Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Solution Focused Practices · Investigación empírica
Seis sesiones, seis terapeutas en formación y un supervisor que, desde detrás de la pantalla, decide entrar en la sala y continuar la entrevista con la misma persona consultante. Alberto Zamanillo y Alberto Rodríguez-Morejón codifican los 3672 turnos de palabra con su instrumento SICOLENTE. El experto introduce información nueva cada dos turnos; el grupo en formación, cada tres. Quienes se inician apoyan más, y de forma más extensa, allí donde el experto se conforma con un «sí», un «vale»; y cuando intentan cambiar el significado, la persona consultante lo rechaza, algo que al experto casi nunca le ocurre. Una lección para la formación: atreverse a proponer más y validar con más brevedad.
Traducción no oficial al español de Language Analysis in Solution-Focused Therapy Training: Comparing Trainees with their Trainer, de Alberto Zamanillo y Alberto Rodríguez-Morejón, publicado en el Journal of Solution Focused Practices (2021), doi: 10.59874/001c.75045, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original, ligeramente editado, se ha traducido al español y maquetado, con las cuatro tablas presentadas en forma de fichas, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
La autoría agradece a Janet Bavelas la edición útil, paciente y minuciosa de este manuscrito.
Cuando se plantea la cuestión de la pericia en el campo de la psicoterapia, numerosas publicaciones se preguntan si es alcanzable o no (Hill et al., 2017; Shanteau, 1992; Shanteau & Weiss, 2014; Tracey et al., 2014), y algunas, cómo caracterizarla (Levitt & Piazza-Bonin, 2016; Norcross & Karpiak, 2017). En última instancia, necesitamos saber qué acciones concretas realiza una persona experta en psicoterapia (Hill et al., 2017); la importancia de la investigación sobre la pericia en psicoterapia no reside únicamente en establecer el efecto que la experiencia tiene sobre el desempeño clínico. Las personas expertas son también modelos que enseñan a las nuevas generaciones de psicoterapeutas y las supervisan (Hill et al., 2015; Hill & Knox, 2013). Por tanto, necesitamos examinar más de cerca lo que hacen quienes ejercen la psicoterapia.
La investigación disponible presenta algunas contradicciones. Eells et al. (2005) compararon la calidad de las formulaciones de caso de tres grupos: terapeutas noveles con menos de 1000 horas de práctica supervisada, terapeutas con experiencia, con más de 10 años de práctica, y personas expertas, que contaban con más de 10 años de experiencia y además eran reconocidas por sus publicaciones, manuales o talleres. Las formulaciones del grupo experto obtuvieron mejores puntuaciones que las del grupo novel y las del grupo con experiencia, pero, sorprendentemente, las del grupo novel puntuaron mejor que las del grupo con experiencia. En el estudio de Witteman et al. (2012), el grupo de estudiantes de máster resolvió mejor una tarea diagnóstica que profesionales del asesoramiento psicológico en ejercicio. Sin embargo, la investigación sobre los resultados de tratamientos psicoterapéuticos reales no ha encontrado diferencias significativas debidas a la experiencia (Okiishi et al., 2003, 2006), e incluso, en un diseño longitudinal, los resultados de terapeutas con experiencia llegaban a empeorar (Erekson et al., 2017; Goldberg et al., 2016).
A esto se suma que los resultados de los metaanálisis tampoco son concluyentes. Walsh et al. (2018) sí indican que una mayor experiencia va de la mano de una mayor eficacia. Sin embargo, metaanálisis anteriores arrojaron resultados según los cuales una mayor experiencia conlleva una menor eficacia (Hattie et al., 1984; Weisz et al., 1995), o según los cuales ambas variables no están relacionadas (Berman & Norton, 1985).
Todos estos estudios tienen en común que no han investigado variables de proceso como el uso del lenguaje (conducta verbal, habilidades de comunicación, habilidades de ayuda, habilidades interpersonales). Según la investigación, un alto nivel de habilidad interpersonal (ser capaz de hacer que las personas consultantes se sientan cómodas y comprendidas, facilitando así el diálogo) se asocia con la obtención de buenos resultados clínicos (Anderson, Crowley et al., 2016; Cuijpers et al., 2012; Heinonen, 2014; Kadur et al., 2020), e incluso puede considerarse una parte esencial en la elaboración de modelos predictivos del éxito (Anderson, McClintock et al., 2016; Schöttke et al., 2017).
