Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Family Research · Familia

¿Sibling+? Transformaciones dinámicas de roles en las fratrías marcadas por la enfermedad mental parental

Cuando el padre y la madre padecen una enfermedad mental, ¿quién mantiene unido el hogar? A partir de los relatos de once personas adultas jóvenes de cuatro fratrías de Alemania y Austria, este estudio describe un rol fraterno «plus»: un hermano o una hermana que, en tiempos de crisis, asume parte de las funciones parentales con el consentimiento del resto y luego devuelve esa autoridad en cuanto la situación se calma.

Autoría Tonina Liriel Aurel (Department of Education, University of Vienna, Austria)Primera publicación Journal of Family Research, 6 de febrero de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Siblings+? Dynamic role transformations in sibling relationships among children of parents with mental illness, de Tonina Liriel Aurel, publicado en Journal of Family Research (University of Bamberg Press) (2026), doi: 10.20377/jfr-1263, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

las figuras sibling+ compensan la pérdida de las funciones parentales sin convertirse ellas mismas en «padres».

Tonina Liriel Aurel

Resumen

Objetivo. Este estudio examina cómo los miembros de fratrías de familias en las que el padre y la madre padecen una enfermedad mental negocian sus roles dentro del grupo fraterno y qué procesos dinámico-sistémicos configuran esas negociaciones.

Antecedentes. Aunque numerosos estudios han explorado las experiencias de hijas e hijos de progenitores con enfermedad mental, pocas investigaciones han analizado cómo esas experiencias configuran las relaciones fraternas. Este estudio aborda esa laguna analizando las condiciones y las dinámicas sistémicas de las relaciones fraternas en circunstancias vitales difíciles.

Método. Se realizaron entrevistas biográfico-narrativas con 11 personas adultas jóvenes (de 20 a 35 años) de cuatro familias de Alemania y Austria que crecieron en hogares donde el padre y la madre padecían una enfermedad mental. Mediante un análisis interpretativo-hermenéutico de estructura fina y un análisis sistémico, se reconstruyeron las atribuciones individuales de sentido y los procesos dinámico-sistémicos.

Resultados. El análisis revela que, en estas familias, la fratría no solo configura su propia relación, sino que asume también un conjunto ampliado de responsabilidades («siblings+»). La afectación parental crea un vacío de roles que la fratría compensa internamente. De ello resulta un rol fraterno ampliado, que abarca derechos y obligaciones adicionales que suelen atribuirse a las figuras parentales.

Conclusión. Cuando las figuras parentales no pueden cumplir su función de cuidado y no se dispone de apoyo externo, las relaciones fraternas experimentan transformaciones profundas. Las instituciones que acompañan a estas familias deberían tener en cuenta estas dinámicas específicas para responder a las necesidades de las personas afectadas.

Palabras clave: relaciones fraternas, hijas e hijos de progenitores con enfermedad mental, análisis interpretativo-hermenéutico, entrevistas biográfico-narrativas, cambios de rol en los sistemas familiares

1. Introducción

La enfermedad mental parental afecta a todo el sistema familiar (Noller, 2012) y, en consecuencia, a las relaciones singulares entre hermanos y hermanas (Aldercotte et al., 2016). Este artículo examina cómo personas adultas jóvenes que crecieron con progenitores con enfermedad mental interpretan retrospectivamente sus experiencias de infancia, reconstruyendo la transformación de los roles fraternos desde la perspectiva de las biografías compartidas y diferenciadas de la fratría adulta. La fratría constituye a menudo una fuente central de apoyo emocional y de compañía a lo largo de toda la vida (Conger & Little, 2010) y, aunque su importancia para las trayectorias vitales individuales está bien establecida, su papel en el afrontamiento de la adversidad familiar crónica sigue estando comparativamente poco explorado (Bossek, 2022; White & Hughes, 2018). Crecer con progenitores con enfermedad mental enfrenta a la fratría a desafíos complejos y duraderos que generan constelaciones familiares particulares; sin embargo, estas dinámicas rara vez se han analizado con un enfoque sistemático en las relaciones fraternas (Jungbauer, 2016). Tampoco se comprende suficientemente si los miembros de fratrías procedentes de constelaciones familiares sometidas a tensión desarrollan con el tiempo roles divergentes o complementarios, ni mediante qué procesos (Witte, 2018). Dada la centralidad de las relaciones fraternas en el entorno emocional y social de la infancia (Bossek, 2022), así como su posible importancia para afrontar la enfermedad mental parental (Gutmann, 2008), se justifica una investigación sistemática más amplia. A partir de datos cualitativos de personas adultas jóvenes de Alemania y Austria, este estudio aborda, por tanto, la siguiente pregunta de investigación: ¿qué significados atribuyen las personas adultas jóvenes procedentes de familias en las que el padre y la madre padecen una enfermedad mental a sus relaciones fraternas, y cómo se configuran estos significados a través de procesos dinámico-sistémicos? Para responder a esta pregunta, el artículo examina la negociación interactiva de los roles fraternos desde una perspectiva interpretativa (Soeffner, 2004), prestando especial atención a los significados ligados a las relaciones y experiencias fraternas. El foco se sitúa tanto en la emergencia y la transformación dinámicas de estos roles desde una perspectiva interaccionista como en los procesos dinámico-sistémicos que los estructuran, coordinan y estabilizan a lo largo del tiempo. Sobre la base de este análisis, el artículo introduce el concepto de dinámicas de rol sibling+, que pone de relieve cómo los miembros de la fratría van más allá de las expectativas de rol convencionales al asumir responsabilidades compensatorias y sustitutivas en familias afectadas por la enfermedad mental parental. En el plano metodológico, el estudio recurre al análisis de estructura fina y al análisis sistémico (Froschauer & Lueger, 2025), lo que permite captar empíricamente tanto las estructuras de sentido dependientes del sujeto —es decir, las experiencias vividas por la fratría— como las dinámicas procesuales independientes del sujeto, referidas a los patrones estructurales y las dinámicas relacionales dentro del sistema fraterno.

2. Marco teórico

Para analizar la negociación de roles en las relaciones fraternas, es necesario aclarar primero las características estructurales y las dimensiones de sentido que configuran fundamentalmente estas relaciones. Conviene subrayar que las relaciones fraternas están siempre inscritas en contextos familiares, en particular en la relación parentofilial (Whiteman et al., 2011). Esta inscripción cobra especial relevancia cuando una figura parental padece una enfermedad mental, ya que puede configurar sustancialmente las dinámicas fraternas y, a su vez, preestructurar sus negociaciones de roles. Además, las normas sociales y los ideales culturales en torno a la fraternidad influyen en estos procesos de negociación (Gulløv & Winther, 2021). Aspectos como la cercanía y la distancia, la comparación, las diferencias de edad y el apoyo mutuo constituyen dimensiones centrales de las relaciones fraternas. Proporcionan marcos de orientación clave dentro de los cuales los roles se interpretan, se confirman o se transforman, por lo que deben considerarse condiciones contextuales. Por último, cabe señalar que las negociaciones de roles están biográficamente inscritas y cambian con el tiempo (Edwards et al., 2005). Dado que el presente análisis se basa en las narraciones biográficas de personas adultas jóvenes, la transición a la edad adulta debe entenderse como un momento transformador en el desarrollo de los roles fraternos. El propio acto de narrar puede también estabilizar o reinterpretar los roles fraternos y forma, por tanto, parte del proceso de negociación (Soeffner, 2004). Las consideraciones siguientes sirven, pues, para contextualizar los resultados empíricos presentados más adelante y para dilucidar las condiciones que resultan centrales para comprender las negociaciones de roles en las relaciones fraternas.

2.1 Características estructurales y dimensiones de sentido

Las relaciones fraternas constituyen vínculos sociales complejos, configurados por la clase social, el contexto cultural, el género, la edad y el orden de nacimiento (Punch, 2008). Surgen de la interacción dinámica de condiciones familiares, individuales y estructurales (Padilla et al., 2021). Debido a su carácter duradero, los miembros de una fratría desarrollan un conocimiento íntimo de la vida de los demás (Kibria & Wigen, 2025). Aunque a menudo son informales, estas relaciones implican una tensión entre obligación y capacidad de acción individual, que produce efectos tanto positivos como negativos (Punch, 2008). No son ni intrínsecamente vitalicias ni invariablemente solidarias (Blake et al., 2023). Sin embargo, los miembros de la fratría suelen mantener un contacto sostenido y manifestar afecto positivo en sus interacciones (Spitze & Trent, 2006). Los lazos fraternos influyen en la vida cotidiana, en la construcción de sí y en la negociación de las responsabilidades de rol (Davies, 2015, 2023). Actúan como espacios de aprendizaje social marcado por el género (Edwards et al., 2005), transmiten los valores familiares (Gillies & Lucey, 2006) y facilitan el intercambio de recursos materiales, emocionales y sociales (Wyn et al., 2012). Estos patrones duraderos configuran tanto las experiencias vividas como las interpretaciones retrospectivas de los roles fraternos (cf. Davies, 2019). De este modo, ofrecen una lente analítica a través de la cual pueden reconstruirse biografías sibling+ compartidas y diferenciadas.

Los roles fraternos no son fijos; se construyen socialmente y se renegocian continuamente a través de la interacción (Blumer, 1986; Davies, 2019). El parentesco biológico por sí solo no determina el significado de estos roles; antes bien, los miembros de la fratría ocupan roles mediante interacciones sociales validadas (Blumer, 1986). Los roles se desarrollan de forma interactiva y siguen abiertos a la negociación a lo largo del tiempo, en lugar de estar predeterminados (Finch & Mason, 1993). Analizar los roles fraternos como flexibles y negociados permite comprender tanto las trayectorias biográficas compartidas como las diferenciadas dentro de la fratría. Las relaciones fraternas son emocionalmente «pegajosas» y están profundamente arraigadas, lo que influye en la manera en que se negocian las responsabilidades (Davies, 2019; Smart, 2007). Este arraigo se ve reforzado por la proximidad doméstica, los patrones de comportamiento, las trayectorias educativas, la reputación dentro de la fratría, las expectativas normativas y el orden de nacimiento (Davies, 2019). Esta cualidad adhesiva propia de las relaciones fraternas puede convertirlas en uno de los vínculos más duraderos e íntimos de la vida de una persona, incluso cuando la fratría se distancia cada vez más con el tiempo (Davies, 2019; Gilligan et al., 2020).

