Traducción asistida por IA

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Family Relations · Familia

Perfiles latentes de la interacción diádica parentofilial y su asociación con la interacción familiar triádica en la primera infancia

Cuando un bebé de 4 meses y su padre comparten poco afecto positivo, toda la familia se coordina peor un año después. A partir de 120 familias finlandesas filmadas en díadas y después en el Lausanne Trilogue Play, el equipo de Johanna Lindstedt identifica cuatro perfiles de interacción parentofilial y muestra que la díada paternofilial pesa más que la díada maternofilial en la coordinación familiar.

Autoría Johanna Lindstedt, Sari Ahlqvist‐Björkroth y Riikka Korja (Department of Psychology and Speech-Language Pathology, University of Turku), Niina Junttila (Department of Teacher Education, University of Turku y University of Jyväskylä), FinlandiaPrimera publicación Family Relations, 17 de mayo de 2024Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Latent profiles of dyadic parent–child interaction and associations with triadic family interaction in early childhood, de Johanna Lindstedt, Sari Ahlqvist‐Björkroth, Niina Junttila y Riikka Korja, publicado en Family Relations (Wiley) (2024), doi: 10.1111/fare.13041, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas; no se reproduce el material complementario en línea. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Una interacción parentofilial que funciona bien contribuye a una interacción familiar triádica de mayor calidad.

Johanna Lindstedt, Sari Ahlqvist‐Björkroth, Niina Junttila y Riikka Korja

Resumen

Objetivo. Este estudio longitudinal examinó los perfiles latentes de la interacción parentofilial y su asociación con la interacción familiar triádica.

Antecedentes. El desarrollo infantil está influido de manera significativa por las relaciones familiares tempranas. La teoría de los sistemas familiares subraya las interrelaciones entre los subsistemas familiares, como las relaciones parentofiliales y la relación entre el padre y la madre, así como la familia en su conjunto. Sin embargo, pocos estudios han examinado la relación entre cada díada parentofilial y la interacción familiar triádica.

Método. Se grabó en vídeo por separado a padres y madres interactuando con su criatura (n = 120) a los 4 y a los 18 meses, y la interacción se evaluó con la Parent–Child Early Relational Assessment. La interacción familiar triádica se evaluó a los 18 meses con la Family Alliance Assessment Scale en un dispositivo de Lausanne Trilogue Play.

Resultados. Se identificaron cuatro perfiles latentes de interacción parentofilial. La interacción diádica caracterizada por la reciprocidad, el afecto positivo y una baja negatividad se asoció con una mayor coordinación familiar. En cambio, la interacción caracterizada por la falta de reciprocidad, la negatividad y la tensión diádica se relacionó con una interacción familiar triádica menos coordinada.

Conclusiones. Una interacción parentofilial que funciona bien contribuye a una interacción familiar triádica de mayor calidad. Por el contrario, las dificultades en la interacción paternofilial temprana, como la distancia emocional, la falta de implicación paterna positiva y un compromiso mutuo limitado, se asocian con una interacción familiar triádica de menor calidad.

Implicaciones. Este estudio pone de relieve la importancia de apoyar las relaciones parentofiliales tempranas para favorecer una interacción familiar triádica coordinada y que funcione bien, así como de incluir a los padres en las intervenciones destinadas a mejorar la dinámica familiar.

La interacción familiar constituye un contexto fundamental para el desarrollo infantil temprano. Las figuras parentales desempeñan un papel crucial como compañeras de interacción de la criatura (Bretherton, 2010), y cada relación parentofilial presenta patrones interaccionales únicos y diferenciados (Bowlby, 1982; Grossmann et al., 2002; Kochanska & Kim, 2013). Durante las interacciones cotidianas en las familias biparentales, la criatura está expuesta a situaciones triádicas, además de a las interacciones diádicas con cada figura parental. Según la perspectiva de los sistemas familiares, cada miembro de la familia forma parte de diversos subsistemas familiares, como los subsistemas paternofilial, maternofilial, conyugal y coparental (Cox & Paley, 1997, 2003; Minuchin, 1985). Estos subsistemas interaccionales están interrelacionados y se influyen mutuamente (Cox & Paley, 1997; McHale & Rasmussen, 1998).

La investigación familiar sobre los subsistemas conyugal y coparental y sus asociaciones con otros sistemas familiares es abundante. En lo que respecta a la interacción familiar, parece haber interrelaciones. La satisfacción conyugal materna, pero no la paterna, durante el embarazo y el posparto se asocia con una interacción familiar que funciona bien (Korja et al., 2016). Un deterioro de la calidad conyugal puede interferir en la relación coparental y, más allá, en la interacción de toda la familia (Christopher et al., 2015). Sin embargo, sabemos mucho menos sobre cómo otros subsistemas, como las díadas parentofiliales, se relacionan con la interacción familiar triádica. Para colmar esta laguna, el presente estudio examina cómo la calidad de las interacciones paternofilial y maternofilial contribuye, por separado, a la calidad de la interacción familiar triádica en familias heterosexuales biparentales.

En el presente estudio, la interacción familiar triádica se conceptualiza como alianza familiar y coordinación, a partir del modelo de la alianza familiar (Favez et al., 2017; Fivaz-Depeursinge & Corboz-Warnery, 1999). La interacción familiar triádica puede examinarse en el dispositivo del Lausanne Trilogue Play (Fivaz-Depeursinge & Corboz-Warnery, 1999), que permite evaluar los recursos de la familia para afrontar eficazmente una tarea y coordinarse mientras la realizan juntos (Fivaz-Depeursinge & Corboz-Warnery, 1999). Alcanzar una alianza familiar con un alto nivel de coordinación exige cumplir cuatro funciones interactivas jerarquizadas (Favez et al., 2017). Una interacción lograda requiere que todas las personas participantes estén implicadas activamente y disponibles, que los roles estén adecuadamente definidos y se mantengan, y que los miembros de la familia compartan una atención conjunta y un afecto positivo. Cuanto más se cumplen estas funciones, mayor es el nivel de coordinación y, en consecuencia, la calidad de la alianza familiar (Frascarolo et al., 2004; Tissot et al., 2014). Los tipos de alianza familiar pueden clasificarse como cooperativos, conflictivos o desorganizados, y representan distintos niveles de coordinación familiar (Favez et al., 2017). En las familias cooperativas con alta cohesión, todos los miembros de la familia están implicados y se respeta la autonomía de cada miembro (Feldman, 2007). La interacción en las familias conflictivas se caracteriza por la interferencia y la competición, mientras que en las familias desorganizadas un miembro de la familia queda sistemáticamente excluido de la interacción (Favez et al., 2017).

La alianza familiar empieza a desarrollarse durante el embarazo y muestra estabilidad durante los primeros años de vida de la criatura (Favez, Frascarolo, & Fivaz-Depeursinge, 2006; Tissot et al., 2015). Además, la calidad de la interacción familiar triádica tiene consecuencias para el desarrollo emocional y cognitivo infantil (Favez, Frascarolo, Carneiro, et al., 2006; Feldman & Masalha, 2010; McHale & Rasmussen, 1998). Ofrece así un contexto relacional estable en el que la criatura aprende habilidades sociales y regulación emocional, y desarrolla una comprensión de los estados internos (p. ej., Favez et al., 2012). La alianza familiar cooperativa se ha asociado con mejores resultados infantiles entre los 18 meses y los 5 años en cuanto a habilidades sociales, teoría de la mente y comprensión de los estados internos (Favez, Frascarolo, Carneiro, et al., 2006, 2012). Sin embargo, los problemas en la unidad parental parecen relacionarse con resultados infantiles adversos (Jacobvitz et al., 2004; McHale, 1997), y las alianzas familiares conflictivas y desorganizadas se han considerado problemáticas (Carone, 2022). Dado que la alianza familiar parece estabilizarse muy pronto (Favez, Frascarolo, & Fivaz-Depeursinge, 2006; Tissot et al., 2015) y es importante para el desarrollo infantil posterior (p. ej., Favez et al., 2012; Feldman & Masalha, 2010), resulta crucial identificar los antecedentes de una interacción familiar que funcione bien.

