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Journal of the International AIDS Society · Familia
¿Cómo proteger del VIH a la juventud de los barrios pobres de Chicago, Nueva York o KwaZulu-Natal? Arvin Bhana, Mary McKay y su equipo reconstruyen la elaboración de CHAMP, un programa de grupos multifamiliares diseñado con las propias comunidades, y después la de CHAMP+, pensado para jóvenes que nacieron con el VIH. En el centro: la comunicación familiar, la supervisión parental y la reconstrucción de las redes de apoyo.
Traducción no oficial al español de Family-based HIV prevention and intervention services for youth living in poverty-affected contexts: the CHAMP model of collaborative, evidence-informed programme development, de Arvin Bhana, Mary M. McKay, Claude A. Mellins, Inge Petersen y Carl C. Bell, publicado en Journal of the International AIDS Society (International AIDS Society, BioMed Central y después Wiley) (2010), doi: 10.1186/1758-2652-13-s2-s8, bajo licencia CC BY 2.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Las intervenciones familiares deberían realizarse en grupo para reforzar las redes sociales y permitir la renegociación colectiva de las normas sociales relativas a las prácticas parentales protectoras.
Arvin Bhana, Mary M. McKay, Claude A. Mellins, Inge Petersen y Carl C. Bell
Resumen
Las intervenciones familiares con niñas, niños y adolescentes afectados por el VIH y el sida no están bien consolidadas. El Collaborative HIV Prevention and Adolescent Mental Health Program (CHAMP) es una de las pocas intervenciones basadas en la evidencia que se han probado en contextos de bajos ingresos en Estados Unidos, el Caribe y Sudáfrica. Este artículo describe las bases teóricas y empíricas del desarrollo y la implementación de CHAMP en dos de estos países, Estados Unidos y Sudáfrica. Además, dado que un número creciente de niñas y niños infectados por el VIH sobrevive hasta la adolescencia y la edad adulta joven, se ha desarrollado una intervención familiar CHAMP+, basada en los principios fundacionales de CHAMP, para atenuar las influencias de riesgo asociadas al hecho de ser seropositivo.
Tres décadas después del inicio de la epidemia del VIH, está claro que el VIH/sida es una enfermedad de dimensión familiar y que la juventud de todo el mundo es especialmente vulnerable. Aunque la necesidad de programas familiares de prevención y tratamiento del VIH está ampliamente reconocida [1], hasta la fecha solo se han probado unos pocos programas de este tipo, sobre todo en contextos de pocos recursos [2]. La mayoría de los programas familiares a escala internacional se han centrado en la prevención de la transmisión maternoinfantil o en la atención sanitaria general de la infancia, las necesidades educativas o la salud mental infantil [3].
El Collaborative HIV Prevention and Adolescent Mental Health Program (CHAMP) [4] es un ejemplo de programa centrado en la familia y ajustado a la etapa del desarrollo, dirigido a preadolescentes y adolescentes tempranos (9-13 años), que ofrece un modelo de desarrollo de programas de prevención primaria y secundaria del VIH y que se ha probado en numerosos estudios en Estados Unidos, el África subsahariana, el Caribe y Sudamérica.
El propósito de este artículo es ofrecer una visión general del desarrollo y la implementación de programas familiares en contextos afectados por la pobreza, con especial atención a CHAMP. El objetivo es extraer lecciones para los programas familiares de prevención e intervención del VIH dirigidos a adolescentes jóvenes, incluidos quienes ya están infectados o afectados por el VIH, y a las personas adultas que les cuidan.
La infección por el VIH es una de las amenazas más graves para la salud y el bienestar de la juventud, y exige una atención continua e intensiva a las personas jóvenes, ya que representan aproximadamente el 45% de todas las nuevas infecciones en el mundo [5,6]. Aunque la epidemia del VIH se ha estabilizado en cierta medida, el nivel de nuevas infecciones por el VIH y de muertes por sida sigue siendo inaceptablemente alto, en particular en el África subsahariana [7].