Los roles fraternos son inseparables de las dinámicas familiares más amplias (White & Hughes, 2018). La enfermedad mental parental configura las interacciones parentofiliales, que a su vez influyen en las relaciones y las experiencias emocionales de la fratría (Hank & Steinbach, 2018). El distanciamiento o el conflicto dentro de la fratría reflejan a menudo estructuras familiares caracterizadas por el alejamiento o por alianzas estratégicas (Blake et al., 2023). Los vínculos fraternos de apoyo pueden proteger a la infancia frente al conflicto parental, mientras que las relaciones tensas pueden agravar el estrés (Davies et al., 2019; Bossek, 2022). El conocimiento familiar compartido refuerza el sentimiento de pertenencia, mientras que las dinámicas de poder dentro de la fratría siguen siendo informales, dependientes del contexto y negociadas mediante el compromiso o la resistencia (Punch, 2008; White & Hughes, 2018).

La enfermedad mental parental implica a menudo comportamientos atípicos que alteran el funcionamiento cotidiano, provocan malestar psicológico y ponen en peligro el bienestar (Alle, 2024). Niñas y niños corren un riesgo mayor de negligencia o de maltrato psicológico, incluidos el rechazo, la desvalorización, el aislamiento y la manipulación (Plattner, 2019; Lenz, 2012). Las personas afectadas por estas circunstancias refieren con frecuencia una enfermedad mental parental grave, crónica y comórbida, lo que crea condiciones críticas para la transformación de los roles fraternos (Lenz, 2012; Plattner, 2019). Las figuras parentales pueden tener dificultades de control de impulsos, de regulación emocional, de empatía y de comunicación (Alle, 2024; Lenz, 2012), lo que se traduce en una menor competencia parental y en interacciones parentofiliales perturbadas (van Santvoort et al., 2014). La fratría responde a menudo ampliando sus roles más allá de las expectativas convencionales y adoptando funciones compensatorias o de cuidado (Bossek, 2022). Estas adaptaciones ejemplifican las dinámicas sibling+ e ilustran cómo la fratría coconstruye activamente trayectorias biográficas tanto compartidas como diferenciadas en respuesta a los desafíos sistémicos de la familia.

2.2 Marcos de orientación en el proceso de negociación

Las figuras parentales y las normas sociales configuran de manera decisiva las relaciones fraternas, en particular en la negociación de los roles (Gulløv & Winther, 2021). Estas normas —moldeadas por los marcos jurídicos, los medios de comunicación y la experiencia personal— establecen ideales de interacción y funcionan como guiones sociales dentro de las familias (Bossek, 2022). Cuando las expectativas, como la solidaridad o un apego equilibrado, no se cumplen, pueden surgir sanciones sociales o tensiones familiares (Bossek, 2022). Existe, por ejemplo, una expectativa normativa de cuidado compartido de las figuras parentales a lo largo de toda la vida (Towers, 2023). Sin embargo, las expectativas morales no se realizan automáticamente: aunque existan ideales —como apoyar a los hermanos y hermanas menores—, el comportamiento está determinado en gran medida por la calidad y la dinámica de las relaciones reales (Finch & Mason, 1993). Las expectativas normativas se negocian y adaptan, por tanto, en las interacciones familiares cotidianas (Finch & Mason, 1993). Examinar cómo se interiorizan y se cuestionan estos ideales permite comprender cómo la fratría redefine continuamente sus roles.

En la negociación de los roles debe reconocerse la ambivalencia de las relaciones fraternas, en las que cercanía y conflicto coexisten de forma independiente (Campione‐Barr & Killoren, 2019; Hayden et al., 2023). La convivencia puede provocar ira, frustración y vulnerabilidad, pero también fomentar el amor, la lealtad y la seguridad (Gillies & Lucey, 2006). La competencia, la envidia y los celos acompañan a menudo al cuidado, al afecto y a la cercanía social, que siguen siendo centrales en el vínculo (Kreuzer, 2016). Pese al conflicto, las relaciones fraternas muestran con frecuencia estabilidad y constituyen recursos sociales duraderos (Aldercotte et al., 2016). El conflicto puede mejorar las habilidades sociales, pero también puede resultar estresante, sobre todo cuando la seguridad emocional se ve amenazada o cuando los hermanos y hermanas menores se perciben como una carga o como chivos expiatorios (Brück, 2019; Reininghaus & Jungbauer, 2016); el alejamiento puede derivar del favoritismo, del maltrato o de las tensiones intrafamiliares (Blake et al., 2023). Las dificultades familiares y los factores externos, como el nivel socioeconómico y el origen cultural, configuran el vínculo y la empatía (Gungordu et al., 2022). Las relaciones cercanas, afectuosas y comunicativas favorecen un desarrollo sano, el bienestar, la salud mental, la autoestima y el rendimiento académico, y atenúan los síntomas depresivos (Conger & Little, 2010; Jensen et al., 2023; Kramer et al., 2019); la máxima cercanía se cultiva mediante una comunicación abierta y auténtica (Padilla et al., 2023). Reconocer la coexistencia del conflicto y la cercanía aclara cómo la fratría gestiona las tensiones y negocia los roles para preservar la seguridad emocional y el apoyo mutuo.

La similitud y la diferencia son centrales en la negociación de los roles fraternos, pues enmarcan la manera en que niñas, niños y adolescentes reflexionan sobre su autoconcepto, su individualidad, su pertenencia al grupo, la conexión frente a la separación y la dependencia frente a la independencia (Edwards et al., 2006). Las comparaciones fraternas están inscritas en las estructuras familiares y revelan desigualdades (Davies, 2015; Kibria & Wigen, 2025). Las dinámicas relacionales difieren en las familias con más descendencia o con mayores diferencias de edad (Kara et al., 2023); un mayor espaciamiento puede beneficiar a los miembros más jóvenes de la fratría gracias a un reparto de recursos menos restringido, lo que influye en los resultados educativos y de desarrollo (Steelman et al., 2002). Quienes ocupan el primer lugar de la fratría suelen asumir más responsabilidad, quienes ocupan el último disfrutan de ventajas, y quienes se sitúan en medio pueden verse desfavorecidos, privados de los privilegios concedidos al resto (Davies, 2019; Veith, 2000). El orden de nacimiento y las jerarquías de edad son fluidos y se negocian continuamente en las interacciones cotidianas (McIntosh & Punch, 2009). Este tipo de información sobre el orden de nacimiento, las diferencias de edad y las comparaciones fraternas aclara cómo las personas negocian roles, responsabilidades y posiciones dentro de la jerarquía familiar.

Los roles fraternos se caracterizan por el apoyo mutuo, en particular cuando las figuras parentales atraviesan dificultades psicológicas (Borchet et al., 2020). Los miembros de la fratría ofrecen orientación, incluida ayuda escolar y cotidiana, aunque las relaciones también pueden conllevar conflicto (Davies, 2019; Gillies & Lucey, 2006; Aaltonen, 2016). El apoyo procede sobre todo de los miembros mayores de la fratría, especialmente en contextos de recursos sociales limitados (Davies, 2019; Lindell et al., 2015). Estos transmiten un conocimiento interno que facilita la transferencia de capital social, aunque pueden también limitar las iniciativas de los miembros más jóvenes (Holland, 2009; Aaltonen, 2016). Durante la adolescencia se observan las decisiones y los logros de los hermanos y hermanas mayores, lo que configura las propias trayectorias (Davies, 2019). Mediante el cuidado, la asunción de responsabilidades y la crianza informal, la fratría refuerza la cohesión familiar (Schmolke, 2019). Su poder relativo legitima su autoridad al tiempo que permite la prestación de cuidados (Mauthner, 2005). Estos patrones de apoyo aclaran cómo la fratría negocia la autoridad, el cuidado y las obligaciones recíprocas.

2.3 Inscripción biográfica y narración como momento constitutivo de la formación de roles

En lo que respecta a la negociación de los roles fraternos, cabe señalar que las relaciones fraternas son dinámicas y evolucionan con la edad y con la salida del hogar parental (Edwards et al., 2005). Esto es especialmente pertinente, puesto que la sección siguiente examina las perspectivas retrospectivas de personas adultas jóvenes sobre sus roles fraternos, lo que obliga a tener en cuenta la transición a la edad adulta. La transición a la edad adulta, junto con la formación de relaciones de pareja y la evolución profesional, configura además estas dinámicas (Conger & Little, 2010). La distancia geográfica reduce las ocasiones de visitas, de apoyo y de comunicación (Spitze & Trent, 2018): las chicas tienden a mantener el contacto por teléfono, mientras que los chicos abandonan a menudo las actividades compartidas (Edwards et al., 2005). Unos lazos fuertes forjados en la infancia no impiden necesariamente un distanciamiento posterior (Blake et al., 2023). Aunque los conflictos disminuyen en general durante la transición a la edad adulta, las interacciones negativas pueden persistir (Lindell et al., 2015). Un contacto frecuente puede también despertar recuerdos de experiencias familiares estresantes (Jensen et al., 2020). Las relaciones fraternas están estrechamente entrelazadas con las experiencias infantiles compartidas, que pueden ser decisivas en la configuración de las relaciones en la edad adulta; estos recuerdos compartidos influyen tanto en la percepción como en la valoración de la relación (Luotonen, 2024).

Como se expone más adelante, este estudio recoge las perspectivas de personas adultas jóvenes mediante narraciones biográficas, al tiempo que subraya que las propias narraciones desempeñan un papel en la negociación continua de los roles fraternos. Las historias familiares, contadas y transmitidas colectivamente —en particular dentro de la fratría—, configuran mutuamente sus identidades (Davies, 2015). El yo no debe entenderse como una entidad fija, sino como algo que se construye y se pone en escena continuamente en la vida cotidiana (Holstein & Gubrium, 2000). Las narraciones desempeñan un papel decisivo en este proceso: la manera en que los miembros de la fratría articulan narrativamente sus relaciones contribuye de forma significativa a la construcción y a la estabilización de sus roles (Soeffner, 2004). Los órdenes sociales no son, por tanto, datos estáticos, sino que surgen en procesos comunicativos mediante los cuales se interpretan, se negocian y se consolidan (Soeffner, 2004). Del mismo modo, la identidad no es un atributo preexistente, sino que se produce activamente a través de la narración cotidiana (Holstein & Gubrium, 2000). Esto pone de relieve que los miembros de una fratría no pueden estudiarse de forma aislada, sino que deben analizarse siempre en sus contextos relacionales (Davies, 2015). La construcción y el relato reiterados de las narraciones familiares pueden entenderse así como un mecanismo que produce y reproduce a la vez el significado de la fraternidad (Davies, 2015). Las narraciones funcionan de este modo como dispositivos estructurantes del orden social, que contribuyen simultáneamente a la estabilización y a la transformación de los roles sociales (Soeffner, 2004).