La interacción triádica padre-madre-criatura tiene una constitución singular y una dinámica propia, y el comportamiento de los miembros de la familia en una tríada puede no reflejar su comportamiento en la díada (Bureau et al., 2021). El comportamiento y la expresión afectiva de las figuras parentales parecen diferir en las situaciones diádicas y triádicas (Kwon et al., 2012), y el malestar conyugal puede intensificar esta tendencia (Lauretti & McHale, 1997). Así, la mera presencia de la otra figura parental influye en el comportamiento de cada miembro de la díada y en la calidad del intercambio emocional (Clarke-Stewart, 1978). Por ejemplo, las figuras parentales son más sensibles cuando juegan con su criatura en presencia de la otra figura parental, sobre todo cuando la coordinación familiar es alta (Udry-Jørgensen et al., 2016). Además, en las relaciones con malestar, la sensibilidad de las madres hacia su criatura pequeña y la implicación de los padres disminuyen más en el contexto triádico que en el diádico (Lauretti & McHale, 2009). Pese a estas asociaciones observadas, son pocos los estudios que investigan la relación entre los subsistemas parentofiliales y la interacción familiar triádica.

Al igual que los estudios mencionados, la mayor parte de la investigación en este ámbito se ha centrado en la sensibilidad parental y en sus asociaciones con la interacción familiar triádica. Se ha mostrado que una alta sensibilidad materna y paterna se relaciona con la cohesión familiar y con una alianza familiar cooperativa, sobre todo durante los primeros meses de vida de la criatura (Feldman, 2007; Tissot et al., 2015). Sin embargo, pocos estudios han examinado cómo otros aspectos de la relación diádica parentofilial se relacionan con la interacción familiar triádica. Uno de estos estudios mostró que, en las familias con alta cohesión, las interacciones diádicas parentofiliales son más recíprocas y sincrónicas (Feldman, 2007). Por otra parte, la intrusividad parental, que corresponde a un comportamiento parental restrictivo, dominante y directivo en la interacción, se asoció con un estilo familiar rígido, caracterizado por la competición y la interrupción (Feldman, 2007). En estas familias, los bebés también mostraban una mayor emocionalidad negativa durante la interacción diádica (Feldman, 2007). Otro estudio, de diseño longitudinal, mostró que los padres que tenían interacciones diádicas de mayor calidad (es decir, mutualidad, comunicación fluida y clima emocional positivo) con su criatura de 18 meses tenían interacciones de mayor calidad con su pareja en la situación de interacción triádica cuando la criatura tenía 6 años (Bernier et al., 2023). Estos resultados concuerdan con la perspectiva de los sistemas familiares, que sugiere que los subsistemas diádicos influyen en procesos familiares de orden superior. En resumen, la literatura existente se ha centrado principalmente en diversos aspectos de la interacción familiar (p. ej., coparentalidad, cohesión familiar, alianza familiar), en la relación entre las figuras parentales que no implica a la criatura y en las relaciones parentofiliales (p. ej., apego de la criatura a sus figuras parentales, sensibilidad parental). Para comprender mejor el entorno social temprano de la criatura, deberíamos extender nuestro examen a la interacción entre las relaciones familiares triádicas y las relaciones diádicas. La contribución activa de cada miembro de la familia debería incluirse en la evaluación cuando se examinan las relaciones familiares en el nivel diádico o triádico.

Al igual que las relaciones familiares triádicas, la interacción diádica parentofilial es un proceso complejo y dinámico que implica la interacción entre el comportamiento parental, el comportamiento de la criatura y la coordinación diádica (Beebe et al., 2010; Tronick, 2007), y todas estas dimensiones deberían considerarse simultáneamente. Además, es esencial reconocer que las criaturas tienen la capacidad de implicarse en interacciones diádicas y triádicas desde el principio mismo de su vida (Fivaz-Depeursinge et al., 2005; McHale et al., 2008; Rochat et al., 2002). Por tanto, la investigación debería incluir a la criatura como compañera de interacción significativa, en lugar de centrarse únicamente en los comportamientos parentales, ya que tanto la criatura como sus figuras parentales se influyen mutuamente de manera significativa. El presente estudio va más allá de la evaluación de la sensibilidad parental en los cuidados y adopta una perspectiva más profunda para evaluar la calidad de la relación parentofilial. Mediante una estrategia de análisis centrada en las personas (es decir, el análisis de perfiles latentes), el estudio examina simultáneamente distintas dimensiones de la interacción diádica parentofilial. Cabe destacar que el comportamiento interactivo de la criatura se tiene en cuenta al evaluar tanto las interacciones diádicas como las triádicas, lo que representa un claro avance en el diseño del estudio. Al emplear medidas observacionales y un enfoque de sistemas familiares, el presente estudio responde a los retos del campo de la investigación familiar y ofrece una comprensión más matizada de la parentalidad y de las relaciones familiares.

El presente estudio examina la relación entre la interacción diádica parentofilial y la interacción familiar triádica durante la primera infancia. Nuestro primer objetivo es identificar, mediante el análisis de perfiles latentes, subgrupos de díadas parentofiliales con perfiles de interacción similares. Examinamos la interacción diádica parentofilial en dos momentos: cuando la criatura tiene 4 meses y cuando tiene 18 meses. En segundo lugar, pretendemos examinar si estos patrones de interacción diádica contribuyen, por separado, a la calidad de la interacción familiar triádica cuando la criatura tiene 18 meses, y de qué manera. Hasta donde sabemos, este enfoque, basado en el análisis de perfiles latentes, no se ha utilizado antes para explorar la relación entre la interacción diádica parentofilial y la interacción familiar triádica. Los enfoques tradicionales centrados en las variables suelen centrarse en dimensiones aisladas de la interacción parentofilial, que rara vez se examinan conjuntamente. En consecuencia, no comprendemos cómo estas cualidades se combinan de forma singular en distintos grupos de díadas parentofiliales. Mediante un enfoque exploratorio, es decir, el análisis de perfiles latentes, podemos obtener una información más matizada que complementa los resultados basados en enfoques más tradicionales.