Las consecuencias de la epidemia del sida para las familias pueden ser devastadoras. Casi 12 millones de niñas y niños menores de 18 años han perdido a uno o a ambos progenitores a causa del VIH en el África subsahariana [6]. En Sudáfrica, aproximadamente 2,8 millones de niñas y niños han perdido al menos a uno de sus progenitores, y se estima que en 1,4 millones de casos (49%) la causa presunta es el sida [6,8]. Se calcula que el 80% de las niñas y niños que pierden a un progenitor por el sida probablemente tengan otro progenitor superviviente para quien el apoyo y la atención se vuelven cruciales [9]. La infancia huérfana a causa del sida puede constituir un grupo especialmente vulnerable en cuanto a problemas emocionales, conductas de riesgo y abandono escolar [10,11].
Incluso en contextos donde el acceso al tratamiento antirretroviral (TAR) y a las intervenciones preventivas es más amplio, como Estados Unidos o Europa, la epidemia del VIH sigue afectando gravemente a la salud y el bienestar de la infancia y de la población adulta. Las personas afectadas por esta enfermedad, todavía potencialmente mortal y estigmatizante, residen de forma desproporcionada en comunidades urbanas racializadas, marcadas por altas tasas de pobreza, abuso de sustancias y exposición a la violencia comunitaria y familiar [12,13].
En Estados Unidos, por ejemplo, la mayoría de los casos de VIH/sida se concentran en los barrios céntricos desfavorecidos de las grandes ciudades; la población afroamericana representa el 51% de todas las nuevas infecciones por el VIH notificadas, y la población latina un 18% adicional [14]. Casi la mitad de las más de 40 000 nuevas infecciones por el VIH que se producen cada año en Estados Unidos afectan a personas de 25 años o menos.
Por otra parte, la introducción generalizada del asesoramiento y la prueba del VIH, así como del uso del TAR durante el embarazo y el parto en los países que tienen acceso a ellos, ha provocado un descenso drástico de la tasa de transmisión vertical [15,16]. El acceso al TAR también ha hecho que muchas niñas y niños infectados por el VIH, de quienes no se esperaba que sobrevivieran a la infancia, estén llegando a la adolescencia [17] y presenten: (1) graves dificultades de salud mental [18,19]; (2) conductas sexuales de alto riesgo y consumo de sustancias [20-22]; y (c) falta de adherencia al TAR [23-25]. Incluso episodios breves de falta de adherencia al TAR pueden comprometer de forma permanente el tratamiento y aumentar la resistencia a los medicamentos. Así, las y los adolescentes infectados por vía perinatal pueden estar viviendo con un virus multirresistente y tener malos resultados de salud.
Esta sombría realidad se convierte en un grave problema de salud pública a medida que la juventud atraviesa la adolescencia, un periodo de mayor experimentación con conductas sexuales de riesgo y consumo de drogas. Lamentablemente, se han desarrollado o probado pocos programas familiares centrados en la prevención de conductas de riesgo con esta población, ya sea en países de altos o de bajos recursos [26].
A lo largo de las tres últimas décadas se han realizado esfuerzos específicos para reducir el riesgo de infección por el VIH en la juventud no infectada [27,28]. Aunque algunos de los primeros esfuerzos de prevención del VIH mejoraron los conocimientos de las personas jóvenes sobre la importancia del VIH y sus vías de transmisión, y produjeron cambios a corto plazo en las conductas sexuales de riesgo [28-31], ha sido difícil mantener cambios de conducta a largo plazo [32]. Además, en una revisión reciente de intervenciones preventivas aplicadas en el África subsahariana, ningún programa se asoció a una disminución significativa de las tasas reales de infección por el VIH [28,33].
Cuando la epidemia entró en su segunda década, se multiplicaron los llamamientos a desarrollar modelos más complejos de programas de prevención e intervención del VIH, en particular modelos capaces de actuar a la vez sobre las influencias relacionales y contextuales de riesgo y de protección que pesan sobre la conducta de la juventud, como los modelos multinivel de prevención y atención del VIH para jóvenes que incorporaban sólidas alianzas con las familias y las comunidades [34]. Movilizar los recursos de la familia, de las redes sociales y de la comunidad en torno a la juventud urbana vulnerable se consideraba una estrategia crucial de prevención del VIH y de promoción de la salud [28,31,34,35].
