Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Frontiers in Psychology · Diálogo Abierto
En Inglaterra, personas que han vivido el sufrimiento psíquico se han formado en Diálogo Abierto y trabajan en pie de igualdad junto al personal clínico en las reuniones de red. Pero ¿qué aportan de más? Corrine Hendy, ella misma profesional par, Jerry Tew y Sarah Carr confrontan los siete principios de Seikkula con el Apoyo Intencional entre Pares de Shery Mead, con Buber y Bajtín, con la heterarquía «sin rango» y el poder que esta olvida, y luego escuchan a siete profesionales pares del ensayo ODDESSI. Surgen cuatro principios: la sintonía («tienes las antenas más sensibles»), la validación, la conexión y la mutualidad, y la autorrevelación, con su coste: «te deja completamente agotada».
Traducción no oficial al español de Conceptualizing the peer contribution in Open Dialogue practice, de Corrine Hendy, Jerry Tew y Sarah Carr, publicado en Frontiers in Psychology (2023), doi: 10.3389/fpsyg.2023.1176839, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las dos tablas se presentan como recuadros de texto. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Reconocer la desesperanza de alguien puede ser muy validante: en realidad estás validando a quien esa persona es, y no a quien los servicios querrían que fuera.
Profesional par del ensayo ODDESSI
Resumen
En los servicios de salud mental ingleses, personas con experiencia propia de sufrimiento psíquico se han formado como profesionales de Diálogo Abierto y han sido contratadas como profesionales pares, trabajando en pie de igualdad junto a profesionales con formación disciplinar en las reuniones de red. Los fundamentos conceptuales del rol de profesional par proceden de los principios y del enfoque relacional del Apoyo Intencional entre Pares (Intentional Peer Support). Estos presentan similitudes importantes con el Diálogo Abierto en cuanto a sus orientaciones filosóficas y teóricas, con una atención particular a lo que ocurre en el «entre» de un encuentro relacional. Sin embargo, también hay diferencias importantes en la forma de conceptualizar los principios de la práctica, en particular en ámbitos como la mutualidad y la autorrevelación. Este artículo ofrece un análisis de este territorio conceptual a partir de la literatura pertinente. Este análisis se prolonga después desentrañando principios de práctica específicos que recogen la aportación singular que pueden hacer profesionales pares a la práctica del Diálogo Abierto. Estos principios se derivan de las discusiones mantenidas en un grupo de aprendizaje-acción de profesionales pares que han participado en la prestación de servicios de Diálogo Abierto en dispositivos ordinarios de salud mental. Formaba parte de un estudio de investigación más amplio titulado Open Dialogue: Development and Evaluation of a Social Network Intervention for Severe Mental Illness (ODDESSI). Los principios abordan por qué quienes ejercen como pares pueden estar especialmente bien situados para ofrecer sintonía, validación, conexión y mutualidad, y autorrevelación, y, por tanto, cómo pueden aportar una dimensión adicional a la práctica dialógica.
En Inglaterra, el desarrollo del Diálogo Abierto ha recibido un fuerte apoyo de muchas personas que han utilizado o utilizan servicios de salud mental, así como de familiares, amistades y profesionales. Se considera que ofrece una forma más abierta e inclusiva de trabajar con el sufrimiento psíquico. En muchos casos, el Diálogo Abierto se está introduciendo en servicios en los que también se está desarrollando el rol de profesionales pares, lo que abre nuevas oportunidades pero también plantea ciertos retos en cuanto a la mejor manera de integrar ambos enfoques. En Estados Unidos, profesionales pares fueron miembros de pleno derecho de los equipos en la implantación de Parachute NYC, inspirado en el Diálogo Abierto, en Nueva York. Pese a algunas dificultades derivadas de limitaciones estructurales en torno a la incorporación de especialistas pares, este proyecto estableció el principio de que debían considerarse profesionales en pie de igualdad, y no personal de apoyo asignado a tareas prácticas fuera de las reuniones de red (Hopper et al., 2020; Wusinich et al., 2020). A escala internacional, hemos visto otros desarrollos de una práctica de Diálogo Abierto con apoyo de pares (véase, por ejemplo, Lorenz-Artz et al., 2023).
En el Reino Unido, el rol de profesional par ha sido un componente clave de algunos equipos de Diálogo Abierto desde 2014, y personas pares se han formado y acreditado como profesionales o terapeutas de Diálogo Abierto, con la capacidad de propiciar resultados y experiencias clínicas positivas (Razzaque and Stockmann, 2016; Kinane et al., 2022). El primer ensayo nacional multicéntrico que evalúa el Diálogo Abierto en los servicios de salud mental del NHS inglés —Open Dialogue: Development and Evaluation of a Social Network Intervention for Severe Mental Illness (ODDESSI)— ha incluido un compromiso explícito con la participación de profesionales pares en los equipos multidisciplinares (Pilling et al., 2022). El Diálogo Abierto con apoyo de pares (POD) puede considerarse una variante del enfoque de Diálogo Abierto tal como se desarrolló originalmente en Laponia occidental, guiada por los mismos principios, con la aportación añadida de profesionales pares que tienen su propia experiencia de crisis, de sufrimiento psíquico y de recuperación personal y, en muchos casos, de uso de los servicios de salud mental.
El desarrollo de los roles de profesionales pares en los servicios de salud mental ha sido a menudo algo ad hoc, sin una reflexión suficiente sobre la naturaleza del rol y sobre cómo debería apoyarse. En particular, puede haber cierta confusión e incoherencia entre los roles de apoyo entre pares y de profesional par en los servicios y equipos (Grey, 2019). Esto ha dado lugar a experiencias y resultados —tanto para las personas usuarias como para quienes desempeñan esos roles— que no siempre han sido del todo positivos (Gillard and Holley, 2014; Vandewalle et al., 2016). Tanto a escala internacional como en el Reino Unido, los roles de profesional par más definidos se han inspirado a menudo en el modelo del Apoyo Intencional entre Pares (IPS) (Mead and MacNeil, 2006; Grey, 2019). El IPS ofrece una manera de construir relaciones con un propósito entre personas que tienen experiencia directa de sufrimiento psíquico. Es un proceso en el que ambas partes utilizan la relación para examinar el significado de sus experiencias desde ángulos nuevos, desarrollar una mayor conciencia de sus patrones personales y relacionales, y apoyarse y cuestionarse mutuamente. Es una práctica fundamentalmente dialógica y, por tanto, puede «encajar» bien con los principios del Diálogo Abierto. Por ejemplo, como observan Kemp et al. (2020), «el principio del DA de “tolerar la incertidumbre” no es del todo distinto de los principios del apoyo entre pares de “no saber” y de la “dignidad del riesgo”, que sostienen la autodeterminación y procuran evitar una práctica regida por la aversión al riesgo» (p. 58).
Aunque los principios de tratamiento que definen la práctica del Diálogo Abierto están bien establecidos (Seikkula et al., 2003), ahora surge la oportunidad de revisarlos, junto con los del IPS, para aclarar los fundamentos conceptuales del rol emergente de profesional par en el Diálogo Abierto. En este artículo empezamos a trazar cómo podría ser, apoyándonos tanto en la literatura filosófica y práctica pertinente como en las discusiones mantenidas en un grupo de aprendizaje-acción de profesionales pares que han participado en la prestación de servicios de Diálogo Abierto vinculados al ensayo de investigación ODDESSI (Pilling et al., 2022). Esperamos así poder articular mejor «un relato coherente y profundo» sobre el POD y sobre lo que puede aportar al desarrollo de la práctica dialógica (Lorenz-Artz et al., 2023).
