda responsabilidad por cualquier daño a personas o bienes derivado de las ideas, métodos, instrucciones o productos mencionados en el contenido.
Contribuciones de las autoras. Conceptualización, R.T., L.D.P. y F.F.; metodología, F.F.; análisis formal, L.D.P.; investigación, L.D.P. y F.F.; recursos, R.T.; curación de datos, L.D.P. y F.F.; redacción del borrador original, L.D.P. y F.F.; redacción, revisión y edición, F.F. y R.T.; supervisión, R.T.; obtención de financiación, R.T. Todas las autoras han leído y aprobado la versión publicada del manuscrito.
Declaración del comité de ética institucional. No procede.
Declaración de consentimiento informado. No procede.
Conflictos de intereses. Las autoras declaran que no existe ningún conflicto de intereses.
Declaración de financiación. Este trabajo ha contado con el apoyo del Ministerio de Investigación italiano mediante la subvención PRIN-2022 (CUP MASTER B53D23014300006—CUP B53D23014300006).
Referencias
1. Slade A., Grienenberger J., Bernbach E., Levy D., Locker A. Maternal reflective functioning, attachment, and the transmission gap: A preliminary study. Attach. Hum. Dev. 2005;7:283–298. https://doi.org/10.1080/14616730500245880
2. Bowlby J. Attachment and Loss: Volume 1. Basic Books; New York, NY, USA: 1969.
3. Rosenblum K.L., Dayton C.J., Muzik M. Infant social and emotional development: The emergence of self in a relational context. In: Zeanah C.H., editor. Handbook of Infant Mental Health. 3rd ed. The Guilford Press; New York, NY, USA: 2009. Chapter 5.
4. Ammaniti M., Baumgartner E., Candelori C., Perucchini P., Pola M., Tambelli R., Zampino F. Representations and narratives during pregnancy. Infant Ment. Health J. 1992;13:167–182. https://doi.org/10.1002/1097-0355(199223)13:2<167::AID-IMHJ2280130207>3.0.CO;2-M.
5. Stern D.N., Anders T.F. The motherhood constellation: A unified view of parent-infant psychotherapy. Arch. Gen. Psychiatry. 1997;54:387–388. https://doi.org/10.1001/archpsyc.1997.01830160115014
6. Vreeswijk C.M., Maas A.J.B., van Bakel H.J. Parental representations: A systematic review of the working model of the child interview. Infant Ment. Health J. 2012;33:314–328. https://doi.org/10.1002/imhj.20337
7. Fonagy P., Steele M., Steele H., Leigh T., Kennedy R., Mattoon G., Target M. Attachment, the reflective self, and borderline states: The predictive specificity of the Adult Attachment Interview and pathological emotional development. In: Goldberg S., Muir R., Kerr J., editors. Attachment Theory: Social, Developmental and Clinical Perspectives. Analytic Press; Hillsdale, NJ, USA: 1995. pp. 223–279. Chapter 9.
8. Fonagy P., Gergely G., Jurist E., Target M. Affect Regulation, Mentalization, and the Development of the Self. Other Press Other Books; New York, NY, USA: 2002.
9. Zeegers M.A.J., Colonnesi C., Stams G.J.J.M., Meins E. Parental mentalizing, sensitivity, and the quality of parenting: A meta-analytic review. Dev. Rev. 2017;42:13–33.