Aunque se han desarrollado y evaluado varios programas familiares de prevención del VIH, pocos se han implementado y probado realmente en entornos de pocos recursos, donde se concentra la carga del VIH y donde la atención se ha centrado en programas escolares y comunitarios dirigidos a la juventud [36,3,2]. CHAMP [4,36-38] es uno de los pocos esfuerzos de prevención del VIH que se centró inicialmente en jóvenes vulnerables y sus familias en Estados Unidos y que después se adaptó a múltiples contextos internacionales.
El primer programa familiar se desarrolló a mediados de los años noventa a partir de corrientes de influencia decisivas: (1) los modelos del desarrollo adolescente; (2) los modelos de orientación ecológica que incluyen factores de varios niveles (por ejemplo, conocimientos, habilidades y características de salud mental de las personas jóvenes y de las personas adultas que les cuidan; cualidades de interacción con recursos protectores clave, como madres y padres; sistemas de apoyo social; instituciones orientadas a la salud; e influencias promotoras de la salud de las familias y las comunidades); y (3) los resultados empíricos existentes y una colaboración intensiva con jóvenes, familias y miembros de la comunidad destinataria.
En un principio, CHAMP adoptó el modelo del desarrollo con dos planteamientos básicos: (1) para que la prevención del VIH tenga éxito, los programas deben intervenir con las personas jóvenes antes del inicio de las conductas de riesgo sexuales y de consumo de drogas, concretamente en la preadolescencia y la adolescencia temprana; y (2) la toma de decisiones sexuales en la adolescencia se produce dentro de relaciones sociales y refleja una combinación de factores sociales y psicológicos que es necesario abordar [39].
Más concretamente, las relaciones familiares y entre pares predicen de forma significativa las conductas sexuales y de consumo de drogas de alto riesgo en la adolescencia [40,41]. Por ejemplo, la disponibilidad y la supervisión familiares son factores de protección cruciales para reducir las conductas de alto riesgo, mientras que el conflicto familiar y los bajos niveles de comunicación se asocian a un aumento de la actividad sexual y del consumo de drogas [42-44]. Asimismo, la investigación con jóvenes ha mostrado que los pares ejercen una fuerte influencia sobre la actividad sexual y el uso del preservativo, y que las amistades con pares que no tienen conductas problemáticas son también factores de protección asociados a menos conductas sexuales de riesgo [12].
A medida que los esfuerzos de prevención fueron dejando atrás los modelos de primera generación, se recurrió a varias teorías ecológicas más complejas.
La Triadic Theory of Influence (TTI, teoría triádica de la influencia) [45,46] se organiza en torno a dos dimensiones: los niveles de causalidad y las corrientes de influencia. Representa, por tanto, a la vez: (1) una teoría del problema, centrada en la explicación y la predicción del cambio en las conductas de salud; y (2) una teoría de la acción, que pone el acento en orientar el desarrollo de intervenciones promotoras de la salud. Propone tres corrientes de influencia relativamente distintas: las influencias intrapersonales, que contribuyen a la autoeficacia respecto de conductas específicas; las influencias sociales interpersonales, es decir, las situaciones o contextos sociales que contribuyen a las creencias normativas sociales sobre conductas específicas; y las influencias culturales y ambientales, que constituyen múltiples factores socioculturales del macroentorno que contribuyen a las actitudes respecto de conductas específicas.
La teoría plantea que algunas variables (como las intenciones) tienen un efecto directo sobre la conducta y son causalmente próximas, mientras que otras, como la motivación para ajustarse a las expectativas, tienen efectos mediados por muchas otras variables, como las creencias normativas sociales, y se considera que ejercen una influencia más distal.