Junto con el enfoque de terapia familiar de los equipos reflexivos de Tom Anderson (Andersen, 1995), el Diálogo Abierto representa una ruptura decisiva con la práctica sistémica anterior, en la que conversaciones «expertas» tenían lugar detrás de un espejo unidireccional en paralelo a la conversación terapéutica que se desarrollaba con los miembros de la familia (y entre ellos) (Sidis et al., 2022). La función de esas conversaciones era generar hipótesis y formulaciones, utilizando las inspiraciones combinadas de un equipo de supervisión para sortear las resistencias al cambio dentro de la organización de un sistema familiar. Lo decisivo de esta ruptura fue el paso de un discurso organizado jerárquicamente a una práctica democrática de diálogo «abierto», en la que toda la conversación tiene lugar en la sala y se apoya en el lenguaje y las formas de expresión que utilizan la persona que vive el sufrimiento psíquico y quienes forman parte de su red relacional. Como escribe Jakko Seikkula:
«Quizá, como terapeutas, estamos tan acostumbrados a pensar tanto en ser hábiles en métodos e intervenciones que nos cuesta ver la simplicidad. Todo lo que se necesita es estar presente y garantizar que cada voz sea escuchada» (2008, p. 489).
Esta concepción del diálogo remite a la idea existencialista del encuentro auténtico «Yo-Tú» tal como lo describió originalmente Buber (2000), centrada en la posibilidad de que surja algo nuevo en el «entre» de un encuentro, algo que es más que las contribuciones individuales de quienes participan y que puede transformar la experiencia (y la comprensión) de uno mismo y del otro.
Hay ecos similares del encuentro «Yo-Tú» en la forma en que se conceptualiza el diálogo en el Apoyo Intencional entre Pares. Como escribe Shery Mead:
«En un diálogo real, somos capaces de dar un paso atrás respecto a nuestra verdad y abrirnos muy profundamente a la verdad de la otra persona sin dejar de sostener la nuestra. Cuando se produce este tipo de diálogo, ambas partes tenemos la posibilidad de ver, oír y saber cosas de maneras a las que ninguna de las dos habría podido llegar sola» (Mead, 2014, p. 8).
Mead se centra explícitamente en la importancia y la creatividad del espacio «entre»:
«Cuando prestamos atención a la relación… prestamos atención a lo que ocurre entre nosotros. Dicho de otro modo, nos centramos en el “espacio” que hay entre nosotros, en lo que está ocurriendo aquí y ahora y que puede hacernos avanzar o retroceder…. Cuando presto atención a lo que ocurre entre nosotros, se abre una vía de comunicación que favorece la honestidad, la seguridad y la integridad, y que en última instancia cambia la dirección misma que yo quería tomar sin ti» (Mead, 2010a, p. 13).
Un requisito previo del diálogo es tomarse el tiempo de establecer una conexión personal auténtica. En el IPS, esto se describe como «el vínculo que se crea cuando las personas se sienten genuinamente comprendidas y con la confianza suficiente para ir más a fondo» (Mead and Filson, 2017, p. 147). En el Diálogo Abierto, cultivar una conexión así con la persona es igualmente crucial. La investigación internacional sobre el Diálogo Abierto con apoyo de pares muestra que buena parte de quienes ejercen como pares considera que la idea de «par» tiene que ver con las relaciones más que con roles o identidades (Grey, 2019). Mary Olson y sus colegas sostienen que en el Diálogo Abierto no debería haber «soluciones prefabricadas» ni «intervenciones planificadas de antemano» (Olson et al., 2014, p. 27). Esto se relaciona estrechamente con el principio de práctica de la tolerancia a la incertidumbre (Seikkula et al., 2003) y con la intención de mantener el foco en «la conexión, por oposición a la dirección» (Razzaque and Stockmann, 2016, p. 352).
Para Mead, hay una distinción crucial entre el apoyo entre pares en general, que puede implicar ayudar al otro, y el Apoyo Intencional entre Pares, que consiste en un proceso fundamentalmente mutuo de aprender con el otro y del otro:
«Aprender implica curiosidad, interés por conocer al otro, su manera de saber, su manera de dar sentido al mundo, mientras que ayudar suele implicar que ya tienes las respuestas, que sabes más, que puedes llegar y decirle a alguien lo que tiene que hacer» (Mead, 2010a, pp. 12–13).
Puede que esto no ocurra de inmediato, y que haga falta tiempo para que las personas estén lo bastante conectadas como para permitir la expresión de experiencias de fuerte carga emocional; después puede emerger un espacio «entre» en el que quizá sea posible elaborar «una nueva historia “compartida”» (Mead and Hilton, 2003, p. 89).
Aunque el Diálogo Abierto y el IPS puedan compartir algunas raíces conceptuales comunes, puede haber ciertas tensiones en cuanto a cómo se traduce esta apertura «en el momento» en la práctica terapéutica. ¿Es el diálogo, en el fondo, más bien un proceso unidireccional en el que la persona profesional aprende y explora las experiencias, significados y comprensiones de una persona (y de su entorno cercano), pero sigue siendo en cierto modo un «libro cerrado», de manera que quienes están en la sala tienen menos ocasión de encontrarse con la persona que hay detrás de la figura profesional? ¿O se basa en la mutualidad de las relaciones entre pares, en las que quienes participan aprenden continuamente de los demás, y en las que ambas partes pueden verse conmovidas y transformadas por su encuentro con la otra? Aunque se reconoce que puede resultar «delicado cuando a una de las personas se le paga» (Mead, 2014 p. 13), es esencial para el IPS que quienes ejercen como pares pongan todo su ser «en la ecuación» (Mead, 2010a, p. 13); de ahí la atención a la importancia de una autorrevelación pertinente y adecuada como elemento clave de su práctica. A su vez, esto puede suponer un reto —y una oportunidad— para el resto de profesionales de Diálogo Abierto, a quienes invita a mostrar más apertura y a revelar más de sí dentro del proceso terapéutico.
Un segundo ámbito en el que el Diálogo Abierto y el IPS comparten un terreno común importante es una preocupación fenomenológica por los significados y las interpretaciones: cómo damos sentido a nuestra experiencia y la posibilidad de que siempre existan nuevas maneras de darle sentido que puedan surgir al conectar dialógicamente con otras personas. Seikkula y Olson sugieren que la psicosis (y potencialmente otras manifestaciones del sufrimiento psíquico) puede implicar una «alienación temporal, radical y aterradora respecto de las prácticas de comunicación compartidas: una “tierra de nadie” donde la experiencia insoportable no tiene palabras y, por tanto, el paciente no tiene voz ni verdadera capacidad de acción» (Seikkula and Olson, 2003, p. 409). El diálogo implica, por tanto, tender la mano para conectar con los marcos de expresión y de comprensión de los demás «a fin de desarrollar un lenguaje verbal común para las experiencias que permanecen encarnadas en el habla de la persona… y en sus voces interiores privadas y signos alucinatorios» (Seikkula and Olson, 2003). Esta búsqueda hermenéutica se opone radicalmente a las prácticas de salud mental más tradicionales, en las que una mirada médica o psicológica dominante puede imponerse sobre lo que parece disidente, anárquico o irracional. Para salvaguardar el espacio dialógico «entre» en el que pueden surgir un lenguaje y una comprensión nuevos, un principio central del Diálogo Abierto es la tolerancia a la incertidumbre y la disposición de la persona profesional a sentirse cómoda en un lugar de «no saber» durante todo el tiempo que haga falta para que emerja el sentido.