MÉTODO

Participantes

El presente estudio forma parte de un estudio de cohorte longitudinal multidisciplinar, Steps to the Healthy Development and Well-being of Children (el estudio STEPS; Lagström et al., 2013). El procedimiento del estudio fue aprobado por el Ministerio de Asuntos Sociales y Sanidad y por el Comité de Ética del Distrito Hospitalario del Suroeste de Finlandia el 27 de febrero de 2007. De la población total de la cohorte (N = 9,811), formada por todas las familias que esperaban un hijo o una hija entre 2007 y 2009 en el Distrito Sanitario del Suroeste de Finlandia, 1387 madres y 1325 padres participaron en el estudio de seguimiento original. Madres y padres dieron su consentimiento por escrito tras su primera visita a la consulta de maternidad y cumplimentaron varios cuestionarios sobre las características familiares y el bienestar psicológico. Entre ellos figuraba la satisfacción conyugal autoinformada, medida con la Revised Dyadic Adjustment Scale (RDAS; Busby et al., 1995). A partir de las puntuaciones individuales en la RDAS de las futuras madres y los futuros padres a las 20 semanas de gestación, se invitó a 435 parejas a participar en el subestudio centrado en las relaciones familiares. Las parejas se dividieron en dos grupos según la satisfacción conyugal declarada. El primer grupo incluía parejas en las que uno o ambos miembros obtenían 36 o más en la RDAS, lo que indicaba malestar en la relación. El otro grupo estaba formado por parejas en las que ambos miembros puntuaban por debajo de 36, lo que indicaba ausencia de malestar en la relación conyugal. El punto de corte se basó en la distribución de los datos existentes de toda la cohorte y coincidía con el propuesto por Crane et al. (2000). Finalmente, 153 familias aceptaron participar (72 parejas con malestar y 81 sin malestar). El análisis de abandono que comparó a las personas participantes y no participantes no reveló diferencias significativas, salvo que las personas no participantes tenían más probabilidades de tener un nivel educativo más bajo y de vivir en una relación no matrimonial que las participantes (Korja et al., 2016).

Procedimiento

Se volvió a contactar con las familias (n = 153) tras el nacimiento, y la interacción diádica parentofilial se grabó en vídeo durante visitas domiciliarias cuando la criatura tenía 4 meses (n = 134 díadas paternofiliales; n = 125 díadas maternofiliales). Posteriormente, cuando la criatura tenía 18 meses, las familias acudieron a un laboratorio de investigación donde se volvió a grabar la interacción diádica (n = 104 díadas paternofiliales; n = 121 díadas maternofiliales), y las familias participaron también juntas en una situación de interacción triádica (n = 120).

En las situaciones diádicas, padres y criaturas interactuaron durante una tarea estructurada que consistía en un cambio de pañal y una breve sesión de juego (a los 4 meses) y en juego y enseñanza con un material específico (a los 18 meses). Madres y criaturas interactuaron durante una situación de alimentación en ambos momentos. Ambas díadas parentofiliales se grabaron durante la misma visita de investigación, y el orden de las situaciones de interacción siguió la preferencia de la familia. Se eligieron tareas diferentes para el padre y la madre, así como un orden de las situaciones de interacción decidido por la familia, para sostener el interés y la motivación de la criatura por interactuar. Además, las tríadas padre-madre-criatura se grabaron interactuando juntas en un dispositivo semiestructurado de Lausanne Trilogue Play (LTP) (Fivaz-Depeursinge & Corboz-Warnery, 1999).

Un análisis de abandono realizado entre las familias que participaron en el LTP (n = 120) y las que no lo hicieron (n = 33) mostró que, en las familias no participantes, la satisfacción conyugal prenatal de los padres era menor (U = 858.00, p = .009) y las madres eran con menor frecuencia primíparas, χ2(1) = 4.22, p = .04. Cuando la satisfacción conyugal prenatal del padre era menor, los padres (U = 1380.50, p = .034) y las madres (U = 671.50, p = .023) tenían menos probabilidades de participar en ambas evaluaciones diádicas. Otras características familiares, como el nivel socioeconómico, el estado civil, la situación laboral de las figuras parentales, los ingresos familiares o el sexo de la criatura, no se asociaron de forma estadísticamente significativa con la participación parental en las situaciones de interacción diádica o triádica. En un estudio anterior con la misma muestra, no se encontraron diferencias entre parejas con y sin malestar en cuanto a alianza familiar y coordinación familiar (Korja et al., 2016). Por ello, las parejas se trataron como un único grupo de estudio, pero la satisfacción conyugal se examinó en relación con las demás variables del estudio. Las características descriptivas de las criaturas y las familias del presente estudio se presentan en la Tabla 1.

Tabla 1 — Características de las criaturas y de las familias (n = 143)

  • Características de la criatura — edad gestacional (días), media (DE); rango. 279.5 (10.44); 240–296.
  • Características de la criatura — sexo (femenino), n (%). 70 (49.4).
  • Características de la criatura — primera criatura de la familia, n (%). 75 (52.8).
  • Características de la criatura — hermanas o hermanos, n (%). Uno: 43 (63.2); dos: 16 (23.5); tres o más: 9 (13.2).
  • Características de la familia — edad, media (DE); rango. Madre: 31.61 (3.99); 23–42. Padre: 33.40 (5.11); 23–51.
  • Características de la familia — satisfacción conyugal a, media (DE); rango. Madre: 32.19 (6.69); 18–56. Padre: 31.60 (6.44); 18–50.
  • Características de la familia — estado civil, n (%). Matrimonio: 103 (72.5); pareja de hecho: 39 (27.5).
  • Características de la familia — nivel ocupacional al menos profesional b, n (%). Madre: 80 (64); padre: 78 (63.4).
  • Características de la familia — empleo a tiempo completo, n (%). Madre: 99 (69.7); padre: 118 (83.1).
  • Características de la familia — ingresos familiares c, n (%). Altos: 23 (16.2); intermedios: 97 (68.3); bajos: 22 (15.5).

Nota. El tipo de cambio es de 1,08 dólares estadounidenses por euro (€). a Puntuación total en la Revised Dyadic Adjustment Scale (RDAS) a las 20 semanas de gestación. b«Profesional» designa a los cargos directivos, pero también a profesionales de nivel intermedio, por ejemplo el personal de enfermería; «no profesional» designa al personal obrero y de servicios. cAltos: más de 4000 € de ingresos netos totales al mes; intermedios: 2000–4000 €/mes; bajos: menos de 2000 €/mes.

Medidas

La calidad de la interacción parentofilial

Utilizamos la Parent–Child Early Relational Assessment (PCERA; Clark, 1985) para explorar los puntos fuertes y las dificultades de la interacción parentofilial. La evaluación se realizó a partir de un vídeo de 5 minutos y comprendía 65 ítems (29 parentales, 28 relativos a la criatura y ocho diádicos) puntuados en una escala Likert de 5 puntos. Estos describen áreas de preocupación (puntuaciones 1 y 2), áreas de cierta preocupación (puntuación 3) y áreas de fortaleza (puntuaciones 4 y 5). Las puntuaciones se realizaron por bloques de 10 ítems, y para puntuar cada ítem se tuvieron en cuenta factores como la frecuencia, la duración y la intensidad de los comportamientos (Clark, 1985). Los datos de madres y padres fueron puntuados de forma independiente por dos personas evaluadoras con experiencia, que desconocían toda la información contextual. Además, el 20% de las grabaciones de cada momento se puntuó por duplicado. Para mantener la concordancia entre las puntuaciones, se celebraron sesiones de control de la deriva a lo largo de todo el proceso de puntuación. Los cálculos de fiabilidad se basaron en las diferencias categoriales entre las personas evaluadoras y corresponden a un porcentaje de acuerdo. En la evaluación de los 4 meses, la concordancia entre las puntuaciones fue del 79% para los padres y del 80% para las madres, mientras que en la evaluación de los 18 meses fue del 85% para los padres y del 80% para las madres.

Para los análisis, mantuvimos la escala original de 5 puntos y agrupamos los ítems en seis subescalas, según el manual de la PCERA (Clark, 1985). Las subescalas comprendían dos escalas parentales (Implicación afectiva positiva, sensibilidad y responsividad parentales; Afecto y comportamiento negativos parentales), dos escalas relativas a la criatura (Afecto positivo, habilidades comunicativas y sociales de la criatura; Desregulación e irritabilidad de la criatura) y dos escalas diádicas (Mutualidad y reciprocidad diádicas; Tensión diádica). Los cálculos de consistencia interna, los ítems de las escalas y los estadísticos descriptivos figuran en la Tabla S1 (véase el material complementario). Las puntuaciones más altas indican una calidad de interacción más favorable. En algunas escalas, las puntuaciones altas indican la ausencia de afecto o de comportamiento negativos.