3. Metodología

3.1 Datos

En el marco de un enfoque de investigación interpretativo-hermenéutico, se realizaron entrevistas biográfico-narrativas (Schütze, 1983) con 11 personas adultas cuyos progenitores padecían enfermedades mentales, procedentes de cuatro familias germanohablantes. Los propios progenitores no fueron entrevistados. Las entrevistas se realizaron de forma individual, y cada una fue precedida de una conversación detallada para explicar los objetivos del estudio, los procedimientos de anonimización, el derecho a retirarse y el uso previsto de los datos recogidos. Estos elementos se recogieron en un formulario de consentimiento escrito, firmado por las personas participantes. Dos de ellas prefirieron una entrevista digital por Zoom, mientras que el resto eligió el lugar de la entrevista. Siguiendo la recomendación de Kara y colaboradores (2023) de estudiar la fratría desde la perspectiva de sus recuerdos, las entrevistas comenzaban con una invitación abierta a relatar su historia de vida sin interrupciones: «Cuénteme, por favor, la historia de su vida; tómese todo el tiempo que necesite. Puede que tome algunas notas breves y le haga preguntas más adelante, pero no le interrumpiré». Las preguntas de seguimiento partían de los temas planteados por las personas participantes, entre ellos las dinámicas familiares, la enfermedad parental, las estrategias de afrontamiento y los acontecimientos vitales significativos. Las entrevistas duraron entre una y dos horas, se grabaron, se transcribieron y se analizaron mediante el análisis de estructura fina y el análisis sistémico según Froschauer y Lueger (2025), lo que permitió una exploración en profundidad de las experiencias de estas personas adultas en relación con su fratría.

La captación de participantes comenzó en 2023 a través de mi red personal, mediante un muestreo en bola de nieve. Pedí a mis contactos que transmitieran mi solicitud a sus amistades y que la difundieran a su vez en sus círculos. De este modo se compartieron mis datos de contacto, y las posibles personas participantes conocieron mi estudio por medio de sus contactos de confianza antes de dirigirse a mí. Un criterio central era que todas las personas participantes se identificaran como hijas o hijos de un padre y una madre con enfermedad mental y nombraran al menos a una persona de su entorno social como hermano o hermana. En este estudio, se considera miembro de la fratría a cualquier persona que las propias personas participantes consideren hermano o hermana, con independencia de que se trate de vínculos biológicos, de medios hermanos o de adopción. Establecí un rango de edad de 18 años hasta mediados de la treintena para participar. Esto garantizaba, por un lado, que pudieran dar su consentimiento informado de forma independiente y meditada, y abordar de manera autónoma temas potencialmente dolorosos (Pohling, 2021). Por otro lado, sus experiencias de infancia y adolescencia —incluidas sus experiencias escolares— seguían siendo relativamente vívidas, ya que no había pasado demasiado tiempo desde entonces.

Mi proceso de investigación siguió un diseño cíclico, lo que implicó que la recogida de datos se extendiera a lo largo de varios meses. En total, seis personas respondieron a mi convocatoria. Sin embargo, durante las conversaciones telefónicas preliminares se constató que una de ellas no tenía hermanos ni hermanas y que otra era menor de edad en el momento de la recogida de datos. Por ello, ambas quedaron excluidas del estudio. Con las cuatro personas participantes restantes, los pasos siguientes se desarrollaron así: realicé una primera entrevista y analicé los datos recogidos. El primer miembro de la fratría que se puso en contacto conmigo actuó como punto de contacto inicial y se le pidió que transmitiera mis datos a su fratría, explicando que estaba realizando un estudio sobre hijas e hijos de progenitores con enfermedad mental. Se invitó a hermanos y hermanas a contactarme directamente si deseaban participar. Una vez entrevistados todos los miembros interesados de una familia, analizaba sus respuestas antes de seleccionar la siguiente familia que se incluiría en el estudio. El objetivo era recoger un amplio abanico de perspectivas. En consecuencia, el estudio tuvo en cuenta diversos trastornos mentales parentales, orígenes socioeconómicos variados, distintos niveles educativos y diferentes géneros entre las personas participantes. A lo largo del estudio se comprobó que las cuatro personas contactadas inicialmente cumplían los criterios de inclusión, por lo que fueron incluidas en la recogida de datos. Se entrevistó a todos los miembros de las fratrías de las cuatro familias, salvo en dos casos. En uno, la hermana menor no participó. En otra familia, la hermana menor retiró su consentimiento poco después de la entrevista, de modo que quedaron en total once entrevistas para el análisis.

Las once personas entrevistadas se reconocían mutuamente como hermanos y hermanas, sin distinguir entre vínculos biológicos, adoptivos o de medios hermanos. Esto resulta destacable, dado que en una familia el miembro más joven de la fratría había sido adoptado y, en otra, las dos personas mayores de la fratría tenían un padre distinto del de las más jóvenes. Sin embargo, las narraciones biográficas revelan que todas las personas participantes se criaron juntas durante periodos significativos para ellas. Las personas participantes relataron que, en el caso de los padres, se trataba de enfermedades mentales como trastornos de la personalidad narcisista y límite, depresión, trastorno de estrés postraumático y trastornos por consumo de sustancias. En el caso de las madres, se habían diagnosticado, entre otros trastornos, esquizofrenia inducida por sustancias, trastorno de estrés postraumático, depresión, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos esquizoafectivos y trastornos de ansiedad. La siguiente presentación muestra a todas las personas que podían ser entrevistadas, indicando su participación en las entrevistas, así como su edad, su género y su nivel educativo.

Presentación de las personas participantes (elaboración de la autora). Nota: Esta figura ha sido elaborada por la autora de este artículo (Tonina Liriel Aurel). Ofrece una visión de conjunto de las personas entrevistadas
Figura 1. Presentación de las personas participantes (elaboración de la autora). Nota: Esta figura ha sido elaborada por la autora de este artículo (Tonina Liriel Aurel). Ofrece una visión de conjunto de las personas entrevistadas en el marco de este estudio y muestra que se entrevistó a miembros de un total de cuatro fratrías. La figura presenta además información sobre el género, la edad y el nivel educativo más alto alcanzado por las personas participantes en el momento de la recogida de datos.

3.2 Consideraciones éticas

A lo largo del proceso de investigación se abordaron con cuidado múltiples consideraciones éticas, que abarcaban los siguientes aspectos. La selección de participantes se basó en la mayoría de edad, para garantizar que las personas pudieran dar un consentimiento autónomo y jurídicamente válido y participar en el estudio de manera reflexiva e informada. La inclusión dependía de que las personas participantes se identificaran a sí mismas como hijas o hijos de progenitores con enfermedad mental. Los diagnósticos parentales no se verificaron, con el fin de preservar la perspectiva de las personas participantes y dar prioridad a sus experiencias subjetivas frente a las clasificaciones clínicas. Para respetar su autonomía y atenuar la posible presión dentro de la fratría, se invitó a cada persona a compartir, si lo deseaba, los datos de contacto de la investigadora con su fratría; no se solicitó ni se obtuvo ningún dato de contacto de hermanos o hermanas. La investigadora no compartió ninguna información sobre lo que los demás miembros de la fratría habían contado en sus entrevistas, y las personas participantes tampoco preguntaron por ello. Las intensas conversaciones preparatorias permitieron constatar que, en el caso de las once personas finalmente incluidas en el análisis, la participación se había producido sin presión alguna por parte de la fratría. La mayoría de las personas participantes indicó que no había comentado el contenido de la entrevista con su fratría.

Durante el primer encuentro, se informó a las personas participantes de los posibles desafíos emocionales y se les recordó su derecho a retirarse del estudio en cualquier momento. Se preguntó a cada participante si seguía en ese momento un tratamiento psicoterapéutico y si podía hablar de su participación con su terapeuta antes y después de la entrevista. Este era el caso de 10 de las 12 personas participantes, mientras que las dos restantes recibieron información sobre servicios de orientación anónimos y gratuitos. Así, todas las personas participantes tuvieron acceso a un apoyo terapéutico, lo que contribuyó a reducir al mínimo el malestar emocional y a garantizar vías de ayuda adecuadas.

El análisis de los datos se realizó exclusivamente sobre transcripciones anonimizadas. El acceso a los datos estaba restringido a la autora, y todos los materiales se almacenaron y conservaron de conformidad con el RGPD. Para proteger la identidad de las personas participantes, no se divulgó ningún dato biográfico completo. Solo se citaron declaraciones seleccionadas, sin permitir la identificación de ninguna persona. En consecuencia, las citas que se presentan a continuación, traducidas literalmente al inglés por la autora, solo se acompañan del género de las personas participantes, para preservar su anonimato.

3.3 Análisis

Las entrevistas se transcribieron minuciosamente (Froschauer & Lueger, 2025), se trataron con la máxima confidencialidad y se anonimizaron por completo para garantizar la protección de las personas entrevistadas (von Unger, 2018). El objetivo principal era realizar un análisis exhaustivo de las declaraciones de las personas participantes. Se adoptó un enfoque interpretativo-hermenéutico para captar los significados latentes y las estructuras de sentido —aquellas que no se perciben de inmediato sin interpretación (Soeffner, 2004)— que configuran el mundo de la vida de las personas entrevistadas (Berger & Luckmann, 1969). Este enfoque parte de la premisa de que existen estructuras objetivas de un marco de sentido latente, relativamente independientes de los motivos y las intenciones individuales de las personas entrevistadas. El análisis pretendía identificar patrones significativos en el mundo de la vida de la fratría y poner de manifiesto sus interconexiones, sin buscar cuantificación ni representatividad.

Se combinaron dos enfoques metodológicos: el análisis de estructura fina y el análisis sistémico (Froschauer & Lueger, 2025). Estos métodos permitieron tanto explorar las intenciones de las personas entrevistadas como analizar los significados sociales y los patrones dinámicos de interacción en las relaciones fraternas (Froschauer & Lueger, 2025). Al integrar estos métodos, fue posible investigar tanto las estructuras procesuales independientes del sujeto del sistema social fraterno como las posiciones internamente diferenciadas de cada miembro de la fratría dentro de esas estructuras. El enfoque metodológico condujo a la reconstrucción de las construcciones sociales de la realidad relativas a las pertenencias personales y estructurales de las personas entrevistadas. El núcleo del análisis consistía en dilucidar las reglas que rigen el comportamiento de las personas entrevistadas y las condiciones que dieron origen a esas reglas.