Desde una postura construccionista social más explícita, el IPS invita a las personas a «considerar la posibilidad de que existan muchas verdades» (Mead, 2014, p. 6), y a deconstruir las formas dominantes (y quizá ya habituales e interiorizadas) de ver y de ser. Por ejemplo, en lugar de encontrarnos «cayendo en supuestos psiquiátricos sobre nosotros mismos o sobre los demás» (Mead, 2014), el proceso incierto y a veces arriesgado del diálogo puede crear un espacio en el que surjan significados nuevos y alternativos, capaces de devolver a las personas la posibilidad de recuperar su voz y su capacidad de acción. En lo fundamental, el IPS tiene que ver con la conversación. Se trata de cómo… creamos un nuevo «saber» a través del diálogo (Mead, n.d.). Esta cocreación de un «nuevo saber» adquiere una postura y una finalidad más políticas que en el Diálogo Abierto: no se trata solo de romper el aterrador aislamiento hermenéutico del sufrimiento psíquico, sino que se concibe también como orientada a producir un cambio social, un cambio que se basa en escuchar y aprender de los significados y experiencias silenciados de quienes pueden haber sufrido trauma, abuso y opresión (Mead, 2010b).
Para conceptualizar las ideas de pluralidad e indeterminación, el Diálogo Abierto se apoya en la obra filosófica de Mijaíl Bajtín. Bajtín veía en las relaciones dialógicas la construcción de la vida cotidiana, en la que el sentido solo surge a través del diálogo. Las identidades y las actuaciones se consideran siempre en movimiento e intrínsecamente inacabadas, continuamente abiertas a ser moldeadas por nuevos encuentros y experiencias. A partir de su análisis de la obra de Dostoievski, Bajtín desarrolló el concepto de «polifonía» para describir una realidad de múltiples voces en la que las «conciencias internamente inacabadas» de quienes participan se responden unas a otras, cocreando «una auténtica polifonía de voces plenamente válidas» (Bakhtin, 1984, p. 6, 176). Lo que se dice es una respuesta a un enunciado anterior y, a su vez, invita a un nuevo enunciado que le responda. Esta secuencia nunca se completa, ya que surgen nuevos significados cada vez que se reanudan las conversaciones. En el IPS se encuentra un énfasis similar en la naturaleza siempre inacabada de la experiencia humana y en la cocreatividad de «responderse» mutuamente:
«Al igual que la improvisación en la música, el IPS es un proceso de experimentación y cocreación, y supone que nos respondemos unos a otros para crear formas de comprensión cada vez más interesantes y complejas» (Mead, 2010b, p. 1).
En el Diálogo Abierto, esta idea de polifonía se apoya también en las ideas construccionistas sociales sobre la validez de una pluralidad de puntos de vista y de subjetividades, en lugar de buscar un significado o una identidad únicos que puedan cerrar o restringir las posibilidades que se abren a las personas. El papel de la persona profesional es «garantizar que cada voz sea escuchada» (Seikkula, 2008, p. 489). La polifonía puede abarcar tanto las voces separadas de quienes interactúan en un encuentro como sus múltiples voces internas o subjetividades potenciales, voces que pueden haber quedado silenciadas o fracturadas unas de otras a causa de experiencias de trauma y sufrimiento psíquico, o que pueden reflejar simplemente las maneras más cotidianas en que las personas ponen en primer plano y articulan sus distintos «yoes» en relación con los diversos contextos sociales que habitan (Davies and Harré, 1990; Gergen, 1991).
Las concepciones del poder y de la inclusión son menos explícitas en el Diálogo Abierto. En conexión con la obra posterior de Tom Andersen, el Diálogo Abierto marca el paso de la relación jerárquica «profesional–cliente», característica de buena parte de la práctica clínica (y de versiones anteriores de la terapia familiar sistémica), a una heterarquía (Andersen, 1995, pp. 17–18) en la que las personas y los puntos de vista se consideran (en teoría) igualmente válidos:
«En una “conversación polifónica”, hay espacio para cada voz, lo que reduce la distancia entre los llamados “enfermos” y los “sanos”. El intercambio colaborativo entre todas las voces distintas teje comprensiones nuevas y más compartidas, a las que cada cual aporta un hilo importante. El resultado es una experiencia común que Bajtín describe como “sin rango”» (Olson et al., 2014, p. 5).
Sin embargo, los conceptos de heterarquía y de «sin rango» no tienen necesariamente en cuenta cómo las percepciones (y realidades) de estatus diferenciados dentro de la sala probablemente harán que se pongan en juego relaciones de poder, y que algunas voces puedan verse privilegiadas frente a otras. Desde la perspectiva profesional, puede resultar difícil renunciar a posiciones de «saber» y de «poder sobre» (véase Chmnielowska et al., 2022; von Peter et al., 2023).
El IPS ofrece una consideración más abierta de las relaciones de poder tal como las viven las personas que atraviesan dificultades de salud mental:
«En las comunidades de personas que han sido marginadas, existe un sentimiento arraigado de impotencia que pasa desapercibido. Identificar las dinámicas de poder y hablar de ellas es un primer paso para desmontarlas» (Mead et al., 2001, p. 139).
El IPS reconoce «el poder del lenguaje y de las prácticas de etiquetado» para silenciar las voces que cuestionan el statu quo dominante de la organización social, y cómo, incluso en situaciones terapéuticas, pueden reaparecer fácilmente patrones opresivos en los que «se utilizan diversas formas de poder para culpabilizar, controlar la toma de decisiones y recrear relaciones del tipo experto/paciente» (Mead and MacNeil, 2014, pp. 3–4). Puede verse aquí una conexión con las ideas según las cuales la experiencia del reconocimiento puede ser fundamental para la justicia social y la emancipación (Fraser, 2000; Honneth, 2004). Que otra persona nos reconozca por «quienes somos realmente» puede resultar profundamente validante y empoderador, sobre todo si nuestro propio sentido de identidad parece algo incierto o amenazado, o se encuentra en un estado de emergencia o de transición. A la inversa, ser objeto de un falso reconocimiento (por ejemplo, que se nos identifique a partir de nuestro diagnóstico) puede resultar profundamente desempoderador. Las personas profesionales pares pueden estar en una posición única para ofrecer ese reconocimiento dentro de un proceso de interacción dialógica, y para comprender cómo el diagnóstico psiquiátrico y otras formas de etiquetado social pueden conducir a ese falso reconocimiento.
Al tratar de movilizar un poder compartido mediante la construcción de relaciones mutuamente empoderadoras, el IPS conecta con las concepciones feministas del poder desarrolladas por Jean Baker Miller y sus colegas, y en particular con la obra de Surrey, que caracterizó las estrategias relacionales de empoderamiento como «una movilización de las energías, fortalezas, recursos o poderes de cada persona a través de un proceso mutuo y relacional» (Surrey, 1991, p. 164), algo muy distinto de las nociones más individualistas (y de inspiración masculina) de autodeterminación o autorrealización. Su descripción del funcionamiento de ese poder hace eco del énfasis que tanto el IPS como el Diálogo Abierto ponen en la naturaleza generativa del espacio «entre» en las relaciones y en el diálogo:
«El movimiento de la relación crea una energía, un impulso o un poder que se vive como algo que va más allá del individuo, pero que está a disposición del individuo… Ninguna de las dos personas tiene el control: al contrario, cada una se ve ampliada y se siente empoderada» (Surrey, 1991, p. 168).
