Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Frontiers in Sociology · Terapia multifamiliar
En La Pitié-Salpêtrière, en París, jóvenes trans de 13 a 19 años se reúnen cada mes en un grupo de conversación mientras sus familias se reúnen por separado; dos o tres veces al año, todo el mundo se encuentra. Nicolas Rabain describe este dispositivo multifamiliar de inspiración psicoanalítica y lo que cambia en el aislamiento de las familias y en sus vínculos.
Traducción no oficial al español de Why Multi-Family Groups for Transgender Adolescents and Their Parents?, de Nicolas S. Rabain, publicado en Frontiers in Sociology (Frontiers Media) (2021), doi: 10.3389/fsoc.2020.628047, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Paradójicamente, a menudo es más fácil hablar de temas difíciles en un grupo multifamiliar, porque las personas participantes que presencian los intercambios verbales constituyen también un apoyo muy sólido.
Nicolas S. Rabain
Resumen
Este artículo presenta un enfoque terapéutico para las familias contemporáneas, desarrollado en un dispositivo innovador de atención en salud mental. Este enfoque consiste en recibir tanto a adolescentes transgénero como a sus madres y padres. En un primer momento, las y los adolescentes se reúnen en un grupo de conversación. Después, sus familias se reúnen sin ellos para reflexionar sobre las relaciones familiares y la adaptación social y para recibir apoyo cuando lo necesitan. Ambos grupos se reúnen un par de veces al año en un encuentro multifamiliar. A partir de una dinámica basada en el principio de la asociación libre y en el juego de identificaciones entre las personas participantes, el artículo muestra cómo estos grupos y encuentros multifamiliares promueven la salud mental y previenen los trastornos mentales y la ruptura de las relaciones familiares.
Palabras clave: grupos multifamiliares; familias contemporáneas; innovación en la atención en salud mental; identidad trans; relación familiar; adaptación social; homoparentalidad; resultados psicológicos
En el contexto de configuraciones familiares contemporáneas como la homoparentalidad o la monoparentalidad, los equipos clínicos han ido desarrollando enfoques nuevos e innovadores para ofrecer apoyo terapéutico en salud mental. Algunos se basan en el trabajo individual con cada paciente, mientras que otros privilegian un enfoque grupal, mediante grupos focales, grupos de conversación o grupos multifamiliares en los que las personas acuden acompañadas de sus hijas e hijos o de su familia de origen. El dispositivo innovador de atención en salud mental que presentamos en este artículo está destinado tanto a adolescentes transgénero como a sus familias. En un primer momento, las y los adolescentes se reúnen en un grupo de conversación cuya dinámica se basa en el principio de la asociación libre. Después, se recibe a sus madres y padres sin la presencia de su hijo o hija, para favorecer la reflexión sobre las relaciones familiares y la adaptación social y para ofrecerles apoyo cuando lo necesitan. Ambos grupos se reúnen en una sesión multifamiliar dos o tres veces al año, con el fin de favorecer resultados terapéuticos en caso de sufrimiento psicológico o de dificultades en las relaciones familiares, y de prevenir la ruptura de las relaciones familiares. Dicho de otro modo, este enfoque en tres tiempos busca favorecer una conversación sobre los retos a los que se enfrentan las y los adolescentes transgénero y sus familias en sus relaciones familiares y su adaptación social, y más en particular sobre las dificultades vividas en experiencias de discriminación y de rechazo.
¿A quién se dirigen nuestros grupos y cómo funcionan? ¿Cómo promueven la salud mental? ¿Cómo previenen los trastornos mentales?
De conformidad con la legislación local y los requisitos internacionales, este estudio con participantes humanos no requería revisión ni aprobación ética. Las personas participantes dieron su consentimiento informado por escrito antes de participar en este estudio.
En 2013, el profesor David Cohen creó una consulta de identidad sexual en su servicio de psiquiatría de la infancia y la adolescencia (hospital de La Salpêtrière, París). Este tipo de consultas surgió primero en Estados Unidos y Canadá en la década de 1970 y llegó finalmente a Europa a través de los Países Bajos y el Reino Unido. En 2013 se crearon en Francia tres consultas pioneras, entre ellas la nuestra. Su objetivo común era acoger a personas que presentaban una «disforia de género». Pese a contar con una cohorte numerosa en comparación con otros hospitales franceses, por el momento sigue siendo imposible realizar un análisis estadístico: en seis años, nuestra consulta de identidad sexual solo recibió a unos 150 niñas, niños y adolescentes transgénero, lo que no basta en absoluto para un análisis estadístico. Estas cifras ponen de manifiesto la falta de recursos desplegados en el país para acompañar a las personas menores transgénero (Condat et al., 2016; Mendès et al., 2016).