El análisis siguió un proceso de investigación circular en el que la recogida de datos y la interpretación se entrelazaban (Froschauer & Lueger, 2025). En un primer momento se examinó un pequeño corpus de material mediante el análisis de estructura fina (Froschauer & Lueger, 2025), tras lo cual el análisis sistémico profundizó los resultados y puso a prueba las hipótesis iniciales (Froschauer & Lueger, 2025). Los resultados de ambos métodos se consolidaron y se sometieron a reflexión en conclusiones intermedias (Richards, 2015), antes de que el ciclo volviera a empezar. El análisis de estructura fina permitió examinar con precisión pasajes breves del texto. Los extractos de entrevista pertinentes (10 líneas como máximo) se descompusieron en pequeñas unidades portadoras de sentido y se sometieron a un análisis en profundidad (Froschauer & Lueger, 2025): a) Paráfrasis: ¿cómo puede resumirse la unidad? b) Intención/función: ¿cuál es la intención subyacente de la declaración? ¿Qué función cumple? c) Significado latente: ¿qué estructuras implícitas e implicaciones para la acción pueden discernirse? d) Distribución de roles: ¿qué atribuciones y estructuras relacionales se reflejan? e) Opciones de continuidad: ¿qué continuaciones posibles se perfilan? Tras el análisis de estructura fina siguió una fase de reflexión, antes de evaluar las entrevistas completas, incluidos los pasajes ya analizados, mediante el análisis sistémico (Froschauer & Lueger, 2025). El objetivo era reconstruir las interrelaciones sociales y culturales. Para ello, las entrevistas se dividieron en unidades temáticas (de aproximadamente media página) y se analizaron a partir de las siguientes preguntas: a) Paráfrasis: ¿cómo puede resumirse la unidad? b) Contexto de enunciación: ¿qué condiciones situacionales y estructurales influyeron en la declaración? c) Contexto de efecto: ¿qué implicaciones se derivan para el campo social, las acciones de las personas entrevistadas y las dinámicas sistémicas?

Dado que las relaciones fraternas son complejas y cambian con el tiempo y según los contextos, su análisis resulta intrínsecamente difícil, y ninguna teoría por sí sola puede abarcar plenamente todas sus dimensiones evolutivas, familiares y grupales (Whiteman et al., 2011). Para abordar esta complejidad, los datos se analizaron desde una perspectiva interpretativo-hermenéutica, complementada con varios supuestos orientadores. Se partió de la idea de que los fenómenos sociales no existen sin más, sino que emergen a través de las interacciones cotidianas: las acciones se vuelven habituales, se convierten en reglas y estructuras establecidas, y así la realidad se construye socialmente (Berger & Luckmann, 1969). La sociedad puede aparecer ante la persona como una realidad fija, pero al mismo tiempo nace de las ideas y las acciones subjetivas de las personas entrevistadas (Döbler, 2022). Desde este punto de vista, pueden captarse los significados que las propias personas entrevistadas atribuyen. Según Blumer, los significados emergen en la interacción social, se perciben colectivamente y se reinterpretan de forma continua (Carter & Fuller, 2016). Las personas entrevistadas actúan en función de los significados que los objetos o las situaciones tienen para ellas, y esos significados se configuran en la interacción con otras personas y evolucionan constantemente (Blumer, 1986). El comportamiento es, por tanto, la respuesta individual a la propia interpretación de una situación y no puede predecirse únicamente a partir de un conocimiento general de las reacciones típicas (Carter & Fuller, 2016). En el plano analítico, esto exige adoptar la perspectiva de las personas entrevistadas y utilizar sus propias categorías para captar los significados inscritos en las interacciones sociales (Carter & Fuller, 2016). Comprender las relaciones fraternas implica, pues, rastrear cómo las personas entrevistadas interpretan las situaciones, dan sentido a sus experiencias y orientan sus acciones en interacción con su fratría (Carter & Fuller, 2016). La realidad se entiende como algo que emerge, se desarrolla y toma forma en las interacciones de las personas entrevistadas con sus hermanos y hermanas (Prus, 2008). Estas consideraciones permiten concebir las relaciones fraternas no como estáticas, sino como dinámicas, con significados que evolucionan continuamente a través de la interacción entre experiencias subjetivas y procesos sociales. Dado que los datos se basaban en narraciones biográficas, era necesario tener en cuenta que el orden social —incluidos los roles y las normas— se estabiliza, se negocia y se interpreta a través del relato (Soeffner, 2004). En consecuencia, el conocimiento de las personas entrevistadas se considera un proceso dinámico e interpretativo, negociado mediante la interacción social (Soeffner, 2004). La manera en que las personas entrevistadas describen sus relaciones contribuye a la construcción, la transformación y la estabilización de sus roles. En conjunto, estos supuestos permiten identificar los significados que las personas entrevistadas atribuyen a sus relaciones fraternas en sus narraciones.

4. Resultados

Para examinar cómo los miembros de fratrías de familias en las que el padre y la madre padecen una enfermedad mental negocian los roles dentro del grupo fraterno, y para dilucidar las dinámicas sistémicas que configuran estas negociaciones, es imprescindible precisar primero el significado de la enfermedad mental parental para las relaciones fraternas y explicitar cómo las personas entrevistadas perciben y habitan estos contextos relacionales. Los relatos de las personas participantes se corresponden estrechamente con los efectos de la enfermedad mental parental documentados en la literatura existente, lo que subraya la importancia analítica de sus experiencias y sienta las bases del análisis posterior de los procesos de negociación de los roles fraternos. Las circunstancias descritas en la parte 2, y las interacciones que generaron, configuraron la realidad cotidiana de las personas entrevistadas. Esa realidad, a su vez, moldea de manera fundamental tanto el carácter de las relaciones fraternas como los procesos mediante los cuales se negociaban y se ejercían los roles dentro del grupo fraterno. En la presentación que sigue, a veces se hace referencia a las personas entrevistadas en plural; esto no debe interpretarse como una uniformidad de las experiencias entre participantes ni como una prevalencia cuantitativa. Las formulaciones en plural señalan más bien patrones y tendencias recurrentes observados a lo largo de las entrevistas, que revelan las dinámicas relacionales que configuran la negociación de los roles fraternos.

4.1 La enfermedad mental parental afecta a las relaciones fraternas

Los relatos de las personas entrevistadas muestran cómo su realidad cotidiana se configura a través de las interacciones con sus progenitores con enfermedad mental, y ponen de relieve el papel decisivo de las relaciones fraternas en este proceso. Como reflexionaba una de ellas: «sabíamos que la fratría estaba ahí, y que no nos lo estábamos imaginando, sino que es real, y que al menos no estamos a solas», lo que subraya cómo la fratría ofrece un punto de referencia esencial para el reconocimiento mutuo y la resiliencia colectiva. Los comportamientos parentales, que las personas entrevistadas vivían a menudo como imprevisibles y potencialmente graves en sus consecuencias, se interpretaban como una amenaza constante para su propia existencia. Esta percepción configuró profundamente su forma de actuar: un rasgo central de su comportamiento era el imperativo de protegerse frente a posibles reacciones parentales adversas. Este imperativo de protección no solo estructuraba la conducta individual, sino que servía también de punto de referencia fundamental en la negociación colectiva de los roles fraternos.

Las narraciones indican que los miembros de la fratría negociaban sus roles entre sí de manera que pudieran afrontar lo mejor posible la amenaza vivida colectivamente. Las figuras parentales quedaban situadas —de forma implícita pero persistente— como la fuente del peligro, mientras que la fratría se percibía como aliada. Esta dinámica convertía las relaciones fraternas en un recurso central para mantener una sensación de estabilidad, como ilustra una persona entrevistada: «Pero creo que de verdad éramos el único apoyo que teníamos, porque siempre estaba ese sentimiento omnipresente de sufrimiento compartido». La experiencia compartida de la situación, el sufrimiento colectivo y la constatación de que no había protección parental disponible hacían que la fratría apareciera como la única fuente fiable de protección. En consecuencia, la cohesión fraterna se convirtió en un elemento fundamental de su orientación cotidiana.

Esta interacción continua dio lugar a un código fraterno tácito, visible en la vida cotidiana sin llegar nunca a formularse explícitamente. Abarcaba sobre todo la protección mutua, la lealtad, la solidaridad y la defensa. Su autoridad no derivaba de reglas formales, sino de la experiencia repetida de que los miembros de la fratría tenían que asumir consecuencias comunes y dependían, por tanto, unos de otros. Este código seguía siendo fluido: su significado se confirmaba, se negociaba o se cuestionaba continuamente en la práctica, según cómo interpretara la fratría cada situación y las expectativas que sus miembros tenían entre sí.

El material muestra que, en el contexto estudiado, las relaciones fraternas constituían un proceso de negociación permanente, en el que la cercanía, la responsabilidad y la lealtad se renegociaban continuamente. La cohesión observable al principio no se mantenía estable en todas las configuraciones. En particular, cuando un miembro de la fratría —a menudo el miembro más joven, que compartía menos experiencias con el resto— percibía que podía obtener una mejor protección o una mejor satisfacción de sus necesidades mediante un vínculo más estrecho con una figura parental, los patrones de interacción establecidos se alteraban. En esos casos, la orientación hacia la atención parental cobraba protagonismo, y quien se encontraba en esa posición se esforzaba por conservar su lugar «preferente» ante esa figura parental. Así lo ilustra la declaración de una entrevistada: «Pero mi hermano lo sabía, porque él, o sea, la encontró, y, eh, al final me traicionó, eh, y por eso me volvieron a dar una paliza.» Aquí, la entrevistada vivió cómo su hermano la traicionaba en su propio beneficio, y ella tuvo que soportar las consecuencias negativas. Este acto fue acompañado de una ruptura de la alianza fraterna y creó un nuevo marco interpretativo en el que la protección que se percibía por parte de una figura parental parecía más eficaz que la que ofrecía la fratría. Esto sometió la estructura fraterna a una tensión notable, ya que el frente común conocido se desintegraba y obligaba a las personas participantes a reajustar sus posiciones unas respecto de otras. Estos momentos revelan la sensibilidad y la importancia de las interpretaciones y contrainterpretaciones continuas mediante las cuales la fratría organizaba sus relaciones y daba forma a su vida familiar.

Al mismo tiempo, se puso de manifiesto que las figuras parentales intervenían activamente en esta estructura asignando roles específicos a sus hijas e hijos, roles que podían seguir influyendo en las interacciones fraternas. Las personas entrevistadas describieron cómo a determinados miembros de la fratría se les otorgaba explícitamente un lugar de favoritismo y se les concedían privilegios. Sin embargo, la aceptación de este estatus especial se vivía a menudo como una fuente de culpa dentro de la relación fraterna, puesto que implicaba un desequilibrio que todas las partes sentían y tenían en cuenta en su comportamiento. Además, se confiaban a la infancia responsabilidades que, a su propio juicio, no estaba en condiciones de asumir ni habría asumido voluntariamente. Las declaraciones parentales que insistían en la responsabilidad de un hijo o una hija respecto del bienestar de otro miembro de la fratría cobraban un peso particular cuando se producía un incidente, como un accidente durante el juego. Niñas y niños interpretaban esas situaciones como prueba de que realmente tenían responsabilidades de gran alcance y ajustaban en consecuencia su comportamiento hacia la fratría. Así lo ilustra la siguiente declaración de un entrevistado, formulada tras relatar una experiencia muy delirante con su madre: «Un mundo se derrumbó dentro de mí. Estaba desesperado y no sabía qué hacer. Sabía que de alguna manera la había perdido, y no sabía cómo manejar a mis [hermanas] pequeñas, que llevaban días sentadas en el sofá viendo vídeos de Disney conmigo». Esto muestra claramente que el entrevistado asumió de inmediato el papel de responsable de sus hermanas y pensó en cómo protegerlas. Los roles asignados por las figuras parentales se convertían así en marcos orientadores de la acción, que se trasladaban a las interacciones cotidianas y marcaban de forma duradera las relaciones fraternas.