La calidad de la interacción familiar triádica

La interacción familiar triádica se evaluó mediante el dispositivo LTP (Fivaz-Depeursinge & Corboz-Warnery, 1999), que evalúa en qué medida los miembros de la familia coordinan sus interacciones y trabajan en equipo. En el LTP, el padre, la madre y la criatura se sitúan formando un triángulo, y su interacción se registra con dos cámaras sincronizadas. Se pide a la familia que juegue de forma espontánea con una selección de juguetes a su disposición. El LTP comprende cuatro fases diferenciadas que reproducen las configuraciones de la interacción familiar triádica cotidiana. Primero, una de las figuras parentales interactúa y juega con la criatura mientras la otra observa. Después se intercambian los roles, y sigue una fase en la que los tres miembros de la familia participan en un juego conjunto. En la fase final, el padre y la madre conversan entre sí mientras la criatura ocupa una posición de tercera parte. Por término medio, el procedimiento del LTP dura unos 12 minutos. El orden de la figura parental que comenzaba se equilibró durante la recogida de datos.

La calidad de la interacción familiar triádica durante el LTP se puntuó con la Family Alliance Assessment Scale (Favez et al., 2011), que incluye la evaluación de la alianza familiar y de la coordinación familiar. En primer lugar, la coordinación familiar se evaluó a través de cinco dimensiones organizadas jerárquicamente: (a) participación, (b) organización, (c) focalización, (d) afecto compartido y (e) sincronización. Estas dimensiones constaban de un total de 11 ítems, cada uno puntuado en una escala cualitativa de 3 puntos (0 = inadecuado, 1 = moderado, 2 = adecuado). Se calculó una puntuación global (denominada «familyscore») que iba de 0 a 22; las puntuaciones más altas indican una coordinación familiar más positiva. Este análisis describe los aspectos cualitativos de la coordinación familiar y orienta además la categorización de la alianza. En segundo lugar, las familias se clasificaron en tres categorías de alianza según sus distintos patrones de coordinación: alianza cooperativa, conflictiva o desorganizada. En una alianza cooperativa, los miembros de la familia pueden coordinar eficazmente su interacción y trabajar en equipo. Los roles de cada miembro de la familia son reconocidos y valorados por los demás. Una alianza conflictiva se caracteriza por la competición y por un conflicto latente o manifiesto. Padre y madre son incapaces de repartirse los roles, negociar las actividades y cooperar. En las familias desorganizadas, un miembro de la familia queda sistemáticamente excluido de la interacción, por ejemplo por ausencia emocional o porque la díada no deja espacio a la tercera persona.

Las puntuaciones fueron realizadas por dos personas investigadoras formadas, que desconocían toda la información relativa a las personas participantes. La persona evaluadora principal analizó todos los vídeos, de los cuales el 20% se puntuó por duplicado. La concordancia entre las puntuaciones fue de .96 (coeficiente de correlación intraclase), con un intervalo de confianza del 95% de .89 a .98, para la coordinación familiar, y de .83 (kappa ponderado) para la alianza familiar.

Análisis de datos

Los análisis se realizaron con los programas Mplus (versión 8; Muthén & Muthén, 2017) e IBM SPSS Statistics (versión 25.0). En primer lugar, se examinaron las características descriptivas de la muestra. A continuación, realizamos varios análisis de perfiles latentes (LPA) para identificar subgrupos de díadas parentofiliales con patrones de interacción diferenciados en las dimensiones parentales, infantiles y diádicas de la interacción. El LPA es un enfoque estadístico avanzado centrado en las personas, que se fija en las semejanzas y diferencias entre individuos más que en las relaciones entre variables (Mathew & Doorenbos, 2022). El LPA divide una población heterogénea en subgrupos, de modo que los individuos de un mismo subgrupo se parecen entre sí pero difieren de los de los demás subgrupos. La pertenencia a un subgrupo (perfil) se infiere de los datos obtenidos a partir de un conjunto de ítems medidos (Wang & Bodner, 2007). Cada subgrupo tiene un conjunto único de características que lo distingue de los demás subgrupos (Muthén & Muthén, 2017). Bajo el supuesto de datos perdidos al azar (MAR), los parámetros de los modelos se estimaron mediante máxima verosimilitud con información completa, con errores estándar robustos frente a distribuciones no normales (Muthén & Muthén, 2017).

Debido al tamaño limitado de la muestra, realizamos modelos separados para las díadas paternofiliales y maternofiliales en ambos momentos del estudio. La selección de la solución óptima del LPA se basó en (a) el valor de log-verosimilitud (log L) (los valores más altos indican mejor ajuste); (b) el ajuste del modelo, es decir, el criterio de información de Akaike (AIC) y el criterio de información bayesiano (BIC; Akaike, 1987; los valores de AIC y BIC más bajos indican mejor ajuste); (c) la distinguibilidad de los perfiles (valores de entropía y probabilidades posteriores medias de pertenencia a la clase latente, que deberían superar .80; Wang & Bodner, 2007); (d) las proporciones de las clases latentes; y (e) la justificación teórica y la interpretabilidad de los perfiles latentes. Este enfoque estadístico describe los patrones de interacción diádica a partir de los datos y es de carácter exploratorio.

Las comparaciones entre los grupos latentes en cuanto a alianza familiar, coordinación familiar y variables de contexto (sexo de la criatura, paridad, satisfacción conyugal, nivel socioeconómico familiar e ingresos familiares) se realizaron con la función auxiliar de Mplus mediante el método BCH/du3step (Asparouhov & Muthén, 2014). La función auxiliar permite examinar las diferencias entre grupos latentes sin afectar a la solución final de grupos latentes. La comparación entre grupos se basó en una prueba chi-cuadrado de Wald para la significación estadística, con corrección de Bonferroni para comparaciones múltiples.

RESULTADOS

Estadísticos descriptivos

Los principales estadísticos descriptivos de las variables del estudio se presentan en la Tabla S2, y las correlaciones entre las variables del estudio, en la Tabla S3 (véase el material complementario). La asimetría y la curtosis de las subescalas de la PCERA se situaban en un rango aceptable (Curran et al., 1996), salvo para Desregulación e irritabilidad de la criatura en ambas evaluaciones de la interacción paternofilial. En la muestra, el 49,2 % (n = 59) de las alianzas familiares se clasificó como cooperativa, el 34,2 % (n = 41) como conflictiva y el 16,7 % (n = 20) como desorganizada. Las variables de contexto (sexo de la criatura, paridad, estado civil, ingresos familiares) no se relacionaron con la alianza familiar triádica ni con la coordinación familiar. Sin embargo, la coordinación familiar era mayor en las familias con un nivel socioeconómico materno (U = 949.50, p = .030) o paterno (U = 839.50, p = .019) más alto.