10. Buttitta K.V., Smiley P.A., Kerr M.L., Rasmussen H.F., Querdasi F.R., Borelli J.L. In a father’s mind: Paternal reflective functioning, sensitive parenting, and protection against socioeconomic risk. Attach. Hum. Dev. 2019;21:445–466. https://doi.org/10.1080/14616734.2019.1582596
11. Cabrera N., Tamis-LeMonda C.S., Bradley R.H., Hofferth S., Lamb M.E. Fatherhood in the twenty-first century. Child Dev. 2000;71:127–136. https://doi.org/10.1111/1467-8624.00126
12. Grossmann K., Grossmann K.E., Fremmer-Bombik E., Kindler H., Scheuerer-Englisch H., Zimmermann A.P. The uniqueness of the child–father attachment relationship: Fathers’ sensitive and challenging play as a pivotal variable in a 16-year longitudinal study. Soc. Dev. 2002;11:301–337. https://doi.org/10.1111/1467-9507.00202
13. Hjelmstedt A., Collins A. Psychological functioning and predictors of father–infant relationship in IVF fathers and controls. Scand. J. Caring Sci. 2008;22:72–78. https://doi.org/10.1111/j.1471-6712.2007.00537.x
14. Lundy B.L. Paternal socio-psychological factors and infant attachment: The mediating role of synchrony in father–infant interactions. Infant Behav. Dev. 2002;25:221–236. https://doi.org/10.1016/S0163-6383(02)00123-6
15. Paquette D. Theorizing the father-child relationship: Mechanisms and developmental outcomes. Hum. Dev. 2004;47:193–219. https://doi.org/10.1159/000078723
16. Ramchandani P., Stein A., Evans J., O’Connor T.G. Paternal depression in the postnatal period and child development: A prospective population study. Lancet. 2005;365:2201–2205. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(05)66778-5
17. Sarkadi A., Kristiansson R., Oberklaid F., Bremberg S. Fathers’ involvement and children’s developmental outcomes: A systematic review of longitudinal studies. Acta Paediatr. Int. J. Paediatr. 2008;97:153–158. https://doi.org/10.1111/j.1651-2227.2007.00572.x
18. Steele H., Steele M., Fonagy P. Associations among attachment classifications of mothers, fathers, and their infants. Child Dev. 1996;67:541–555. https://doi.org/10.2307/1131831
19. Trautmann-Villalba P., Gschwendt M., Schmidt M.H., Laucht M. Father–infant interaction patterns as precursors of children’s later externalizing behavior problems: A longitudinal study over 11 years. Eur. Arch. Psychiatry Clin. Neurosci. 2006;256:344–349. https://doi.org/10.1007/s00406-006-0642-x
20. Van IJzendoorn M.H., De Wolff M.S. In search of the absent father—Meta-analyses of infant-father attachment: A rejoinder to our discussants. Child Dev. 1997;68:604–609.
21. Lindstedt J., Korja R., Vilja S., Ahlqvist-Björkroth S. Fathers’ prenatal attachment representations and the quality of father–child interaction in infancy and toddlerhood. J. Fam. Psychol. 2021;35:478. https://doi.org/10.1037/fam0000813
22. Vreeswijk C.M., Maas A.J., Rijk C.H., van Bakel H.J. Fathers’ experiences during pregnancy: Paternal prenatal attachment and representations of the fetus. Psychol. Men Masculinity. 2014;15:129–137. https://doi.org/10.1037/a0033070
23. Vreeswijk C.M., Maas A.J.B., Rijk C.H., Braeken J., van Bakel H.J. Stability of fathers’ representations of their infants during the transition to parenthood. Attach. Hum. Dev. 2014;16:292–306. https://doi.org/10.1080/14616734.2014.900095
24. Sadler L.S., Slade A., Close N., Webb D.L., Simpson T., Fennie K., Mayes L.C. Minding the Baby: Enhancing reflectiveness to improve early health and relationship outcomes in an interdisciplinary home visiting program. Infant Ment. Health J. 2013;34:391–405. https://doi.org/10.1002/imhj.21406
25. Nijssens L., Bleys D., Casalin S., Vliegen N., Luyten P. Parental attachment dimensions and parenting stress: The mediating role of parental reflective functioning. J. Child Fam. Stud. 2018;27:2025–2036. https://doi.org/10.1007/s10826-018-1029-0
26. Dayton C.J., Levendosky A.A., Davidson W.S., Bogat G.A. The child as held in the mind of the mother: The influence of prenatal maternal representations on parenting behaviors. Infant Ment. Health J. 2010;31:220–241. https://doi.org/10.1002/imhj.20253
27. Luyten P., Nijssens L., Fonagy P., Mayes L.C. Parental reflective functioning: Theory, research, and clinical applications. Psychoanal. Study Child. 2017;70:174–199. https://doi.org/10.1080/00797308.2016.1277901
28. Page M.J., McKenzie J.E., Bossuyt P.M., Boutron I., Hoffmann T.C., Mulrow C.D., Shamseer L., Tetzlaff J.M., Akl E.A., Brennan S.E., et al. The PRISMA 2020 statement: An updated guideline for reporting systematic reviews. BMJ. 2021;372:n71. https://doi.org/10.1136/bmj.n71
29. Higgins J.P.T., Savović J., Page M.J., Elbers R.G., Sterne J.A. Assessing risk of bias in a randomized trial. In: Higgins J.P.T., Thomas J., Chandler J., Cumpston M., Li T., Page M.J., Welch V.A., editors. Cochrane Handbook for Systematic Reviews of Interventions. The Cochrane Collaboration and John Wiley Sons Ltd.; Oxford, UK: 2019. pp. 205–228. Chapter 8.