Retrospectivamente, algunas personas entrevistadas interpretaron estas experiencias como intentos deliberados de enfrentar a los miembros de la fratría entre sí. Reconstruyeron cómo tanto ellas mismas como su fratría habían sido colocadas en posiciones que servían menos para fomentar la cohesión fraterna que para satisfacer los intereses parentales. La siguiente declaración de una persona entrevistada ilustra además que, en retrospectiva, la fratría reconocía y comprendía las faltas de lealtad entre sus miembros: «Cuál es la jerarquía en la fratría, y, en consecuencia, si creces en circunstancias tan extrañas, o en, en circunstancias tan difíciles como nosotros, entonces, claro, esas criaturas también hacen uso de esos roles. ¿Por qué? Porque simplemente, porque si una criatura está más segura en el rol que le han asignado que la otra, esa criatura no va a poner en riesgo su propia seguridad solo porque quiere a su hermano o a su hermana». Estas interpretaciones indican que la fratría no se limitaba a vivir pasivamente las dinámicas familiares, sino que se esforzaba activamente por darles sentido. Sus miembros contextualizaban sus experiencias y establecían vínculos entre los roles que se les habían asignado y las tensiones que estos generaban en las relaciones fraternas. Se hace así evidente cómo las personas participantes construían su realidad atribuyendo sentido, cuestionándolo y reformulándolo, y cómo sus relaciones fraternas se transformaban continuamente a través de estos procesos.

Los relatos de las personas entrevistadas ilustran con claridad el profundo impacto de las enfermedades mentales parentales en la vida cotidiana, que generaba continuamente una sensación de distancia emocional en las interacciones familiares. Niñas y niños vivían de forma constante una falta de atención, de reconocimiento y de afecto fiable, lo que orientaba con fuerza su comportamiento hacia la satisfacción de esa necesidad fundamental de cercanía. Sus narraciones revelan esfuerzos reiterados por establecer una conexión con sus progenitores en las interacciones cotidianas, aun cuando se enfrentaban a reglas cuya lógica les resultaba en gran medida opaca. La importancia de respetar esas reglas en relación con la necesidad de afecto parental se aprecia en la declaración de una persona entrevistada: «Siempre estaba ese miedo de que si no/eh, no/eh, ¿cómo se dice? (...) si no estabas a la altura de las expectativas de tu padre, te abandonaría y ya no querría ningún contacto». Estas reglas las fijan y modifican las figuras parentales, y se confirman o se revocan en el curso de las interacciones familiares; sin embargo, desde la perspectiva de la infancia, parecen frágiles y muy influidas por la enfermedad. Como solo se encuentran con esas reglas en ese contexto relacional concreto y no fuera de la familia, les parecen irracionales y difíciles de evaluar.

En este marco incierto, la fratría desarrolla sus propios mecanismos de orientación. Sus miembros se observan atentamente, se toman mutuamente como puntos de referencia y negocian continuamente cómo responder a las exigencias parentales en su acción colectiva. Sobre todo cuando ciertas reglas se perciben como arbitrarias, surge un espacio en el que cada miembro de la fratría debe sopesar la lealtad hacia el resto frente a la esperanza de obtener el afecto parental. Esta dinámica resulta especialmente visible en las situaciones en las que se «encubren» o se traicionan mutuamente. La mayoría de las personas entrevistadas describen que daban prioridad al código fraterno —es decir, al mantenimiento de la solidaridad fraterna— incluso cuando una traición podría haber aumentado temporalmente la cercanía con las figuras parentales. Al mismo tiempo, algunas narraciones indican que, en momentos concretos, determinados miembros de la fratría renuncian a esa lealtad. En esos casos, las personas entrevistadas interpretaban las interacciones con la figura parental enferma como más prometedoras y ajustaban su comportamiento más a la búsqueda de la aprobación parental que al mantenimiento de los vínculos fraternos. En consecuencia, las líneas relacionales dentro del grupo fraterno se desplazan, y el significado del código fraterno se renegocia caso por caso.

Esta dinámica adquiere especial relieve en los periodos de enfermedad parental aguda. Las personas entrevistadas describen estas situaciones como críticas, sumamente perturbadoras y marcadas por una incertidumbre considerable. Una de ellas ofrece un ejemplo de crisis de este tipo: «Lo pagaba con todos nosotros, o sea, ya fueran, eh, estallidos violentos contra mi madre, en los que, en la infancia, siempre teníamos miedo: ¿la iba a matar o no? O si iba contra toda la fratría». En estas condiciones, los vínculos fraternos tienden a intensificarse, ya que la infancia percibe la situación familiar como amenazante y construye, mediante el apoyo mutuo, un espacio de protección compartido. Sin embargo, este espacio de protección no es una estructura estática; se reinterpreta y se refuerza continuamente en la interacción. A la inversa, cuando las figuras parentales se estabilizan, las personas entrevistadas perciben la situación como menos estresante y su atención se desplaza en consecuencia. Los miembros de la fratría se centran cada vez más en sus trayectorias vitales individuales, mientras que la importancia inmediata de su relación disminuye. Este patrón resulta especialmente visible en la transición a la edad adulta, cuando las personas adultas jóvenes se independizan y toman distancia física. A medida que aumenta la distancia con el hogar parental, la amenaza percibida disminuye, y la protección fraterna pierde centralidad.

Al mismo tiempo, las personas entrevistadas subrayan que las experiencias compartidas durante esos periodos constituyen una base duradera de los vínculos fraternos, como ilustra la siguiente declaración: «Eh, por eso, esta situación todavía hoy nos une, y seguimos teniendo una/ una relación que de verdad, de verdad valoro mucho». Incluso cuando sus trayectorias vitales divergen en la juventud adulta, la cercanía fraterna sigue estando disponible como recurso. Cuando surge una nueva crisis parental y la amenaza percibida se intensifica, la fratría tiende a estrechar de nuevo sus lazos. Se produce así una red relacional que oscila entre el desarrollo individual, la distancia cotidiana y una solidaridad reforzada según la situación, en la que la fratría negocia continuamente cómo se apoyan sus miembros y coconstruye su realidad compartida.

4.2 Dinámicas sistémicas: sibling+

Los cambios de rol aparecieron en las narraciones de las personas entrevistadas como una dimensión central de las negociaciones cotidianas dentro de las relaciones fraternas. Se hacían especialmente visibles cuando la enfermedad mental de una figura parental creaba un vacío tangible en la vida familiar, un vacío que la fratría se veía obligada a afrontar colectivamente. En esas situaciones, las personas entrevistadas describían una y otra vez cómo ciertos miembros de la fratría ocupaban posiciones que rebasaban los límites de una relación fraterna convencional. La configuración de roles resultante puede conceptualizarse como sibling+, ya que incorpora elementos de la práctica parental de cuidado y los integra en la interacción fraterna. Estos cambios no se producían como redistribuciones fijas y puntuales; se desplegaban más bien como puntos de orientación permanentes, reconstituidos según la situación dentro del contexto familiar. Los miembros de la fratría experimentaban con sus nuevas concepciones de rol y las consolidaban progresivamente a través de la interacción cotidiana, y algunas de estas personas pasaban a ser percibidas cada vez más como figuras centrales de apoyo. Al mismo tiempo, esta asunción de responsabilidades remodelaba de forma duradera la estructura de las relaciones fraternas: como figuras sibling+, algunos miembros de la fratría se convertían para el resto en una especie de sustituto parental funcional, sin pasar por completo a un rol parental. Era sobre todo en las actividades rutinarias —cuando había que tomar decisiones, mediar en conflictos o proporcionar seguridad emocional— donde la eficacia de estos cambios de rol se hacía evidente y generaba nuevas orientaciones para todas las personas implicadas.

El relato de una entrevistada en cuya fratría las personas mayores habían asumido tales funciones ilustra la importancia vivida de estos procesos: «O sea, sin mis […] hermanos mayores… o sea, ellos fueron de verdad, eh, no creo que exactamente un sustituto de la madre y del padre, pero de verdad, eh, muy importantes cuando básicamente no tienes madre ni padre, quiero decir, cuando tienes una madre que en realidad se comporta como la niña.» Cuando señala que fueron «muy importantes cuando en realidad no tienes madre ni padre», pone de relieve cómo la fratría creaba, mediante prácticas compartidas, formas de fiabilidad que faltaban por lo demás en la constelación familiar. Al subrayar a la vez que no se trataba «realmente de un sustituto de la madre y del padre», traza la frontera entre el rol parental formal y lo que efectivamente se logra en la interacción fraterna. Esta tensión revela cómo las personas entrevistadas interpretan su realidad vivida: las figuras sibling+ compensan la pérdida de las funciones parentales sin convertirse ellas mismas en «padres». Sus nuevas concepciones de rol no se desarrollan, por tanto, solo en respuesta a la enfermedad parental, sino también en el proceso de la acción conjunta, a través del cual se negocian los significados y se remodelan en consecuencia las relaciones. Mediante estas reconstrucciones narrativas, las personas entrevistadas estabilizan su interpretación de la configuración familiar y hacen inteligible cómo afrontaron, mediante prácticas fraternas, el vacío parental que percibían.

En la vida familiar cotidiana de las personas entrevistadas, el rol sibling+ surge como un resultado relacionalmente constituido y continuamente negociado de las interacciones conjuntas. Las narraciones ilustran cómo los miembros de la fratría negocian significados en situaciones en las que la enfermedad mental parental se percibe como una limitación de las responsabilidades parentales, lo que da lugar a desplazamientos de sus posiciones dentro de la jerarquía fraterna. Las personas entrevistadas describen cómo determinadas tareas, inicialmente consideradas responsabilidades parentales, se redistribuyen dentro de la fratría mediante la acción colaborativa. Cuando se consideran necesarios el cuidado cotidiano y la estabilización de la familia, algunos miembros de la fratría asumen responsabilidades que consideran en origen propias de las figuras parentales. Sin embargo, estos desplazamientos no se describen como estados permanentes, sino como respuestas dependientes del contexto ante crisis percibidas.