Perfiles latentes de la interacción parentofilial y asociaciones con la interacción familiar triádica

Realizamos cuatro LPA para examinar patrones diferenciados de interacción diádica paternofilial y maternofilial en las subescalas parentales, infantiles y diádicas de la PCERA, y en cada análisis seleccionamos soluciones de cuatro clases. La selección de la solución óptima del LPA se guio por los estadísticos de ajuste del modelo (Tabla S4 del material complementario). Las soluciones de LPA elegidas mostraban valores de entropía elevados, de .89 a .96, y probabilidades de clase (>.91). Los valores de AIC y BIC indicaban una mejora de la solución al pasar de tres a cuatro perfiles. Además, la interpretabilidad de los perfiles latentes respaldaba la elección de la solución de cuatro clases para ambas díadas parentofiliales en los dos momentos. Para facilitar la interpretación de los resultados siguientes, se asignaron nombres descriptivos similares a los perfiles de cada análisis. Cada perfil de interacción parentofilial tiene una calidad de interacción única y distintiva, que se describe en los apartados siguientes junto con los principales resultados sobre las asociaciones entre los perfiles y la interacción familiar triádica. Para tener en cuenta las comparaciones múltiples por pares, aplicamos una corrección de Bonferroni y ajustamos el nivel alfa (es decir, p < .008).

Perfiles latentes de la interacción paternofilial a los 4 meses

Las puntuaciones estandarizadas de las subescalas de la PCERA para los cuatro perfiles de interacción paternofilial se presentan en la Figura 1. En el Perfil 1 (n = 12; 9,0 %), todas las puntuaciones de las subescalas se situaban por debajo de la media, lo que indicaba una tensión diádica afectiva y conductual. Estas díadas paternofiliales mostraban niveles muy bajos de interacción positiva y niveles muy altos de afecto negativo. El Perfil 2, falta de reciprocidad (n = 58; 43,3 %), era el más numeroso y representaba una carencia sustancial de implicación afectiva positiva paterna, de reciprocidad y de intercambio mutuo. En el Perfil 3, funcionamiento moderado (n = 18; 13,4 %), todas las puntuaciones de las subescalas de la interacción paternofilial se situaban ligeramente por encima o por debajo de la media. En el Perfil 4 (n = 46; 34,3 %), conexión diádica recíproca, todas las puntuaciones de las subescalas estaban por encima de la media y representaban una interacción paternofilial que funcionaba bien. Los perfiles de interacción paternofilial de la evaluación de los 4 meses no se asociaron con las variables de contexto.

Puntuaciones estandarizadas de las subescalas de la PCERA de los perfiles LPA paternofiliales a los 4 y a los 18 meses. Nota. LPA = análisis de perfiles latentes; PCERA = Parent–Child Early Relational Assessment
FIGURA 1. Puntuaciones estandarizadas de las subescalas de la PCERA de los perfiles LPA paternofiliales a los 4 y a los 18 meses Nota. LPA = análisis de perfiles latentes; PCERA = Parent–Child Early Relational Assessment; P1 = Implicación afectiva positiva, sensibilidad y responsividad parentales; P2 = Afecto y comportamiento negativos parentales; C1 = Afecto positivo, habilidades comunicativas y sociales del bebé; C2 = Desregulación e irritabilidad del bebé; D1 = Mutualidad y reciprocidad diádicas; D2 = Tensión diádica; Perfil 1 = tensión diádica afectiva y conductual; Perfil 2 = falta de reciprocidad; Perfil 3 = funcionamiento moderado; Perfil 4 = conexión diádica recíproca.

A continuación, examinamos la relación entre estos perfiles diádicos y la alianza familiar y la coordinación familiar mediante la función auxiliar. En primer lugar, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en la categoría de alianza familiar. En segundo lugar, en cuanto a la coordinación familiar, encontramos diferencias estadísticamente significativas entre los perfiles, χ2(3) = 11.86, p = .008. Las díadas del perfil conexión diádica recíproca obtuvieron puntuaciones significativamente más altas que las del perfil falta de reciprocidad, χ2(1) = 9.15, p = .002 (Tabla 2).

Tabla 2 — Distribución de las categorías de alianza familiar y estadísticos descriptivos de la coordinación familiar en los distintos perfiles de interacción parentofilial

Para cada perfil LPA: categoría de alianza, % (cooperativa; conflictiva; desorganizada); coordinación familiar, M (DE).

  • Interacción paternofilial, 4 meses, Perfil 1. Cooperativa: 52.1; conflictiva: 27.5; desorganizada: 20.4; coordinación familiar: 12.17 (1.68).
  • Interacción paternofilial, 4 meses, Perfil 2. Cooperativa: 45.9; conflictiva: 27.4; desorganizada: 26.7; coordinación familiar: 10.97 (0.78).
  • Interacción paternofilial, 4 meses, Perfil 3. Cooperativa: 34.7; conflictiva: 53.6; desorganizada: 11.7; coordinación familiar: 10.50 (1.20).
  • Interacción paternofilial, 4 meses, Perfil 4. Cooperativa: 63.7; conflictiva: 33.0; desorganizada: 3.3; coordinación familiar: 14.27 (.76).
  • Interacción paternofilial, 18 meses, Perfil 1. Cooperativa: 18.9; conflictiva: 52.8; desorganizada: 28.3; coordinación familiar: 9.19 (1.53).
  • Interacción paternofilial, 18 meses, Perfil 2. Cooperativa: 44.4; conflictiva: 20.3; desorganizada: 35.3; coordinación familiar: 9.33 (1.67).
  • Interacción paternofilial, 18 meses, Perfil 3. Cooperativa: 32.0; conflictiva: 48.3; desorganizada: 19.7; coordinación familiar: 10.08 (0.97).
  • Interacción paternofilial, 18 meses, Perfil 4. Cooperativa: 65.9; conflictiva: 21.2; desorganizada: 12.9; coordinación familiar: 13.90 (0.68).
  • Interacción maternofilial, 4 meses, Perfil 1. Cooperativa: 49.1; conflictiva: 34.5; desorganizada: 16.4; coordinación familiar: 10.79 (0.77).
  • Interacción maternofilial, 4 meses, Perfil 2. Cooperativa: 49.6; conflictiva: 42.0; desorganizada: 8.4; coordinación familiar: 14.71 (1.17).
  • Interacción maternofilial, 4 meses, Perfil 3. Cooperativa: 48.4; conflictiva: 31.1; desorganizada: 20.6; coordinación familiar: 12.76 (1.00).
  • Interacción maternofilial, 4 meses, Perfil 4. Cooperativa: 58.7; conflictiva: 29.5; desorganizada: 11.8; coordinación familiar: 12.90 (1.53).
  • Interacción maternofilial, 18 meses, Perfil 1. Cooperativa: 50.4; conflictiva: 27.5; desorganizada: 22.0; coordinación familiar: 11.06 (1.13).
  • Interacción maternofilial, 18 meses, Perfil 2a. Cooperativa: 74.9; conflictiva: 25.1; desorganizada: 0; coordinación familiar: 15.75 (2.17).
  • Interacción maternofilial, 18 meses, Perfil 3. Cooperativa: 37.4; conflictiva: 42.2; desorganizada: 20.4; coordinación familiar: 10.80 (0.73).
  • Interacción maternofilial, 18 meses, Perfil 4. Cooperativa: 63.1; conflictiva: 26.2; desorganizada: 10.7; coordinación familiar: 13.56 (0.81).

Nota. LPA = análisis de perfiles latentes; Perfil 1 = tensión diádica afectiva y conductual; Perfil 2 = falta de reciprocidad; Perfil 3 = funcionamiento moderado; Perfil 4 = conexión diádica recíproca; Perfil 2a = conexión afectiva y conductual materna.