En nuestro servicio de psiquiatría de la infancia y la adolescencia, la mayoría de adolescentes transgénero solicitan nuestra ayuda para que se les acompañe en su transición. La demanda inicial suele referirse a los aspectos médicos de este proceso. Cada mes, en el hospital de La Salpêtrière, las Reuniones de Concertación Multidisciplinar (RCM) reúnen a distintas profesiones: psiquiatría infantojuvenil, psicología, pediatría, psicomotricidad, endocrinología, biología de la reproducción, ética y derecho. En este marco, cada profesional comparte su punto de vista y se elabora conjuntamente el abordaje de los casos más complejos. Por ejemplo, pueden evaluar y cuestionar la pertinencia de prescribir una terapia hormonal o un bloqueador de la pubertad. También pueden determinar qué tratamiento tiene más probabilidades de funcionar mejor para cada paciente. En estas reuniones, las decisiones se toman caso por caso.
En 2017, el profesor David Cohen me propuso crear un nuevo dispositivo de atención en salud mental con la Dra. Julie Brunelle en su consulta de identidad sexual. La Dra. Julie Brunelle llevaba varios años trabajando con menores transgénero, mientras que a mí se me invitó a participar como especialista en grupos terapéuticos. De hecho, dos años antes yo había puesto en marcha en el hospital La Salpêtrière un grupo analítico multifamiliar pionero destinado a adolescentes con adicciones. La creación de ese grupo se apoyaba en mi trayectoria clínica en el Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez de Buenos Aires. Argentina es el país donde García Badaracco (1989) y García Badaracco (2000) crearon el psicoanálisis multifamiliar en la década de 1960. Este nuevo dispositivo estaba destinado inicialmente a pacientes con esquizofrenia, pero sus indicaciones se han diversificado cada vez más. Hoy en día puede indicarse para pacientes jóvenes que hasta entonces se han mostrado resistentes a las terapias tradicionales. Suelen presentar trastornos de conducta, trastornos de la conducta alimentaria, adicciones, problemáticas narcisistas, un síndrome ansioso-depresivo o ansiedad de separación (Rabain y Bourvis, 2016). Los grupos multifamiliares reúnen «entre dos y veinte familias para intercambiar sus historias, experiencias y emociones. Las sesiones pueden durar entre 1 h y dos horas y media, según el número de participantes, los tipos de patología y el marco institucional. La comunicación la coordina un grupo de coterapeutas con formación en técnicas de psicoterapia individual, grupal y familiar […]».
Así fue como la Dra. Julie Brunelle y yo empezamos a reunir en un grupo a unos 10 adolescentes de 13 a 19 años que se planteaban preguntas sobre su identidad trans. En aquel momento éramos uno de los pocos servicios de psiquiatría de la infancia y la adolescencia de Francia que ofrecían una atención ambulatoria grupal a menores transgénero. Ese grupo sigue funcionando hoy. Cada sesión consta de dos partes: primero se recibe a la decena de adolescentes transgénero y después, por separado, a sus madres y padres. Ambos subgrupos son «abiertos», lo que significa que pueden incorporarse nuevas personas por el camino, y ambos se reúnen un par de veces al año en un encuentro multifamiliar. Queremos subrayar que todas las personas participantes son extremadamente asiduas, vengan o no de París y su área metropolitana. De hecho, algunas viven en el campo, en otras ciudades o en pequeños pueblos y atraviesan el país cada mes para llegar a París, ¡simplemente porque no quieren perderse ni una sola sesión del grupo! El 50% de nuestra población de pacientes viene de fuera de la región de París. Además, recibimos tanto a familias de entornos privilegiados como a familias socialmente desfavorecidas.
Desde el primer encuentro dejamos claro que nuestro objetivo es acompañar a las y los adolescentes en el proceso de construcción de su identidad de género y favorecer el despliegue de su subjetividad en un contexto alejado de los estereotipos de género. Nuestro objetivo con las familias es reflexionar sobre las relaciones familiares y sobre cómo afrontar todo tipo de experiencias de discriminación. El marco de nuestro grupo se basa en varias reglas: en cuanto se incorpora un nuevo o una nueva adolescente transgénero, cada cual se presenta con su nuevo nombre, su edad, a veces su curso, sus gustos musicales y sus actividades extraescolares, como en cualquier otro grupo de adolescentes. También se pregunta a la persona recién llegada si quiere que se refieran a ella como «él» o como «ella». A continuación se enuncian desde el principio tres reglas fundamentales. En primer lugar: «Todo lo que se dice en el grupo debe quedarse en el grupo». Esta regla de confidencialidad es extremadamente importante. En segundo lugar: «¡No juzguéis a ningún miembro del grupo!» La llamamos regla del respeto. Y por último: «Pedid la palabra cuando sintáis la necesidad o las ganas de hablar… ¡Y hablad todo lo que podáis!». En efecto, se invita a cada persona a formular lo que quiere, lo que siente y lo que necesita decir o preguntar, para que sus palabras resuenen en las demás. Es la regla de la asociación libre. Dicho de otro modo, no trabajamos con una selección de temas preparados de antemano.