Estos resultados no sorprenden; al fin y al cabo, la psicoterapia es una profesión de la palabra (Isaacson, 2019), una conversación entre al menos dos personas. El contexto psicoterapéutico tiene, no obstante, una característica que lo diferencia del diálogo cotidiano cara a cara: quien ejerce la terapia hace un uso intencional del lenguaje. Este uso intencional alude a que el conocimiento teórico lleva a modificar algunos aspectos básicos del lenguaje, como la manera de formular preguntas y de construir formulaciones en respuesta al contenido de la persona consultante, destacando ciertos aspectos, ignorando otros, haciéndolo con frecuencia o hablando apenas (Jordan et al., 2013; Korman et al., 2013; Tomori & Bavelas, 2007). Por ejemplo, Huang y Hong (2015) encontraron mediante microanálisis que terapeutas en formación centrada en soluciones con mayor destreza (no menos de cinco años de experiencia) utilizaban formulaciones más complejas, más preguntas abiertas y más enunciados positivos que terapeutas noveles (menos de tres meses de experiencia). Los resultados de MacMartin (2010) indicaban que terapeutas en formación centrada en soluciones tienden a reestructurar sus preguntas, cuando no se ha aceptado una presuposición optimista de mejoría, para hacerlas más aceptables. Terapeutas con pericia en terapia cognitivo-conductual (TCC) parecen realizar más intervenciones con información nueva, más comentarios de ánimo para la persona consultante, más explicaciones sobre cómo funciona su problema y ejercer una mayor autoridad, con peticiones directas a la persona consultante sobre las tareas que debe realizar fuera de la sesión (Froján-Parga et al., 2011; Vargas-Cruz et al., 2014; Vargas-de la Cruz et al., 2018).
Todos estos resultados deben tomarse como estudios preliminares, ya que, como señala la propia autoría, el tamaño de las muestras y el carácter descriptivo de la investigación no permiten generalizar. Las diferencias halladas podrían deberse a la experiencia de quien ejerce la terapia, pero también a diferencias entre las personas consultantes (sus problemas, su adherencia al tratamiento, etc.), a la idiosincrasia de cada terapeuta (podría ejercer más autoridad por un rasgo de personalidad, no por su experiencia) o al momento preciso de la evaluación. Cabe señalar también que ninguno de los estudios revisados comparó el grado de responsividad (Norcross & Wampold, 2018; Stiles & Horvath, 2017) en función de la experiencia, ni realizó análisis que permitan comprender la interacción entre terapeuta y consultante.
Hasta ahora, la investigación podría dar la impresión de que el lenguaje es una característica aislada de quien ejerce la psicoterapia. Incluso los instrumentos de codificación del lenguaje desarrollados tienden a poner más énfasis en el papel de una de las (al menos) dos partes, quien ejerce la terapia (Gumz et al., 2015). Cuando la investigación se centra en la interacción entre terapeuta y consultante, existen algunas pruebas de que ambas partes producen juntas el diálogo, de tal modo que resulta imposible entender lo que hace una sin tener en cuenta a la otra, y viceversa (Peräkylä, 2011; Ruiz-Sancho et al., 2013; Stiles & Shapiro, 1995). Sin embargo, por ahora no disponemos de suficientes pruebas sobre las diferencias entre personas expertas y noveles en lo que respecta a la interacción con la persona consultante y al uso del lenguaje.
Realizamos un estudio exploratorio sobre estas interacciones y sobre si difieren entre terapeutas en formación (o noveles) y el supervisor (o experto). Dado que no se ha encontrado consenso sobre la definición más precisa de experiencia, pericia o persona experta (Hill et al., 2017; Norcross & Karpiak, 2017; Shanteau, 1992; Shanteau & Weiss, 2014; Tracey et al., 2014), hemos optado por una definición sencilla que facilita agrupar a participantes mediante un cuestionario. Así, en este estudio, una persona experta es alguien con más de diez años de experiencia trabajando de forma continuada como psicoterapeuta, que además debe formar o supervisar a terapeutas que se inician. Una persona en formación es alguien con dos años o menos de experiencia trabajando de forma continuada como psicoterapeuta y que está en formación en el momento en que se graba su desempeño.
La razón principal de este estudio es repensar el proceso de formación de psicoterapeutas. Esta investigación sostiene que, investigando el diálogo entre terapeutas y personas consultantes, podemos llegar a comprender el proceso de la terapia (Stiles et al., 1998). Desde este enfoque, el trabajo pretende comprender las diferencias en el uso del lenguaje (proceso) entre terapeutas noveles y terapeutas con pericia, para introducir mejoras en los procedimientos de formación. Hasta donde sabemos, es el primer estudio de este tipo realizado dentro de un programa de formación y con este tipo de muestra.