Un último ámbito de intersección entre ambos enfoques es la atención a la persona en sus contextos familiares, sociales y comunitarios más amplios. Mead habla de la importancia de pasar de las «relaciones de servicio» unidireccionales y dependientes (que pueden caracterizar a muchos sistemas de salud mental) a la reciprocidad —la posibilidad de dar además de recibir— propia de ser «un miembro corriente de la comunidad»:
«Para muchas personas, las relaciones se han convertido únicamente en recibir: contar la historia de tu problema y luego recibir ayuda con él. Se pone poco énfasis, o ninguno, en devolver.. Las relaciones de servicio son como una calle de sentido único y los roles de ambas personas están claramente definidos. Pero en las relaciones “corrientes” de tu comunidad, la gente da y recibe todo el tiempo. Nadie está permanentemente del lado de quien recibe o del lado de quien da. Este intercambio contribuye a que las personas se sientan bien con su vulnerabilidad (necesitar ayuda) y seguras de lo que ofrecen» (2014, p. 5).
Mientras que el IPS pone el acento principal en recuperar la reciprocidad y la mutualidad en las relaciones personales, incluida la relación con la persona profesional par, en la que se puede compartir la vulnerabilidad, el Diálogo Abierto se centra más específicamente en unirse a la propia familia y red social de la persona. Adoptar una perspectiva de red social es un principio central y definitorio del Diálogo Abierto: asegurarse de que nadie quede separado artificialmente de su entorno relacional, sino que siempre se le vea como una persona-en-relación-con-otras. Siempre debe invitarse a la familia y a otros miembros clave de la red social de una persona a las primeras reuniones para movilizar apoyo, no solo en torno a la persona, sino también para otros miembros de la red que puedan tener dificultades para comprender o afrontar lo que está ocurriendo. Más allá de esto, también puede establecerse contacto con otros organismos, como los de vivienda o empleo, que pueden desempeñar un papel crucial para mantener (o crear) un lugar para la persona en el mundo social más amplio.
Los ámbitos de coincidencia y de diferencia en los fundamentos conceptuales del Diálogo Abierto y del IPS se resumen en la tabla 1. Se observa en ella que, aunque existen intersecciones poderosas entre el marco conceptual del Diálogo Abierto y el del IPS, este último no puede subsumirse en el primero. Al contrario, puede aportar una dimensión conceptual adicional que sustente la práctica del Diálogo Abierto con apoyo de pares.
Tabla 1 — Diálogo Abierto y Apoyo Intencional entre Pares: coincidencias y diferencias.
Tanto el Diálogo Abierto como el IPS proponen principios que tratan de definir y orientar la práctica, a partir de sus respectivas conceptualizaciones del campo expuestas más arriba. Las ideas centrales que definen la práctica del Diálogo Abierto se articulan en tres de los siete principios de tratamiento (los demás principios, como la ayuda inmediata y la continuidad psicológica, se refieren a expectativas más prácticas relacionadas con la organización de los sistemas de atención). Estos principios se caracterizan como: una perspectiva de red social; la tolerancia a la incertidumbre; y el dialogismo (Seikkula et al., 2003). El IPS propone principios que desplazan el foco hacia el aprendizaje (en lugar de la ayuda); la relación (en lugar del individuo); y la esperanza y la posibilidad (en lugar del miedo) (Mead, 2010b, p. 1). Amalgamarlos sin más no proporciona una base conceptual coherente para el Diálogo Abierto con apoyo de pares; de ahí la razón de ser de nuestra discusión con un grupo de aprendizaje-acción de profesionales pares, con el fin de establecer fundamentos conceptuales arraigados en su experiencia práctica y que definieran con mayor claridad el valor añadido que el IPS y el rol de par pueden aportar a la práctica dialógica.
Un grupo de siete profesionales pares de los distintos centros de investigación de ODDESSI se reunió periódicamente para participar en un grupo de aprendizaje-acción. Este ofrecía un foro permanente en el que profesionales pares y equipo investigador podían plantear cuestiones y preguntas para una discusión reflexiva, y en el que las personas pares podían compartir ejemplos de su práctica como base para un aprendizaje reflexivo. Con su acuerdo, se grabaron algunas de las discusiones. Estas abarcaron una serie de cuestiones y experiencias relacionadas con el desarrollo y la comprensión del rol de profesional par en los equipos de Diálogo Abierto. Todas las personas profesionales pares estaban formadas en la práctica del Diálogo Abierto y tenían cierta familiaridad con el IPS. Aportaban también experiencias diversas en relación con el apoyo entre pares y con roles activistas.
A partir de algunas discusiones anteriores en las que las personas profesionales pares habían reflexionado sobre el uso de sí mismas en las reuniones de red, introdujimos una discusión sobre «¿qué hay de diferente en tu manera de conectar y de estar con las personas que viven un sufrimiento psíquico y con sus familiares, respecto de cómo ves que están con ellas otras personas profesionales?». Dos sesiones del grupo de aprendizaje-acción se centraron específicamente en lo que la participación de pares podía aportar de diferente y de adicional a las reuniones de red, y en cómo podía recogerse en un conjunto de principios de práctica. En el trasfondo de estas discusiones había ideas procedentes del Diálogo Abierto y del IPS, pero, aunque sugerían algunos puntos de partida, el foco principal estaba en lo que emergía en el espacio «entre» a medida que quienes participaban compartían sus experiencias prácticas y les daban sentido. Aunque las discusiones de reuniones anteriores del grupo de aprendizaje-acción habían tendido a centrarse sobre todo en cuestiones relativas a la autorrevelación, lo que emergió fue una comprensión más matizada de que esta era solo uno de los aspectos por los que las personas profesionales pares podían ofrecer algo valioso a partir de su experiencia vivida. La discusión cristalizó en torno a ciertas ideas clave que empezaron a delimitar lo «adicional» que las personas pares podían aportar a las reuniones de red. Estas ideas sugerían una conceptualización de la aportación de pares basada en las posibilidades de sintonía; validación; mutualidad y conexión; y autorrevelación. A su vez, hemos tratado de traducirlas, junto con las reflexiones de las personas participantes sobre su experiencia, en un conjunto de principios preliminares para orientar la práctica. En las discusiones hubo una coherencia considerable en la forma de articular la comprensión de la sintonía y de la validación. Sin embargo, hubo una mayor diversidad de puntos de vista sobre cómo debían entenderse y practicarse la mutualidad y la autorrevelación, y esto se ha reflejado en la forma en que se han formulado los principios.
En respuesta al desafío de Seikkula según el cual «todo lo que se necesita es estar presente y garantizar que cada voz sea escuchada» (Seikkula, 2008, p. 489), las personas pares pueden tener una capacidad acrecentada, basada en haber sobrevivido a sus propias experiencias de sufrimiento psíquico, para sintonizar con experiencias que pueden ser especialmente difíciles de expresar. Como dijo una de ellas: «Tienes las antenas más sensibles». La sintonía puede implicar captar y responder a una serie de señales no verbales y lingüísticas: «No sé si es el movimiento de los ojos o el lenguaje corporal o qué es, pero es bastante extraño.. Pero también el lenguaje que usa la gente, me fijo en eso y no consigo entender cómo otras personas a veces no lo notan de verdad». Este proceso de sintonía puede considerarse generativo, en el sentido de que hace surgir una comprensión nueva para ambas partes. Esto enlaza con la analogía de Mead con quienes hacen música y saben sintonizar entre sí y «responderse» en un proceso de improvisación que se va desplegando (Mead, 2010b, p. 1).