Al igual que el de adolescentes, el grupo parental funciona con las mismas reglas (confidencialidad, respeto y asociación libre). Cuando se incorpora una nueva madre o un nuevo padre, cada cual se presenta también con su propio nombre y el de su hijo o hija. Además, los comentarios del equipo de coterapeutas buscan relanzar la asociatividad de las personas participantes y no consisten en una interpretación directa como en un grupo psicoanalítico. Sin embargo, como todo marco terapéutico, el grupo de adolescentes transgénero y el de sus familias responden a los cinco criterios de Racamier (2002): 1) un lugar fijo de la institución; 2) una duración fija (en este caso, 1 h con las y los adolescentes seguida de 1 h con sus madres y padres) y una frecuencia (encuentros mensuales); las sesiones multifamiliares se programan dos o tres veces al año y duran 1 h y media con todo el mundo reunido; 3) un número de familias considerable bajo la guía de dos coterapeutas y una persona encargada de la secretaría; 4) las tres reglas fundamentales antes mencionadas, que conciernen a todas las personas participantes; 5) y, por último, aunque no por ello menos importante, la atención a los efectos de frontera, es decir, a los límites entre el interior y el exterior del grupo, o incluso a esos momentos intermedios en que la sesión empieza o termina.
Después de cada sesión, el equipo de coterapeutas y la persona encargada de la secretaría mantienen una conversación de media hora para hablar de la dinámica del grupo y del proceso terapéutico de cada paciente. Ese trabajo de elaboración se basa no solo en los temas abordados por las y los pacientes y en sus emociones, sino también en nuestras reacciones contratransferenciales. Además, cada 2 meses tenemos una supervisión con una persona psicóloga clínica de consulta privada para seguir elaborando nuestros movimientos contratransferenciales, a partir de las notas tomadas por la secretaría durante las sesiones y de lo que recordamos. Una vez más, la dinámica se basa en el principio de la asociación libre. En resumen, somos dos coterapeutas y una persona de secretaría que presentamos el material clínico desde perspectivas diferentes a una persona psicóloga que no trabaja en nuestro hospital pero que tiene una experiencia considerable de grupos terapéuticos.
Durante las primeras sesiones, la pregunta más recurrente suele referirse a la hostilidad del entorno del o de la adolescente, en particular el entorno escolar y el barrio, o incluso la hostilidad de familiares, con frecuencia ajenos a la familia nuclear. La mayoría de las veces, este fenómeno de rechazo constituye un obstáculo para el proceso de transición. Aun así, este tema une a las y los adolescentes transgénero, pues les permite dejar de lado temporalmente sus diferencias: «El otro día se presentaron tránsfobos delante de mi instituto. ¡Traían bates de béisbol!», cuenta Jenifer. El lugar que más a menudo se menciona como espacio de amenazas o agresiones es la escuela. David se indigna: «En mi colegio, la gente cis a veces se atreve a preguntarnos qué tenemos entre las piernas… ¡Nosotros nunca nos permitiríamos hacerles preguntas tan íntimas!». Cuando se habla de las personas cisgénero, la intimidad es un tema que vuelve con regularidad, igual que la mirada de las personas cisgénero: «Hay gente “cis” que quiere esencializarnos; a veces intentan acostarse con nosotros, solo una noche, solo para ver, ¡como si fuéramos monstruos de circo!». Otro tema que une es el deporte, en particular los vestuarios, la piscina y los veranos en la playa: «¿Y si el binder se me nota bajo la camiseta? ¿Y si me cruzo con alguien que conoce mi antigua identidad…?». En resumen, los temas recurrentes en el grupo de adolescentes son la hostilidad del entorno, la intimidad y su implicación en un movimiento activista. Gracias a estos temas comunes, las envolturas del grupo se van consolidando poco a poco y las y los adolescentes empiezan a tomar la palabra: «Tenía muchísimo miedo antes de salir del armario; y después sentí un poco de alivio; pero en realidad este tipo de cosas solo puedo decirlas aquí, en este grupo, ¡porque confío en vosotros!».