Se examinaron las interacciones entre terapeuta y consultante en sesiones individuales en las que una persona en formación iniciaba el tratamiento y un terapeuta experto lo continuaba. Esta muestra se selecciona con la intención de minimizar la explicación alternativa según la cual el lenguaje utilizado dependería del caso investigado. De este modo, la persona consultante actúa como una constante para investigar el uso del lenguaje del experto y del grupo en formación. El diseño es observacional e intersujeto, y se llevó a cabo en contextos naturales. Se realizan análisis descriptivos y se plantean hipótesis exploratorias como primer paso hacia el estudio de las diferencias entre personas expertas y noveles. Todas las personas participantes habían dado su permiso para ser grabadas en vídeo con fines de investigación. El comité de ética de la Universidad de Málaga aprobó el estudio y se respetaron todas las normas éticas (CEUMA: 14-2016-H).
Hubo seis sesiones, cada una con tres participantes: una persona consultante, una persona terapeuta en formación y el experto. Las sesiones analizadas seguían un modelo sistémico integrador (Beyebach, 2009; Beyebach & Rodríguez-Morejón, 1999) que tiene como base la terapia breve centrada en soluciones (TBCS; de Shazer, 1985), combinada con técnicas de la terapia del MRI (Fisch et al., 1982) y de la terapia narrativa (White & Epston, 1990). Las sesiones se dividen en dos partes: una entrevista en la que consultante y terapeuta comparten información, y una intervención en la que quien ejerce la terapia propone deberes o tareas (véase la tabla 1). Las grabaciones de vídeo se seleccionaron entre 23 sesiones grabadas en un centro privado de psicología español entre 2012 y 2018. Se utilizaron dos criterios de selección: (a) el experto, que supervisaba al grupo en formación y seguía la sesión en tiempo real en un monitor, entró en la sesión para continuar la primera fase del tratamiento; y (b) cuando esto ocurre, la conversación tiene lugar exclusivamente entre la persona consultante y el experto, sin ninguna aportación verbal de la persona en formación.
Terapeutas. El experto era un hombre de 52 años, con más de 25 años de experiencia como psicoterapeuta. Es supervisor clínico acreditado por tres asociaciones profesionales españolas de psicoterapia, y autor o coautor de más de 20 capítulos de libro y artículos sobre TBCS. El grupo en formación lo componían seis personas licenciadas en psicología sin experiencia previa en psicoterapia. En el momento de la recogida de datos, cursaban el segundo año de un programa de formación de tres años. Durante el primer año, recibieron formación teórica sobre un modelo integrador de terapia sistémica (Beyebach, 2009; Beyebach & Rodríguez-Morejón, 1999). Realizaron al menos 90 horas de práctica de técnicas específicas (por ejemplo, la pregunta del milagro, las soluciones ineficaces, la externalización) y de habilidades básicas de entrevista (resúmenes, señales de escucha, preguntas abiertas, etc.). Todas las habilidades prácticas se enseñan mediante un modelo en el que el experto realiza la acción para que el alumnado la imite, con una retroalimentación constante de pares y docentes.
Consultantes. La muestra está formada por cuatro mujeres y dos hombres (sus características y motivos de consulta figuran en la tabla 1). Todas las personas consultantes recibieron tratamiento gratuito.
Todas las bases de datos y las tablas ampliadas pueden consultarse en el repositorio de Open Science Framework (https://osf.io/vstxj/). El registro continuo del lenguaje se dividió en turnos de palabra. Estos turnos son la unidad de análisis (la muestra) de esta investigación y se definen así: lo que dice la persona consultante hasta que vuelve a hablar quien ejerce la terapia, y lo que dice quien ejerce la terapia hasta que vuelve a hablar la persona consultante. Esto incluye todas las interjecciones utilizadas para mantener la conversación, como «mmmh» o «vale». Las seis sesiones produjeron 3672 turnos de palabra (tabla 1).