Dentro de la polifonía más amplia de voces de la reunión de red, se consideró que «si has tenido experiencias similares, captarás todo tipo de cosas que otras personas quizá no noten», y se reconoció la importancia de la conciencia de sí para evitar que la persona profesional par imponga su propia «agenda» o su propia experiencia. La experiencia previa de un sufrimiento agudo podía hacer a las personas pares más sensibles al dolor y al sufrimiento presentes en la sala, y también menos propensas a eludirlos: «Creo que quizá se me da bastante bien sintonizar con ese dolor, puedo identificarme con el dolor y el sufrimiento, y quizá tengo menos ganas de taparlo… Siento curiosidad por él».
Esta capacidad acrecentada de sintonía puede ir más allá de captar simplemente lo que resulta personalmente familiar o lo que resuena. La experiencia de par puede proporcionar una capacidad aguzada para percibir los sentimientos y conectar con ellos incluso cuando el contenido real de la experiencia es muy distinto: «Puedo sintonizar de verdad con la madre aunque yo no haya tenido un hijo con psicosis, de algún modo lo siento de verdad». Estar en sintonía puede significar responder a ciertas señales para incorporar a miembros de la red al diálogo. Al sintonizar de este modo con la voz hasta entonces oculta de la madre, «la madre y el hijo empezaron entonces a hablar por primera vez de cosas que no se habían abordado pero que claramente eran importantes». Una capacidad acrecentada de sintonía puede aplicarse no solo a la conexión con una persona concreta; también puede aplicarse a «leer una sala» en busca de señales de lo que aún no se ha dicho, lo que puede aportar «una dimensión adicional para entender lo que está ocurriendo en el grupo más amplio, así como cuáles pueden ser las voces dentro de esa persona».
A partir de esta discusión, proponemos la siguiente formulación de un nuevo principio de práctica para profesionales pares, que ofrece una primera caracterización de lo que puede hacerse posible a través de la sintonía:
A través de su experiencia vivida personal, las personas profesionales pares pueden aportar una sintonía particular con las emociones de las demás personas presentes en la sala, así como una conciencia desarrollada del lenguaje implícito y explícito que estas pueden estar utilizando y una sensibilidad hacia él.
Seikkula y Olson (2003) subrayan el aislamiento y la exclusión hermenéutica de las personas que viven sus propias manifestaciones singulares de sufrimiento psíquico, para las que no tienen lenguaje, y que por tanto solo disponen de posibilidades muy limitadas de que esa experiencia sea reconocida o comprendida por otras personas. Buber utiliza el término «confirmación» para describir un proceso en el que nuestra propia subjetividad (y humanidad) singular solo puede realizarse cuando se refleja con exactitud y se nos devuelve a través de nuestro encuentro con otra persona: un proceso intrínsecamente recíproco en el que la otra persona se permite estar abierta a recibir nuestra confirmación de su subjetividad singular y presente. En una conexión más estrecha con la agenda de acción social del IPS, esa «confirmación» puede verse también en términos de reconocimiento, como un paso hacia la consecución de la justicia social (Fraser, 2000; Honneth, 2004), una lucha que puede desarrollarse en un contexto más amplio de posible estigma, opresión y falso reconocimiento, tanto por parte del sistema de salud mental como de la sociedad en general. Como dijo una persona profesional par: «Es como las comunidades de personas que tienen una experiencia compartida, que no parten de la incredulidad».
En virtud de sus propias experiencias vividas de sufrimiento psíquico, y quizá también de sus propias experiencias de invalidación y de falso reconocimiento, las personas profesionales pares ocupan una posición única para poder ofrecer un reflejo capaz de afirmar que las experiencias de la persona o del miembro de la red son reales y merecen ser reconocidas. Pueden estar sensibilizadas a los posibles efectos nocivos de ciertas prácticas psiquiátricas (como el diagnóstico) sobre el reconocimiento y la validación: «cuando no miras eso… conoces a la persona con la que te piden trabajar, es extraño». Las experiencias inusuales asociadas a la psicosis pueden comprenderse y normalizarse, en lugar de patologizarse: «a veces es la manera en que conectamos lo que hace que la gente sienta que lo que está viviendo es real». Por su mera presencia, y por la posibilidad de fundamentar sus reflexiones en su propia experiencia, las personas profesionales pares pueden estar en mejores condiciones de asegurar a la persona que su voz es legítima y creíble. Si las personas se sienten seguras y apoyadas para hablar, pueden compartir experiencias que nunca antes habían expresado. En particular, las personas profesionales pares pueden estar en posición de escuchar y reconocer la angustia o la desesperación extremas de las personas: «reconocer la desesperanza de alguien [puede ser] muy validante: en realidad estás validando a quien esa persona es, y no a quien los [servicios de salud mental] querrían que fuera». Algunas personas tardan más que otras en recorrer su camino personal, mientras que otras no cambian. Las personas profesionales pares pueden legitimar que el lugar en el que alguien se encuentra puede ser «un lugar válido en el que estar, o sea, que está bien». Paradójicamente, al quitar la presión de mejorar para responder a las expectativas de los demás, esa validación puede dar a las personas poder y apropiación respecto de su experiencia: un sentimiento de empoderamiento que, a su vez, puede constituir una base para la recuperación (Leamy et al., 2011).
Para alguien que puede estar lidiando con una multiplicidad de voces internas o con emociones contradictorias, puede ser importante no solo sentir que se le valida como persona, sino también que «la polifonía de las voces que hablan todas a la vez» sea reconocida como válida e importante. Esto puede ser el comienzo de un proceso que consiste en «permitir que la gente empiece a sentir que puede hablar de estas cosas, lo que creo que ha sido realmente importante para normalizarlo y quizá quitarle parte del estigma». Una vez más, puede ser la experiencia vivida de la persona profesional par la que ofrece una capacidad particular para estar «a gusto» con los distintos elementos de una subjetividad fracturada, y para reconocer que solo pudiendo sacar esos elementos a la luz en un espacio seguro y validante puede escucharse y reconocerse plenamente la complejidad del sufrimiento. Al ofrecer ese reconocimiento, las personas profesionales pares establecen conexiones que de algún modo alivian el dolor y el aislamiento o generan esperanza: «hay una especie de magia en la que realmente sientes que, una vez que lo dices y lo expresas y la otra persona lo oye, de verdad se va un poco de ti, ¿sabes lo que quiero decir? Es bastante extraño». A su vez, esto puede abrir la posibilidad de un proceso de sanación y de reintegración: ya no tener que esconder esos elementos en un mundo interior de aislamiento aterrador, sino recibir validación, potencialmente no solo de una persona profesional par, sino también de quienes, en su red, le importan. Es facilitando este proceso más amplio como el Diálogo Abierto con apoyo de pares puede crear «un espacio para que estén en el mundo como personas válidas», algo que puede considerarse una piedra angular de la recuperación (Bradshaw et al., 2007).
Otro aspecto de la validación que puede ser importante se da cuando las personas han sentido que sus experiencias han sido invalidadas, no solo por personas de su familia o de sus redes sociales, o por actitudes sociales más amplias, sino por los propios servicios de salud mental: «se vuelve muy difícil hablar del daño que se ha sufrido a causa de esos sistemas si nadie a mi alrededor lo va a validar en absoluto». Esta dificultad para alzar la voz y lograr que se escuche lo relativo al daño causado por los sistemas puede ser un problema persistente, no solo para las personas que reciben los servicios, sino también para las personas profesionales pares que trabajan en ellos.