Según nuestra experiencia, al cabo de un año aproximadamente las opiniones empiezan a divergir. Al mismo tiempo, se refuerzan las capacidades asociativas de las personas participantes y su capacidad de contradicción. He aquí un ejemplo de participantes que toman la palabra cuando no están de acuerdo: «¿Hay que decir u ocultar la propia identidad trans?» Para algunas personas, no todo el mundo tiene por qué saberlo: «¡No quiero ser un chico trans: solo quiero ser un chico!». Además, no hace falta informar a las personas que se conocen después de la transición. Para otras, el anuncio permite distinguir a las personas en quienes se puede confiar de aquellas de las que habrá que desprenderse. Hay también otras diferencias: ¿hay que ser activista o no? Algunas personas rechazan el estilo radical y a veces caricaturesco de activistas LGBT: «Solo la gente sectaria se exhibe en la marcha del Orgullo… ¡Le hace daño a la causa! ¡Este año no voy a participar!». Otras consideran el Orgullo como «…el único día del año en que no tenemos miedo, ¡porque nos rodea nuestra “nueva familia”!».
Muy a menudo, las y los adolescentes transgénero se convierten temporalmente en docentes de sus propias madres y padres. No solo poseen un saber subjetivo que habita su cuerpo, sino también información recogida en redes sociales y blogs de adolescentes transgénero. El discurso colectivo se apoya en un campo léxico de neologismos que tienen que transmitir a sus familias. Las y los adolescentes transgénero disponen además de más información que la gran mayoría del personal sanitario sobre la atención multidisciplinar que conviene considerar en el contexto de su transición. ¿Y qué ocurre con sus madres y padres, una vez reunidos en grupo?
Mientras que el tono del grupo de adolescentes es casi siempre de humor, risas y autoironía, incluso al hablar de situaciones dolorosas, el grupo parental está menos en armonía: mientras algunas personas banalizan su situación familiar, otras expresan sus angustias. A veces rompen a llorar, algo que todavía no ha ocurrido en el grupo de adolescentes.
Ninguna familia está en la misma etapa. Las más reacias dejaron el grupo al cabo de unas pocas sesiones, mientras que otras siguen en él hasta hoy. El abanico de posiciones parentales es bastante amplio. Algunas personas apoyan incondicionalmente a su hijo o hija: «Estoy detrás de mi hija desde que comprendí que su transición era vital para ella».; «He hecho todo lo posible para acelerar el procedimiento de cambio de estado civil», dice la madre de Billie, antes de añadir que «La primera inyección de testosterona fue un momento feliz compartido con la familia y las amistades». La madre de Tatiana: «En Francia se tarda años en poder operarse. Así que voy a acompañar a mi hija al extranjero para su 18.º cumpleaños. ¡Estoy deseando que llegue la operación para que su “disforia” pueda aliviarse!» Otras madres y padres se oponen a cualquier forma de transición: «¡No pienso usar su nuevo nombre! ¡Mi hija siempre seguirá siendo una chica!» Entre estos dos extremos caben todas las posiciones intermedias.
Las preocupaciones por el cuerpo de su hijo o hija son recurrentes: ¿cuáles son los efectos secundarios posoperatorios? ¿Cómo se evalúa el riesgo de fracaso? «¿Y si quiere revertir la operación?» Las cirugías de reasignación transforman de un día para otro y son irreversibles. Las terapias hormonales, cuyos resultados aparecen gradualmente, generan una ansiedad igual de perceptible: «¿Tenemos suficiente perspectiva sobre los efectos indeseables de los bloqueadores de la pubertad o de las hormonas en los huesos?»
Más allá del soma, el tema del «duelo por el hijo o la hija imaginados por la familia» aparece con frecuencia, y a menudo con las mismas etapas: «Primero se cortó el pelo. Luego su nombre de nacimiento desapareció del libro de familia. Luego él empezó con la testosterona, y pronto será la mastectomía. Creía haber hecho el duelo por mi hija. Pero ahora, como él no quiere preservar sus óvulos, no sé qué hacer. ¡Nunca seré abuela!», dice la madre de Michael antes de romper a llorar. La madre de Michael cría sola a su hijo desde que él tenía 3 años. Hace todo lo que puede, pero a veces pierde la seguridad en sí misma. Para consolarla, el padre de Daniel le responde: «Puede que tengas razón… Pero por lo menos no vas a perder a tu hijo. El mío iba por su cuarto intento de suicidio. ¡Desde que es un hombre, vuelve a vivir!». Apoyar la transición del propio hijo o hija puede reducir significativamente el riesgo de suicidio (Toomey y Syvertsen, 2018).
Otra pregunta recurrente para las madres y padres del grupo se refiere a su propia vivencia desde la salida del armario de sus hijas e hijos: «Para mí, la noticia fue como una bomba atómica; pero al final no fue nada comparado con nuestro miedo a los intentos de suicidio». Otro padre: «A Christopher no le gustaban los vestidos. Pensaba que sería homosexual, pero no transgénero. ¡Y, por cierto, en aquel momento ni siquiera sabía lo que era!».