30. Tambelli R., Tosto S., Favieri F. Psychiatric Risk Factors for Postpartum Depression: A Systematic Review. Behav. Sci. 2025;15:173. https://doi.org/10.3390/bs15020173
31. Rusanen E., Lahikainen A., Pölkki P., Saarenpää-Heikkilä O., Paavonen E.J. The significance of supportive and undermining elements in the maternal representations of an unborn baby. J. Reprod. Infant Psychol. 2018;36:261–275. https://doi.org/10.1080/02646838.2018.1462476
32. Lis A., Zennaro A., Mazzeschi C., Pinto M. Parental styles in prospective fathers: A research carried out using a semistructured interview during pregnancy. Infant Ment. Health J. 2004;25:149–162. https://doi.org/10.1002/imhj.10089
33. Coleman P., Nelson E.S., Sundre D.L. The relationship between prenatal expectations and postnatal attitudes among first-time mothers. J. Reprod. Infant Psychol. 1999;17:27–39. https://doi.org/10.1080/02646839908404582
34. Vreeswijk C.M., Rijk C.H., Maas A.J.B., van Bakel H.J. Fathers’ and mothers’ representations of the infant: Associations with prenatal risk factors. Infant Ment. Health J. 2015;36:599–612. https://doi.org/10.1002/imhj.21541
35. Alismail F., Stacks A.M., Wong K., Brown S., Beeghly M., Thomason M. Maternal caregiving representations of the infant in the first year of life: Associations with prenatal and concurrent reflective functioning. Infant Ment. Health J. 2022;43:311–327. https://doi.org/10.1002/imhj.21951
36. Ammaniti M., Tambelli R., Odorisio F. Intervista clinica per lo studio delle rappresentazioni paterne in gravidanza: IRPAG. Età Evol. 2006;85:34–44.
37. Ammaniti M., Tambelli R., Odorisio F. Exploring maternal representations during pregnancy in normal and at-risk samples: The use of the interview of maternal representations during pregnancy. Infant Ment. Health J. 2013;34:1–10. https://doi.org/10.1002/imhj.21357
38. Bailes L.G., Fleming B., Ford J., Macfarlane M., Carrow C., Humphreys K.L., Zeanah C.H. Prenatal representations link pregnancy intention to observed caregiving. J. Reprod. Infant Psychol. 2024;10:1–12. https://doi.org/10.1080/02646838.2024.2424927
39. Benoit D., Parker K.C., Zeanah C.H. Mothers’ representations of their infants assessed prenatally: Stability and association with infants’ attachment classifications. J. Child Psychol. Psychiatry. 1997;38:307–313. https://doi.org/10.1111/j.1469-7610.1997.tb01515.x
40. Delmore-Ko P., Pancer S.M., Hunsberger B., Pratt M. Becoming a parent: The relation between prenatal expectations and postnatal experience. J. Fam. Psychol. 2000;14:625–640. https://doi.org/10.1037/0893-3200.14.4.625
41. Huth-Bocks A.C., Levendosky A.A., Bogat G.A., Von Eye A. The impact of maternal characteristics and contextual variables on infant–mother attachment. Child Dev. 2004;75:480–496. https://doi.org/10.1111/j.1467-8624.2004.00688.x
42. Ilicali E.T., Fisek G.O. Maternal representations during pregnancy and early motherhood. Infant Ment. Health J. 2004;25:16–27. https://doi.org/10.1002/imhj.10082
43. Innamorati M., Sarracino D., Dazzi N. Motherhood constellation and representational change in pregnancy. Infant Ment. Health J. 2010;31:379–396. https://doi.org/10.1002/imhj.20261
44. Lis A., Zennaro A., Mazzeschi C. Application of the reflective self-function scale to the clinical interview for couples during pregnancy. Psychol. Rep. 2000;87:901–918. https://doi.org/10.2466/pr0.2000.87.3.901
45. Vizziello G.F., Antonioli M.E., Cocci V., Invernizzi R. From pregnancy to motherhood: The structure of representative and narrative change. Infant Ment. Health J. 1993;14:4–16. https://doi.org/10.1002/1097-0355(199321)14:1<1::AID-IMHJ2280140102>3.0.CO;2-S.