La TTI se ha traducido en siete principios de intervención comunitaria que ofrecen un marco conceptual para la adaptación de CHAMP a la juventud sudafricana no infectada [47-50]. Estos siete principios eran: (1) restablecer la aldea (redes sociales); (2) facilitar el acceso a la atención sanitaria (servicio de derivación); (3) mejorar las dinámicas de vínculo, apego y conexión (estilos parentales y habilidades de comunicación); (4) mejorar la autoestima (desarrollar el autoconocimiento y los conocimientos); (5) aumentar las habilidades sociales; (6) restablecer el escudo protector adulto mediante la supervisión (supervisión parental); y (7) reducir al mínimo los efectos residuales del trauma (promover redes comunitarias de apoyo).
La Social Action Theory (SAT, teoría de la acción social) [51] es un modelo alternativo de cambio de conducta que también pone el acento en el contexto en el que se produce la conducta, pero que se refiere además a los procesos de autorregulación y de interacción social impulsados por el desarrollo, así como a los mecanismos por los que estas variables dan lugar a conductas de salud adaptativas o de riesgo. Se desarrolló para poblaciones no infectadas, pero se ha utilizado en estudios con poblaciones infectadas y afectadas por el VIH y por múltiples factores de estrés vital [52,53].
Más recientemente, se ha utilizado un modelo SAT adaptado para postular que los resultados de prevención y atención del VIH en jóvenes infectados por vía perinatal dependen: (1) del contexto (por ejemplo, la familia y la situación de vida, los acontecimientos vitales, los sistemas de servicios); (2) de los procesos de autorregulación que favorecen las conductas adaptativas (por ejemplo, las capacidades y los factores de motivación de la niña o el niño y la autoeficacia respecto del tratamiento o la prevención); y (3) de factores de regulación social (por ejemplo, los recursos de apoyo familiares y comunitarios, la supervisión y la implicación de las personas cuidadoras, el estigma social de la enfermedad) [54]. Este modelo sirvió de base para el desarrollo del programa CHAMP+ tanto en Estados Unidos como en Sudáfrica.
Además de los modelos teóricos, el modelo CHAMP de desarrollo de programas da prioridad a los estudios de investigación básica para fundamentar las intervenciones. Más concretamente, dos estudios —CHAMP I, un estudio longitudinal con 400 preadolescentes y adolescentes tempranos de barrios céntricos desfavorecidos que vivían en una comunidad de alta seroprevalencia, y Child and Adolescent Self-Awareness and Health (CASAH), un estudio longitudinal con 200 jóvenes infectados por el VIH por vía perinatal y 150 jóvenes no infectados pero expuestos perinatalmente al VIH— fueron muy influyentes en la elaboración de CHAMP y de CHAMP+, respectivamente.
Los datos de CHAMP I mostraron que las siguientes variables se asociaban a las conductas de riesgo en la juventud no infectada: (1) los procesos familiares (por ejemplo, comunicación, toma de decisiones, conflicto, supervisión, apoyo); (2) los recursos de la red de apoyo parental fuera de la familia; (3) los conocimientos de jóvenes y familias sobre el VIH/sida y su comodidad para hablar de temas delicados; y (4) las habilidades de comunicación, de resolución de problemas sociales y de negativa de las personas jóvenes. Así pues, los resultados indican que los programas de prevención del VIH dirigidos a adolescentes jóvenes de barrios céntricos desfavorecidos deben centrarse en estas variables para reducir las oportunidades de iniciar la experiencia sexual y reducir el riesgo de VIH [55].
Existen pocos programas de prevención del VIH o estudios sobre los determinantes de la conducta para jóvenes infectados por el VIH por vía perinatal. CASAH se desarrolló para identificar las necesidades de esta población en materia de salud mental y de prevención de conductas de riesgo. En CASAH se encontraron altas tasas de trastornos psiquiátricos en una juventud mayoritariamente afroamericana y latina que vivía en barrios céntricos desfavorecidos, con tasas más altas (60%) en jóvenes con VIH que en jóvenes sin VIH (47%, p = 0.05). Entre las personas jóvenes con VIH, el 10% había iniciado su actividad sexual, y un tercio de ellas refería relaciones sexuales sin protección; entre quienes recibían TAR, el 50% refería una falta reciente de adherencia al tratamiento. Las variables familiares (por ejemplo, la comunicación, la supervisión y la salud mental de la persona cuidadora) predecían los resultados conductuales, lo que sugiere la necesidad de orientar las intervenciones familiares hacia esta población juvenil para mejorar la salud mental y reducir las conductas sexuales de riesgo [19,21,22,56].