Para la madre de Steve, que cría sola a su hijo adoptado, el detonante fue el encuentro en la sala de espera con una madre y su hija transgénero, que marcó la diferencia: «La niña parecía feliz y plena. Me enteré por casualidad de que era transgénero, a pesar de su aspecto totalmente corriente», recuerda. «Luego hablé de la identidad trans con su madre, una mujer dulce que estaba más avanzada que yo, y eso me tranquilizó. Me hizo cambiar de opinión, ¡y empecé a apoyar a mi hijo, sobre todo frente al acoso!». En efecto, la madre de Steve tuvo que ir varias veces al instituto antes de llegar a un acuerdo con la dirección para una «transición social» (que a su hijo se le llamara por su nombre de chico y se le tratara como a un chico). Sin embargo, el servicio médico escolar decidió que eso no sería posible e hizo un anuncio a todo el profesorado y todo el alumnado del centro recordando que Steve había «nacido chica», había mentido y en adelante debía ser llamado por su nombre femenino. Esta situación llevó inevitablemente a que Steve abandonara de golpe los estudios. Steve nunca volvió a ese instituto.
Al cabo de un año aproximadamente, los intercambios entre las familias han acabado descentrándose: recientemente, las cuestiones de identidad trans han dado paso a problemas que se encuentran clásicamente en la adolescencia: «¡Si mi hija busca tanto su lugar, es porque está atravesando una rebeldía adolescente clásica!». Con el tiempo, en efecto, se toma distancia y se consigue ver el cuadro completo.
Cuando las y los adolescentes transgénero y sus familias se reúnen en una sesión multifamiliar, nadie interrumpe a nadie. Las madres y padres suelen mostrar una actitud atenta y algunas personas se sienten impresionadas y conmovidas al ver a su propio hijo o hija dentro de un grupo consolidado formado por adolescentes transgénero. El equipo de coterapeutas intenta favorecer resultados terapéuticos en caso de sufrimiento psicológico o de dificultades en las relaciones familiares invitando a los miembros del grupo a hablar de todo lo que se les pase por la cabeza, «aunque no sea fácil»: «A mi madre y a mí nos rechazó su familia de Marsella. Ella es lesbiana y yo soy trans… ¡pero nos da un poco igual, porque allí son todos unos mafiosos! (risas). Al principio, mi madre y yo discutíamos mucho… pero ahora nos hemos mudado de Marsella a París, ¡y estamos muy bien!» Paradójicamente, a menudo es más fácil hablar de temas difíciles en un grupo multifamiliar, porque las personas participantes que presencian los intercambios verbales constituyen también un apoyo muy sólido (Rabain, 2018).
Pero ¿por qué y cómo permiten las sesiones multifamiliares hablar de los retos a los que se enfrentan las y los adolescentes transgénero y sus familias en su adaptación social? ¿Cómo favorecen resultados terapéuticos en caso de sufrimiento psicológico o de dificultades en las relaciones familiares? ¿Cómo llegan a veces incluso a prevenir la ruptura de las relaciones familiares?
El grupo multifamiliar modifica los movimientos transferenciales al dispersar las proyecciones sobre distintos miembros del grupo. Reunir a varias familias con coterapeutas y una persona de secretaría genera «transferencias múltiples». Esta dinámica transferencial particular permite a las personas participantes evitar los efectos negativos de una transferencia dual masiva. Más concretamente, el dispositivo psicoanalítico multifamiliar genera elementos transferenciales que pueden clasificarse de tres maneras. La transferencia puede ser, en primer lugar, «radial» 1), es decir, dirigida al equipo de coterapeutas. Después, la transferencia puede ser «horizontal» 2) cuando se dirige a otros miembros del grupo. Este tipo de transferencia se refuerza a lo largo de las sesiones gracias a los efectos de resonancia entre participantes que afrontan problemáticas comunes. Algunas identificaciones cruzadas, que consisten en investir a otras madres y padres del grupo, pueden ser de gran ayuda para adolescentes cuyas figuras parentales presentan fragilidades narcisistas. En efecto, los grupos multifamiliares consolidan la identidad y refuerzan la estabilidad narcisista. Dicho de otro modo, los juegos identificatorios que favorece este dispositivo sostienen tanto a las y los adolescentes como a sus familias cuando presentan fragilidades narcisistas. Y, por último, la transferencia puede dirigirse al grupo «como objeto total» 3) (Rabain y Bourvis, 2016, 320).