46. Tambelli R., Trentini C., Dentale F. Predictive and incremental validity of parental representations during pregnancy on child attachment. Front. Public Health. 2020;8:439–449. https://doi.org/10.3389/fpubh.2020.439449
47. Theran S.A., Levendosky A.A., Anne Bogat G., Huth-Bocks A.C. Stability and change in mothers’ internal representations of their infants over time. Attach. Hum. Dev. 2005;7:253–268. https://doi.org/10.1080/14616730500245609
48. Zeanah C.H., Benoit D., Hirshberg L., Barton M.L., Regan C. Mothers’ representations of their infants are concordant with infant attachment classifications. Dev. Issues Psychiatry Psychol. 1994;1:9–18.
49. Zennaro A., Ascari M. Il colloquio con giovani coppie in attesa del primogenito. In: Lis A., Venuti P., De Zordo M.R., editors. Il Colloquio Come Strumento Psicologico. Giunti; Firenze, Italia: 1995.
50. Lis A., Zennaro A. A semistructured interview with parents-to-be used during pregnancy: Preliminary data. Infant Ment. Health J. 1997;18:306–323. https://doi.org/10.1002/(SICI)1097-0355(199723)18:3<306::AID-IMHJ7>3.0.CO;2-K.
51. Stern D.N. The representation of relational patterns: Developmental considerations. In: Sameroff A.J., Emde R.N., editors. Relationship Disturbances in Early Childhood: A Developmental Approach. Basic Books; New York, NY, USA: 1989.
52. Madsen S.A., Lind D., Munck H. Men’s abilities to reflect their infants’ states of mind. Nord. Psychol. 2007;59:149–163. https://doi.org/10.1027/1901-2276.59.2.149
53. Flykt M., Lindblom J., Punamäki R.-L., Poikkeus P., Repokari L., Unkila-Kallio L., Vilska S., Sinkkonen J., Tiitinen A., Almqvist F., et al. Prenatal expectations in transition to parenthood: Former infertility and family dynamic considerations. J. Fam. Psychol. 2009;23:779–789. https://doi.org/10.1037/a0016468
54. Gress-Smith J.L., Roubinov D.S., Tanaka R., Cirnic K., Gonzales N., Enders C., Luecken L.J. Prenatal expectations in Mexican American women: Development of a culturally sensitive measure. Arch. Women’s Ment. Health. 2013;16:303–314. https://doi.org/10.1007/s00737-013-0350-2
55. Pajulo M., Savonlahti E., Sourander A., Piha J., Helenius H. Prenatal maternal representations: Mothers at psychosocial risk. Infant Ment. Health J. 2001;22:529–544. https://doi.org/10.1002/imhj.1016
56. Pajulo M., Tolvanen M., Karlsson L., Halme-Chowdhury E., Öst C., Luyten P., Mayes L., Karlsson H. The prenatal parental reflective functioning questionnaire: Exploring factor structure and construct validity of a new measure in the Finn brain birth cohort pilot study. Infant Ment. Health J. 2015;36:399–414. https://doi.org/10.1002/imhj.21523
57. Pearce H., Ayers S. The expected child versus the actual child: Implications for the mother–baby bond. J. Reprod. Infant Psychol. 2005;23:89–102. https://doi.org/10.1080/0264683042000325528
58. Ruble D.N., Brooks-Gunn J., Fleming A.S., Fitzmaurice G., Stangor C., Deutsch F. Transition to motherhood and the self: Measurement, stability, and change. J. Pers. Soc. Psychol. 1990;58:450. https://doi.org/10.1037/0022-3514.58.3.450
59. Thun-Hohenstein L., Wienerroither C., Schreuer M., Seim G., Wienerroither H. Antenatal mental representations about the child and mother–infant interaction at three months post partum. Eur. Child Adolesc. Psychiatry. 2008;17:9–19. https://doi.org/10.1007/s00787-007-0622-3
60. Pridham K.F., Chang A.S. What being the parent of a new baby is like: Revision of an instrument. Res. Nurs. Health. 1989;12:323–329. https://doi.org/10.1002/nur.4770120508
61. Touliatos J., Perlmutter B.F., Straus M.A. Handbook of Family Measurement Techniques. Sage Publications; Newbury Park, CA, USA: 1990.