Un componente esencial de CHAMP es el alto nivel de implicación intensiva de las partes interesadas en el diseño de la intervención para cada comunidad. Así, dentro del modelo CHAMP de desarrollo de programas, los datos de estudios anteriores se ponen en manos de las partes interesadas clave para orientar el diseño de intervenciones cultural y contextualmente pertinentes, y lo bastante flexibles como para sortear los obstáculos propios de las comunidades destinatarias. Este proceso se utilizó para desarrollar la primera intervención CHAMP y sus versiones posteriores, incluida CHAMP+ [34,57,41].
Se ha insistido en el diseño, la aplicación y la evaluación colaborativos de los programas de prevención del VIH como medio para superar los importantes obstáculos que dificultan llegar a la juventud vulnerable y a sus familias [58]. En particular, el VIH sigue siendo muy estigmatizante, y cuando los programas de salud son dirigidos por «personas ajenas» surgen preocupaciones culturales específicas que pueden obstaculizar seriamente los esfuerzos de prevención del VIH [59]. Por ello, la metodología de investigación participativa basada en la comunidad se ha impuesto como una herramienta de investigación esencial para desarrollar y mantener intervenciones de eficacia demostrada.
Así, en cada contexto, CHAMP ha buscado sistemáticamente: (1) representantes de la comunidad que asesoren y den su consentimiento; (2) representantes influyentes de la comunidad que respalden el programa de investigación; (3) miembros de la comunidad como asesores (por ejemplo, contratados como personal de primera línea); y (4) miembros de la comunidad que participen en la orientación y el enfoque de la investigación [4].
La intervención familiar CHAMP+ se imparte actualmente mediante modalidades grupales de varios niveles, que incluyen tanto sesiones multifamiliares como sesiones de grupo de madres y padres e hijas e hijos. Las sesiones se centran en: (1) la comunicación entre madres o padres y jóvenes y la toma de decisiones, en particular sobre temas delicados y situaciones de posible actividad sexual; (2) la supervisión y la implicación parentales; (3) el apoyo familiar; y (4) las habilidades de resolución de problemas y de negociación de las personas jóvenes. Todo ello se suma a actividades más tradicionales de prevención del VIH, como los conocimientos sobre el VIH.
Los resultados disponibles hasta la fecha se resumen en numerosos artículos, entre ellos 17 publicados recientemente [4]. En resumen, la participación en CHAMP se ha asociado de forma sistemática, en comparación con las familias del grupo de comparación, a cambios significativos en lo que madres y padres refieren sobre variables familiares clave en los siguientes ámbitos: la toma de decisiones familiar, con una mayor probabilidad de que las decisiones se tomen dentro de la familia en las familias participantes en CHAMP; la supervisión parental; la comunicación familiar; y la comodidad en la comunicación familiar. Además, las y los preadolescentes refirieron una exposición significativamente menor a situaciones de posible actividad sexual en la evaluación posterior que sus pares del grupo de comparación, y madres y padres refirieron una disminución significativa de las dificultades conductuales externalizantes de las personas jóvenes en la condición del programa en comparación con el grupo de comparación.
La intervención CHAMP+ es una adaptación del programa de prevención primaria CHAMP para responder a las necesidades de jóvenes con VIH y de las personas adultas que les cuidan. El protocolo de intervención se centra en: (1) el impacto del VIH en la familia; (2) la pérdida y el estigma asociados a la enfermedad por el VIH; (3) el VIH, la salud y los protocolos de medicación antirretroviral; (4) la comunicación familiar sobre la pubertad, la sexualidad y el VIH; (5) la supervisión parental en relación con las situaciones de posible actividad sexual y las conductas sexuales de riesgo; (6) la ayuda a las personas jóvenes para gestionar su salud y su medicación; y (7) el apoyo social y la toma de decisiones relativas a la revelación del diagnóstico.