Perfiles latentes de la interacción paternofilial a los 18 meses

Las puntuaciones estandarizadas de las subescalas de la PCERA para los cuatro perfiles de interacción paternofilial se muestran en la Figura 1. El Perfil 1 (n = 11; 10,6 %), tensión diádica afectiva y conductual, estaba formado por un pequeño grupo de díadas paternofiliales que puntuaban entre una y dos desviaciones estándar por debajo de la media en todas las subescalas de la PCERA. Estas díadas presentan niveles extremadamente bajos de afecto positivo y niveles altos de afecto negativo. El Perfil 2 (n = 9; 8,7 %), falta de reciprocidad, se caracterizaba por la ausencia de aspectos positivos de la interacción diádica, como la reciprocidad y el intercambio mutuo de emociones positivas. Este perfil presentaba también niveles bajos de afecto negativo. En el Perfil 3 (n = 27; 26,0 %), funcionamiento moderado, las díadas paternofiliales puntuaban ligeramente por debajo de la media en todas las subescalas. La mayoría de las díadas paternofiliales (n = 57; 54,8 %) pertenecía al Perfil 4, conexión diádica recíproca. Estas díadas puntuaban aproximadamente media desviación estándar por encima de la media en todas las subescalas, lo que indicaba una interacción que funcionaba bien. Los perfiles de interacción paternofilial de la evaluación de los 18 meses no mostraron asociaciones significativas con las variables de contexto.

A continuación, examinamos la relación entre estos perfiles diádicos y la alianza familiar y la coordinación familiar mediante la función auxiliar. Encontramos una diferencia en la distribución de las categorías de alianza entre los perfiles, χ2(6) = 17.15, p = .009. En las familias cooperativas, las díadas pertenecían con más frecuencia al perfil conexión diádica recíproca que en las familias conflictivas, en las que las díadas pertenecían con más frecuencia a los perfiles tensión diádica afectiva y conductual, χ2(2) = 11.63, p = .003, o funcionamiento moderado, χ2(2) = 11.63, p = .003 (Tabla 2). En cuanto a la coordinación familiar, encontramos diferencias estadísticamente significativas entre los perfiles, χ2(3) = 17.66, p = .001. Las díadas paternofiliales del perfil conexión diádica recíproca obtuvieron puntuaciones más altas que las díadas de los perfiles tensión diádica afectiva y conductual, χ2(1) = 10.35, p = .001, y funcionamiento moderado, χ2(1) = 7.87, p = .005 (Tabla 2).

Perfiles latentes de la interacción maternofilial a los 4 meses

Las puntuaciones estandarizadas de las subescalas de la PCERA para los cuatro perfiles de interacción maternofilial se presentan en la Figura 2. El Perfil 1 (n = 58; 46,4 %), tensión diádica afectiva y conductual, incluía casi la mitad de las díadas maternofiliales. Estas díadas puntuaban aproximadamente una desviación estándar por debajo de la media en todas las subescalas de la PCERA, lo que indicaba una interacción caracterizada por niveles bajos de afecto positivo y niveles altos de afecto negativo. El Perfil 2 (n = 20; 16%), falta de reciprocidad, mostraba una clara ausencia de comportamiento interactivo materno positivo y de reciprocidad y mutualidad diádicas. El Perfil 3 (n = 32; 25,6 %), funcionamiento moderado, incluía díadas maternofiliales que puntuaban ligeramente por encima de la media en todas las subescalas. El Perfil 4 (n = 15; 12%), conexión diádica recíproca, estaba formado por díadas maternofiliales que puntuaban claramente por encima de la media en todas las subescalas, lo que indicaba una interacción que funcionaba bien. Los perfiles de interacción maternofilial de la evaluación de los 4 meses no mostraron asociaciones significativas con las variables de contexto.

Puntuaciones estandarizadas de las subescalas de la PCERA de los perfiles LPA maternofiliales a los 4 y a los 18 meses. Nota. LPA = análisis de perfiles latentes; PCERA = Parent–Child Early Relational Assessment
FIGURA 2. Puntuaciones estandarizadas de las subescalas de la PCERA de los perfiles LPA maternofiliales a los 4 y a los 18 meses Nota. LPA = análisis de perfiles latentes; PCERA = Parent–Child Early Relational Assessment; P1 = Implicación afectiva positiva, sensibilidad y responsividad parentales; P2 = Afecto y comportamiento negativos parentales; C1 = Afecto positivo, habilidades comunicativas y sociales del bebé; C2 = Desregulación e irritabilidad del bebé; D1 = Mutualidad y reciprocidad diádicas; D2 = Tensión diádica; Perfil 1 = tensión diádica afectiva y conductual; Perfil 2 = falta de reciprocidad; Perfil 3 = funcionamiento moderado; Perfil 4 = conexión diádica recíproca. Nota. LPA = análisis de perfiles latentes; PCERA = Parent–Child Early Relational Assessment; P1 = Implicación afectiva positiva, sensibilidad y responsividad parentales; P2 = Afecto y comportamiento negativos parentales; C1 = Afecto positivo, habilidades comunicativas y sociales del bebé; C2 = Desregulación e irritabilidad del bebé; D1 = Mutualidad y reciprocidad diádicas; D2 = Tensión diádica; Perfil 1 = tensión diádica afectiva y conductual; Perfil 2 = conexión afectiva y conductual materna; Perfil 3 = funcionamiento moderado; Perfil 4 = conexión diádica recíproca.

A continuación, examinamos la relación entre estos perfiles diádicos y la alianza familiar y la coordinación familiar mediante la función auxiliar. La distribución de las categorías de alianza familiar era similar en todos los perfiles maternofiliales. Por consiguiente, no se encontró asociación entre la calidad de la interacción maternofilial a los 4 meses y la alianza familiar triádica cuando la criatura tenía 18 meses. Sin embargo, en cuanto a la coordinación familiar, se encontró una diferencia estadísticamente significativa entre los perfiles, χ2(3) = 8.46, p = .037. Las díadas del perfil falta de reciprocidad obtuvieron puntuaciones significativamente más altas que las del perfil tensión diádica afectiva y conductual, χ2(1) = 7.83, p = .005 (Tabla 2).

Perfiles latentes de la interacción maternofilial a los 18 meses

Las puntuaciones estandarizadas de las subescalas de la PCERA para los cuatro perfiles de interacción maternofilial se muestran en la Figura 2. En el Perfil 1 (n = 22; 18,2 %), tensión diádica afectiva y conductual, las díadas maternofiliales puntuaban entre media y 1,5 desviaciones estándar por debajo de la media en todas las subescalas de la PCERA. Estas díadas mostraban en sus interacciones una baja vinculación positiva y una baja mutualidad diádica, así como una alta negatividad y tensión diádica. El Perfil 2 (n = 4; 3,3 %), conexión afectiva y conductual materna, se caracterizaba por niveles excepcionalmente altos de implicación afectiva positiva, sensibilidad y responsividad maternas (dos desviaciones estándar por encima de la media) y niveles bajos de comportamiento y afecto maternos negativos. El Perfil 3 (n = 53; 43,8 %), funcionamiento moderado, incluía un número considerable de díadas que puntuaban cerca de la media en todas las subescalas. En el Perfil 4 (n = 42; 34,7 %), conexión diádica recíproca, las díadas maternofiliales puntuaban por encima de la media en todas las subescalas. No encontramos asociaciones significativas entre los perfiles maternofiliales y las variables de contexto en la evaluación de los 18 meses.

Al examinar la alianza familiar mediante la función auxiliar, encontramos una diferencia estadísticamente significativa entre los perfiles, χ2(6) = 31.25, p < .000. En las familias cooperativas, las díadas maternofiliales pertenecían con más frecuencia al perfil conexión afectiva y conductual materna que al perfil funcionamiento moderado, χ2(2) = 13.79, p = .001 (Tabla 2). En cuanto a la coordinación familiar, no encontramos diferencias estadísticamente significativas entre los perfiles.