62. Bates J.E., Freeland C.A.B., Lounsbury M.L. Measurement of infant difficultness. Child Dev. 1979;50:794–803. https://doi.org/10.2307/1128946
63. Lowe N.K. Self-efficacy for labor and childbirth fears in nulliparous pregnant women. J. Psychosom. Obstet. Gynecol. 2000;21:219–224. https://doi.org/10.3109/01674820009085591
64. Deutsch F.M., Brooks-Gunn J., Fleming A., Ruble D.N., Stangor C. Information seeking and maternal self-definition during the transition to motherhood. J. Pers. Soc. Psychol. 1988;55:420–431. https://doi.org/10.1037/0022-3514.55.3.420
65. Gloger-Tippelt G. A process model of the pregnancy course. Hum. Dev. 1983;26:134–148. https://doi.org/10.1159/000272877
66. Ainsworth M.D.S., Blehar M.C., Waters E., Wall S. Patterns of Attachment, a Psychological Study of the Strange Situation. 1st ed. Psychology Press; New York, NY, USA: 2015.
67. Slade A. Parental reflective functioning: An introduction. Attach. Hum. Dev. 2005;7:269–281. https://doi.org/10.1080/14616730500245906
68. Zeanah C.H., Benoit D. Clinical applications of a parent perception interview in infant mental health. Child Adolesc. Psychiatr. Clin. N. Am. 1995;4:539–554. https://doi.org/10.1016/S1056-4993(18)30418-8
69. Schechter D.S., Coots T., Zeanah C.H., Davies M., Coates S.W., Trabka K.A., Randall D.M., Liebowitz M.R., Myers M.M. Maternal mental representations of the child in an inner-city clinical sample: Violence-related posttraumatic stress and reflective functioning. Attach. Hum. Dev. 2005;7:313–331. https://doi.org/10.1080/14616730500246011
70. Rutherford H.J., Booth C.R., Luyten P., Bridgett D.J., Mayes L.C. Investigating the association between parental reflective functioning and distress tolerance in motherhood. Infant Behav. Dev. 2015;40:54–63. https://doi.org/10.1016/j.infbeh.2015.04.005
71. Schoppe-Sullivan S.J., Altenburger L.E., Bower D.J. Investment in fatherhood and the quality of fathers’ interactions with their preschool-aged children. J. Fam. Psychol. 2015;29:541–552.
72. Chen Y., Haines J., Charlton B.M., VanderWeele T.J. Positive parenting improves multiple aspects of health and well-being in young adulthood. Nat. Hum. Behav. 2019;3:684–691. https://doi.org/10.1038/s41562-019-0602-x
73. Cowan P.A., Cowan C.P. When Partners Become Parents: The Big Life Change for Couples. Basic Books; New York, NY, USA: 1992.
74. Sanders M.R., Kirby J.N., Tellegen C.L., Day J.J. The Triple P-Positive Parenting Program: A systematic review and meta-analysis of a multi-level system of parenting support. Clin. Psychol. Rev. 2014;34:337–357. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2014.04.003
Traducción no oficial al español de Understanding Parental Representations Across the Perinatal Period: A Systematic Review of Empirical Findings and Clinical Implications, de Renata Tambelli, Ludovica Del Proposto y Francesca Favieri, Children, vol. 12, n.o 8, 1051 (2025), doi: 10.3390/children12081051, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español, tablas presentadas en forma de listas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
El original es el artículo «Understanding Parental Representations Across the Perinatal Period: A Systematic Review of Empirical Findings and Clinical Implications», publicado en Children (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial de Complexe Systémique, realizada con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Tambelli, R., Del Proposto, L., y Favieri, F. (2025). Understanding Parental Representations Across the Perinatal Period: A Systematic Review of Empirical Findings and Clinical Implications. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/understanding-parental-representations-across-the-perinatal-period-a-systematic-review (Obra original publicada en 2025 en Children, 12(8), 1051 (2025); republicada en 2025 por Children, https://www.mdpi.com/2227-9067/12/8/1051)
Para profundizar