En CHAMP+, la comunidad destinataria expresó claramente la necesidad de abordar las cuestiones específicas del VIH antes de poder pasar a los procesos familiares, como la comunicación familiar, la supervisión y el seguimiento. Por ello, se crearon temas específicos del VIH, como el afrontamiento, el estigma, la pérdida, la revelación del diagnóstico, la toma de la medicación, la salud y las conductas de riesgo, para su uso con poblaciones infectadas.
El proceso de adaptación dio lugar a: (1) una implicación importante de las personas usuarias en el contenido del programa; (2) un fuerte sentido de apropiación del programa por parte de los centros de salud; y (3) altas tasas de participación en CHAMP+. Los resultados posteriores a la intervención para las personas participantes en CHAMP+, en comparación con jóvenes y personas cuidadoras del grupo de comparación, incluyeron: un aumento de la supervisión y el seguimiento de las actividades con pares por parte de las personas cuidadoras, según lo referido por las niñas y niños; una disminución de algunos síntomas depresivos en las personas jóvenes; una disminución de las dificultades con las personas jóvenes referidas por las personas cuidadoras; y una mejora de los conocimientos sobre el VIH y de la comunicación sobre el VIH con otras personas. Los manuscritos que resumen los resultados están en preparación o en revisión, y los resultados se han presentado en numerosos congresos nacionales e internacionales (por ejemplo, [60]).
Sudáfrica adoptó estrategias similares a las de CHAMP y CHAMP+ originales en Estados Unidos, a saber: establecer sólidas alianzas comunitarias e institucionales para que los esfuerzos de prevención cuenten con el respaldo de las comunidades y las instituciones, y basar la intervención en evidencia empírica que refleje las experiencias pertinentes de jóvenes y familias en el contexto local. Las cuestiones clave surgidas de estudios etnográficos focalizados con jóvenes de Sudáfrica no infectados e infectados por el VIH [62,65] se utilizaron para orientar la adaptación del programa estadounidense al contexto sudafricano.
En particular, las personas cuidadoras de jóvenes no infectados en Sudáfrica se quejaban de una pérdida de poder, producto de la erosión de las normas tradicionales y de las prácticas sociales asociadas a una crianza protectora, así como de un bajo nivel de conocimientos e información sobre el VIH. También se constató que la falta de confianza y de inversión en las redes comunitarias limitaba la crianza protectora en la comunidad destinataria [62]. En el caso de jóvenes infectados, surgieron dificultades psicosociales similares a las observadas en las muestras estadounidenses, y la pérdida de los progenitores biológicos a causa del sida era una cuestión clave, dado el tardío despliegue del TAR en Sudáfrica [65].
En consonancia con las demás intervenciones CHAMP, CHAMPSA y CHAMP+SA son intervenciones de grupos familiares desarrolladas y manualizadas, que se centran en las influencias intrapersonales, familiares e interpersonales y comunitarias para reforzar los procesos familiares en cada uno de estos niveles [36]. Una innovación de los programas en el contexto sudafricano es el uso de relatos en viñetas participativos y abiertos, dado el bajo nivel de alfabetización y para facilitar el aprendizaje experiencial participativo en grupos pequeños [64,66].
Los resultados de la intervención CHAMPSA mostraron que, en comparación con los grupos de control, las familias de la intervención tenían conocimientos significativamente mejores sobre la transmisión del sida, actitudes menos estigmatizantes hacia las personas con VIH, hablaban más y con mayor comodidad de temas delicados con sus hijas e hijos, y ejercían una mayor supervisión sobre ellos. Además, utilizaban sus redes sociales de forma más eficaz para pedir apoyo social [38]. Las influencias comunitarias protectoras también se reforzaron al facilitar mayores controles sociales informales y promover acciones sociales para crear una comunidad más favorable a la salud de la juventud [63].