DISCUSIÓN

El presente estudio tenía dos objetivos principales. En primer lugar, pretendía examinar los patrones de interacción diádica parentofilial cuando la criatura tenía 4 y 18 meses. En segundo lugar, examinó cómo la calidad de la interacción paternofilial y maternofilial contribuía, por separado, a la calidad de la interacción familiar triádica cuando la criatura tenía 18 meses. En este estudio identificamos cuatro perfiles diferenciados de interacción paternofilial y maternofilial, que representan distintos niveles de funcionamiento diádico en la presente muestra. En consonancia con la teoría de los sistemas familiares, la calidad de la interacción parentofilial tanto a los 4 como a los 18 meses se relacionó con la calidad de la interacción familiar triádica a los 18 meses. El funcionamiento de la díada paternofilial mostró asociaciones más sólidas.

Los perfiles de interacción diádica parentofilial mostraron similitudes en cada análisis, aunque la proporción de díadas en cada perfil difería. La mayoría de las díadas paternofiliales pertenecía al perfil falta de reciprocidad durante la lactancia. Sin embargo, en la etapa de los primeros pasos, solo una minoría de díadas pertenecía a este perfil. Esto puede reflejar los cambios evolutivos habituales en la interacción paternofilial temprana (Genesoni & Tallandini, 2009; Lindstedt et al., 2021; Vreeswijk et al., 2014). En cambio, la mayoría de las díadas maternofiliales pertenecía, en la evaluación durante la lactancia, al perfil tensión diádica afectiva y conductual. También es importante señalar que la calidad de la interacción maternofilial en la etapa de los primeros pasos mostraba menos varianza global, y que las diferencias entre los perfiles no eran muy marcadas. Además, los perfiles de interacción diádica pusieron de manifiesto la variabilidad de los estilos afectivos y conductuales de las criaturas, así como de sus niveles de regulación. En consecuencia, los resultados muestran cómo la contribución de la criatura también se relaciona con la calidad de la interacción familiar triádica.

A partir de nuestros principales resultados, sugerimos que la interacción familiar triádica puede beneficiarse de la existencia de una interacción paternofilial que funcione bien desde la primera lactancia. La implicación temprana del padre en la vida familiar y en las actividades de crianza no solo favorece que esa implicación se mantenga en el futuro, sino que también refuerza las competencias interactivas de la familia en las situaciones de juego triádico (Simonelli et al., 2016). En general, una interacción lograda requiere la participación activa de todas las personas que intervienen en ella, contingencia entre los comportamientos, respeto de los turnos, ausencia de competición y capacidad de adaptarse a interacciones fluctuantes y cambiantes (Favez et al., 2011, 2017). Por consiguiente, una relación diádica de alta calidad exige la implicación activa de ambas partes en la interacción. De hecho, en muchos de los perfiles, el estilo interactivo de la criatura se parecía mucho al estilo interactivo parental. En una díada paternofilial que funciona bien, como las díadas del perfil conexión diádica recíproca, el bebé también expresa afecto positivo y comportamientos comunicativos hacia el padre, lo que da lugar a una interacción mutua y recíproca. Este tipo de interacción entre el padre y el bebé a los 4 meses se asoció con una mayor coordinación familiar cuando la criatura tenía 18 meses. Estos resultados concuerdan con investigaciones previas que han señalado asociaciones entre una interacción padre-bebé de alta calidad y la calidad de la coparentalidad (Bernier et al., 2023; Brown et al., 2010; Bureau et al., 2021). Factores como una interacción paternofilial que funciona bien, la sensibilidad paterna durante la lactancia y la seguridad del apego entre el padre y la criatura se han vinculado con un mejor funcionamiento de la relación coparental (Brown et al., 2010; Bureau et al., 2021). Además, un estudio anterior halló que tanto la sincronía interaccional diádica paternofilial como la maternofilial se asociaban con la sincronía interaccional familiar triádica cuando la criatura tenía 3 años, con asociaciones más fuertes en el caso de la interacción paternofilial (de Mendonça et al., 2019).

En nuestro estudio observamos que la distancia emocional temprana y la falta de implicación afectiva positiva paterna y de intercambio mutuo en la relación padre-bebé se asociaban con una menor coordinación familiar a los 18 meses. Curiosamente, no se encontró una asociación similar en la etapa de los primeros pasos. Esta diferencia puede atribuirse a cambios evolutivos en la relación paternofilial. A medida que la criatura se desarrolla y adquiere nuevas capacidades, la regulación diádica entre la figura parental y la criatura también cambia (Bornstein et al., 2008). Los patrones de interacción parecen abiertos al cambio, y la calidad de la relación paternofilial suele mejorar de la lactancia a la etapa de los primeros pasos, como ya hemos mostrado anteriormente (Lindstedt et al., 2021). Algunas de las díadas paternofiliales clasificadas en falta de reciprocidad a los 4 meses pasaron a otros perfiles paternofiliales, como indica el hecho de que la proporción de díadas paternofiliales en el perfil falta de reciprocidad disminuyó del 43,3 % en la evaluación de los 4 meses a solo el 8,7 % en la de los 18 meses. Este cambio también puede reflejar el aumento de la experiencia paterna en los cuidados de la lactancia a la etapa de los primeros pasos. A algunos padres puede llevarles más tiempo establecer una relación sólida con su criatura (Genesoni & Tallandini, 2009; Vreeswijk et al., 2014). Además, durante el periodo prenatal, los padres tienen con más frecuencia representaciones desvinculadas de su criatura, caracterizadas por la distancia emocional, lo que a su vez se asocia con niveles más bajos de implicación afectiva positiva, sensibilidad y reciprocidad en las primeras interacciones con su bebé (Lindstedt et al., 2021; Vreeswijk et al., 2015). Por consiguiente, la falta temprana de reciprocidad y la distancia emocional observadas en las díadas paternofiliales a los 4 meses pueden considerarse un riesgo potencial para la interacción familiar triádica posterior.

En la etapa de los primeros pasos, era más habitual encontrar díadas paternofiliales de tensión diádica afectiva y conductual o de funcionamiento moderado en las familias con alianzas conflictivas. Nuestros resultados sugieren que, cuando los padres no logran establecer una relación que funcione bien con su criatura, ello puede contribuir a la competición y al conflicto en la interacción familiar triádica. La presencia de niveles bajos de afecto positivo y niveles altos de afecto negativo en la interacción paternofilial, junto con una mutualidad y una reciprocidad diádicas extremadamente bajas, se asoció con competición y conflicto en la interacción familiar triádica y con dificultades de cooperación entre los miembros de la familia. Este resultado concuerda con la perspectiva de los sistemas familiares, según la cual las familias son sistemas complejos en los que las relaciones interrelacionadas pueden influirse significativamente entre sí (Cox & Paley, 1997). Por tanto, las dificultades en un subsistema, como la relación diádica entre una figura parental y la criatura, pueden efectivamente repercutir en otros sistemas de la familia, incluida la dinámica familiar triádica.