Según J. García Badaracco: «La participación de un paciente en un grupo [psicoanalítico multifamiliar] […] aumenta el trabajo de elaboración. Este trabajo empuja a los miembros de la familia a relajar sus defensas.» (2000, 66, traducción propia). Mientras que las cuestiones transferenciales se califican de «múltiples» —o de «difractadas», según la traducción—, los movimientos contratransferenciales en un dispositivo así son «proteiformes», en la medida en que el equipo de coterapeutas se identifica tanto con las y los adolescentes como con sus familias. Otra razón por la que nuestras sesiones de supervisión han sido realmente útiles.
Nuestro enfoque innovador de atención en salud mental permitió tanto a las y los adolescentes como a sus familias salir de una cierta forma de aislamiento. En el grupo de adolescentes, sea cual sea la singularidad de sus experiencias, todo el mundo, sin excepción, ha vivido la transfobia, el rechazo y la exclusión, algo muy frecuente (Simons y Schrager, 2013, 791). Durante el primer año del grupo de conversación, las manifestaciones de respeto y de atención hacia los demás miembros del grupo recuerdan el fenómeno de la «ilusión grupal» tal como la define Anzieu (1991), (362–363): la ausencia de conflictividad y un sentimiento de autosuficiencia coexisten, como si todos los modelos necesarios pudieran encontrarse en la diversidad del material aportado por las personas participantes. A medida que se formaba la envoltura grupal, se materializó una frontera entre un interior bueno y un exterior hostil. La escisión entre lo bueno y lo malo no se situaba, por tanto, dentro del grupo, sino entre el grupo y el exterior (Anzieu, 1975; Anzieu, 1985).
La mirada de las personas cisgénero puede vivirse a veces como rechazante y despectiva, o incluso como curiosa, de un modo voyerista (Bufnoir, 2016). Formar parte de un grupo de conversación que reúne a adolescentes transgénero es, por tanto, una manera de reforzar el propio narcisismo. También promueve la salud mental al informar a los miembros del grupo de las distintas posibilidades de atención que pueden recibir, ya sea en el hospital o en diversas asociaciones: asociaciones transgénero como OUTrans1, asociaciones contra la transfobia, asociaciones LGBTIQA+, etc.
Del mismo modo, las madres y padres también se interrogan sobre temas muy importantes, como el suicidio y la supervivencia de su hijo o hija. Por ejemplo, una cuestión recurrente y difícil para las familias del grupo es el «duelo por el hijo soñado» (Lebovici y Stoléru, 1983; Lebovici, 1998). Estar juntos, intentar elaborar en común, ayuda no solo a tratar su propia angustia, sino que también permite posicionarse mejor frente a su hijo o hija, lo que es esencial para apoyarle (Menvielle y Rodan, 2011). Desde un punto de vista psiquiátrico, se observa un recrudecimiento de los signos de ansiedad y depresión entre adolescentes transgénero. Por estas razones, nuestros grupos pueden considerarse un enfoque preventivo, aunque no se limitan a la prevención.
La ansiedad y la depresión que se observan en adolescentes transgénero están ligadas a aspectos específicos de su entorno (Bernard y Wathelet, 2019, 111–123). Entre los factores de riesgo figuran el acoso en la escuela o en el barrio y la transfobia de miembros de la familia. En efecto, la estigmatización ligada al género multiplica por cinco el riesgo de desarrollar un síndrome depresivo en comparación con la población adolescente general (Kaltiala-Heino y Bergman, 2018, 31–41). De ahí la importancia de ofrecer un acompañamiento médico y psicológico a las personas menores transgénero y a sus familias.
Entre las y los adolescentes de nuestra consulta de identidad sexual, aproximadamente el 70% presenta problemas de ansiedad, y más en particular un «trastorno ansioso-depresivo», según el informe estadístico anual de actividad de nuestro servicio de psiquiatría del adolescente (2019). Se observan también reacciones fóbicas, en particular la fobia escolar, muy frecuente entre adolescentes transgénero, que lleva a un abandono escolar total. Este fenómeno es más frecuente en este grupo que en la población general de nuestro servicio: la tasa de abandono escolar es del 38%. Ante estos datos, estamos estudiando la posibilidad de un nuevo estudio, con la ayuda de otros servicios de psiquiatría del adolescente, para comparar la tasa de síndrome ansioso-depresivo en personas que se han beneficiado de nuestro enfoque de atención en salud mental con la de un grupo de control de personas que no han recibido ningún apoyo grupal.
En cuanto las envolturas del grupo fueron lo bastante sólidas, pudieron aparecer por fin los primeros movimientos de diferenciación: algunas personas quieren que se las considere adolescentes transgénero, mientras que otras solo quieren que se las considere un chico o una chica; es decir, para vivir feliz hay que vivir oculto. Otros miembros sostenían, en cambio, que para defenderse eficazmente había que mostrarse firme. Del mismo modo, mientras a algunas personas la marcha del Orgullo les horrorizaba, otras decían que les encantaba el Orgullo.