A partir de estas ideas emergentes, proponemos la siguiente conceptualización de la validación como segundo principio de práctica del Diálogo Abierto con apoyo de pares:
Utilizando de forma explícita e implícita su experiencia vivida, las personas profesionales pares pueden validar y reconocer la experiencia actual de personas que pueden estar enfrentándose a un falso reconocimiento por parte de otras, o que empiezan a dudar de la validez de sus pensamientos y sentimientos. A su vez, esto puede empoderar y generar esperanza al permitir a las personas recuperar su sentido de la propia valía y la confianza en sí mismas.
Las personas profesionales pares están quizá en una posición única para comprender la naturaleza (y la dificultad) de conectar cuando una de las partes está viviendo un sufrimiento psíquico. Como dijo una persona profesional par, conectar puede ser más «espontáneo» e «instintivo»: «…no puede haber reglas fijas, y si piensas en reglas… no va a ser auténtico, no va a ser espontáneo». Esto puede facilitar una «interacción en el aquí y ahora» (Galbusera and Kyleso, 2017, p. 3), a diferencia de profesionales de la clínica cuya apertura a establecer una conexión tan intensamente personal puede verse más limitada por un «bagaje» de expectativas de rol y de formación previa en materia de límites profesionales. El riesgo de conectar también puede percibirse de otro modo por parte de la persona que vive el sufrimiento psíquico si ya percibe a quien intenta conectar con ella como alguien que podría conocer y comprender parte de su vulnerabilidad. Es posible, por tanto, que el «conocerse» inmediato pueda enmarcarse en una mutualidad de la toma de riesgos, lo que facilita la construcción de la confianza.
Su experiencia puede dar a las personas profesionales pares una mayor conciencia de que la conexión requiere tiempo y espacio, a diferencia de una práctica clínica más tradicional que puede caracterizarse por interacciones controladoras y trayectorias de tratamiento más rápidas: «Creo que con parte del personal [clínico] es como para quitárselo de encima, ¿sabes?, y pasar a otra cosa». Este impulso de actuar, propio de la lógica profesional, contrasta con el principio de práctica clave del Diálogo Abierto que es la tolerancia a la incertidumbre (Seikkula et al., 2003), y a las personas profesionales pares puede resultarles más fácil simplemente «estar con» y construir una confianza más profunda, en lugar de empujar (aunque sea de forma inconsciente) hacia soluciones. Gracias a su propia experiencia de «estar con» su propio sufrimiento, las personas profesionales pares pueden estar más capacitadas para «estar con» una persona en sufrimiento agudo y tener menos miedo de conectar con ella en ese espacio: «podías estar más… cómoda estando con alguien con un estrés bastante agudo, porque has pasado por ahí y has sobrevivido… Mientras que otras personas que quizá no habían vivido esa intensidad de estrés en carne propia simplemente le tenían más miedo». De este modo, la presencia de una persona par como colega en una reunión de red puede, por sí misma, dar permiso al personal clínico para dejar atrás este aspecto de su formación y, así, estar en mejores condiciones de permanecer con el sufrimiento en lugar de intentar curarlo.
Aunque no existen reglas formales para la conexión, puede ser importante que las personas profesionales pares estén presentes en la primera reunión de red, en la que puede establecerse la conexión inicial con la persona en el momento de la crisis: «La mayor conexión la he sentido con personas cuando me han invitado justo al principio de la crisis y se me ha mantenido dentro de esa red». Galbusera y Kyleso (2017) subrayan la importancia del principio organizativo central de la continuidad psicológica, «que significa que la responsabilidad de la atención sanitaria del cliente recae en las mismas personas profesionales de referencia durante todo el tratamiento» (p. 2).
Para la persona profesional par, las experiencias compartidas de opresión social pueden dar lugar a una conexión a través de un sentimiento de solidaridad: «puede que en la sala no se le llame así… pero para mí es una especie de conciencia política, como una conexión de solidaridad en la opresión». El humor puede ser una forma de conectar en torno a esas experiencias (y de resistir a sus efectos negativos), incluidas las vinculadas a su paso por los servicios: «A veces me siento conectada con la persona desde una posición un poco burlona respecto a los servicios, en el sentido de una especie de sonrisa ligeramente compartida». Aunque las personas profesionales pares son a menudo conscientes de las tensiones que entraña su propia posición como trabajadoras remuneradas, no están sujetas a las mismas responsabilidades legales que el personal clínico. Esto puede permitir una mayor apertura a la conexión y al desarrollo de relaciones basadas en una mayor similitud de sus experiencias del ejercicio del poder: «No creo que ninguna persona par tenga ninguna responsabilidad legal en torno al encierro o al internamiento involuntario ni nada parecido, y creo que eso afecta a la capacidad de estar con… eso me permite un cierto nivel de proximidad con alguien que el personal clínico no puede tener».
Cuando se produce la conexión, la energía entre las personas presentes en la sala puede cambiar: «hay un cambio casi tangible en el ambiente energético de la sala cuando hay una conexión real entre la persona con experiencia vivida y la persona que está sufriendo en ese momento». La conexión puede producirse a través de la empatía y del sentimiento compartido, lo que también puede afectar a otros miembros de la red: «Creo que tiene muchísimo que ver con sentir el dolor pero también con tener empatía. Y haber pasado por ahí y haberlo sentido, creo que es una conexión fuerte con algunos de los miembros de la red». A las personas profesionales pares les puede costar describir la sensación misma de conectar, pero palabras como «magia», «química» e «inquietante» parecían ajustarse a lo que vivían. Seikkula observa que en el diálogo «las personas vivas emergen en un contacto real entre sí… sin controlar ni deliberar sobre su comportamiento con palabras» (Seikkula, 2011, p. 186). Las personas profesionales pares pueden arrojar luz sobre esta experiencia más profunda de la conexión: «Así que son los enunciados no verbales, y a veces ni siquiera tenemos que decir lo que sentimos o lo que vivimos o con qué estamos conectando».
Aunque el IPS las subraya con fuerza, las ideas de mutualidad y de igualdad en el intercambio no siempre encajan fácilmente con el rol de profesional par en el Diálogo Abierto, y este surgió como un ámbito de posible tensión y disonancia para las personas profesionales pares. Como dijo una de ellas: «lo de la mutualidad, creo que se usa bastante en nuestra manera de hablar del Diálogo Abierto. Siento que… no sé, tengo sentimientos encontrados al respecto». Otra persona expresó su preocupación en términos más políticos:
«Para mí, “mutualidad” significa cambio social, porque entonces de verdad nos estamos ayudando mutuamente y se está produciendo algún tipo de cambio, y hay un sentimiento de solidaridad, de construir y de transformar. Para mí, por eso nunca puede ser un movimiento social, porque en realidad no es mutualidad: somos un proveedor de servicios de salud».