Los resultados preliminares sobre el impacto de CHAMP+SA indican que las familias que participaron en el programa refirieron experiencias positivas en cuanto a la ayuda recibida para afrontar mejor el diagnóstico del VIH. También refirieron ser más capaces de identificar los problemas y las posibles soluciones [66]. El análisis de los datos de seguimiento está en curso (tabla 1).
Tabla 1 — Resumen de los resultados de CHAMP
§Las diferencias de diseño, de análisis y de muestras entre Estados Unidos y Sudáfrica impiden comparar directamente los resultados. * p <0.05; ** p <0.01.
En cada contexto, CHAMP lo aplican de tres a cuatro facilitadoras o facilitadores que codirigen los grupos, lo que permite separar subgrupos de personas adultas y de jóvenes durante una parte de las sesiones. La intervención manualizada permite recurrir, en la mayoría de los contextos, a facilitadores no profesionales, como madres y padres formados o consejeros comunitarios, con o sin psicólogos. En Sudáfrica, dada la escasez de especialistas en salud mental, se recurre a profesionales de la psicología principalmente para tareas de formación y supervisión, en consonancia con el concepto de delegación de funciones propuesto para los entornos de pocos recursos [67].
El desarrollo y la implementación de CHAMP y CHAMP+ han aportado varias lecciones importantes para el ámbito de la prevención familiar del VIH y del tratamiento en salud mental. Entre ellas:
1. Es probable que las intervenciones tengan más éxito y sean más sostenibles si son de naturaleza colaborativa e implican a un consejo asesor comunitario que participe en el diseño y la aplicación de la intervención.
2. Los principios universales de intervención basados en la ciencia pueden aplicarse en distintos continentes y contextos; sin embargo, deben nutrirse del conocimiento local y de la evidencia empírica para garantizar la congruencia cultural.
3. Un marco ecológico dentro de un contexto del desarrollo es importante para comprender los procesos familiares complejos y los contextos culturales, independientemente de las teorías de nivel micro utilizadas para orientar estrategias específicas de cambio de conducta dentro de los niveles ecológicos.
4. Las intervenciones familiares deberían realizarse en grupo para reforzar las redes sociales y permitir la renegociación colectiva de las normas sociales relativas a las prácticas parentales protectoras.
5. Aprovechar estas redes sociales es importante para fomentar el apoyo social, que puede reforzar la crianza protectora, en particular en las comunidades pobres, así como las redes protectoras de apoyo entre pares para la juventud.
6. Las redes sociales desarrolladas mediante procesos colaborativos grupales y comunitarios son importantes para construir entornos comunitarios protectores, lo que incluye reconstruir los controles sociales para reforzar la supervisión y el cuidado por parte de madres, padres u otras personas adultas.
7. Se puede recurrir con éxito a facilitadores no profesionales para aplicar la intervención, con el apoyo y la supervisión de especialistas en salud mental, en consonancia con la tendencia a la delegación de funciones para ampliar el acceso a los servicios de salud mental en los entornos de pocos recursos.
Existe una necesidad considerable de programas familiares de prevención e intervención del VIH en todo el mundo; sin embargo, se han probado pocos programas familiares. CHAMP y CHAMP+ constituyen un modelo de prevención familiar del VIH y de tratamiento en salud mental que se ha utilizado en distintos contextos (Chicago, Nueva York, Sudáfrica, Trinidad y Argentina) y con diversas poblaciones destinatarias (jóvenes que necesitan servicios preventivos, jóvenes con VIH, jóvenes sin hogar).
Además, los programas resultantes se basan en los resultados empíricos existentes y en datos obtenidos directamente de las personas jóvenes y/o las familias destinatarias, así como en la colaboración con las partes interesadas clave. El modelo parte de la idea de que, para influir en los resultados de riesgo de VIH en la juventud (actitudes, creencias, conocimientos, conducta), las intervenciones deben actuar sobre los factores de riesgo y de protección a la vez en el nivel de la niña o el niño, de la familia y del contexto.