Tabla 1. Descripción de las sesiones analizadas (interacción terapeuta-consultante, duración, turnos de palabra terapeuta-consultante, problema)
Terapeuta en formación 1 (2013, 1.ª sesión): hombre-hombre, 30’39”, 252-215; supervisor: hombre-hombre, 20’10”, 153-129; consumo de drogas. Terapeuta en formación 2 (2013, 2.ª sesión): mujer-mujer, 42’43”, 215-199; supervisor: hombre-mujer, 10’08”, 62-48; problemas de pareja. Terapeuta en formación 3 (2013, 2.ª sesión): mujer-mujer, 28’28”, 109-94; supervisor: hombre-mujer, 20’24”, 130-82; ansiedad y problema de habilidades sociales. Terapeuta en formación 4 (2012, 1.ª sesión): mujer-hombre, 33’21”, 279-221; supervisor: hombre-hombre, 10’29”, 94-74; problemas de pareja. Terapeuta en formación 5 (2015, 1.ª sesión): mujer-hombre, 26’39”, 201-138; supervisor: hombre-hombre, 16’19”, 161-111; estado de ánimo bajo. Terapeuta en formación 6 (2016, 1.ª sesión): mujer-mujer, 44’16”, 307-299; supervisor: hombre-mujer, 4’17”, 52-45; estado de ánimo bajo.
El SICOLENTE es un instrumento observacional fiable y válido (Rodríguez-Morejón et al., 2018) que consta de 20 categorías repartidas en tres dimensiones: Acto conversacional (7 categorías), Tema terapéutico (6 categorías) y Contenido (7 categorías). Se utiliza con muestras de psicoterapia grabadas en audio o en vídeo, en las que solo se codifica el aspecto verbal. Cada turno de palabra recibe un código único de tres letras, una por dimensión (tabla 2).
Tabla 2. Dimensiones, categorías y ejemplos del SICOLENTE
Acto conversacional: Exploración (E), Apoyo (S), Información nueva (N), Exploración que introduce información nueva (I), Comentario (C), Seguimiento (F), Rechazo (R). Tema terapéutico: Mejoría (I), Problema (P), Objetivo (G), Reglas (R), Neutro (N), Mixto (X). Contenido: Conducta (B), Pensamiento (T), Emoción (E), Fisiología (P), Relación (R), Mixto (X), Inespecífico (U).
Ejemplos. Consultante: «He tenido una semana mala… me preocupaba y no podía dejar de pensar en ello» → Seguimiento-Problema-Pensamiento. Terapeuta: «Está bien que empieces a reflexionar sobre ello» → Información nueva-Mejoría-Pensamiento. Consultante: «No consigo verlo como algo bueno… todo me desborda» → Rechazo-Problema-Pensamiento. Las definiciones completas de las categorías se encuentran en el manual, publicado en español y en inglés en Open Science Framework (https://osf.io/dyuz2/).
La codificación la realizó el autor principal. Para trabajar con un único codificador, el analista (AZ) se formó con el manual del SICOLENTE. Después decidimos comprobar la fiabilidad de su codificación frente a un estándar de referencia: la muestra de codificación realizada en la prueba de concordancia intracodificador durante el desarrollo del SICOLENTE (Rodríguez-Morejón et al., 2018). Este procedimiento implica, como sugieren Bakeman y Quera (2011), la existencia de una codificación correcta y objetiva. Según Bakeman y Quera, se considera fiable a una persona codificadora si obtiene un kappa de Cohen de .95. Estos datos tienen en cuenta el número total de categorías (20), su equiprobabilidad (se acordó que todas las categorías podían aparecer con la misma probabilidad) y la alta precisión que se buscaba en la codificación (95%).
Tras obtener estos resultados, se inició la búsqueda de sesiones grabadas que cumplieran los criterios de inclusión. Los turnos de palabra se codificaron con el programa LINCE (Gabín et al., 2012), configurado con las categorías del SICOLENTE. Se utilizaron las tres dimensiones del instrumento para codificar los datos. Dado que el objetivo del estudio es investigar la interacción entre terapeuta y consultante, solo se presentan los resultados obtenidos en la dimensión Acto conversacional. Los datos completos pueden consultarse en https://osf.io/vstxj/.
Se planificaron dos análisis estadísticos: (a) comparación de proporciones mediante la prueba de chi cuadrado de Pearson y pruebas Z para dos muestras; (b) análisis secuencial de retardo uno mediante probabilidades de transición (Bakeman & Quera, 2011; Escudero & Rogers, 2004). Siguiendo las pautas establecidas por Bakeman y Quera, los datos secuenciales solo se analizaron cuando la suma de la fila era de al menos 30 y los residuos ajustados eran Z ≤ ± 2.58 (p < .01), para no sobrestimar los residuos ajustados e incurrir en un error de tipo I. Para realizar ambos análisis, se agrupó a participantes según su experiencia. Se presume que cualquier diferencia que pudieran generar las personas consultantes queda controlada, ya que el grupo en formación y el experto interactuaron con la misma persona consultante.