Por otra parte, la alianza familiar parece estar especialmente relacionada con la satisfacción conyugal materna. Resultados anteriores del mismo proyecto mostraron que una mayor satisfacción conyugal materna se relacionaba con una interacción familiar triádica de mayor calidad (Korja et al., 2016). Cuando una madre está satisfecha con la relación conyugal, puede que esté más dispuesta a apoyar la relación paternofilial y a reducir las conductas de control del acceso al hijo o la hija (gatekeeping) (Allen & Hawkins, 1999). Además, según la hipótesis de la vulnerabilidad paterna (Cummings et al., 2004), los padres y su ejercicio de la parentalidad pueden ser especialmente sensibles al conflicto entre las figuras parentales. Como sugieren nuestros resultados, la calidad de la relación paternofilial contribuye además a la calidad global de la interacción familiar triádica. Por ello, la investigación futura debería examinar el posible efecto moderador de la calidad de la relación conyugal sobre el funcionamiento familiar triádico.

Las asociaciones observadas entre la interacción maternofilial y la interacción familiar triádica fueron limitadas. Investigaciones anteriores han indicado que la sensibilidad de ambas figuras parentales durante la primera lactancia se vincula con una mayor calidad de la alianza y la cohesión familiares (Feldman, 2007; Tissot et al., 2015). Sin embargo, en nuestro estudio, la calidad de la interacción maternofilial a los 4 meses no se relacionó con la alianza familiar posterior. En cambio, a los 18 meses encontramos una menor coordinación familiar en las familias en las que la interacción madre-bebé había sido muy negativa durante la lactancia. A la inversa, se encontró una mayor coordinación familiar y una alianza familiar cooperativa en las familias con una interacción afectiva y conductual materna que funcionaba bien a los 18 meses. Sin embargo, estos resultados deben interpretarse con cautela debido al pequeño tamaño del perfil. Aun así, este interesante grupo de madres ofrece un posible tema para la investigación futura. Se ha sugerido que las madres podrían ser más capaces de mantener los límites entre sus distintas relaciones familiares, y que estas relaciones se ven menos afectadas por factores externos (Belsky et al., 1991). Esto podría explicar en parte las asociaciones limitadas observadas en nuestro estudio. Hay que subrayar que padres y madres interactuaron con su criatura en situaciones diferentes, lo que dificulta la interpretación de nuestros resultados. Además, los perfiles de interacción maternofilial mostraron diferencias cualitativas en comparación con los perfiles paternofiliales.

El presente estudio tiene puntos fuertes y limitaciones. Ha ampliado la comprensión de la interacción parentofilial al poner de relieve el papel activo de la criatura y al emplear el LPA para identificar perfiles de interacción específicos dentro de la muestra. Los datos son singulares, ya que abarcan las interacciones de ambas figuras parentales con su criatura durante la lactancia y la etapa de los primeros pasos, así como la interacción triádica en la etapa de los primeros pasos. Este estudio se centró en las contribuciones individuales de las interacciones paternofilial y maternofilial a la calidad de la interacción familiar triádica. Sin embargo, no pudimos explorar las asociaciones a nivel familiar ni los cambios longitudinales de los perfiles debido al tamaño limitado de la muestra. Aun así, estas interacciones a nivel familiar deberían investigarse más a fondo con diseños de estudio específicos. Los estudios futuros también deberían considerar la inclusión de evaluaciones del temperamento de la criatura, ya que se sabe que influye en la interacción parentofilial (Wilson & Durbin, 2012). La muestra de este estudio estaba formada por familias no clínicas, principalmente de clase media, lo que limita la generalización de los resultados. Por razones prácticas, las criaturas se grabaron con su padre y con su madre en situaciones de interacción diferentes, lo que podría afectar a los resultados. No obstante, tuvimos en cuenta la validez ecológica (Bronfenbrenner, 1977) al elegir las situaciones de alimentación y de cambio de pañal para la evaluación de los 4 meses, ya que estas situaciones reflejan experiencias cotidianas de cuidado en las díadas formadas por una figura parental y su bebé. Ambas situaciones exigen estructuración, mediación y regulación por parte de la figura parental, al tiempo que facilitan la interacción social y el intercambio mutuo. La escala de evaluación era la misma en ambas situaciones, lo que permite conocer cómo las figuras parentales y las criaturas se vivían mutuamente durante la interacción (Clark, 1985). Se ha descrito una estabilidad moderada de los comportamientos parentales positivos en distintos contextos, al menos en el caso de las madres (Goodman et al., 2022; Maas et al., 2013; Masur & Turner, 2001). Aun así, distintas tareas de interacción pueden poner de relieve distintos aspectos de la interacción.

Conclusiones

Este estudio longitudinal subraya el papel crucial de la relación paternofilial en la configuración de la interacción familiar. Las interacciones que funcionan bien entre los padres y sus criaturas, caracterizadas por conexiones diádicas recíprocas ya a los 4 meses, parecen tener un impacto positivo en la calidad de la interacción familiar triádica. Se necesita más investigación para examinar y comprender las asociaciones a nivel familiar, en particular cómo las relaciones paternofilial y maternofilial interactúan y se complementan, así como los posibles efectos moderadores de otras variables, como la satisfacción conyugal.

Implicaciones

Los resultados de este estudio justifican que se aumente la conciencia general, entre las familias y los equipos profesionales, sobre el impacto significativo que pueden tener unas relaciones paternofiliales que funcionen bien. Esta conciencia puede reforzar en las madres las actitudes y conductas de apertura (gate-opening), así como la implicación de los padres en los cuidados tempranos, favoreciendo a su vez el desarrollo de las relaciones paternofiliales y de la interacción familiar triádica. Además, el papel de los padres podría tenerse en cuenta al elaborar políticas prácticas de atención perinatal e intervenciones orientadas a apoyar la interacción familiar triádica. En conjunto, nuestros resultados subrayan la importancia de apoyar las relaciones parentofiliales tempranas para favorecer una interacción familiar triádica coordinada y que funcione bien, así como de incluir a los padres en las intervenciones destinadas a mejorar la dinámica familiar.

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio da una base empírica a una vieja intuición de la terapia familiar: lo que ocurre en un subsistema repercute en el conjunto. Su interés clínico reside en dos puntos. En primer lugar, la criatura es una compañera activa de la interacción, y no una mera receptora de la sensibilidad parental. En segundo lugar, la díada paternofilial aparece como un indicador precoz de la coordinación triádica, lo que invita a implicar a los padres desde el periodo perinatal y no en momentos de crisis, y a ver en el Lausanne Trilogue Play una herramienta de observación útil en consulta. Las limitaciones son reales: padres y madres no se filmaron en las mismas situaciones (juego y cambio de pañal con los padres, alimentación con las madres), algunos perfiles solo incluyen un puñado de díadas, la muestra es finlandesa, heterosexual y mayoritariamente de clase media, y los resultados son asociaciones estadísticas, no relaciones causales. El «papel crucial» del padre debe leerse, por tanto, con prudencia, y no convertirse en un argumento contra las madres. Puede leerse junto con el artículo sobre el apego como proceso triádico y el artículo sobre el apoyo a la coparentalidad.

Referencias

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Traducción no oficial de Latent profiles of dyadic parent–child interaction and associations with triadic family interaction in early childhood, de Johanna Lindstedt, Sari Ahlqvist‐Björkroth, Niina Junttila y Riikka Korja, Family Relations, vol. 73, n.o 4 (2024), doi: 10.1111/fare.13041, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Latent profiles of dyadic parent–child interaction and associations with triadic family interaction in early childhood», publicado en Family Relations (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Lindstedt, J., Ahlqvist-Björkroth, S., Junttila, N., et Korja, R. (2024). Latent profiles of dyadic parent–child interaction and associations with triadic family interaction in early childhood. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/latent-profiles-of-parent-child-interaction-and-triadic-family-interaction (Obra original publicada en 2024 en Family Relations, 73(4), 2564-2581 (2024); republicada en 2024 por Family Relations, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/fare.13041)

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