Mientras el entorno comunitario y las redes sociales ofrecen una gran variedad de figuras identificatorias a las y los adolescentes transgénero, el grupo de adolescentes refuerza el juego identificatorio in situ. Además de luchar contra una tendencia a un aislamiento mortífero, las sesiones permiten identificaciones y contraidentificaciones con participantes binarios o no binarios, que reavivan su asociatividad psíquica. Así, la «generación de género fluido» —en referencia a la nueva generación de adolescentes y personas adultas en la que algunas personas sienten que no son del todo hombre ni del todo mujer— sigue siendo indudablemente más flexible que la anterior, sobre todo en lo que respecta a la identidad de género y a la cuestión de la orientación sexual. En este grupo, casi todas las personas participantes mantenían una relación sentimental desde el principio. Sin embargo, nadie hablaba de ello espontáneamente. Nadie sabía quién estaba con un chico o con una chica, con una pareja cisgénero o transgénero. Al cabo de un año, las y los adolescentes se volvieron menos evasivos y empezaron a hablar de sus amores. Dicho de otro modo, este enfoque grupal refuerza la capacidad de asociar y de redesplegar la libido sobre objetos sustitutivos (Rabain, 2017; Rabain, 2018). Otro objetivo principal de este grupo es «fortalecer la personalidad —proceso de subjetivación— y favorecer una mejor estabilidad emocional, con una mayor capacidad para afrontar y soportar acontecimientos traumáticos». (García Badaracco, 2000, (235, traducción propia).
Al principio, el grupo parental se caracterizó por una desconfianza inicial. Algunas personas pensaban que intentábamos convencer a su hijo o hija de que emprendiera la transición. Sin embargo, las sesiones condujeron rápidamente a una mejor cooperación. Aunque durante las primeras sesiones era evidente cierta ambivalencia, esta se fue desvaneciendo progresivamente en favor de un espacio de conversación más seguro. Las familias no permanecieron centradas en cuestiones limitadas a la identidad trans: acabaron tomando distancia, probablemente gracias, entre otras cosas, a nuestro grupo de apoyo. Es esencial trabajar con las madres y padres por el bien de su hijo o hija, porque la posición parental tiene una influencia evidente en el recorrido de transición de las y los adolescentes transgénero. Ayudar a las familias a articular su propio punto de vista y a alejarse de una visión monolítica y a menudo normativa y estereotipada de las cuestiones trans constituye un beneficio significativo para su hijo o hija (Menvielle y Rodnan, 2011; Simons y Schrager, 2013). Elaborar los miedos parentales y tener en cuenta el principio de realidad —por ejemplo, no negando los numerosos riesgos a los que se enfrentan las personas trans— les permite proteger mejor a su hijo o hija. Este trabajo preliminar conduce a una mayor comprensión mutua durante los encuentros multifamiliares.
Otro punto importante: existe un desfase temporal lógico entre la vivencia de las y los adolescentes transgénero y la de sus familias. En el momento en que van a salir del armario, normalmente llevan mucho tiempo trabajando en ello. Sin embargo, cuando por fin lo dicen, es probable que esperen una reacción inmediata de su familia. Por ejemplo, cuando se declaran adolescentes transgénero, la mayoría ya sabe que quiere recibir hormonas. Ya han decidido hacer esta petición, puesto que la idea suele estar presente desde hace un par de años. Las madres y padres, en cambio, a menudo no han pensado nunca antes en estas cuestiones. Por eso no pueden posicionarse tan rápido como su hijo o hija desearía. En esta situación, la acogida de las personas recién llegadas por parte de las veteranas puede ser de gran ayuda. Más allá de la revalorización narcisista mutua que genera esta actividad, parecería que las familias veteranas del grupo reconocen en las nuevas la angustia que ellas mismas vivieron en su día y, en consecuencia, el camino recorrido desde entonces. A cambio, las personas recién llegadas disponen de más modelos identificatorios en los que apoyarse. Este valioso alivio reduce las tensiones dentro de la familia y ayuda a prevenir la ruptura de las relaciones familiares.
Además, en estos grupos multifamiliares intergeneracionales, el relato del punto de vista parental invita a cada adolescente a interesarse por los valores de su propia familia y favorece la aparición o el refuerzo de su propia capacidad de tomar la palabra. Esto da un nuevo impulso al proceso de subjetivación, que requiere un inevitable «choque de armas» entre adolescentes y figuras parentales (Winnicott, 1971, 200). Precisemos aquí que este «enfrentamiento entre generaciones» (Kancyper, 2018) es una condición necesaria, aunque no suficiente, de la subjetivación. En efecto, no todo conflicto, por doloroso que sea, conduce siempre a cambios fecundos. Nuestro enfoque grupal de la salud mental aumenta las probabilidades de que el enfrentamiento entre adolescentes y figuras parentales refuerce el proceso de subjetivación.