Con este modelo de desarrollo de intervenciones, el contenido de la intervención puede modificarse para responder a las necesidades específicas de jóvenes y familias situados en contextos singulares. El modelo colaborativo de desarrollo aumenta las posibilidades de que, al codiseñar, coaplicar y coevaluar las intervenciones con socios colaboradores, incluidos miembros de la comunidad, la institución o el entorno médico destinatarios, los programas y servicios lleguen a jóvenes y familias muy vulnerables que de otro modo quedarían fuera.
Además, los programas de eficacia demostrada resultantes pueden reflejar valores y prioridades culturales a la vez universales y específicos, y garantizar que los programas puedan integrarse en los contextos para los que se desarrollaron una vez concluida la fase de investigación.
Complexe Systémique: puntos clave
CHAMP interesa al pensamiento sistémico menos por sus cifras, modestas y heterogéneas, que por la lógica de su construcción. El síntoma al que se apunta, el riesgo de infección en la juventud, se trata como un efecto del contexto: la comunicación familiar, la supervisión parental, la red de personas adultas en torno a la niña o el niño, las normas del barrio. Por eso la intervención se desarrolla en grupos multifamiliares, para que las familias renegocien juntas lo que significa una crianza protectora, y se diseña con consejos comunitarios que dan forma a su contenido, hasta el punto de que CHAMP+ tuvo que hablar primero de pérdida, de secreto y de estigma antes de abordar la vida familiar. El artículo es un relato de desarrollo más que una evaluación: ningún detalle de los ensayos, resultados agrupados en una tabla que, ella misma, descarta la comparación. Para la práctica, recuerda que confiar la facilitación a madres y padres formados, con el apoyo de profesionales de la psicología, puede ser una fortaleza y no un recurso improvisado. Puede leerse junto con el artículo sobre una intervención centrada en soluciones para mujeres que viven con el VIH y el artículo sobre los grupos multifamiliares en la salud mental comunitaria en Pakistán.
Notas del original
Conflicto de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.
Contribuciones de la autoría. Todas las personas firmantes son responsables de la recopilación y la interpretación del material, de la redacción del artículo y de la decisión de enviarlo para su publicación. Todas han leído el manuscrito final y han aprobado su publicación.
Agradecimientos. Agradecemos la financiación del National Institute of Mental Health (R01 MH55701; R01 MH64872; R34 MHO72382), del National Institute of Nursing Research (NINR 5R21NR10474) y de la Victor Daitz Foundation. Agradecemos también las importantes contribuciones de los CHAMP-US Collaborative Boards, del CHAMP-SA Collaborative Board, de las personas usuarias y profesionales que colaboraron en CHAMP+US y SA, y de todas las personas participantes en CHAMP. Este artículo se ha publicado como parte del Journal of the International AIDS Society, volumen 13, suplemento 2, 2010: Family-centred services for children affected by HIV and AIDS. El contenido completo del suplemento está disponible en línea en http://www.jiasociety.org/supplements/13/S2.
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Traducción no oficial al español de Family-based HIV prevention and intervention services for youth living in poverty-affected contexts: the CHAMP model of collaborative, evidence-informed programme development, de Arvin Bhana, Mary M. McKay, Claude A. Mellins, Inge Petersen y Carl C. Bell, Journal of the International AIDS Society, vol. 13, supl. 2, S8 (2010), doi: 10.1186/1758-2652-13-s2-s8, bajo licencia CC BY 2.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial del artículo original «Family-based HIV prevention and intervention services for youth living in poverty-affected contexts: the CHAMP model of collaborative, evidence-informed programme development», publicado en Journal of the International AIDS Society (2010) bajo licencia CC BY 2.0. Traducida por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Bhana, A., McKay, M. M., Mellins, C. A., Petersen, I., y Bell, C. C. (2010). Family-based HIV prevention and intervention services for youth living in poverty-affected contexts: the CHAMP model of collaborative, evidence-informed programme development. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/family-based-hiv-prevention-and-intervention-services-for-youth-the-champ-model (Obra original publicada en 2010 en Journal of the International AIDS Society, 13(Suppl 2), S8 (2010); republicada en 2010 por Journal of the International AIDS Society, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1186/1758-2652-13-S2-S8)
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