El rol sibling+ se manifiesta como una posición de responsabilidad ampliada, que abarca dimensiones tanto emocionales como prácticas. Incluye tareas educativas, la oferta de un apoyo de confianza, el ejemplo y la aportación de seguridad y orientación a la fratría. Las personas entrevistadas no dan por sentadas estas responsabilidades; las consideran más bien necesarias para mantener las estructuras familiares cuando las funciones parentales están comprometidas. Al mismo tiempo, la relación fraterna persiste como un vínculo anclado emocionalmente, de modo que los cambios de rol siguen ligados a las experiencias compartidas y a la disposición del resto de la fratría a reconocerlos. Solo a través de este proceso interactivo puede un miembro de la fratría asumir realmente el rol sibling+; para las personas entrevistadas, una atribución o una decisión unilateral no es ni posible ni legítima.

Este rol solo se asume en situaciones en las que el estado de las figuras parentales se percibe como crítico o inestable, y la fratría determina colectivamente que es necesaria una figura coordinadora. Estas valoraciones surgen de los intercambios dentro de la fratría, que intenta reducir al mínimo las amenazas percibidas para sí misma y para otras personas. Quién asume finalmente el rol sibling+ está estrechamente ligado a las diferencias de competencia percibidas entre las partes implicadas. En negociaciones conjuntas, la fratría evalúa quién posee las habilidades necesarias para orientar y tomar decisiones en circunstancias estresantes. El miembro considerado especialmente capaz en este proceso recibe la autoridad para tomar la iniciativa y el resto le reconoce una posición superior. Esto conlleva un conjunto de expectativas: se espera de la figura sibling+ que actúe de forma fiable, responsable y en el mejor interés de la fratría, al tiempo que se le concede una mayor influencia y autoridad educativa.

Sin embargo, en cuanto las personas entrevistadas dejan de percibir la necesidad de este rol, la posición sibling+ se renegocia. La fratría disuelve la jerarquía temporal y vuelve a una situación de igualdad. En consecuencia, el rol sibling+ permanece estrechamente ligado al estrés situacional, lo que le confiere su carácter distintivo. Se diferencia claramente del apoyo mutuo cotidiano, ya que abarca tareas que las personas entrevistadas atribuyen claramente a sus progenitores y que a menudo viven como abrumadoras. Al mismo tiempo, describen este rol asumido como un recurso central en las fases difíciles de la vida, que aporta protección, estabilidad y orientación a la fratría. Una entrevistada resume de forma concisa esta importancia, al describir cómo depende del apoyo de las dos personas mayores de su fratría y el impacto decisivo de sus acciones en su propio bienestar: «Eh, mis dos hermanos mayores tienen un papel muy importante para mí, porque sé que sin ellos dos, eh, sin ese apoyo y, eh, muchas cosas no serían como son ahora, o sea, muchas cosas no estarían tan, eh, bien como están ahora.»

Para quienes asumen ocasionalmente un rol sibling+ respecto de otros miembros de la fratría, actuar como sustituto parental conforme a las expectativas de rol familiares puede resultar bastante difícil. Así lo ilustra la siguiente declaración de un entrevistado: «Quiero a mi hermano, claro, lo quiero muchísimo, y también, si de alguna manera tuviera problemas o algo, siempre le ayudaría, pero claro, tampoco debo ablandarlo demasiado ni nada de eso, sino asegurarme de que de alguna manera encuentre el buen camino, así que, sí, probablemente soy más bien estricto con él, pero en realidad solo quiero ayudarle.» El entrevistado subraya primero un fuerte vínculo emocional y la disposición a ayudar a su hermano en cualquier momento. Sin embargo, las expresiones «no debo mimarlo» y «debo asegurarme de que no se salga del buen camino» indican que no concibe su apoyo como un simple cuidado fraterno, sino como una forma de responsabilidad que exige una acción reguladora y orientadora. Esta autodescripción sugiere que, en determinadas situaciones, se percibe en un rol que va más allá de la relación fraterna habitual e incorpora elementos de las funciones parentales. Su afirmación de que es «algo más estricto» con su hermano revela una tensión: por un lado, busca la cercanía emocional; por otro, se siente obligado a poner límites y a regular el comportamiento de su hermano. Esto pone de relieve la dificultad de desempeñar simultáneamente dos roles que pueden implicar expectativas contradictorias: el de un hermano afectuoso y el de una figura que controla y orienta. El entrevistado no presenta esta severidad como una afirmación de poder, sino como una expresión de cuidado. Aun así, su explicación muestra hasta qué punto se guía por normas familiares según las cuales una persona responsable no solo acompaña, sino que también corrige. Además, este autorretrato revela una dinámica de poder implícita: al situarse en condiciones de determinar qué constituye el «buen camino» para su hermano, asume un rol jerárquicamente superior. Es importante señalar que esta posición no parece nacer de un deseo de dominación, sino de un deber percibido derivado de la situación familiar y de expectativas de rol interiorizadas. La dificultad reside, por tanto, en ejercer este rol orientador sin poner en peligro la relación fraterna, un equilibrio delicado que somete una y otra vez a presión la igualdad inherente a los vínculos fraternos.

5. Discusión

En las narraciones de las personas entrevistadas, sus roles fraternos se reproducen, se estabilizan y se entretejen continuamente en historias familiares más amplias (Davies, 2015; Soeffner, 2004). En conjunto, la fluidez de los roles fraternos (Punch, 2005) se hace especialmente evidente en la emergencia del rol sibling+ en el contexto de la enfermedad mental parental. Los significados se coconstruyen en la interacción (Finch & Mason, 1993) y se negocian y transforman a través de las prácticas relacionales cotidianas; asumir determinados roles requiere un reconocimiento recíproco (Blumer, 1986). Los cambios en las relaciones fraternas horizontales están, por tanto, estrechamente entrelazados con las dinámicas verticales de la relación parentofilial (Kalmijn & Leopold, 2019). Así se refleja, por ejemplo, en los relatos de las personas entrevistadas sobre figuras parentales que asignaban activamente roles, como delegar en un hijo o una hija la responsabilidad de los miembros más jóvenes de la fratría o conceder a un miembro de la fratría el lugar de «favorito». Estas atribuciones parentales intervienen profundamente en los procesos de negociación fraternos y configuran la forma que adoptan los roles fraternos. Las personas entrevistadas interpretan estas asignaciones de roles como una consecuencia inmediata de los síntomas parentales y las relacionan con patrones de comportamiento parental alterados.

Las personas entrevistadas describen el hecho de crecer con progenitores con enfermedad mental como una situación recurrentemente amenazante, sobre todo durante las fases agudas de la enfermedad. Esta sensación de amenaza no surge solo de los síntomas inmediatos, sino también de los comportamientos y las interacciones parentales, de los que las personas entrevistadas infieren reglas que les resultan difíciles de comprender. Cuando esas reglas se transgreden —por ejemplo, por parte de otro miembro de la fratría—, anticipan consecuencias negativas. Por ello, deben mantenerse en alerta y adaptarse continuamente a unas expectativas parentales negociadas según la situación, modificadas e intrínsecamente inestables. Como el padre y la madre padecen una enfermedad mental, las personas entrevistadas refieren la ausencia de protección parental y se vuelven cada vez más hacia la fratría como la fuente de seguridad con la que con mayor probabilidad pueden contar. A través de procesos interpretativos construidos conjuntamente, refuerzan su sentimiento de cohesión —sobre todo en los periodos de tensión—, negocian roles y los adaptan para proteger al grupo fraterno de la forma más eficaz posible. Cuando las dinámicas parentales que perciben como amenazantes remiten, se reorientan con más fuerza hacia sus esferas de vida individuales y renegocian en consecuencia sus roles.

En las situaciones que las personas entrevistadas viven como especialmente estresantes o amenazantes, los miembros de la fratría implicados renegocian sus roles respectivos. Las crisis asociadas a los síntomas parentales generan un sentimiento compartido de urgencia del que surge una constelación de roles reorganizada. Durante esas fases, las relaciones fraternas funcionan como recursos estabilizadores (Mota & Matos, 2015); la gravedad de los problemas familiares intensifica la cercanía y la empatía mutuas (Gungordu et al., 2022). Al mismo tiempo, las crisis agudas favorecen vínculos especialmente fuertes que sostienen a la fratría frente a la enfermedad mental parental (Bossek, 2022). En este contexto, la fratría negocia quién asumirá determinadas tareas y responsabilidades. En este proceso toma forma el rol sibling+, que ofrece una dirección en situaciones percibidas como amenazantes. El grupo entabla negociaciones dinámicas sobre la manera más eficaz de conjurar la amenaza percibida y estabiliza los roles considerados necesarios. Estos desplazamientos nacen de necesidades individuales insatisfechas y se inscriben en representaciones culturalmente mediadas de la maternidad y la paternidad (cf. Davies, 2015). Cuando el nivel de amenaza percibido disminuye, el rol sibling+ pierde su función y el reparto de roles se reorganiza de nuevo. Quienes asumen temporalmente este rol adquieren mayor autoridad, ya que su liderazgo es aceptado dentro de la fratría, aunque el poder explícito se considere por lo general ilegítimo en las relaciones fraternas (Bossek, 2022). El rol sibling+ ocupa una posición singular, en la medida en que implica formas de asimetría de poder distintas de la autoridad parental (Punch, 2005), aun constituyendo un estatus comparativamente poderoso. En consecuencia, las relaciones fraternas —caracterizadas habitualmente por dinámicas no jerárquicas (Kara et al., 2023)— se vuelven temporalmente jerárquicas, pero siguen estructuradas por la reciprocidad, la equidad y el interés propio (McIntosh & Punch, 2009). Cuando las interacciones con las figuras parentales vuelven a percibirse como estables, la autoridad vuelve a ellas (Davies, 2015).

El rol sibling+ está marcado por un sentido de la responsabilidad que se desarrolla tempranamente y que sitúa a estas personas en el centro del cuidado, la protección y la orientación (Gillies & Lucey, 2006). Esta responsabilidad abre oportunidades de desarrollo personal, ya que orientar y apoyar a la fratría fomenta la confianza en sí y la competencia (Borchet et al., 2020; Gillies & Lucey, 2006). Al mismo tiempo, las personas entrevistadas describen con frecuencia la asunción de estos roles como abrumadora, ya que a menudo exige relegar las propias necesidades. El vínculo fuerte se vive, por tanto, de manera ambivalente: como expresión de solidaridad y como fuente de carga (Heenen-Wolff, 2021). Los cambios de rol, que se ajustan a los síntomas parentales percibidos, sugieren que la «adherencia» (Smart, 2007) de las relaciones fraternas no reside solo en su continuidad emocional, sino también en su capacidad de absorber la pérdida de coherencia familiar mediante la redistribución de las responsabilidades.