Los análisis descriptivos mostraron que las tres categorías más utilizadas por terapeutas noveles y por el experto son Apoyo, Exploración e Información nueva, que constituyen el 90,2 % de lo que hace el experto y el 91,8 % de lo que hace el grupo en formación. Las categorías menos utilizadas son Comentario (2,8 % en el experto y 2,5 % en el grupo en formación) y Exploración que introduce información nueva (7,1 % en el experto y 5,8 % en el grupo en formación). Teniendo esto en cuenta, la prueba estadística muestra diferencias significativas entre ambos grupos [χ²(4, N = 2015) = 24.292, p < .001]. Este primer porcentaje global se desglosa de forma distinta en cada grupo: el experto presentó un 25,5 % de códigos de Información nueva y el grupo en formación, un 17,4 %. El código Apoyo se registró en el 60,5 % de las ocasiones en el grupo en formación, frente al 50% en el experto (Z = 4.46, p < .01).
Para continuar el análisis, se agruparon las dos categorías principales que manejan información común con la persona consultante (Exploración y Apoyo) y las dos con las que quien ejerce la terapia introduce información nueva (Información nueva y Exploración que introduce información nueva). Aunque el experto pasó menos tiempo en sesión, su razón entre información compartida e información nueva fue de 422/212 = 1.99, mientras que la del grupo en formación fue de 1012/316 = 3.2. Esto muestra que, aproximadamente, por cada dos ocasiones en que el experto habla con la persona consultante a partir de información común, introduce información nueva al menos en una. El grupo en formación, en cambio, introduce información nueva aproximadamente una vez de cada tres. Esta diferencia es estadísticamente significativa [χ²(1, N = 1963) = 20.289, p < .001; Z = 4.49].
El lenguaje de las personas consultantes fue similar en ambos grupos de experiencia: el código Seguimiento se utilizó el 99,8 % del tiempo al hablar con el experto y el 99,1 % al hablar con el grupo en formación. El código Rechazo (que indica el desacuerdo de la persona consultante con lo que ha dicho quien ejerce la terapia, o una aclaración al respecto) aparece de forma extremadamente escasa: solo el 0,2 % de la conversación con el experto (una única aparición) y el 0,9 % de la conversación con el grupo en formación (12 rechazos repartidos entre cuatro de las seis personas en formación, con un mínimo de 2 y un máximo de 4 rechazos por sesión). La tabla 3 recoge los datos descriptivos y los análisis estadísticos.
Por último, se investigaron las diferencias entre el experto y el grupo novel aprovechando la estructura tridimensional del SICOLENTE. Para ello, se agruparon categorías a fin de generar dos nuevas. Los resultados por dimensión indican que las categorías Neutro (46% en el experto y 52,8 % en el grupo novel) e Inespecífico (57,7 % en el experto y 58% en el grupo novel) son las más utilizadas en las dimensiones Tema terapéutico y Contenido, respectivamente. Como estas dos categorías tienden a aparecer cuando quien ejerce la terapia emite señales de escucha, se decidió investigar este elemento en profundidad. La tríada de códigos Apoyo-Neutro-Inespecífico («claro», «ajá», «entiendo», «vale») se denominó Apoyos débiles, y todos los demás Apoyos (salvo la categoría Apoyo-Reglas-cualquiera) se denominaron Apoyos fuertes (es decir, los que validan el problema, los objetivos de la persona consultante o la mejoría, ya sean conductuales, cognitivos, emocionales, relacionales, etc. Por ejemplo: «estás triste sin motivo, llorando todo el día, vale»; «entiendo, antes también podías ser pesimista, pero ahora sientes que has perdido algo, ¿no?»).
Los resultados indicaron una diferencia significativa en función de la experiencia [χ²(1, N = 1146) = 23.304, p < .001]. El grupo en formación utilizó más Apoyos fuertes que el experto, y el experto más Apoyos débiles que el grupo en formación (Z = 2.28, p < .01) (véase la tabla 3).
En cuanto al análisis secuencial, solo resultaron significativas las secuencias entre terapeutas en formación y consultantes [χ²(8, N = 1212) = 73.17, p < .01]. Se encontraron tres patrones relacionales. En primer lugar, el código Apoyo siempre activa el código Seguimiento en las personas consultantes (Z = 3.10, p < .01). Los otros dos patrones indican que, cada vez que terapeutas noveles hacían cambios de significado (Información nueva o Exploración que introduce información nueva), esto activaba el código Rechazo de la persona consultante (Información nueva → Rechazo: Z = 2.85, p < .01; Exploración que introduce información nueva → Rechazo: Z = 3.78, p < .01).