Otras personas expresaron la idea de que tanto la persona profesional par como la persona con la que conectaba podían verse realmente conmovidas por la otra: «También es conectar con la experiencia de tener la experiencia». Esto concuerda con la concepción de Hartmut Rosa de las «relaciones de vinculación», caracterizadas por una resonancia en la que, «en el curso de una interacción dada, [las personas] son tocadas o afectadas por un Otro o por otros y, además, son ellas mismas capaces de tocar o afectar a otros» (Rosa, 2019, p. 179). Como dijo otra persona profesional par, estaba abierta a un aprendizaje personal «a partir de lo que puedo ver o de lo que la persona me cuenta». Este sentimiento de verse conmovida por la persona (y de aprender con ella) conecta a la vez con un principio clave del IPS y con la formulación de Galbusera y Kyleso de una «respuesta responsiva», en la que la persona profesional no desaparece como sujeto en el encuentro dialógico: «Escuchar y reconocer a la otra persona no consiste simplemente en reconocer al otro en el sentido de un testimonio pasivo, sino en lo que podríamos llamar un estar-con, la disposición a entrar juntos en la interacción» (Galbusera and Kyleso, 2017, pp. 5–6). Implica sentirse capaz de aportar a la interacción toda la propia persona (y no solo una cierta construcción de un yo profesional). Aunque profesionales de otras disciplinas también cuentan cómo los encuentros dialógicos les han conmovido (Taylor et al., 2023), esa capacidad de «entrar juntos» en un espacio de aprendizaje compartido puede darse con algo más de facilidad cuando se entra en la interacción desde la posición de par que desde la posición profesional. Sin embargo, la presencia de una persona par como colega también puede permitir al personal clínico arriesgarse a aportar más de toda su persona al espacio de interacción.
Proponemos, como tercer principio de práctica, la siguiente caracterización del enfoque de la conexión y de la mutualidad que pueden aportar las personas profesionales pares:
Apoyándose en su experiencia personal, las personas profesionales pares pueden conectar con una persona y con los miembros de su red abriéndose a una relación más mutua en la que pueden compartir cómo ellas mismas se ven conmovidas por las emociones y experiencias que se expresan. Al hacerlo, pueden mostrar que no hay por qué temer las emociones intensas y, de este modo, mantener el foco en conectar y en estar con las personas en su experiencia, en lugar de buscar soluciones. Esto puede ayudar a construir un espacio «entre» de apoyo en el que las personas puedan encontrar sus propias maneras de avanzar.
La autorrevelación no es un concepto nuevo en el Diálogo Abierto, y algunas personas profesionales pueden optar por compartir experiencias de vida durante una reunión de red. Esto tiene su reflejo en el Diálogo Abierto con apoyo de pares, que anima a profesionales de todas las disciplinas a compartir experiencias de vida cuando consideran que es seguro, útil y adecuado hacerlo en una reunión terapéutica. Este enfoque se refleja en la teoría más amplia de la «autorrevelación» de Jourard, según la cual el terapeuta «la controla [la autorrevelación] mediante el sentido común y el juicio, y la limita a una apertura de sí mismo en ese momento» (Friedman, 1985, p. 10). En la práctica, aunque existen estudios sobre los beneficios y las dificultades de la autorrevelación por parte de profesionales (Knox et al., 1997; Hill et al., 2018), para gran parte del personal de los servicios públicos de salud mental la autorrevelación es un concepto y un enfoque nuevos. Con el aumento del número de personas contratadas para utilizar su experiencia personal como parte explícita de su rol, la autorrevelación es cada vez más visible en los entornos sanitarios (Ahluwalia, 2018; Byrne et al., 2022).
En el contexto del Diálogo Abierto, las personas profesionales pares consideraban que la autorrevelación podía tener un impacto poderoso en las reuniones de red. Como reflexionaba una de ellas: «Creo que cuanto más nos preocupa “¿debería o no debería revelarlo?” y todo eso, más nos impide ser plenamente humanos, plenamente auténticos y eficaces». Otra persona par reflexionaba: «Parece que eso fue casi lo que pasó en esa conversación, la experiencia de alguien conectando de verdad con la experiencia de otra persona». Las personas profesionales pares describieron cómo recurrían a su intuición y a su discernimiento antes de decidir revelar algo de sí directamente en una reunión de red o como parte de una conversación reflexiva con colegas. Una persona profesional par comentó: «Puede haber cosas que quizá quiera decir, pero en el Diálogo Abierto también se trata de discernimiento. ¿Qué sería útil compartir ahora? Y si algo me ha removido de verdad en relación con mi propia experiencia vivida, supongo que lo retomo en una reflexión».
La presencia de profesionales pares en los equipos de salud mental puede crear una cultura en la que el personal se sienta seguro y empoderado para compartir su experiencia vivida y utilizarla activamente en su propia práctica (Byrne et al., 2022). Cuando la autorrevelación se utiliza de manera receptiva y adecuada, puede animar a otras personas presentes en la reunión a compartir experiencias personales (Truong et al., 2019). Una persona profesional par reflexionaba: «Hace poco he sentido que, cuando revelo algo, a veces es en una reflexión y la otra persona profesional dice enseguida: “sí, yo también he vivido eso”… Creo que de verdad quieren hablar de su propia experiencia y es como si eso la hubiera abierto».
Sin embargo, cualquier avance hacia la autorrevelación puede producirse dentro de una cultura preexistente en la que el mantenimiento de los límites personales se consideraba una piedra angular de la práctica profesional. Esto puede explicar por qué, en algunos casos, las personas profesionales pares notaron reacciones dispares de sus colegas cuando revelaban algo de sí en una reunión de red. Una persona profesional par contaba: «Tenemos un papel legítimo, casi explícito, que consiste en utilizar nuestra experiencia vivida. Creo que gran parte de la confusión y del miedo se debe a que revelas cosas de forma instintiva en la reunión. Muy a menudo he visto a colegas con cara de incomodidad». En un contexto de trabajo en el que la autorrevelación no siempre se sentía respaldada, otra persona profesional par había optado por mostrarse más reticente a la hora de ofrecerla: «Cuando empecé, sí intentaba aportar más autorrevelación. Ahora no tanto, creo que porque la gente se agarra a ello, y creo que he notado que cambia bastante las cosas».
Aunque las personas profesionales pares reconocían ampliamente el valor de la autorrevelación, también era evidente su coste emocional para quien se revela: «Es el grado de autorrevelación y la energía emocional que exige y lo que te quita». Otra persona reflexionaba: «La mayoría de las veces tiene un resultado muy bueno. Pero absorbes todo eso y te deja completamente agotada». No obstante, una persona par señaló que revelarse en un espacio de apoyo puede reducir el desgaste emocional: «No me sentí agotada al compartir en ese espacio, era un espacio de mucho apoyo».
Lo que resulta evidente es que el proceso de autorrevelación es complejo y lleno de matices. La autorrevelación conlleva un grado de vulnerabilidad para quien se revela, que debe tener en cuenta su seguridad emocional así como la seguridad de las demás personas presentes en la sala. La actitud del resto del equipo puede influir en que la persona profesional par se sienta o no lo bastante segura para revelarse. Se propone la autorrevelación como cuarto principio de práctica para profesionales pares en el Diálogo Abierto:
El título de profesional par ya constituye un cierto grado de autorrevelación, pues indica que una persona tiene su propia experiencia de dificultades de salud mental junto con una experiencia de vida más amplia. En las reuniones de red, las personas profesionales pares deberían utilizar su discernimiento y su intuición para evaluar si la autorrevelación sería útil o no para apoyar o hacer emerger otras voces en la sala, y solo deberían hacerlo cuando sientan que es seguro y útil.