En este artículo hemos expuesto por qué conviene atender a adolescentes que se interrogan sobre su identidad de género junto con sus familias, en un enfoque de orientación multifamiliar. Nos preguntamos también cómo apoyar a sus madres y padres, a menudo desestabilizados ante un proceso puberal distinto del que vivieron a la misma edad. El grupo generó una dinámica que permitió a sus miembros relativizar sus preguntas a la luz de las experiencias de otras familias. De ello resultaron un nuevo impulso y el reajuste de ciertas posiciones hostiles hacia las personas transgénero.
Según el Observatorio de las identidades trans francés 2, hay más agresiones contra mujeres transgénero que contra hombres transgénero. Suele tratarse de agresiones graves y de crímenes, lo que resulta especialmente angustiante para las familias. La angustia suele despertarse ante la imposibilidad de pensar y de hablar de estas cuestiones de identidad trans. En nuestro enfoque, uno de nuestros principales objetivos consiste en coconstruir todo un abanico de representaciones y significantes que las y los adolescentes transgénero y sus familias podrán utilizar para construir sus propias representaciones. Dicho de otro modo, todos los caminos que conduzcan a un mayor número de representaciones constituirán una victoria frente al avance y la instalación permanente de trastornos de salud mental.
En el futuro, ¿por qué no añadir la breve intervención de asociaciones transgénero? Probablemente serían de gran ayuda en el trabajo de poner en palabras lo que se siente antes, durante y después del proceso de transición. Hablar con personas adultas transgénero a las que les va bien y que son dueñas de su propia vida podría acabar siendo una ayuda significativa para el proyecto de desestigmatizar la identidad trans.
Complexe Systémique: puntos clave
Este texto es un relato clínico, no un estudio: no hay datos sistemáticos, las palabras se han elegido para ilustrar y el vocabulario psicoanalítico (transferencia, envoltura grupal, subjetivación) procede del psicoanálisis multifamiliar de García Badaracco. Aun así, merece la lectura para la práctica sistémica, porque pone en escena lo que la terapia familiar conoce bien con otros nombres. En primer lugar, el desfase de temporalidades: la persona joven lleva años elaborando su transición, mientras que la madre o el padre la descubre y no puede seguir el mismo ritmo; el grupo da tiempo a ese desfase en lugar de convertirlo en conflicto. Después, el papel de los pares: las familias «veteranas» muestran a las recién llegadas que existe un camino, y la gente joven se convierte temporalmente en docente de su familia. Por último, el lugar del entorno: la historia de Steve, que abandonó los estudios tras el anuncio del servicio médico escolar, recuerda que la escuela forma parte del sistema que hay que cuidar. El dispositivo respeta los nombres y pronombres elegidos sin decidir en lugar de las familias. Cabe lamentar la ausencia de evaluación y de voces de personas trans adultas, que el propio artículo reclama. Puede leerse junto con el estudio sobre el apoyo parental a adolescentes transgénero y el estudio sobre la infancia trans y sus familias ante la transición.
Notas del original
1 www.outrans.org.
2 https://www.observatoire-des-transidentites.com.
Declaración ética. De conformidad con la legislación local y los requisitos institucionales, el estudio con participantes humanos no requería revisión ni aprobación ética. El consentimiento informado por escrito para participar en este estudio lo otorgaron las personas que ejercen la tutela legal o los familiares más cercanos de las personas participantes.
Contribuciones de la autoría. La autoría de este trabajo corresponde a una sola persona, que ha aprobado su publicación.
Conflicto de intereses. La autoría declara que la investigación se llevó a cabo en ausencia de cualquier relación comercial o financiera que pudiera interpretarse como un posible conflicto de intereses.
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Traducción no oficial de Why Multi-Family Groups for Transgender Adolescents and Their Parents?, de Nicolas S. Rabain, Frontiers in Sociology, vol. 5, artículo 628047 (2021), doi: 10.3389/fsoc.2020.628047, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (declaraciones agrupadas en las notas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
El artículo original «Why Multi-Family Groups for Transgender Adolescents and Their Parents?» se publicó en Frontiers in Sociology (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Esta es una traducción no oficial de Complexe Systémique, realizada con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Rabain, N. S. (2021). Why Multi-Family Groups for Transgender Adolescents and Their Parents?. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/why-multi-family-groups-for-transgender-adolescents-and-their-parents (Obra original publicada en 2021 en Frontiers in Sociology, 5, 628047 (2021); republicada en 2021 por Frontiers in Sociology, https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fsoc.2020.628047/full)
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