Como se ha indicado, el análisis secuencial del experto con las personas consultantes no fue significativo [χ²(4, N = 489) = 2.40, p = .67]. Estos resultados eran esperables teniendo en cuenta que, en la tabla de contingencia, las frecuencias combinadas del código Rechazo de las personas consultantes muestran 0 en cuatro celdas. Esto significa que, dados los requisitos de la prueba, no pueden realizarse análisis estadísticos. Pese a la falta de significación estadística, se considera relevante describir el resultado: no puede haber patrón relacional con un código que no aparece, en este caso el rechazo al terapeuta experto (véase la tabla 4).
Tabla 3. Diferencias en el uso del lenguaje entre el grupo en formación y el experto (frecuencia, porcentaje, Z cuando es significativa)
Acto conversacional: Exploración, experto 96 (14,7 %), grupo en formación 189 (13,9 %); Apoyo, 326 (50,0 %) frente a 824 (60,5 %), Z = 4.46**; Información nueva, 166 (25,5 %) frente a 237 (17,4 %), Z = 4.25**; Exploración que introduce información nueva, 46 (7,1 %) frente a 79 (5,8 %); Comentario, 18 (2,8 %) frente a 34 (2,5 %); χ²(4, N = 2015) = 24.292, p < .001. Información: compartida (Exploración y Apoyo agrupados), 422 (66,6 %) frente a 1012 (76,2 %), Z = 4.49**; nueva (Información nueva y Exploración que introduce información nueva agrupadas), 212 (33,4 %) frente a 316 (23,8 %), Z = −4.49**; χ²(1, N = 1963) = 20.289, p < .001. Apoyo: débil (tríada S-N-U), 256 (78,5 %) frente a 523 (63,8 %), Z = −4.81**; fuerte (todas las demás tríadas de Apoyo), 70 (21,5 %) frente a 297 (36,2 %), Z = 4.81**; χ²(1, N = 1146) = 23.304, p < .001. ** p < .01.
Tabla 4. Análisis secuencial del Acto conversacional (probabilidad de transición y, a continuación, residuo ajustado Z)
Experto → consultante: Exploración → Seguimiento 1.00 (0.48), Rechazo .00 (−0.48); Apoyo → Seguimiento 1.00 (0.84), Rechazo .00 (−0.84); Información nueva → Seguimiento .99 (−1.55), Rechazo .01 (1.55); Exploración que introduce información nueva → Seguimiento 1.00 (0.32), Rechazo .00 (−0.32); Comentario → Seguimiento 1.00, Rechazo .00 (no interpretable); χ²(4, N = 489) = 2.4, p = .67. Terapeutas en formación → consultante: Exploración → Seguimiento 1.00 (1.50), Rechazo .00 (−1.50); Apoyo → Seguimiento 1.00 (3.48*), Rechazo 0 (−3.48); Información nueva → Seguimiento .97 (−2.86), Rechazo .03 (2.86*); Exploración que introduce información nueva → Seguimiento .94 (−4.88), Rechazo .06 (4.88*); Comentario → Seguimiento 1.00, Rechazo .00 (no interpretable); χ²(4, N = 1167) = 32.12, p < .01. * Z ≥ ± 2.58, p < .01. NI: residuos ajustados no interpretables debido a la baja frecuencia del código.
Hasta donde sabemos, este estudio exploratorio es el primero que compara la comunicación entre terapeutas en formación y consultantes con la comunicación entre experto y consultante en sesiones de terapia reales con la misma persona consultante. En este caso, además del tratamiento (todo el equipo terapéutico trabaja desde un enfoque sistémico), la persona consultante es una constante para todo el equipo, lo que nos permite estudiar las variables de interés (lenguaje y experiencia).
Los resultados mostraron que el terapeuta experto realizó más intervenciones dirigidas a modificar el significado de las personas consultantes que el grupo en formación, aunque tuvo menos tiempo de contacto con ellas. El grupo en formación dedicó la mayor parte de la sesión a hacer resúmenes, formular preguntas exploratorias y emitir señales de escucha. Además, cuando sí intervenía para modificar significados (por ejemplo, mediante reencuadres, deconstrucciones o el establecimiento de nuevas relaciones con información previa), las personas consultantes tenían una probabilidad significativamente mayor de rechazar ese cambio, según los resultados del análisis secuencial.