El análisis muestra que los miembros de la fratría negocian continuamente su relación en las condiciones de la enfermedad mental del padre y de la madre, y desarrollan significados intrínsecamente ligados a esa carga familiar. Los trastornos parentales no constituyen un simple telón de fondo; estructuran más bien la manera en que los miembros de la fratría se relacionan entre sí, se reparten las responsabilidades y definen sus roles respectivos. Lo que significa ser fratría en esta situación se constituye y se remodela a través de sus prácticas conjuntas, lo que convierte su relación en un proceso dinámico configurado por su percepción del estado parental. Como la enfermedad mental grave de ambas figuras parentales —y sus implicaciones para las relaciones fraternas— apenas ha recibido atención científica hasta la fecha, los resultados solo pueden relacionarse de forma limitada con la investigación existente. No obstante, este bajo grado de comparabilidad pone de relieve una clara necesidad de nuevas investigaciones para lograr una comprensión más matizada de las relaciones fraternas en condiciones de fuerte estrés familiar. Deben reconocerse, sin embargo, varias limitaciones: su enfoque exclusivo en las normas y los valores de Austria y Alemania, unido a una muestra reducida de once participantes, limita la generalización de los resultados (Towers, 2023). Ampliar el tamaño y la diversidad de la muestra, e incorporar la perspectiva parental, podría ofrecer una comprensión más completa de las relaciones fraternas. En comparación con otras relaciones familiares, los lazos fraternos siguen estando relativamente poco investigados, y la literatura se centra de manera desproporcionada en familias estadounidenses blancas de clase media (Gilligan et al., 2020); este estudio se centra igualmente en familias blancas. Resulta, pues, esencial prestar más atención a la diversidad cultural (Song, 2010), así como tener en cuenta dimensiones sociales e históricas como la clase, la generación, la geografía, la etnicidad y el estatus biológico (Mauthner, 2005). Además, sigue sin estar clara la aplicabilidad de las dinámicas sibling+ a otras constelaciones familiares, incluidas las circunstancias de los cambios de rol, su aparición fuera de la enfermedad o la ausencia parentales y sus consecuencias a largo plazo. Del mismo modo, conviene examinar los límites de los roles sibling+ y la importancia del tamaño de la familia para los cambios de rol (Veith, 2000). La situación de hijas e hijos únicos merece asimismo atención, ya que podrían buscar sustitutos para la función «plus» y verse especialmente desfavorecidos por la ausencia de fratría. Por último, las instituciones y profesionales que trabajan con familias en las que las figuras parentales solo pueden desempeñar parcialmente su papel deben tener en cuenta explícitamente las relaciones fraternas, pues solo así pueden reconocerse y atenderse las necesidades específicas de la infancia afectada.

Complexe Systémique: puntos clave

Lo que la clínica suele llamar parentificación adquiere aquí un relieve más fino. El rol sibling+ no lo imponen las figuras parentales ni se asume en solitario: el grupo fraterno lo confía a quien considera más capaz, mientras dura una crisis, y se devuelve cuando el estado parental se estabiliza. Es una lectura decididamente sistémica: la enfermedad mental del padre y de la madre no es un telón de fondo; reorganiza las fronteras y las jerarquías del subsistema fraterno, que se autoorganiza para protegerse, con sus códigos tácitos, sus lealtades y sus traiciones, a veces atizadas por las propias figuras parentales. Para la práctica, tres pistas: preguntar quién cuida de quién cuando las cosas van mal, reconocer a la vez la competencia y el coste de este rol sin patologizarlo de entrada, y pensar en la fratría tanto como recurso como lugar de carga. La muestra sigue siendo pequeña y se basa en relatos retrospectivos, sin la perspectiva parental. Para leer junto con el artículo sobre los relatos de fratrías ante el sufrimiento psíquico parental y el artículo sobre la experiencia emocional de la parentificación.

Notas del original

Agradecimientos. La autoría declaró no tener ningún conflicto de intereses potencial en relación con la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo. La autoría no recibió ninguna ayuda económica para la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo.

Referencias

Aaltonen, S. (2016). ‘My mother thought upper secondary school was OK, but then my sibling said no’ - Young People's Perceptions of the Involvement of Parents and Siblings in their Future Choices. Sociological Research Online, 21(1), 65-76. https://doi.org/10.5153/sro.3850

Aldercotte, A., White, N., & Hughes, C. (2016). Sibling and peer relationships in early childhood. In L. Balter & C. S. Tamis-LeMonda (Eds.), Child Psychology: A Handbook of Contemporary Issues (3rd ed., pp. 141-166). Routledge. https://doi.org/10.4324/9781315764931-9

Alle, F. (2024). Kindeswohlgefährdung: das Praxishandbuch (5th ed.). Lambertus-Verlag.

Berger, P. L., & Luckmann, T. (1969). Die gesellschaftliche Konstruktion der Wirklichkeit. Eine Theorie der Wissenssoziologie (M. Plessner, Trans.). Fischer Verlag.

Blake, L., Bland, B., & Rouncefield-Swales, A. (2023). Estrangement Between Siblings in Adulthood: A Qualitative Exploration. Journal of Family Issues, 44(7), 1859-1879. https://doi.org/10.1177/0192513X211064876

Blumer, H. (1986). Symbolic interactionism. Perspective and method. University of California Press.

Borchet, J., Lewandowska-Walter, A., Połomski, P., Peplińska, A., & Hooper, L. M. (2020). We are in this Together. Retrospective Parentification, Sibling Relationships, and Self-Esteem. Journal of child and family studies, 29(10), 2982-2991. https://doi.org/10.1007/s10826-020-01723-3

Bossek, J. F. (2022). Geschwister in Familien. In J. Ecarius & A. Schierbaum (Eds.), Handbuch Familie. Band I. Gesellschaft, Familienbeziehungen und differentielle Felder (2nd, Rev. ed., pp. 473-491). Springer VS. https://doi.org/10.1007/978-3-531-19985-6

Brück, N. (2019). Geschwisterbeziehungen und Freundschaften: Kindliche Beziehungen als Entwicklungskontexte für Moral. Springer VS. https://doi.org/10.1007/978-3-658-24888-8

Campione‐Barr, N., & Killoren, S. E. (2019). Love Them and Hate Them: The Developmental Appropriateness of Ambivalence in the Adolescent Sibling Relationship. Child Development Perspectives, 13(4), 221-226. https://doi.org/10.1111/cdep.12345

Carter, M. J., & Fuller, C. (2016). Symbols, meaning, and action: The past, present, and future of symbolic interactionism. Current Sociology, 64(6), 931-961. https://doi.org/10.1177/0011392116638396

Conger, K. J., & Little, W. M. (2010). Sibling Relationships During the Transition to Adulthood. Child Development Perspectives, 4(2), 87-94. https://doi.org/10.1111/j.1750-8606.2010.00123.x

Davies, K. (2015). Siblings, Stories and the Self: The Sociological Significance of Young People's Sibling Relationships. Sociology, 49(4), 679-695. https://doi.org/10.1177/0038038514551091

Davies, K. (2019). ‘Sticky’ proximities: Sibling relationships and education. The Sociological review, 67(1), 210-225. https://doi.org/10.1177/0038026118784832

Davies, K. (2023). Siblings and sociology. Manchester University Press. https://doi.org/10.7765/9781526142184

Davies, P. T., Parry, L. Q., Bascoe, S. M., Martin, M. J., & Cummings, E. M. (2019). Children's Vulnerability to Interparental Conflict: The Protective Role of Sibling Relationship Quality. Child Development, 90(6), 2118-2134. https://doi.org/10.1111/cdev.13078

Döbler, T. (2022). The social Construction of Reality: A treatise in the sociology of knowledge: von Peter L. Berger & Thomas Luckmann (1966). In R. Spiller, T. Döbler, C. Rudeloff & T. Döbler (Eds.), Schlüsselwerke: Theorien (in) der Kommunikationswissenschaft (pp. 171-186). Springer VS. https://doi.org/10.1007/978-3-658-37354-2_11

Edwards, R., Hadfield, L., Lucey, H., & Mauthner, M. (2006). Sibling identity and relationships: Sisters and brothers. Routledge.

Edwards, R., Mauthner, M., & Hadfield, L. (2005). Children's sibling relationships and gendered practices: talk, activity and dealing with change. Gender and education, 17(5), 499-513. https://doi.org/10.1080/09540250500192678

Finch, J., & Mason, J. (1993). Negotiating family responsibilities. Routledge.

Froschauer, U., & Lueger, M. (2025). Das qualitative Interview: Zur Praxis interpretativer Analyse sozialer Systeme (3rd ed.). utb. https://doi.org/10.36198/9783838563473

Gillies, V., & Lucey, H. (2006). 'It's a connection you can't get away from': Brothers, Sisters and Social Capital. Journal of Youth Studies, 9(4), 479-493. https://doi.org/10.1080/13676260600914549

Gilligan, M., Stocker, C. M., & Jewsbury Conger, K. (2020). Sibling Relationships in Adulthood: Research Findings and New Frontiers. Journal of Family Theory & Review, 12(3), 305-320. https://doi.org/10.1111/jftr.12385

Gulløv, E., & Winther, I. W. (2021). Sibling Relationships: Being Connected and Related. In A.-M. Castrén, V. Česnuitytė, I. Crespi, J.-A. Gauthier, R. Gouveia, C. Martin, A. M. Mínguez, & K. Suwada (Eds.), The Palgrave Handbook of Family Sociology in Europe (pp. 301-319). palgrave macmillan. https://doi.org/10.1007/978-3-030-73306-3_15

Gungordu, N., Ozturk, B., & Hernandez‐Reif, M. (2022). Empathy and sibling relationship dynamics of women in emerging adulthood: Mixed‐method research. Family Relations, 71(1), 238-255. https://doi.org/10.1111/fare.12618

Gutmann, R. (2008). Jugendliche mit einem psychisch kranken Elternteil: Welche Unterstützung brauchen sie? In A. Lenz & J. Jungbauer (Eds.), Kinder und Partner psychisch kranker Menschen. Belastungen, Hilfebedarf, Interventionskonzepte (pp. 113-136). dgvt-Verlag.

Hank, K., & Steinbach, A. (2018). Intergenerational solidarity and intragenerational relations between adult siblings. Social science research, 76, 55-64. https://doi.org/10.1016/j.ssresearch.2018.08.003

Hayden, N. K., Hastings, R. P., & Bailey, T. (2023). Behavioural adjustment of children with intellectual disability and their sibling is associated with their sibling relationship quality. Journal of intellectual disability research, 67(4), 310-322. https://doi.org/10.1111/jir.13006

Heenen-Wolff, S. (2021). Brotherhood and Destructivity in Sibling Relationships. Romainian Journal of Psychoanalysis, 14(1), 27-42.

Holland, J. (2009). Young people and social capital: Uses and abuses? Young, 17(4), 331-350. https://doi.org/10.1177/110330880901700401

Holstein, J. A., & Gubrium, J. F. (2000). The self we live by: narrative identity in a postmodern world. Oxford University Press.