Este artículo ofrece un marco conceptual organizado en torno a un conjunto de principios de práctica destinados a sustentar el Diálogo Abierto con apoyo de pares (véase la tabla 2). Estos principios se han elaborado a partir de discusiones con profesionales pares que trabajan en equipos de Diálogo Abierto situados en los centros del ensayo ODDESSI en Inglaterra, y están arraigados en su experiencia práctica. En su artículo sobre el apoyo entre pares y la toma de decisiones compartida en el Diálogo Abierto, Chmnielowska et al. (2022) sostienen que «aclarar los valores y principios fundamentales del PSW [profesional de apoyo entre pares] en el DA [Diálogo Abierto] garantizará que, a medida que crezca el apoyo entre pares, crezca con integridad…» (p. 4). Aquí ofrecemos una base para seguir explorando un conjunto de principios fundamentales. Los cuatro principios de práctica aquí presentados - sintonía, validación, conexión y mutualidad, y autorrevelación – pueden considerarse una prolongación de ideas centrales inherentes al IPS y al Diálogo Abierto.
Tabla 2 — Cuatro principios de práctica que desarrollan una conceptualización de la aportación adicional que las personas profesionales pares pueden hacer al Diálogo Abierto.
Una conceptualización más clara de la naturaleza de la aportación de pares puede considerarse crucial para el desarrollo de servicios de Diálogo Abierto en los que, actualmente, los retos y oportunidades específicos asociados al rol de par pueden no comprenderse bien, ni por parte de las propias personas pares ni, más en general, por parte de sus colegas de otras profesiones y de los servicios. Para las personas pares, los principios propuestos ofrecen una formulación más clara de lo que pueden aportar a una reunión de red a partir de su experiencia vivida. Pueden ser especialmente útiles en la formación y la supervisión, para mantener y reforzar la integridad del rol. También pueden ser importantes para aportar claridad sobre los roles dentro de los equipos clínicos y mejorar la colaboración entre colegas. Una formulación más clara de la aportación de pares tiene asimismo implicaciones para la contratación y la definición del puesto, y parece haber argumentos sólidos para que las mayores posibilidades de conexión dialógica que aportan las personas pares estén disponibles de forma mucho más amplia y sistemática en los servicios.
Tener experiencia vivida de sufrimiento emocional o psíquico puede significar una mayor tolerancia a la incertidumbre, una disposición a moverse en la complejidad del sufrimiento o de las experiencias inusuales y quizá más seguridad para «estar con» y conectar de una manera que ofrezca más una experiencia de mutualidad, en lugar de la sensación (tácita) de que sigue siendo deber del personal profesional aplicar soluciones para las personas y en su nombre. Sin embargo, esta conceptualización pone de manifiesto que un uso potencialmente mayor de sí puede tener implicaciones para el mantenimiento del bienestar a largo plazo. Ello exige tener en cuenta lo que Scott (2011) llama «love labor» («trabajo de amor»), que puede ser intensamente gratificante pero también emocionalmente exigente; de ahí la importancia de adaptar las oportunidades de supervisión e intervisión que ofrezcan a las personas profesionales pares un espacio de reflexión seguro y protegido. Quizá sobre todo, proporciona una base para que sus colegas de otras profesiones reconozcan lo que, más concretamente, las personas profesionales pares pueden aportar a los encuentros dialógicos, y las posibilidades que esto puede abrir. En la actualidad puede haber expectativas contradictorias dentro de los servicios: por un lado, la autorrevelación pública puede considerarse una expectativa del rol, mientras que, al mismo tiempo, colegas de otras profesiones pueden mostrar incomodidad ante esta práctica porque puede cuestionar su concepción de los límites profesionales. Estos principios ofrecen una base más amplia para comprender el abanico de «valor añadido» que puede aportar la experiencia vivida, en términos de una mayor capacidad para ofrecer sintonía, validación y mutualidad en la conexión, a la vez que subrayan que puede ser necesario recurrir tanto a la intuición como al discernimiento para juzgar cuándo y cómo la autorrevelación puede liberar o facilitar el diálogo en la sala. Estos principios también pueden ser valiosos para profesionales de otras disciplinas, al ofrecerles un marco en el que también podrían sentir más seguridad para dar y compartir algo de sí, y para apoyarse en su propia experiencia vivida de dificultad o de sufrimiento. Es necesario trabajar con el conjunto de profesionales de Diálogo Abierto para comprender mejor cómo se viven la autorrevelación y la vulnerabilidad, de modo que puedan coproducirse pautas para orientarse en ellas.
Trasladar estos principios a la práctica terapéutica ordinaria puede resultar difícil, ya que pueden ir en contra de muchas prácticas convencionales de salud mental y de una cultura biomédica dominante. Las personas profesionales pares trabajan dentro de un sistema que puede haberles causado daño, y sus experiencias necesitan ser reconocidas y validadas. A medida que se comprende y se aprecia mejor el valor y la aportación de la persona profesional par en el Diálogo Abierto, se abre la posibilidad de un cambio gradual y transformador. Las personas profesionales pares pueden contribuir a impulsar un cambio cultural dentro de su equipo que, a su vez, puede repercutir en el servicio en su conjunto. Actuando como cofacilitadoras junto a colegas de la clínica, pueden crear un espacio en el que sus colegas sean testigos de otras maneras de «estar con», de validar y de normalizar, y modelar formas de escuchar, reconocer y responder a la voz del sufrimiento.
Complexe Systémique: puntos clave
Un artículo conceptual que merece leerse ante todo por su primera mitad: la comparación punto por punto entre el Diálogo Abierto y el Apoyo Intencional entre Pares, con una observación sobre la que debería detenerse quien practica la terapia sistémica: la heterarquía «sin rango» de Bajtín y de Andersen no dice nada del poder real que se ejerce en la sala, y fue el movimiento de personas usuarias, no la terapia familiar, el que pensó el falso reconocimiento (Fraser, Honneth) y el poder relacional (Surrey). La segunda mitad, siete pares que hablan, es metodológicamente más frágil —un grupo de siete, sesiones seleccionadas—, pero dice cosas que la literatura clínica calla: que la persona par no tiene ninguna responsabilidad legal en el internamiento involuntario, y que eso es precisamente lo que permite la cercanía; que la mutualidad, en un servicio de salud, es una palabra incómoda; que revelarse agota. Quienes lean desde países donde el apoyo entre pares en psiquiatría lleva una década profesionalizándose encontrarán un marco de cuatro principios y una advertencia sobre el «love labor». Puede leerse junto con Chmielowska sobre el apoyo entre pares y la toma de decisiones compartida y Sidis sobre las conversaciones reflexivas.
Notas del original
Financiación. La investigación fue financiada por el National Institute for Health Research, subvención número RP-PG-0615-20021.
Agradecimientos. La autoría desea reconocer la contribución de las personas profesionales pares que participaron en el grupo de aprendizaje-acción de ODDESSI.
Conflicto de intereses. La autoría declara que la investigación se llevó a cabo en ausencia de cualquier relación comercial o financiera que pudiera interpretarse como un posible conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de Conceptualizing the peer contribution in Open Dialogue practice, de Corrine Hendy, Jerry Tew y Sarah Carr, Frontiers in Psychology, vol. 14 (2023), doi: 10.3389/fpsyg.2023.1176839, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas como recuadros de texto). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial del artículo original «Conceptualizing the peer contribution in Open Dialogue practice», publicado en Frontiers in Psychology (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido y maquetado por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Hendy, C., Tew, J., & Carr, S. (2023). Conceptualizing the peer contribution in Open Dialogue practice. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/conceptualizing-the-peer-contribution-in-open-dialogue-practice (Obra original publicada en 2023 en Frontiers in Psychology, 14 (2023); republicada en 2023 por Frontiers in Psychology, https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2023.1176839/full)
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