Puede verse un ejemplo en la siguiente interacción entre un terapeuta en formación y su consultante. El terapeuta pregunta por las excepciones del consultante. Las palabras entre corchetes indican que ambas personas se solapan al hablar. (1) T: «Una cosa más, Julián, nos gustaría preguntarte si… ¿te ocurre alguna vez que… hay momentos en tu vida en los que te sientes más cerca de decir “oye, bueno, estoy cerca de sentirme mejor, hoy estoy, como, un poco más activo, un poco más positivo”?» (2) C: «No, la verdad es que nunca me siento así [y…] siempre estoy así de negativo…» (3) T: «[Nunca].» El terapeuta novel formula una pregunta con una presuposición débil (usando el condicional y una pregunta cerrada) sobre la existencia de momentos de mejoría. Tras la respuesta tajante del consultante, el terapeuta no volvió a explorar esos avances; acepta lo que el consultante ha dicho mediante una formulación que presenta una palabra conservada exactamente (Korman et al., 2013). MacMartin (2010) encontró una respuesta similar en la muestra de terapeutas noveles de orientación sistémica que investigó: entre las estrategias lingüísticas posibles, como en el ejemplo de nuestro terapeuta en formación, algunas personas noveles se limitaban a aceptar el desacuerdo de la persona consultante con la presuposición y cambiaban de tema.
Por otra parte, el análisis secuencial de la interacción entre experto y consultante no presentó significación estadística. Sin embargo, como se ha comentado en los resultados, estos datos deben interpretarse con cautela. La prueba de chi cuadrado no es significativa porque la baja frecuencia del código Rechazo impide el cálculo en la interacción entre experto y consultante. No obstante, el hecho de que este código no aparezca indica que las personas consultantes aceptaron prácticamente toda la información nueva propuesta por el terapeuta experto. En conjunto, el terapeuta experto recibe menos rechazos que el grupo novel, aunque introduce muchos más cambios de significado (mientras que el experto obtuvo un solo código Rechazo por parte de la persona consultante, en el grupo novel se acumularon hasta 4 rechazos en una sola sesión).
Podríamos, por tanto, ofrecer dos explicaciones adecuadas para nuestros resultados, que muestran rechazos de las personas consultantes en la interacción con el grupo en formación: podrían entenderse como prueba de la diferencia que produce la experiencia, pero también como señal de una mala sesión observada por el experto, lo que explicaría por qué decidió entrar. Se necesita una investigación más detallada para comprender cómo funcionan las interacciones información nueva-rechazo, ya que este proceso podría ayudar a arrojar luz sobre la investigación con malos resultados, pero también sobre cómo reacciona quien ejerce la terapia ante estos momentos (Muntigl & Horvath, 2014). En particular, en el modelo de terapia sistémica breve estudiado, ser capaz de introducir cambios con los que la persona consultante no discrepa parece más positivo que contraproducente. Como indican Muntigl y Horvath (2014), estas discrepancias comprometen la relación terapéutica y, con ella, los resultados clínicos; demostrarían que no se está logrando una colaboración adecuada entre terapeuta y consultante (Bordin, 1979).
En cuanto a los apoyos, el grupo novel utiliza más intervenciones destinadas a crear la relación terapéutica y, además, el tipo de validaciones que realiza es cualitativamente distinto. Sus apoyos son más largos e incluyen más información, como conductas, emociones o pensamientos que percibe en la persona consultante; se denominaron Apoyos fuertes. El experto, en cambio, busca validar con intervenciones más breves, más en la línea de las señales de escucha (sí, claro, ajá, vale); se denominaron Apoyos débiles. Esto puede entenderse, de nuevo, como parte de una estrategia centrada más en crear la relación terapéutica, que parece característica de quienes se inician. Quizá guarde relación con la formación recibida, a la que les cuesta renunciar en sus primeras sesiones. El terapeuta experto, guiado por una estrategia más centrada en el cambio, no solo reduce los apoyos, sino que apoya a la persona consultante de forma más concisa y con el objetivo de mantener la conversación. Esto no significa que el experto deje de hacer comentarios empáticos o de preocuparse por la relación terapéutica; podría ser que la menor frecuencia de Apoyos fuertes indique simplemente que el experto sabe distinguir cuándo es crucial validar ciertos aspectos y cuáles pueden omitirse.
Por último, otra explicación plausible de nuestros resultados es que el experto no solo responde a las necesidades de la persona consultante, sino también a la actuación previa de la persona en formación. Así, los resultados del experto podrían estar suscitados tanto por la persona consultante como por la persona en formación. Por ejemplo, las diferencias en el uso del lenguaje (apoyos fuertes/débiles, información compartida/nueva) podrían relacionarse con esta reacción del terapeuta experto al diálogo previo entre la persona en formación y la persona consultante.