Jensen, A. C., Killoren, S. E., Campione-Barr, N., Padilla, J., & Chen, B.-B. (2023). Sibling Relationships in Adolescence and Young Adulthood in Multiple Contexts: A Critical Review. Journal of Social and Personal Relationships, 40(2), 384-419. https://doi.org/10.1177/02654075221104188

Jensen, A. C., Nielson, M. K., & Yorgason, J. B. (2020). The Longest-Lasting Relationship: Patterns of Contact and Well-Being Among Mid- to Later-Life Siblings. The journals of gerontology. Series B, Psychological sciences and social sciences, 75(10), 2240-2249. https://doi.org/10.1093/geronb/gbz083

Jungbauer, J. (2016). Wenn Eltern psychisch krank sind - Belastungen, Entwicklungsrisiken, Hilfebedarf. In J. Jungbauer (Ed.), Familien mit einem psychisch kranken Elternteil. Forschungsbefunde und Prxiskonzepte (2nd ed., pp. 9-43). Verlag Barbara Budrich. https://doi.org/10.2307/j.ctvdf02b1

Kalmijn, M., & Leopold, T. (2019). Changing Sibling Relationships After Parents' Death: The Role of Solidarity and Kinkeeping. Journal of Marriage and Family, 81(1), 99-114. https://doi.org/10.1111/jomf.12509

Kara, D., Bauer, P. J., & Şahin-Acar, B. (2023). Transitions and transformations in sibling relationships: Characteristics of Turkish and US young adults’ sibling-related turning-point memories. Journal of Social and Personal Relationships, 40(2), 459-482. https://doi.org/10.1177/02654075221116793

Kibria, N., & Wigen, A. (2025). Making sense of sibling economic gaps: racialized meritocratic frames, economic inequalities, and family relationships. American journal of cultural sociology, 13(3), 517-541. https://doi.org/10.1057/s41290-024-00232-w

Kramer, L., Conger, K. J., Rogers, C. R., & Ravindran, N. (2019). Siblings. In B. H. Fiese, M. Celano, K. Deater-Deckard, E. N. Jouriles, & M. A. Whisman (Eds.), APA handbook of contemporary family psychology: Foundations, methods, and contemporary issues across the lifespan Vol. 1 (pp. 521-538). American Psychological Association. https://doi.org/10.1037/0000099-029

Kreuzer, T. F. (2016). Geschwister als Erzieher?!: Bedingungsgefüge, Beziehung und das erzieherische Feld. Ferdinand Schöningh. https://doi.org/10.30965/9783657784103

Lenz, A. (2012). Psychisch kranke Eltern und ihre Kinder. Psychiatrie Verlag.

Lindell, A. K., Campione-Barr, N., & Killoren, S. E. (2015). Technology-Mediated Communication with Siblings During the Transition to College: Associations with Relationship Positivity and Self-Disclosure. Family Relations, 64(4), 563-578. https://doi.org/10.1111/fare.12133

Luotonen, A. (2024). Durable despite tension: Adult sibling relationships within family figurations. Current Sociology, 74(1), 98 -114. https://doi.org/10.1177/00113921241298698

Mauthner, M. (2005). Distant Lives, Still Voices: Sistering in Family Sociology. Sociology, 39(4), 623-642. https://doi.org/10.1177/0038038505056022

McIntosh, I., & Punch, S. (2009). Barter', `Deals', `Bribes' and `Threats': Exploring sibling interactions. Childhood, 16(1), 49-65. https://doi.org/10.1177/0907568208101690

Mota, C. P., & Matos, P. M. (2015). Does sibling relationship matter to self-concept and resilience in adolescents under residential care? Children and Youth Services Review, 56, 97-106. https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2015.06.017

Noller, P. (2012). Conflict in Family Relationships. In P. Noller & G. C. Karantzas (Eds.), The Wiley‐ Blackwell Handbook of Couples and Family Relationships (pp. 129-143). https://doi.org/10.1002/9781444354119.ch9

Padilla, J., Sang, S. A., Updegraff, K. A., McHale, S. M., Umaña-Taylor, A. J., & De Jesús, S. A. R. (2021). Siblings’ Appraisals of Fairness and Jealousy in Response to Parental Differential Treatment. Longitudinal Links to Mexican-Origin Emerging Adults’ Adjustment. Emerging Adulthood, 9(4), 267-280. https://doi.org/10.1177/2167696819851435

Padilla, J., Sun, X., McHale, S. M., & Updegraff, K. A. (2023). Longitudinal links between adolescent siblings’ gender-typed characteristics and sibling relationship quality: A dyadic approach. Current psychology, 42(18), 15893-15906. https://doi.org/10.1007/s12144-022-02919-0

Plattner, A. (2019). Erziehungsfähigkeit psychisch kranker Eltern richtig einschätzen und fördern. Ernst Reinhardt Verlag.

Pohling, A. (2021). Artikulationen Sexueller Gewalt: Biographien, Diskurse und der Übergang zum Sprechen. Springer VS.

Prus, R. (2008). Authenticity, Activity, and Conceptuality: Generating a Pluralist, Humanist, and Enduring Social Science. In N. K. Denzin, J. Salvo, & M. Washington (Eds.), Studies in Symbolic Interaction (pp. 19-36). JAI. https://doi.org/10.1016/S0163-2396(08)32003-1

Punch, S. (2005). The Generationing of Power: A Comparison of Child-Parent and Sibling Relations in Scotland. Sociological Studies of Children and Youth, 10, 169-188.

Punch, S. (2008). 'You can do Nasty Things to your Brothers and Sisters without a Reason': Siblings' Backstage Behaviour. Children & Society, 22(5), 333-344. https://doi.org/10.1111/j.1099-0860.2007.00119.x

Reininghaus, K., & Jungbauer, J. (2016). Entwicklungsstörungen bei Kindern psychisch kranker Eltern: Ergebnisse einer klinischen Einzelfallstudie. In J. Jungbauer (Ed.), Familien mit einem psychisch kranken Elternteil: Forschungsbefunde und Praxiskonzepte (2nd ed., pp. 225-256). Verlag Barbara Budrich.

Richards, C. (2015). Researching trans people: Ethics through method. Journal of the International Network for Sexual Ethics & Politics, 3(1), 53-64. https://doi.org/10.3224/insep.v3i1.05

Schmolke, R. (2019). Zwischen Familienglück und Alltagswahnsinn. Eine qualitative Studie zu Herausforderungen, Ressourcen und Bewältigungsstrategien kinderreicher Familien. Budrich UniPress.

Schütze, F. (1983). Biographieforschung und narratives Interview. Neue Praxis, 13(3), 283-293.

Smart, C. (2007). Personal life: new directions in sociological thinking. Polity Press.

Soeffner, G. H. (2004). Auslegung des Alltags - Der Alltag der Auslegung: Zur wissenssoziologischen Konzeption einer sozialwissenschaftlichen Hermeneutik (2nd ed.). UVK Verlag. https://doi.org/10.36198/9783838525198

Song, M. (2010). Does 'race' matter? A study of 'mixed race' siblings' identifications. The Sociological review, 58(2), 265-285. https://doi.org/10.1111/j.1467-954X.2010.01903.x

Spitze, G., & Trent, K. (2006). Gender Differences in Adult Sibling Relations in Two-Child Families. Journal of Marriage and Family, 68(4), 977-992. https://doi.org/10.1111/j.1741-3737.2006.00308.x

Spitze, G. D., & Trent, K. (2018). Changes in Individual Sibling Relationships in Response to Life Events. Journal of Family Issues, 39(2), 503-526. https://doi.org/10.1177/0192513X16653431

Steelman, L. C., Powell, B., Werum, R., & Carter, S. (2002). Reconsidering the Effects of Sibling Configuration: Recent Advances and Challenges. Annual Review of Sociology, 28(1), 243-269. https://doi.org/10.1146/annurev.soc.28.111301.093304

Towers, L. (2023). Knowing What You’ve Got Once It’s Gone: Identifying Familial Norms and Values through the Lens of (Sibling) Bereavement. Sociology, 57(5), 1175-1190. https://doi.org/10.1177/00380385221133214

van Santvoort, F., Hosman, C. M. H., van Doesum, K. T. M., & Janssens, J. M. A. M. (2014). Children of Mentally Ill Parents Participating in Preventive Support Groups: Parental Diagnoses and Child Risk. Journal of Child and Family Studies, 23(1), 67-75. https://doi.org/10.1007/s10826-012-9686-x

Veith, P. (2000). Jedes Kind braucht seinen Platz: Geschwister in der Familie. Herder Spektrum.

von Unger, H. (2018). Forschungsethik, digitale Archivierung und biographische Interviews. In H. Lutz, M. Schiebel, & E. Tuider (Eds.), Handbuch Biographieforschung (2nd ed., pp. 685-697). Springer VS. https://doi.org/10.1007/978-3-658-21831-7

White, N., & Hughes, C. (2018). Why siblings matter: The role of brother and sister relationships in development and well-being. Routledge.

Whiteman, S. D., McHale, S. M., & Soli, A. (2011). Theoretical Perspectives on Sibling Relationships. Journal of Family Theory & Review, 3(2), 124-139. https://doi.org/10.1111/j.1756-2589.2011.00087.x

Witte, S. (2018). Geschwister im Kontext von Misshandlung, Missbrauch und Vernachlässigung: Risikokonstellationen, Qualität der Geschwisterbeziehung und aktuelle psychische Belastung. Beltz Juventa.

Wyn, J., Lantz, S., & Harris, A. (2012). Beyond the 'transitions' metaphor: family relations and young people in late modernity. Journal of sociology, 48(1), 3-22. https://doi.org/10.1177/1440783311408971

Traducción no oficial al español de Siblings+? Dynamic role transformations in sibling relationships among children of parents with mental illness, de Tonina Liriel Aurel, Journal of Family Research, vol. 38, pp. 61–79 (2026), doi: 10.20377/jfr-1263, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de ella; prevalece la versión original.

El artículo original, «Siblings+? Dynamic role transformations in sibling relationships among children of parents with mental illness», se publicó en Journal of Family Research (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial de Complexe Systémique, realizada con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

Leer el artículo original

Cómo citar este artículo

Aurel, T. L. (2026). Siblings+? Dynamic role transformations in sibling relationships among children of parents with mental illness. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/siblings-dynamic-role-transformations-in-sibling-relationships-among-children-of-parents (Obra original publicada en 2026 en Journal of Family Research, 38, 61-79 (2026); republicada en 2026 por Journal of Family Research, https://ubp.uni-bamberg.de/jfr/index.php/jfr/article/view/1263)

Carrito

Su carrito está vacío.