Para llevar a cabo este diseño, con una persona consultante constante, hubo que aceptar algunos supuestos, que también implican limitaciones. Este estudio naturalista tiene implicaciones para la muestra y su validez externa. Investigamos un único modelo de psicoterapia con un solo experto. Además, el reducido tamaño de la muestra resta solidez a nuestras conclusiones e interpretaciones. Otra limitación es que el análisis secuencial log-lineal utilizado presupone que lo importante en el diálogo es la relación entre turnos consecutivos. En otras palabras, no podemos analizar fácilmente el contexto ni seguir el efecto acumulativo de los turnos anteriores.
Este estudio en un contexto natural convierte a la persona consultante en una constante, mientras cambia quien ejerce la terapia. Esto nos permite estudiar las diferencias de desempeño entre terapeutas noveles y el terapeuta experto. Los resultados son los siguientes: (1) quienes se inician hacen un mayor esfuerzo por cuidar la relación, con más maniobras de apoyo y de exploración; (2) el terapeuta experto introduce más cambios de significado; (3) el terapeuta experto presenta una proporción mayor de apoyos breves (señales de escucha) que el grupo novel; (4) cuando el grupo novel introduce cambios de significado, tiene más probabilidades de sufrir un rechazo que el experto.
Además, este tipo de análisis permite obtener una retroalimentación aplicable en contextos de formación. Según nuestros resultados, durante la formación debe hacerse un esfuerzo por mejorar las intervenciones dirigidas a modificar los significados de las personas consultantes, procurando obtener menos rechazos por su parte, ya que estas interacciones probablemente podrían correlacionar con la desafiliación y, por tanto, con el fracaso del tratamiento (Caspar et al., 2005; Muntigl & Horvath, 2014). Este uso del lenguaje es sencillo de enseñar: se puede animar a quienes se inician a introducir más cambios y a hacer validaciones más breves, para emular la interacción que pone en práctica el experto. Cuando se trata de enseñar habilidades, procedimientos como el juego de roles y el modelado pueden ser los más adecuados (Hill & Knox, 2013). Lo fundamental en la formación es que quienes se inician lleguen a ser capaces de ajustarse mejor a las personas consultantes (Stiles & Horvath, 2017). Junto con el uso del lenguaje, la formación debería procurar que quienes se inician se sientan eficaces y hábiles, ya que los tres aspectos predicen buenos resultados clínicos, especialmente en terapia breve (Heinonen, 2014, p. 64). Además, parece sensato pensar que están relacionados: una mayor sensación de eficacia y de habilidad en terapia, más intentos de cambiar e introducir significados y menos inseguridad sobre el estado de la relación terapéutica.
Complexe Systémique: puntos clave
Un dispositivo poco habitual: la misma persona consultante, dos terapeutas y un supervisor que entra en la sala cuando la conversación se estanca. Lo que el experto hace más no es apoyar, sino proponer, y lograr que la propuesta se acepte. Lo que el grupo novel hace en exceso son validaciones largas y preguntas de presuposición débil (en condicional, cerradas), que la persona consultante puede rechazar con una sola palabra. La conclusión pedagógica se reduce a dos consignas, cambiar más y validar más brevemente, y coincide con lo que el microanálisis de Bavelas y Korman había mostrado sobre las formulaciones. Para leer junto a Bavelas sobre la co-construcción del significado, Godat y Czerny sobre la escucha y el alegato a favor de grabar la propia práctica.
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Traducción no oficial al español de Language Analysis in Solution-Focused Therapy Training: Comparing Trainees with their Trainer, de Alberto Zamanillo y Alberto Rodríguez-Morejón, publicado en el Journal of Solution Focused Practices, vol. 5, n.º 2 (2021), artículo 5, pp. 40-49, doi: 10.59874/001c.75045, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia, con las tablas presentadas en forma de fichas. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Language Analysis in Solution-Focused Therapy Training: Comparing Trainees with their Trainer», publicado en Journal of Solution Focused Practices (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Zamanillo, A., & Rodríguez-Morejón, A. (2021). Language analysis in solution-focused therapy training: comparing trainees with their trainer. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/language-analysis-in-solution-focused-therapy-training-comparing-trainees-with-their-trainer (Obra original publicada en 2021 en Journal of Solution Focused Practices, vol. 5, n.º 2 (2021), artículo 5, pp. 40-49; republicada en 2021 por Journal of Solution Focused Practices, https://journalsfp.org/article/75045)
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